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Politicastros charlatanes y sus palabrerías


Aunque desde hace tiempo, bajo la presión de los poderes continentales, la soberanía ha tomado otra vía diferente a la de las asambleas e instituciones nacionales, la enfermedad endémica del cretinismo parlamentario no muestra señales de regresión. Con la dificultad evidente de su política y con las oscilaciones cada vez más agudas que se derivan de ellas, aquel morbo incurable parece más bien vivir una nueva juventud.
De este modo en Madrid, todavía atrapada por las convulsiones de la irresuelta cuestión catalana, ha subido al escenario la comedia de las intrigas parlamentarias que han provocado la caída inesperada del gobierno del Partido Popular y· la llegada a la presidencia del líder del PSOE Pedro Sánchez. Todos los demagogos han luchado a brazo partido por su trozo del pastel del gasto público y las prebendas. Todos han gritado que defienden los intereses del pueblo y de la nación agitando hasta las náuseas su interclasismo.
Por no hablar de Italia, donde un desequilibrio político sin resolver desde hace décadas ha vuelto a explotar de formas tan paradójicas como virulentas, haciendo caer al país en un clima de confusión y de desbandada. Incluso el riesgo de un viraje catastrófico de la crisis que, con la pareja Salvini y Di Maio, campeones del gasto público con aroma racista, no puede ser excluido,
Es el tiempo de los aventureristas y de· tos diletantes del desastre.
En relación a ello cómo no recordar las palabras de W. Liebknecht, durante muchos años cercano a Marx y a Engels: «La política era el estudio para Marx. Odiaba a muerte a los politicastros charlatanes y sus palabrerías... La política, es teóricamente el conocimiento de los millones y miles de millones de factores que tejen la "tela de la historia" y prácticamente la acción determinada por este conocimiento. Por lo tanto, la política es ciencia y ciencia aplica¬da... Sin embargo, cada payaso está convencido de ser un gran político o incluso un gran hombre de Estado... ».
Mantengamos cerca nuestra ciencia. Es el momento de nuestra politica: lucha internacionalista por la unidad de todos los trabajadores, estudio y orga¬nización para implantar los principios comunistas.

Antes los Proletarios


Antes los italianos. Es un eslogan rufián que quiere transmitir la ilusión del sentido común, intentando calmar los miedos de electores desorientados y en­vejecidos. Dicho lema se ha insinuado en los cálculos astutos de las redacciones de los periódicos, en las sesiones de noche de la televisión y en los circuitos Facebook, Twitter o YouTube de la red. Se ha convertido en el subtexto de la campaña electoral italiana, aúna de alguna manera a todos los partidos parla­mentarios. Si la mirada se fija en la tiendecilla electoral, es imposible contrarrestar realmente a los traficantes del miedo. 

No es solo una fiebre italiana. Pensemos, por ejemplo, en America First,  América primero, que es el santo y seña de Donald Trump, o en Take Back Control, volver a tomar el control, es decir, la soberanía británica, que ha sido el lema para el referéndum del Brexit. Tampoco Emmanuel Macron, quien desde París con Berlín intenta la contraofensiva europea, puede renunciar a la retórica y a los hecho sele la potencia nacional: un plan de rearme, y una inevitable represión contra los nuevos inmigrantes. En el fondo, tampoco antes los europeos es una fórmula menos envenenada. Más bien al contrario. Será la vía para restaurar el consenso entre las clases dominantes del Viejo Continente, la Europa que protege en lugar o junto a las vallas nacionales. Sin embargo, esta es precisamente la ideología de masas para el imperialismo europeo, en las nuevas tempestades que están de camino desde Asia y China, en las tensiones con Rusia y con América o en las nuevas aventuras en África.