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Los Nuevos Asalariados

Muchas y variadas son las lecciones que los asalariados deben de extraer, sobre todo las generaciones de jóvenes que se incorporan al proceso productivo en condiciones normativas y salariales negociadas por los sindicatos a la baja, y cuyo tratamientos en cuanto a su futura jubilación deja mucho que desear, ya que ésta es el punto de mira de los ajustes y las reformas.

Pueden y deben aprender a reconocer el papel y el contenido que desempeñan muchas ideologías. Desde las modernistas colocadas ahora en el altar de la moda, donde la jubilación a los 60 años, junto a ciertos principios, son mofa de gobernantes, empresarios y demás voceros, como si los que se resisten a trabajar varios años más para alcanzar una jubilación o a dejarse arrebatar las pausas en la cadena de montaje o a recortar el derecho de huelga, demostrasen un enrocamiento irracional de mantenerse en ideas del pasado.

Deben de aprender de las ideologías que predican la colaboración entre las clases, donde la afirmación del interés capitalista está por encima de todo, donde el disfraz de la superación de la lucha de clase brilla como una estrella, donde el interés común es un todo superior ahora reconocido por tiros y troyanos.

Pueden observar y ver la acción de los representantes de las élites dominantes, que desde hace años están varados en un mar de acusaciones mutuas sobre la corrupción, pero siempre están al loro para salir como censores del comportamiento de los asalariados. Tienen que prestar muy buena atención a las corrientes parlamentarias, que hoy atacan a los trabajadores/as para acreditarse ante la UE, y el FMI, como fuerzas políticas responsables, evidentemente también a aquellos que se mezclan en la misma olla de medidas antisociales y pactos irracionales.

Por otro lado deben prestar atención a que ninguna conquista de la clase es definitiva en el interno de las relaciones de producción del capitalismo. Esta realidad, se ve con claridad a escala planetaria. De una parte el joven asalariado de las potencias emergentes dando sus primeros pasos, para conquistar mejores condiciones de vida a través de la movilización, de otra parte, los trabajadores de las antiguas potencias se ven en la necesidad de defender unas “conquistas” sociales que creía o le hacían creer que eran suyas.

La mayoría del movimiento sindical carece de visión estratégica ante la nueva fase que nos impone la UE, y esto, pesa como el plomo sobre los fracasos sindicales y políticos. Las orientaciones para las reformas son comunes para toda la UE (nuevas leyes que facilitan el despido, descentralizan la negociación colectiva, congelación salarial y un largo etc). Es una reestructuración de nuestra clase a nivel continental y ello es apoyado por la nueva gobernanza (Bruselas).

En estas coordenadas los constructores de la UE se mueven felices a nivel continental. No se puede decir lo mismo desde nuestra clase. Todos hemos visto que los sindicatos nacionales no pueden contener esta ofensiva, ni siquiera Francia. Quizá se esté pagando la ausencia de una lucha organizada a nivel continental. Hoy la lucha supera el marco de la fábrica, la región y la nación.
Movilizarse para organizar la fuerza asalariada continental en un Sindicato Europeo, es hoy la única acción para la defensa y unidad de nuestra clase.

Así pues, el conjunto del sindicalismo de clase debe de tensar las fuerzas a su alcance, reorientando una estrategia de unidad y firmeza, modificando discursos y mensajes, fortaleciendo sus tendencias más críticas y de izquierdas, regenerándose con nuevas energías sociales. En esta línea oposición, confrontación, movilización, rechazo intransigente a la ofensiva neoliberal, han de ser los lemas del sindicalismo de hoy.

La prueba del pudin

Otra tempestad de agosto: por tanto, mantener atenta la mirada sobre la contienda mundial es precisamente lo que hay que hacer.  “La prueba del pudin –sostenía Engels- está en comérselo”.  Replicaba a las corrientes escépticas y agnósticas en Inglaterra, defendiendo el método materialista. 

El materialismo es la teoría de la ciencia marxista, y el marxismo piensa que en la lucha de las clases es posible conocer científicamente la sociedad.  Si el partido revolucionario es capaz de ser laboratorio científico, puede arraigarse en la clase y el proletariado podrá aferrar las condiciones para su emancipación cuando el capitalismo regularmente expíe en la crisis sus contradicciones.  Nuestra política es el partido ciencia, el partido estrategia.


Hoy, dos batallas son la prueba de la estrategia revolucionaria.  En Asia, China entra en la reestructuración, después de más de treinta años de desarrollo convulso.  Ni siquiera se ha terminado de hacer cuentas con la irrupción del Dragón, cuando de repente el mundo se asusta por su crisis, que aún no se sabe qué disruptiva será.  Es la nueva fase estratégica.  Si Pekín solo mueve una ceja, el mundo tiembla.

En Europa, Grecia está en la tercera dosis de la reestructuración europea.  Hace treinta años, Atenas, Madrid y Lisboa fueron cooptadas en la CEE, reconducidas al envoltorio de la democracia imperialista.Hoy, la UE con la batalla de Grecia las encierra en el euro, tras una crisis global y un ataque insidioso a las deudas soberanas, y define sus poderes estatales combinando federación y confederación.  Es el imperialismo europeo.  Son los poderes políticos de la soberanía europea, indispensables al capital en Europa precisamente para afrontar a Asia.

Se prepara la crisis china, se cierne sobre el Viejo Continente la reestructuración.  El joven proletariado en China es puesto a prueba, tiene que rechazar las sirenas de un imperialismo chino que da codazos para avanzar.  Al mismo tiempo, el proletariado en Grecia y en el resto de Europa tiene que batirse contra el imperialismo europeo, pero rechazando el cuartito asfixiante de las condiciones nacionales.  Para todos, una estrategia comunista existe solo en la autonomía de clase.


¡¡ Por un 1º de Mayo Internacionalista!!

Hace casi 15 años de la entrada del nuevo siglo  y el orden mundial está francamente enrevesado:  si se mira hacia Oriente Medio se observa un polvorín a punto de estallar, un enfrentamiento confesional entre sunitas y chiitas que, a su vez, genera confrontaciones entre Estados y un terrorismo reaccionario. Los recursos energéticos han hecho de Oriente Medio el teatro de operaciones y confrontaciones entre EE.UU, Rusia, Europa y, ahora, las grandes potencias asiáticas; un continuo tira y afloja para evitar una potencia hegemónica en la zona, dominando así el abastecimiento energético. 


Si se mira hacia Asia, se observa un continente en continua mutación:  a su cabeza, China; la fábrica del mundo y motor de las potencias emergentes. La creación de un Banco Mundial y los “paseos” de la Marina militar china por los puertos iraníes demuestran que China no acepta un orden mundial en el cual no se cuente con ella. Quiere un puesto en la mesa donde se reparten el “pastel” los bandidos imperialistas. 

Si oteamos los países de la zona mediterránea observaremos que hay una guerra no declarada a las clases populares, que huyen de las masacres que sus propias burguesías producen por el control de una parte de la arteria energética. ¡El Mediterráneo es la tumba de una parte de nuestra clase! Ante semejante barbarie la UE elabora un plan represivo para contener el acercamiento a las costas de la fortaleza europea. Incluso Italia ha propuesto torpedear las barcazas. El imperialismo es el culpable de este genocidio.


Si volvemos nuestra vista a Europa  observamos a las viejas potencias europeas inmersas en una nueva fase estratégica: La formación del bloque Imperialista europeo. Necesitan urgentemente acelerar esta fase para poder disponer del mejor posicionamiento posible ante el nuevo reparto de los mercados mundiales, una vez finiquitado el status quo de los acuerdos de Yalta (febrero de 1945). Por esta razón, no van a conformarse con lo conseguido hasta ahora: ésto sólo es un entremés de lo que está por llegar. No pararán hasta conseguir el total hundimiento y la total derrota de la clase trabajadora. ¿Por qué?: sencillamente, porque en este proceso de formación Imperialista no pueden permitirse el lujo de enfrentar la más mínima resistencia. Este europeísmo imperialista prepara las aventuras y las contiendas a las cuales, mañana, será lanzada la juventud europea. 

En el Estado español, y primero en Andalucía, han irrumpido con cierta fuerza dos nuevos “envoltorios” políticos, dos nuevas ilusiones que servirán para cicatrizar las desilusiones anteriores de nuestra clase. Esto lo tenemos que tener claro, pero también tenemos muy claro que en esta tarea debe de irrumpir nuestra clase con energía, pasión y determinación. No podemos permitir que nuestros intereses los defiendan gente antagónica a nuestra clase. No debemos olvidar que esa misma gente asevera que estamos en una profunda y descarnada lucha de clases y que van ganando por goleada. Los tiempos de nuestra clase son tiempos de reagrupamiento de fuerzas. Debemos exigir la creación de un Sindicato Europeo, como respuesta global a las agresiones globales contra nuestra clase.  Son tiempos de organizarnos como clase, de reflexionar y de formarnos, de hacer despertar nuestra conciencia de clase.  Es el momento y la necesidad de una lucha sin mitos y sin ilusiones, de una conciencia libre de fanatismos y de las ideologías del capital, y que proporcione un orden científico a la comprensión de las cosas.

En la Ciencia Marxista está la vía. En el Internacionalismo está la verdadera lucha.



Relevo gubernamental: continuidad antiobrera

En la alternancia de los países mediterráneos nominados para el poco envidiable título de “país en riesgo” en la crisis de la deuda que afecta a la euro-zona, ahora le toca el turno a España.  El verano pasado, cuando la tormenta afectó a Italia, España parecía segura después de las drásticas medidas del gobierno socialista de Zapatero.  Hoy es España la que se encuentra en el ojo del huracán.  A pesar del importante “retoque” de 15 mil millones de euros al presupuesto realizado en tiempo récord en diciembre por el recién llegado gobierno popular de Mariano Rajoy, España es señalada por Europa como el país que puede desencadenar un nuevo capítulo de la crisis fiscal europea.

Bajo la presión de la Banca Central Europea y de la UE, el gobierno corre para arreglarlo todo, presentando una maniobra de ajuste de las cuentas públicas definida por la vicepresidenta Sáenz de Santamaría como “la más dura de la historia democrática del país” y, para el Financial Times, una de las más duras realizadas en Europa desde el estallido de la crisis del euro.  El día después de la huelga general contra la reforma laboral, el gobierno anunció medidas con las que piensa recuperar 27.300 millones de euros antes de finales de año.  Junto a los 15 mil millones de diciembre la suma total supera los 42 mil millones de euros.  La intención de Rajoy es reducir el déficit 3’2 puntos porcentuales sobre el PIB en un año para llegar al objetivo fijado por la Unión Europea.

Zapatero le preparó la carrera a Rajoy con medidas de decenas de miles de millones de euros en dos años, y en el relevo socialista-popular el “testigo” está hecho del mismo material: sobre los trabajadores se abate una avalancha de tasas y tarifas, recortes del gasto social y congelación de salarios.  La reforma laboral permitirá despidos más fáciles y menos costosos para las empresas y una indemnización menor para el trabajador, mientras se augura un empeoramiento de la coyuntura económica en una situación ya difícil por sus tasas récord de paro.  “Los españoles afrontan un año terrible”, escribe el Financial Times.


De Italia a España, de Grecia a Portugal:  a la Europa mediterránea se le pide aumentar su competitividad con una zona euro que tiene dificultades para crecer.  La competición entre las potencias se hace más áspera y el imperialismo europeo, los bancos, las finanzas y las empresas presentan la cuenta a los trabajadores, exprimiendo todavía más a quien está desesperado por la carcoma de la incertidumbre del trabajo.