Mostrando entradas con la etiqueta Trump. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Trump. Mostrar todas las entradas

Crisis del Orden y batalla de Clase

La crisis del orden, es decir, del equilibrio entre las potencias, provocada por la mutación colosal de las relaciones de fuerza causada por la irrupción de China. Una nueva estación de interven­cionismo y de capitalismo de Estado, porque en Europa y América se debe responder a los grandes grupos chinos, sobre el terreno de las tecnologías avanzadas y de la batalla eléctrica y digital. Un ciclo de rearme, desencadenado por los planes de Pekín de una fuerza militar «de clase mundial» antes de los próximos quince años y ali­mentado en consecuencia por la reacción de las otras potencias. El regreso de los EE.UU, a las relaciones atlánticas y a las instituciones del multilateralismo, después de la Administración Trump y su reacción errática y desordenada al declive americano. Las nuevas coordenadas de la cuestión europea, donde la UE se muestra capaz de influir sobre los Estados Unidos manteniéndolos fuera de una guerra fría con China, pero donde se retrasa la centralización de una capacidad de acción estratégico militar y todavía se discute sobre la fórmula de un pilar europeo de la Alianza Atlántica. 

Esto es lo que se iba a añadir en el cuadro de análisis recogido en este libro, siete años de estudio de las relaciones internacionales en artículos que van desde el invierno de 2013 hasta la primavera de 2021. Se ha pasado revista sobre una serie de crisis y batallas políticas que han marcado la contienda global, y que tienen como motor último precisamente aquel desigual desarrollo del imperialismo: por un lado el ascenso de Asia y de China, por el otro el declive relativo de América y de Europa. 
La crisis en Ucrania y la guerra en Siria mostraron la erosión del viejo orden. La propensión americana a retirarse de Oriente Medio, ya evidente con la línea del retrenchment de la Administración.
Obama, ha favorecido la entrada de otras potencias: Rusia y Turquía en primer lugar, en segundo plano China. Europa, frente a las columnas de prófugos a lo largo de la ruta de los Balcanes, ha vivido de primera mano los costes de su déficit estratégico: si no es capaz de vigilar su extranjero próximo, al Este o a lo largo de la orilla Sur del Mediterráneo, serán las contradicciones de aquella periferia las que la atraviesen .. 
Las últimas fases de la crisis global iniciada en 2008, con la crisis de la deuda soberana y de la batalla de Grecia, pusieron a prueba a la UE y el mantenimiento de la federación del euro; la Unión salió reforzada de forma decisiva en la arquitectura de sus poderes. 

Las fluctuaciones globales y la presión migratoria han sido los dos cuernos de una colisión externa que ha golpeado a las estrati­ficaciones sociales de la madurez imperialista, y ha desencadenado un ciclo político nuevo. Es el ciclo político del declive atlántico y de la crisis de la social democratización; la afirmación de Donald Trump en América y de Boris Johnson y del Brexit en Gran Bretaña, la llamarada de los chalecos amarillos pero también la entrada de Emmanuel Macron en Francia, la aventura populista de la Lega y Cinquestelle en Italia, han registrado las insurrecciones electorales de la pequeña burguesía y de los estratos intermedios, sacudidos por los nuevos miedos que enciende la globalización. Los nuevos medios de comunicación, la política espectáculo de la democracia televisiva combinada con las comunicaciones digitales, han acentuado las oscilaciones más que favorecer la creación de un consenso en las opiniones públicas; los grupos y las fracciones de la clase dominante, en todas las viejas potencias, han visto fracturada la conexión con una base de masa para sus políticas, indispensable para afrontar los desafíos globales.

Para terminar, el Covid-19 ha irrumpido en la escena mundial con efectos impredecibles de amplitud histórica, precisamente los de una pandemia secular. La crisis, hemos escrito, «pone en confrontación y en competencia a toda la estructura de las potencias: los poderes, el Gasto Social sanitario, los presupuestos y deudas públicas, los sistemas políticos y la "estabilidad social" interna». 

Hay una conclusión sobre la que reflexionar: un hecho crucial es que la crisis del orden y sus enfrentamientos mundiales sacuden y movilizan al mismo tiempo a la ideología dominante. En las viejas potencias, el declive atlántico ha mostrado la «fragilidad» de la ideología liberal frente al desafío de Asia; en Pekín la batalla por un nuevo orden en el que se reconozca a China se viste con los mitos nacionalistas de un imperialismo en ascenso. Nuevos venenos de la movilización imperialista se difunden, en un crescendo cotidiano, en las viejas y las nuevas potencias. 
Este es el sentido de haber continuado estudiando, durante estos años, el desarrollo y las contradicciones del imperialismo unitario. La irrupción de Asia es una confirmación científica extraordinaria para la ciencia marxista, que parte de las tesis de Marx y Engels en el "Manifiesto comunista", pasa por la estrategia revolucionaria de Lenin y es restaurada en las "Tesis del 1957" de Arrigo Cervetto. Sin embargo, aquella victoria científica sería estéril si permaneciera encerrada sobre sí misma, si no se convirtiera en arma para la defensa de clase: el punto es que aquellos nuevos venenos de la ideología dominante deben ser comprendidos para ser combatidos. Cada crisis, cada guerra, cada colisión social, se convierte en el frente de una batalla internacionalista; por último, la lucha contra la pandemia secular ha revelado energías inesperadas, disponibles para reflexionar sobre las contradicciones de clase que incluso el virus ha desentrañado. 

Dólar y desorden global

A finales de julio, trazando un balance provisional de la pandemia en Estados Unidos, Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, señala: «Hemos pasado de los niveles más bajos de desempleo en cincuenta años a los niveles más altos de desempleo en noventa años, y esto en el espacio de dos meses». 
La observación remarca la magnitud, la rapidez y la violencia del inédito terremoto pandémico más que los porcentajes de producto perdido, que siguen siendo impresionantes. En el segundo trimestre del año, el PIB se contrajo con respecto al mismo trimestre del año pasado en un 9,5% en Estados Unidos, un 10 en Japón, un 15 en la Eurozona, un 21,7 en Gran Bretaña. Solo China volvió a crecer con un 3,2%. 

La recesión estadounidense

Powell desglosa el dato de la rece­sión, «probablemente la más grande ja­más registrada»: el gasto de las familias se ha recuperado cerca de la mitad de la caída inicial; el mercado laboral, que había perdido 22 millones de puestos de trabajo, recupera un tercio; en cambio, «los indicadores de inversión Ma de las empresas deben aún mostrar una recuperación». Los paquetes de estímulo iniciales de más de 3 billones han impulsado la recuperación. Pero, confiesa Powell, «no habíamos prestado tanto como pensábamos»: por una parte, los mercados crediticios, después de la parálisis inicial, han reanudado su función; por otra, muchas empresas no serían capaces de reembolsar los préstamos del gobierno y necesitan subvenciones. 
Expirados en julio los subsidios de desempleo, el Congreso no ha sido capaz de encontrar un compromiso para prolongarlos. Donald Trump sorteó el bloqueo decidiendo la distribución temporal de subsidios reducidos, a pesar de no tener los poderes. 16 millones de desempleados son rehenes del bipartidismo en la carrera presidencial. La bolsa no se ha estancado: el índice de los 500 mayores grupos se recuperó de la crisis de marzo y ha alcanzado nuevos récords. Wall Street está seguro de que la FED y el gobierno lo apoyan, y sus gigantes inflan sus precios comprando sus propias acciones. 
El dualismo entre la Bolsa y la econo­mía real es un proceso secular y una de las caras del desarrollo desigual. Powell ve en «la desigualdad un problema creciente en nuestra economía durante cuatro décadas». El reflector de la FEO cae sobre cuatro décadas liberales, mientras se inicia lo que el Economist llama una «nueva era» de intervencionismo estatal, activo en la asignación de capital, nutrido por asombrosas dosis de deuda y dinero, que pueden volverse «instrumentos srandard durante décadas» 
La apuesta es que la desinflación -y con ella los tipos de interés bajos persista durante años; hipótesis que presupone la restauración de mercados abiertos y el aumento de la productividad con altos niveles de desempleo. 

Diplomacia armada entre Siria y Corea


La secuencia de acciones militares unilaterales de la Administración Trump en Siria y Afganistán, llevadas a cabo durante el encuentro con la presidencia china en el complejo residencial de Mar-a-Lago, Florida, está caracterizada por su valor tanto simbólico como militar. En la lectura de la mayoría de los comentaristas, tanto norteamericanos como internacionales, se trata de «demostraciones de fuerza» o ejercicios de «diplomacia coercitiva»: un recurso limitado y circunscrito a la fuerza militar como instrumento de presión político diplomática, utilizado con el objetivo de la negociación con las demás potencias, tanto regionales como globales; y una restauración, en las diferentes lecturas, de la credibilidad de la potencia estadounidense, puesta en tela de juicio por las decisiones de la Administración Obama.

Desbandada liberal

Trump ha reiterado su << América first >> y todos los populistas y soberanistas de Europa se han sentido vengados. Quién sabe por qué, puesto que el nacionalismo ameriacano tiene las espaldas anchas de un continente, mientras que los diferentes Estados europeos, tomados uno por uno, se encontrarían indefensos entre los Estados Unidos y china. No estamos aquí para dar consejos:Texto de la columna (lado derecho)

Trump ha reiterado su << América first >> y todos los populistas y soberanistas de Europa se han sentido vengados. Quién sabe por qué, puesto que el nacionalismo ameriacano tiene las espaldas anchas de un continente, mientras que los diferentes Estados europeos, tomados uno por uno, se encontrarían indefensos entre los Estados Unidos y china. No estamos aquí para dar consejos: desde siempre hemos estado en contra del imperialismo europeo, se puede uno imaginar lo que sentimos hacia la chatarra de retorno de las ideologías nacionales, localistas o xenófobas que en la actualidad están en las primeras páginas o en la primera franja horaria nocturna de la televisión. Dicen que es el nuevo populismo. Para nuestro análisis marxista es un nuevo ciclo político, marcado por la fatiga de los grupos clave de la industria y de las finanzas, con sus élites políticas, sus periódicos, sus redes televisivas y el dominado establishment, para darse una masa de seguidores entre la pequeña burguesía, estratos intermedios y también entre los asalariados, a causa de las incertidumbres sembradas por la crisis global y los miedos por el ocaso del viejo mundo atlántico.
Un hecho llama la atención. Mientras han durado los años de las vacas gordas, todas las corrientes han tocado la música liberal. En las variantes moderadas o neo socialistas progresistas, era el “pensamiento único” dominante: el mundo era plano, el capital triunfaba, la marea de la globalización levantaría todos los barcos en la prosperidad. Para nosotros, los marxistas, alguna sonrisita de conmiseración. Ahora que los tiempos se han vuelto oscuros y se teme que el desarrollo haya favorecido a China en detrimento de Europa y de América, en la redacción se forma la estampida. Es muy difícil encontrar a alguien que resista, y con la hipocresía de prestar oído a los miedos de la “gente” se deja la agenda  del discurso público a histriones y demagogos. Su política no solo es desastrosa y de corto alcance, sino también algo cobarde. Una razón de más para elegir la ciencia comunista y revolucionaria, que posee la mirada amplia y el orgullo de la lucha.