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General Motors (SAIC-GM)



SAIC-GM

«Estamos pagando por sus pensiones en los EE.UU... y  ellos todavía no se dan cuenta»:
es la afirmación atribuida a un directivo chino de Shanghai General Motors (SAIC-GM) durante la crisis que en 2009 llevó a la bancarrota de General Motors (por Michael J. Dunne, merican wheels, chinese roads, 2011).

La crisis de GM 

Los años de la crisis financiera mundial de 2008 marcan el traslado del testigo de la industria automovilística de los países occidentales a China. La crisis de Detroit con la quiebra de General Motors y Chrysler coincide con el despegue de la producción automovilística china, que pasó de 9,3 millones de vehículos (coches y vehículos comerciales) en 2008 a 28, mil millones en 2016, una multiplicación por tres en solo ocho años.
SAIC-GM es una joint-venture 50-50 constituida en 1997 entre General Motors y SAIC (Shanghai Automotive Industry Corporation) Motor, compañía automovilística de propiedad de municipio de Shanghái.
Incluimos el P.D.F. del documento


Viejos desechos y nuevos mitos


Ahora que la economía en la UE está remontando, ¿se aflojará la presión para la disciplina sobre el déficit y sobre la deuda pública, sobre la flexibilidad de salarios y del mercado de trabajo, sobre la fiscalidad, sobre la eficiencia jurídica y normativa, sobre la concentración de los bancos y sobre todo lo que requiere la lucha por la competitividad? Es poco probable, salvo alguna dosificación circunstancial. La reestructuración europea no se reduce a un tira y afloja sobre algunos decimales entre la Comisión de Bruselas y los gobiernos nacionales. Es una decisión impuesta por la contienda global, donde Europa y los Estados Unidos están en declive relativo frente a los nuevos gigantes asiáticos: pensemos solo en China y el flujo de capitales que está dirigiendo por la Nueva Ruta de la Seda. Es el ciclo del declive atlántico y de la nueva fase estratégica. Durará varios años y será una cadena de tensiones, de crisis y de conflictos, porque el cambio global es colosal. 
Esta es la contraofensiva europea anunciada por Emmanuel Macron, un mercado de trabajo al estilo alemán y un plan de medidas clave introducidas a un ritmo sostenido, con los procedimientos acelerados del mandato. Y un salto en la integración europea, por iniciativa de París y de Berlín. 

Hay dos cosas que los trabajadores tienen que saber, en el nuevo ciclo que se abre. Los partidos del maximalismo, las direcciones sindicales, el teatrillo televisivo de su política, todos ellos no saben o no quieren saber en realidad lo que es la UE con sus poderes, en el sentido de que Europa desde hace décadas ha sido la elección estratégica de las clases dominantes del Viejo Continente, y que Europa sirve a sus capitales para aguantar el choque con los demás colosos mundiales. No tienen ni idea, y de hecho hoy corren detrás de los desechos ideológicos del populismo y del estatalismo soberanista, la gauche tras el Front National, la Liga Norte o los Cinco Estrellas: un parlamentarismo impotente, en busca de los votos de estratos intermedios y pequeñas burguesías asustadas. Mañana correrán detrás del imperialismo europeo, cuando estén listos para usar los nuevos mitos de la Europa que protege, de la Fortaleza Europa, de la defensa europea en la contienda. Contra la burguesía europea, la única defensa de clase puede estar en Europa, y desde allí ser una batalla internacionalista. Esta es la otra cosa que hay que saber. 

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Desbandada liberal

Trump ha reiterado su << América first >> y todos los populistas y soberanistas de Europa se han sentido vengados. Quién sabe por qué, puesto que el nacionalismo ameriacano tiene las espaldas anchas de un continente, mientras que los diferentes Estados europeos, tomados uno por uno, se encontrarían indefensos entre los Estados Unidos y china. No estamos aquí para dar consejos:Texto de la columna (lado derecho)

Trump ha reiterado su << América first >> y todos los populistas y soberanistas de Europa se han sentido vengados. Quién sabe por qué, puesto que el nacionalismo ameriacano tiene las espaldas anchas de un continente, mientras que los diferentes Estados europeos, tomados uno por uno, se encontrarían indefensos entre los Estados Unidos y china. No estamos aquí para dar consejos: desde siempre hemos estado en contra del imperialismo europeo, se puede uno imaginar lo que sentimos hacia la chatarra de retorno de las ideologías nacionales, localistas o xenófobas que en la actualidad están en las primeras páginas o en la primera franja horaria nocturna de la televisión. Dicen que es el nuevo populismo. Para nuestro análisis marxista es un nuevo ciclo político, marcado por la fatiga de los grupos clave de la industria y de las finanzas, con sus élites políticas, sus periódicos, sus redes televisivas y el dominado establishment, para darse una masa de seguidores entre la pequeña burguesía, estratos intermedios y también entre los asalariados, a causa de las incertidumbres sembradas por la crisis global y los miedos por el ocaso del viejo mundo atlántico.
Un hecho llama la atención. Mientras han durado los años de las vacas gordas, todas las corrientes han tocado la música liberal. En las variantes moderadas o neo socialistas progresistas, era el “pensamiento único” dominante: el mundo era plano, el capital triunfaba, la marea de la globalización levantaría todos los barcos en la prosperidad. Para nosotros, los marxistas, alguna sonrisita de conmiseración. Ahora que los tiempos se han vuelto oscuros y se teme que el desarrollo haya favorecido a China en detrimento de Europa y de América, en la redacción se forma la estampida. Es muy difícil encontrar a alguien que resista, y con la hipocresía de prestar oído a los miedos de la “gente” se deja la agenda  del discurso público a histriones y demagogos. Su política no solo es desastrosa y de corto alcance, sino también algo cobarde. Una razón de más para elegir la ciencia comunista y revolucionaria, que posee la mirada amplia y el orgullo de la lucha.