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La lucha contra el coronavirus

Euforia biotech

Las vacunas contra el nuevo coronavi­rus SARS-CoV-2 han marcado un resultado histórico, por la rapidez con la cual han sido desarrolladas y por las tecnologías empleadas, en particular la técnica innovadora que utiliza moléculas de ácido ribonucleico mensajero (mRNA). Las vacunas que han recibido una plena o limitada autorización son en total en el mundo 22, y 12 las más usadas (New York Times, Covid-19 Vaccine Tracker). En conjunto, añadiendo las vacunas en fase de evaluación clínica o preclinica, la Organización mundial de la salud enumera 320 (WHO, Covid-19 Landscape of novel coronavirus candidate voccine development worldwide, 12 de octubre). 
Mientras tanto, la producción total mundial tiene como objetivo superar en 2021 las 12 billones de dosis (Air­finity, 7 de septiembre) y 6,7 billones ya han sido suministradas en 184 países (Bloomberg, 18 de septiembre). La mayor parte está constituida por las dos vacunas (BioNTech/Pfizer y Moderna) basadas en la tecnología del mRNA. 
Si en el ámbito de la prevención la investigación científica ha logrado éxitos de excepcional alcance, los resultados en la terapia de la enfermedad todavía son decepcionantes. 
Como siempre ocurre en la historia de las epidemias, charlatanes y embaucadores proliferan. La pandemia secular no constituye una excepción, ha vuelto a lanzar las teorías más imaginativas y todo tipo de conspiraciones; han dado la cara, además de eminentes "pensadores", muchos políticos también de niveles muy elevados, apoyando remedios "milagrosos", arrastrando la complicada investigación científica por los patios de su política. Como muestra un botón: el asunto de los antimaláricos cloroquina e hidroxic/oroquina a los que, según el BMJ, se les ha dedicado un «número desproporcionado» de investigaciones, y que han sido exaltados por distintos aventureros políticos, entre ellos el presidente americano Donald Trump y el brasileño Jair Bolsonaro. 
En 1894, Friedrich Engels ponía en guardia a los jóvenes sectores del movimiento obrero acerca de todos los excéntricos que habrían intentado acercarse: entre otros, «adversarios de la vacunación», defensores de la medicina natural, predicadores de la abstinencia del alcohol, «autores de nuevas teorías sobre el origen del mundo», inventores fracasados. Y, por último, «locos honestos e impostores deshonestos». 

Científicos, charlatanes y contendientes 

Con la aparición de la enfermedad desconocida provocada por el nuevo corona virus, la medicina ha echado mano con ansiedad y de manera un poco revuelta del arsenal terapéutico ya existente y ha empezado a probar potenciales nuevos tratamientos para detener al virus o, al menos, atenuar sus manifestaciones más graves. 
Excepcional ha sido la dedicación de la comunidad científica, aunque con algunas repercusiones negativas. El Brítish Medica Journa ha informado de que tan solo entre enero y junio de 2020 se contabilizaron más de mil trial clínicos registrados dedicados a los tratamientos. Los autores de la investigación observan que una cantidad de estudios tangrande, paradójicamente, ha hecho que fuera más difícil para los médicos, para las propias agencias reguladoras y para los gobiernos la interpretación de los resultados y la identificación de los tratamientos más eficaces o más prometedores sobre los cuales concentrar la investigación y la elaboración de pautas fiables. Estudios heterogéneos, repetitivos, redundantes, contradictorios, construidos sin un proyecto bien estructurado han expuesto la investigación a defectos y fracasos. «Ha­cer ciencia mediante notas de prensa», publicando apresuradamente estudios incompletos, sin una revisión por parte de un grupo de control, «se ha convertido en algo habitual» y «ha alimentado confusión y sensacionalismo», causando ansiedad y desorientación en el público (BMJ, 16 de octubre de 2020). 
La fanfarria mediática ha puesto de su parte, anunciando "sensacionales" descubrimientos, dando por verdaderos unos resultados dudosos o erróneos y difundiendo ilusiones y desilusiones. Se ha fertilizado el terreno de las actitudes anticientíficas, como los prejuicios hacia las vacunas. 

A la caza de antivirales
 
Los estudios publicados para la curación del Covid aumentan a un ritmo que nunca antes se había visto. BMJ contó 2.800 en marzo de 2021, entre completados o en curso, pero «las pruebas para un tratamiento eficaz siguen siendo limitadas» (Drug treatments for Covid-19: living systematic review and network meta-analysis, 13 de abril). 
La lista de las medicinas a prueba, entre "viejas" revisitadas y nuevas, es larga. Tan solo para los antivirales, según un amplio estudio del que nos habla el instituto californiano Scripps Research, entre los miles de fármacos examinados, 90 habrian mostrado alguna capacidad de impedir la réplica viral, 13 con un «alto potencial» (Extensive study identifies over a dozen existing drugs as potential Covid-19 therapies, 3 de junio).

El New York Times enumera 25 tratamientos mayormente debatidos. Tan solo uno hasta ahora está autorizado por la FDA americana (y también por la EMA), otros cinco se «utilizan ampliamente» y con autorizaciones que limitan su uso, uno está considerado «prometedor». Los demás todavía son candidatos controvertidos y están en fase de evaluación. El periódico añade a esta lista otros tres clasificados como «pseudociencia» ( Coronavirus Drug and Treatment Trac­ker'' 13 de octubre). 
El tratamiento autorizado es el remdesivír de la empresa californiana Gilead Sciences, la cual hace ocho años sacó su fármaco contra la hepatitis C alcanzando facturados multimillonarios. El remdesivir es un antiviral que había demostrado resultados "poco brillantes" contra el Ébola y la hepatitis C, aunque muchos expertos sigµen mostrando escepticismo sobre su real eficacia en prevenir las consecuencias más graves del Covid-19. 
Entre los otros tratamientos "amplia­mente usados", está la vieja dexametasona, un corticosteroide en uso desde hace décadas, que ha demostrado su validez sobre todo en las formas graves de Covid-19, ahorrando vidas. Los otros son anticuerpos monoclonales, suministrados principalmente en cocktail, de las compañías americanas Eli Lilly y Regeneran y de las británicas AstraZeneca y GlaxoSmithK.line (GSK), esta última en partnership con la californiana Vir Biotechnology. Los anticuerpos monoclonales llevan utilizándose desde los años 70 y desde entonces la FDA ha autorizado su uso en 79 enfermedades, desde el cáncer al SIDA. Para el Covid-19 todavían están evaluándose: se muestran eficaces en reducir la mortalidad, pero hallan limitaciones en la necesidad de usarlos en las fases iniciales de la enfermedad y de suministrarlos por vía parenteral.  
A comienzos de octubre, Merck & Ca. solicitó en Estados Unidos la autorización para. comercializar el primer antiviral que puede administrarse por vía oral (molnupiravir), desarrollado en colaboración con la biotech Ridgeback Biotherapeutics. La eficacia tan elevada en reducir la hospitalización y la muerte por Covid-19, junto con la facilidad de suministración en comprimidos durante 5 días, ha despertado muchas expectativas. Por su parte, Merck planea la duplicación de la producción en 2022, llevándola a al menos 20 millones de ciclos, equivalentes a 800 millones de comprimidos, con la firma de acuerdos con otras casas farmacéuticas para la producción de versiones genéricas a precios rebajados (Financial Times, 13 de octubre).
Merck se recupera de la doble derrota en el ámbito de la investigación de la vacuna. Se trata de una de las cuatro grandes sociedades farmacéuticas que antes de la pandemia se repartían el 90% del mercado global de las vacunas. Sus dos candidatas, ambas de vector viral, de las cuales una en colaboración con el Institut Pasteur, fueron abandonadas a principios de año por la insuficiente respuesta inmunitaria.
El fracaso del segundo mayor productor de vacunas en el mundo ha sido saludado como una derrota no solo americana sino también francesa, porque la comparte con una antigua gloria de la investigación de más allá de los Alpes. «Una derrota biomédica en el país de Pasteur» que evidencia «la incapacidad de la investigación francesa», escribió Les Echos (29 de enero). Así pues, Merck se ha concentrado en las terapias, produciendo pocos meses después el primer antiviral que se puede suministrar por vía oral.

Reconstituyente para el biotech 

La pandemia ha impulsado una ace­leración en todo el sector de las biotecnologías en ámbito médico: vacunas, fármacos y biomédicos. El sector de las vacunas, de "marginal" con respecto a los fármacos, ha adquirido una importancia relevante. 
La afirmación de la tecnología que explota el mRNA abre el camino a nuevos desarrollos en medicina. El estudio de fármacos "personalizados" utilizando la técnica del mRNA contra algunos tipos de tumores llevaba algunos años
gestándose en pequeñas sociedades bio­tecnológicas, como la alemana BioNTech y la americana Moderna, pero sin lograr colocarlos en el mercado. Su éxito en las vacunas anti Covid-19 ha despertado expectativas sobre la utilización de esta tecnología para curar un amplio espectro de patologías, desde el cáncer hasta las enfermedades infectivas. Según sus defensores, «una más amplia adopción de la tecnología a base mRNA anuncia una revolución en la medicina moderna» (Financial Times, 14 de octubre). Las grandes sociedades farmacéuticas habrían abandonado el anterior escepticismo hacia estas investigaciones "de nicho" y apuestan ingentes inversiones sobre una amplia gama de nuevos fármacos "a medida".  
Tan solo el mercado de los antitumorales, que llevan años a la cabeza a la hora de atraer inversiones en investigación y desarrollo y en el crecimiento, ya tenía como objetivo superar los 311 billones de dólares en 2026, más del doble del valor de 2019. En total, los fármacos "biotecnológicos" representaban en 2012 en valor el 20% de las ventas totales de medicamentos, en 2020 el 30% y se prevé que van a constituir el 35% en los próximos cinco años (EvaluatePharma, World Preview 2020).
Décadas de investigaciones han recibido un nuevo impulso, tratamientos que se están aún gestando van a llegar pronto al mercado de la salud, los avances en el ámbito de la terapia génica, las nuevas tecnologías, despiertan grandes expectativas de curaciones eficaces contra las más variadas patologías, desde los tumores hasta las enfermedades infectivas, desde las enfermedades neurológicas hasta los desórdenes del sistema inmunitario. 
Buenas noticias para la medicina y óptimas para las perspectivas de los capitales. La euforia biotech atrae un vigoroso flujo de inversiones, públicas y privadas, en las grandes y pequeñas sociedades farmacéuticas, volviendo apetecibles al mismo tiempo una multitud de pequeñas empresas biotech que durante años se han dedicado a la investigación pero con pocos o ningún resultado económico.  
El índice NASDAQ Biotech ganó más del 30% en 2020, alcanzando su máximo histórico; sustanciosas financiaciones les han llegado a las startup privadas, que recaudaron casi 22 mil millones de dólares en 2020, 39% más que el año anterior (EvaluatePharma, World Preview Report 2021). Según Nature, las empresas biotecnológicas privadas han registrado un récord por número y por recaudación de fondos, induciendo a algunos analistas a temer una "burbuja"; y sigue la actividad de adquisiciones y fusiones, donde se destaca la adquisición de sociedades biotech por parte de grandes compañías farmacéuticas, cuyo objetivo es el de ampliar sus capacidades sobre todo en el campo de los antitumorales de nueva generación y de la terapia génica (Nature Biotechno­logy, 1 de abril). 
Para el sector industrial de las biotecnologías se vislumbra una intensa reestructuración y una acalorada batalla.

La contienda transatlántica sobre las patentes

A mediados de mayo, la pandemia de Covid 19 superó los 163 millones de casos en el mundo y 3,8 millones de muertos oficialmente registrados y, alternando fases de ralentización y aceleración, sigue su marcha. 
La evolución pandémica es diferenciada entre los Estados y los continentes. Se frena en Europa y en Norteamérica gracias a restricciones y vacunas, avanza en muchas partes de Asia y de América Latina. Desde el subcontinente indio llega una advertencia. A primeros de febrero, la India contaba con 11 mil nuevos casos al día. Desde finales de marzo, ha sido devastada por una oleada que ha multiplicado los nuevos contagiados a 400 mil y los nuevos muertos a 4 mil al día en la primera semana de mayo. Según The Economist el número real de los casos podría ser de diez a treinta veces más alto (24 de abril). 
Se saca a colación la desastrosa gestión de la epidemia por parte del gobierno de Narendra Modi y de los Estados indios ( «catástrofe nacional autoinfligida» la ha definido The Lancet), pero las raíces de la crisis son más profundas. India aspira al status de gran potencia económica, científica y militar, aunque su gasto sanitario público es el 1,2% del PIB, entre los más bajos de Asia e inferior a aquel de muchos países pobres. Tiene O, 7 camas de hospital y 0,9 médicos cada mil habitantes. El ya escaso sistema sanitario ha sido arrollado por la oleada de abril. 
La catástrofe india amenaza a los veci­nos en el Sudeste Asiático y alarma también la parte del mundo que confía en una cer­cana victoria sobre el virus pero que ahora teme volver a ser arrastrada por la tormenta.


La campaña de vacunación más grande de la historia está en marcha y avanza a una velocidad de 23 millones de dosis administradas al día: diez millones en China, dos en Estados Unidos, 3,5 en la UE, que debe recuperar un retraso de un mes y medio para con los EE.UU. A día 16 de mayo han sido inyectados 1,44 billones en 176 países (Bloomberg). Se ha alcanzado el 83% en los países de renta alta y medioalta, el 0,3% en los de renta baja (New York Times, Tracking coronavirus vaccinations). Los Estados Unidos, la Unión Europea y Gran Bretaña juntas cuentan con menos del 11 % de la población mundial, pero han distribuido el 36% de las dosis. 
Occidente ha priorizado a sus ciudadanos ha escrito Associated Press; en cambio, la «diplomacia de las vacunas» china es «un éxito» (2 de marzo). Cuatro vacunas chinas están en uso en un total de 77 países, sobre todo en Asia y América Latina, aunque también en Europa (Hungría, Turquía, Serbia, Ucrania)(NYT, cit.). Con "donaciones" y ventas, China continúa con su política de la "Ruta de la Seda sanitaria" con sus vacunas como arma de influencia económica y política.
La India había actuado contra la ofensiva china, aprovechando «su capacidad productiva para demostrar su potencia científica y reforzar los vínculos bilaterales»; C. Raja Mohan, director del Institute of South Asian Studies de la Universidad de Singapur, ha definido dicha actuación como «una demostración de soft power». La India habría tenido que suministrar millones de dosis de la vacuna de Oxford, AstraZeneca a seis países de sus alrededores en «uno de los esfuerzos de diplomacia vacuna más costosos del mundo» (Financial Times, 2 de febrero). Sin embargo, la "diplomacia de las vacunas" india en el Sudeste Asiático ha naufragado en la nueva explosión epidémica y las disponibilidades han sido reservadas al mercado interior. 
Rusia sigue con su política con el Sputnik V del Instituto Gamaleya, que usa la técnica del vector viral como Oxford As­traZeneca. El Sputnik V ha sido autorizado en 65 países, en Asia, América Latina y África. Actualmente, se utiliza en 38, entre los cuales está Hungría que, único en la Unión, ha adquirido 1,8 millones de dosis (ECDC). 

batallas estratégicas 

Para frenar la "influencia sanitaria" china en el Sudeste Asiático, el 12 de marzo Estados Unidos, Japón, la India y Australia en la cumbre del Quad habían lanzado la Quad vaccine partnership para suministrar a los países.de la región Indo Pacífica, antes de finales de 2022, mil millones de dosis de la vacuna de la multinacional americana Johnson & Johnson. La vacuna se producirá en la India, el proyecto estará financiado por Estados Unidos y Japón, y Australia dará asistencia en la logística y distribución (Hindustan Times, 13 de marzo). 
La explosión de los contagios en la India ha alimentado las presiones para responder a la desesperada necesidad mundial de vacunas. Ya el otoño pasado, al menos 100 países de la OMC, encabezados por la India y Sudáfrica, pidieron la suspensión de la tutela de la propiedad intelectual sobre las vacunas anti Covid, reglada por los acuerdos TRIPS (Trade related aspects of intellectual property rights). los Estados Unidos, la UE y Gran Bretaña rechazaron esta petición, pero a primeros de mayo la administración Biden anunció la disponibilidad americana a apoyar la "renuncia" temporal a las normas sobre las patentes de las vacunas anti Covid 19, como «medida extraordinaria» que las «circunstancias extraordinarias» requieren. La jugada americana es «probablemente el intento de contrarrestar al menos con palabras el éxito de la diplomacia sanitaria de Moscú y Pekín», ha escrito Beda Romano (JI Sole-24 Ore, 7 de mayo). Algunos países, entre los cuales están la India y Sudáfrica, se han presentado para ser productores de vacunas anti Covid, pero las negociaciones en la OMC tardarían meses en adquirir la competencia en las nuevas tecnologías, adecuar las plantas de producción y autorizarlas. 
Stéphane Bance!, administrador delegado de la estadounidense Moderna, que produce la segunda vacuna de mensajero-RNA hasta ahora en uso, afirma que «no existe en el mundo capacidad productiva con base mRNA no utilizada» (Financial Times, 7 de mayo). Para las empresas el verdadero "tapón" que limita la producción lo constituye la escasez de componentes y distintos materiales, desde las bolsas de plástico de los biorreactores hasta el vidrio y los tapones de las ampollas; y decenas de dichos componentes están, a su vez, protegidos por patentes. 
Las restricciones a la exportación de productos intermedios impuestas por los
Estados Unidos escribe Handelsblatt (10 de mayo) ralentizan la producción no solo en Alemania sino también en la India. Si se anularan, la producción mundial de vacunas podría llegar a 14 mil millones de dosis este año. Según el periódico económico alemán, la propuesta de Joe Biden es una jugada de política exterior con función antichina y antirrusa pero, en el fondo, demagógica. «El cese de las patentes no con llevaría ni siquiera una dosis más a corto y medio plazo», ha declarado la presidenta de la Comisión europea Úrsula von der Leyen en la reciente cumbre UE de Oporto. 
Frankfurter Allgemeine Zeitung ha señalado a las vacunas como nuevo terreno de «batalla geopolítica» en la lucha contra la pandemia entre Estados Unidos y la UE, «la única potencia democrática» que actualmente exporta y suministra vacunas a terceros países (10 de mayo). Para la canciller Ángela Merkel, la cesión de las patentes implicaría asimismo un traspaso de competencias a China para producirlos; «el factor limitativo en la producción de vacunas es la capacidad de producción y los altos estándares de calidad, no las patentes» (Süddeutsche Zeitung, 6 de mayo). 
El presidente francés Emmanuel Macron ha acusado a los «países anglosajones» de obstaculizar.el suministro mundial de vacunas salvavidas con las barreras a la exportación (Financial Times, 7 de mayo). En cambio, la Unión exporta el 50% de su producción y participa en los programas de ayuda a los países más pobres. 

Ética y negocios 

La iniciativa americana ha sido acogida favorablemente por la OMS, Rusia y China, y en varias partes se solicita la liberalización de las patentes de las vacunas anti Covid-19 por motivos éticos. La eticidad de la tutela de la propiedad intelectual de los medicamentos lleva cuestionándose desde los orígenes de la moderna industria farmacéutica, pero a menudo también viene utilizada para cubrir guerras comerciales y proteccionistas. 
El historiador Jonathan Liebenau observaba que las grandes empresas farmacéuticas no se comportan de manera diferente respecto a todas las demás, al recurrir sin escrúpulos a los medios típicos de las guerras comerciales, desde el dumping a la violación de las leyes sobre la propiedad intelectual. La diferencia estriba en los esfuerzos que estas empresas hacen por presentarse como si las movieran mayores motivaciones éticas, dedicándose a la alta ciencia y a la salud humana (J. Liebenau Medical science and medical induscry, Johns Hopkins University Press, 1987). 
Desde sus orígenes, las patentes han sido una de las armas usadas por las grandes sociedades para transformar la competencia en monopolio, escribía Lenin en 1916, y su violación es un medio para socavar las posiciones dominantes. Se sabía de antemano que las grandes empresas farmacéuticas se rebelarían la patente garantiza a las empresas propietarias una condición de monopolio durante 20 años, pero el enfrentamiento incluye las batallas entre las potencias sobre sectores considerados "estratégicos". 
En las vacunas contra el nuevo coronavirus se miden la capacidad científico tecnológica y la fuerza industrial de las potencias. En particular, es una carrera en las biotecnologías médicas, un campo en el que Estados Unidos ocupa una posición dominante y China aspira a convertirse en la próxima "súperpotencia biotecnológica", con grandes inversiones que involucran ampliamente el aparato militar-industrial. 
De las vacunas realizadas hasta ahora, tres usan una tecnología basada en el mRNA, representan una "revolucionaria" innovación y abren grandes horizontes y un gran mercado a la inmunoterapia de muchas enfermedades, entre las cuales el cáncer: dos son alemanas, de las sociedades BioNTech (en colaboración con Pfizer) y CureVac (esta última se aprobará próximamente en Europa), una es americana (Moderna).

Ugur Sahin, cofundador y administrador delegado de BioNTech, nos cuenta que tiene 14 antitumorales en vías de experimentación y aspira a que dicha empresa se convierta en «la potencia de la inmunoterapia del siglo XXI» (Financia/ Times, 11 de mayo). 
La réplica tajante por parte de Alemania y de la Unión a la propuesta americana denuncia explícitamente el temor de que la ventaja adquirida por la investigación biotecnológica alemana pueda verse rápidamente erosionada por el traslado de tecnología a la competencia. Dieciséis candidatas vacunas a base mRNA y diez a base DNA están actualmente en fase de estudio clínico en diferentes países (WHO, Landscape of novel coronavirus candidate vaccine development, 11 de mayo). China tiene en fase 3 una vacuna mRNA desarrollada por la Academia Militar de las Ciencias en colaboración con dos sociedades biotecnológicas capaces de hacer frente a la producción a gran escala, y otra más en fase l. La propia BioNTech que está asociada con Fosun Pharma para el mercado chino va a construir en China una planta productora. 
La exportación de capitales significa también exportación de know how, el conjunto de competencias tecnológicas. No hay dudas acerca de la ventaja alemana y americana en este filón biotecnológico. Pero tan solo es cuestión de tiempo.

Batalla por las vacunas

Batalla por las vacunas
¡ Para cuando será segura !

Según The Lancet, el número de vacunas candidatas contra el Covid 19 ha ascendido a casi 200. La lista de la Organización Mundial de la Salud (OMS­WHO), actualizada al 13 de agosto, cuenta 167 en total, 29 de los cuales están en evaluación clínica y 138 preclínica. En el desarrollo de las vacunas en los trial clínicos participan, solos o en colaboración, empresas y centros de investigación de 15 países. China está implicada en 11 proyectos, al igual que Estados Unidos; Gran Bretaña participa en tres, Alemania en dos y Francia en uno (Draft landscape of Covid 19 candidace vaccines, 13 de agosto). A dicha lista se ha añadido recientemente la sociedad biotecnológica italiana Reithera, que ha recibido de la Agencia Italiana del Fármaco (AIF A) la autorización para iniciar los trial clínicos de fase 1 sobre 90 voluntarios, en el Istituto Lazzaro SpalJanzani y el Centro Ricerche Cliniche Verana. En abril, Reithera constituyó un consorcio con la alemana Leukocare y la belga Univercelles para acelerar el proceso productivo.
Para llegar al público, una vacuna debe seguir un recorrido largo y difícil. Se ha calculado que, entre 1998 y 2009, el tiempo empleado de media por una vacuna para pasar de la fase preclínica a la distribución ha sido de 10, 7 años (Plos One, Risk in vaccine research and development auantified, 2013). La vacuna candidata, una vez salida del laboratorio, debe someterse a una serie de controles de seguridad y eficacia, preclínicos sobre animales y clínicos sobre el hombre: de fase 1 sobre un pequeño número de voluntarios, de fase 2 sobre decenas o centenares de sujetos y de fase 3 sobre decenas de miles de personas, de diferente edad, etnia y condiciones clínicas. Así pues, los trial de fase 3 son fundamentales para comprobar sobre grandes números la capacidad efectiva de inducir una respuesta inmunitaria, su intensidad y duración en el tiempo, y la ausencia de efectos colaterales que, aunque no frecuentes, podrían causar reacciones adversas en decenas de miles de personas, siendo suministrados a centenares de millones de sujetos. De la lista de la OMS tan solo siete resultan estar en la fase 3. Si los resultados son positivos, los organismos reguladores (FDA en Estados Unidos, EMA en Europa) podrán autorizar la distribución al público, un procedimiento que normalmente necesita de algunos meses de comprobaciones rigurosas.
Los tiempos son difícilmente comprimibles salvo a costa de la seguridad. Se busca una aceleración. En la carrera a contrarreloj, científicos, empresas y Estados están envueltos en un partido global que ve en juego prestigio, cuotas de mercado y búsqueda de "primados" nacionales.