En la casa del Partido Democrático italiano vuelan los platos y al final se ha producido una escisión bastante confusa. No obstante, por las profundidades. Podemos leer los grandes problemas de siempre. Una Europa que vincula el gasto público y pide una reestructuración profunda; el compromiso estatalista que infiltra su grasa a toda Italia, incluyendo a las regiones de Emilia y Toscana; un Norte intolerante con la fiscalidad y un Sur a la búsqueda de dinero en el sistema sofocante de las clientelas.Es imposible decir que saldrá ahora del desequilibrio italiano, aunque el PD se debilita como arquitrabe del vínculo europeo. En estos momentos Pier Luigo Bersani y Massimo D'Alema se hacen las Magdalenas arrepentidas del liberalismo progresista. Ciertamente cuentan que en los años Noventa siguieron la corriente, creyéndose los Tony Blair italianos, porque la marea de la globalización parecía levantar a todas las barcas en la prosperidad. Pero ahora que la crisis ha destruido aquella ilusión es necesario volver a dar protección a los trabajadores y a los grupos medios, porque de otro modo lo hará la derecha populista. Incluso se inventan al nuevo santo protector en Martin Schulz, solamente porque el tribuno de la socialdemocracia alemana va tiñendo de rojo antiguo sus actos electorales. O también fantasean sobre el demócrata socializante Bernie Sanders, en los Estados Unidos, y sobre el laborista old style Jerem Corbin en Gran Bretaña.