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Comienza el invierno chino

El 17 de enero de 2023, el "Press release" de la Oficina Nacional de Estadísticas de China (NBS) escribió que «la población total ha disminuido». En treinta líneas dan a conocer los datos esenciales, sin comentarios: el 31 de diciembre de 2022 la población llegó a 1.411,75 millones, con una disminución de 0,85 respecto a doce meses antes resultado de 9,56 millones de nacimientos  mientas y 10,41 muertes durante el año 2022. Es implícito que el saldo migratorio ha sido igual a cero. 
La noticia dio la vuelta al mundo y le siguieron los comentarios en los periódicos, revistas, chink tank. En el cuadro hemos recogido los más significativos. 
Kang Yi, director del NBS  intervino al día siguiente en China Daily. La prensa china en idioma inglés también publicó muchos otros comentarios, con matices y estimaciones diteremes, tanto de las academias como de los chink tank del Dragón, expresión de un verdadero pluralismo detrás de la fachada monolítica. 
Según Kang, las causas de la disminución son la reducción de los nacimientos, el retraso de los matrimonios, la postergación de los primeros nacimientos y la disminución de las mujeres en edad fértil: es el resultado natural del desarrollo económico, que muchos otros países están teniendo: la disminución continuará, y no hay que enfatizarlo demasiado. «La clave de la cuestión demográfica es hacer coincidir la dimensión y la estructura de la población con el sistema industrial; nosotros tenemos una situación de disponibilidad de fuerza de crabajo positiva». Observamos que este primer comentario oficial se centra en el sistema industrial chino: es decir, se necesita hacer saber que la "fábrica del mundo" no sufrirá problemas por falta de fuerza de trabajo como consecuencia del comienzo de la disminución demográfica. 
Así que la inexorable, ley de la población de la madurez imperialisca, hoy está afectando incluso a la· que hace una docena de años, superando a Japón, se había convertido en la segunda potencia económica mundial, y desde tiempos inmemorables fue la primera demográfica. La noticia se esperaba en unos años según las fuentes oficiales chinas'. pero muchos estimaban que en realidad el acontecimiento se habría producido alrededor de 2022-23. El '·sorpasso demográfico" por parte de la India es inminente, de hecho, quizas ya ha ocurrido. El debate es encencido. Comienza un periodo de oscilación de la población china en torno a la estabilidad, con fuerzas potentes que la empujarán decididamente, tarde o temprano, hacia la disminución. El gigante asiático recorre así los caminos trazados por Japón, Corea del Sur y muchos países europeos. No es una novedad, sino una regularidad: ahora ha llegado el momento de China. Son las dimensiones continentales del Dragón las que lo convierten en un histórico demográfico inédito en el periodo de cambios históricos y, en consecuencia, también una cuestión política de relieve mundial.

En la prensa china 

La Xinhua News Agency rernge las opiniones de varios expertos, entre ellas la siguiente: «Para un país que cuenta con 1,4 mil millones de personas, un crecimiento negativo debe analizarse con objetividad, es necesario adaptarse y actuar de manera eficaz». 
el Global Times, Yuan Xin (Universidad de Nanhai): la cifra no es inesperada y cumple con la ley de desarrollo de la población, que todavía fluctúa alrededor de 1,4 mil millones será más o menos igual en 2035 y 1,3 mil millones en 2050. Cai Fang, exdirector  de la CASS (Academia de Ciencias Socia les de China): el máximo ha llegado antes de lo esperado, por lo que la población puede diminuir de!desde 2023 en adelante. 
En China Daily, Zhang Xuying, del China Population and Developme Research Center: Japón y 19 países europeos también están disminuyendo y, a pesar de los intentos de restaurar la lecundidad
a 2, 1 hijos /mujer, la disminución continuará; pero hay una población consísteme, y la ventaja demográfica es importante. Lu Jiehua (demógrato, Universidad de Pekín): existe una alarma sobre el desarrollo socioeconómico del país, la tuerza de trabajo se ha reducido en un 10% en diez años, es mucho más difícil invertir  la tendencia, la disminución se volverá la norma, habrá que cambiar el modelo de sociedad. Li Jia, del Aging Research Center de Pekín: no hay que ser demasiado pesimistas, no está dicho que la reducción dure, podría haber una recuperación de los nacimiencos. Otros comentarios destacan que la disminución de la fecundidad es una preocupación seria y que es necesario restaurar una cultura favorable a la natalidad. Significativo sobre el ''clima demográfico" que se respira en China es lo que cominúa diciendo Yuan Xin: Muchos jóvenes no tienen ganas de casarse y optan por estar solos y no cener hijos. Sus perspectivas:, sobre el matrimonio y tener hijos han cambiado mucho respeto a las generaciones anteriores». 
Souch China Morning Pose (Hong Kong), editorial: «La crisis de la población es probablemente la mayor crisis que afronta China en este momento. Nadie puede decir que uno disminución de población signifique el fin del milagro chino. Pero  requiere el desarrollo de políticas económicas»; observa que las políticas natalistas nacionales (posibilidad de dos o tres hijos) y locales ('"bonos'' y facilidades en algunas grandes ciudades) no han funcionado, y que la India superará a China este mismo año. 

Desarrollo Asiático y Partido Estratejia

Allí se delinean las regularidades económicas sociales y político estatales del desarrollo capitalista, su dinámica contradictoria que puede ser aferrada por el partido revolucionario. Se anticipa la noción de conciencia traída desde el exterior que será el corazón de la concepción leninista del partido. El Manifiesto ya es un texto de «estrategia internacional», escribió Arrigo Cervetto en su estudio sobre la formación "genética" de la estrategia en Marx y Engels. Y Marx y Engels con los carlistas ingleses, así como con las formaciones del movimiento obrero alemán y francés, intentarán repetir la experiencia hecha con la Liga de los Comunistas: dar la estrategia, precisamente «dar el "Manifiesto" a un partido obrero existente». 

El punto de partida es el papel revolucionario de la burguesía al superar y subvertir las bases precedentes de la sociedad feudal y crear un mercado mundial. «De los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los "villanos" de las primeras ciudades; y estos villanos fueron el germen de donde brotaron los primeros elementos de la burguesía», escriben Marx y Engels. Son los primeros pasos del desarrollo capitalista, que tiene sus formas específicas y un inicio particularmente precoz a lo largo del siglo XIV en el norte de Italia, donde hay una preexistente red de concentraciones urbanas heredadas de la época romana. 
«El descubrimiento de América, la circunnavegación de África abrieron nuevos horizontes e imprimieron un nuevo impulso a la burguesía. El mercado de China y de las Indias orientales, la colonización de América, el intercambio con las colonias, el incremento de los medios de cambio y de las mercancías en general, dieron al comercio, a la navegación, a la industria, un empuje jamás conocido, atizando con ello el elemento revolucionario que se escondía en el seno de la sociedad feudal en descomposición». 

Aquí se describe una fase del desarrollo capitalista que toma fuerza a partir del siglo XVI, cuando el centro de este desarrollo comienza a desplazarse del Mediterráneo al Atlántico y, en competencia con las potencias españolas y francesas, comienza a afirmarse la potencia inglesa. La perspectiva del mercado mundial, cabe señalar, mira ya además de América a Asia y con ella a India y China. En embrión, es un primer nexo entre desarrollo asiático y partido estrategia.
«El régimen feudal o gremial de producción que seguía imperando no bastaba ya para cubrir las necesidades que abrían los nuevos mercados. Vino a ocupar su puesto la manufactura. Los maestros de los gremios se vieron desplazados por la clase media industrial, y la división del trabajo entre las diversas corporaciones fuesuplantada por ta división del trabajo dentro de cada taller. Pero los mercados seguían dilatándose, las necesidades seguían creciendo. Ya no bastaba tampoco la manufac­tura. El invento del vapor y la maquinaria vinieron a revolucionar el régimen industrial de producción. La manufactura cedió el puesto a la gran industria moderna, y la clase media industrial tuvo que dejar paso a los magnates de la industria, jefes de grandes ejércitos industriales, a los burgueses modernos». 
La evolución del desarrollo burgués y la extensión del mercado a mercado mundial interactuaban entre sí: 
«La gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial imprimió un gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicacio­nes por tierra. A su vez, estos, progresos redundaron con­siderablemente en provecho de la industria, y en la misma proporción en que se dilata­ban la industria, el comercio, la navegación, los ferrocarriles, se desarrollaba la burguesía, crecían sus capitales, iba desplazando y esfumando a todas las clases heredadas de la Edad Media». 
Marx y Engels identifican aquí tres leyes de movimiento. Primero, una ley internacional: la burguesía tiene como misión histórica la creación del mercado mundial. Segundo, el desarrollo capitalista tiene sus regularidades sociales, es decir, tiene consecuencias sobre el cambio y el desarrollo de las clases. Y, tercero, esto también comporta leyes de movimiento sobre el cambio y el desarrollo en el plano político; la burguesía se afirma como clase revolucionaria en los choques contra el viejo régimen aristocrático y feudal. 
«A cada etapa de avance recorrida por la burguesía escriben Marx y Engels corresponde una nueva etapa de progreso político». 

Crisis del Orden y batalla de Clase

La crisis del orden, es decir, del equilibrio entre las potencias, provocada por la mutación colosal de las relaciones de fuerza causada por la irrupción de China. Una nueva estación de interven­cionismo y de capitalismo de Estado, porque en Europa y América se debe responder a los grandes grupos chinos, sobre el terreno de las tecnologías avanzadas y de la batalla eléctrica y digital. Un ciclo de rearme, desencadenado por los planes de Pekín de una fuerza militar «de clase mundial» antes de los próximos quince años y ali­mentado en consecuencia por la reacción de las otras potencias. El regreso de los EE.UU, a las relaciones atlánticas y a las instituciones del multilateralismo, después de la Administración Trump y su reacción errática y desordenada al declive americano. Las nuevas coordenadas de la cuestión europea, donde la UE se muestra capaz de influir sobre los Estados Unidos manteniéndolos fuera de una guerra fría con China, pero donde se retrasa la centralización de una capacidad de acción estratégico militar y todavía se discute sobre la fórmula de un pilar europeo de la Alianza Atlántica. 

Esto es lo que se iba a añadir en el cuadro de análisis recogido en este libro, siete años de estudio de las relaciones internacionales en artículos que van desde el invierno de 2013 hasta la primavera de 2021. Se ha pasado revista sobre una serie de crisis y batallas políticas que han marcado la contienda global, y que tienen como motor último precisamente aquel desigual desarrollo del imperialismo: por un lado el ascenso de Asia y de China, por el otro el declive relativo de América y de Europa. 
La crisis en Ucrania y la guerra en Siria mostraron la erosión del viejo orden. La propensión americana a retirarse de Oriente Medio, ya evidente con la línea del retrenchment de la Administración.
Obama, ha favorecido la entrada de otras potencias: Rusia y Turquía en primer lugar, en segundo plano China. Europa, frente a las columnas de prófugos a lo largo de la ruta de los Balcanes, ha vivido de primera mano los costes de su déficit estratégico: si no es capaz de vigilar su extranjero próximo, al Este o a lo largo de la orilla Sur del Mediterráneo, serán las contradicciones de aquella periferia las que la atraviesen .. 
Las últimas fases de la crisis global iniciada en 2008, con la crisis de la deuda soberana y de la batalla de Grecia, pusieron a prueba a la UE y el mantenimiento de la federación del euro; la Unión salió reforzada de forma decisiva en la arquitectura de sus poderes. 

Las fluctuaciones globales y la presión migratoria han sido los dos cuernos de una colisión externa que ha golpeado a las estrati­ficaciones sociales de la madurez imperialista, y ha desencadenado un ciclo político nuevo. Es el ciclo político del declive atlántico y de la crisis de la social democratización; la afirmación de Donald Trump en América y de Boris Johnson y del Brexit en Gran Bretaña, la llamarada de los chalecos amarillos pero también la entrada de Emmanuel Macron en Francia, la aventura populista de la Lega y Cinquestelle en Italia, han registrado las insurrecciones electorales de la pequeña burguesía y de los estratos intermedios, sacudidos por los nuevos miedos que enciende la globalización. Los nuevos medios de comunicación, la política espectáculo de la democracia televisiva combinada con las comunicaciones digitales, han acentuado las oscilaciones más que favorecer la creación de un consenso en las opiniones públicas; los grupos y las fracciones de la clase dominante, en todas las viejas potencias, han visto fracturada la conexión con una base de masa para sus políticas, indispensable para afrontar los desafíos globales.

Para terminar, el Covid-19 ha irrumpido en la escena mundial con efectos impredecibles de amplitud histórica, precisamente los de una pandemia secular. La crisis, hemos escrito, «pone en confrontación y en competencia a toda la estructura de las potencias: los poderes, el Gasto Social sanitario, los presupuestos y deudas públicas, los sistemas políticos y la "estabilidad social" interna». 

Hay una conclusión sobre la que reflexionar: un hecho crucial es que la crisis del orden y sus enfrentamientos mundiales sacuden y movilizan al mismo tiempo a la ideología dominante. En las viejas potencias, el declive atlántico ha mostrado la «fragilidad» de la ideología liberal frente al desafío de Asia; en Pekín la batalla por un nuevo orden en el que se reconozca a China se viste con los mitos nacionalistas de un imperialismo en ascenso. Nuevos venenos de la movilización imperialista se difunden, en un crescendo cotidiano, en las viejas y las nuevas potencias. 
Este es el sentido de haber continuado estudiando, durante estos años, el desarrollo y las contradicciones del imperialismo unitario. La irrupción de Asia es una confirmación científica extraordinaria para la ciencia marxista, que parte de las tesis de Marx y Engels en el "Manifiesto comunista", pasa por la estrategia revolucionaria de Lenin y es restaurada en las "Tesis del 1957" de Arrigo Cervetto. Sin embargo, aquella victoria científica sería estéril si permaneciera encerrada sobre sí misma, si no se convirtiera en arma para la defensa de clase: el punto es que aquellos nuevos venenos de la ideología dominante deben ser comprendidos para ser combatidos. Cada crisis, cada guerra, cada colisión social, se convierte en el frente de una batalla internacionalista; por último, la lucha contra la pandemia secular ha revelado energías inesperadas, disponibles para reflexionar sobre las contradicciones de clase que incluso el virus ha desentrañado. 

Carrera armamentístia

¿Ha comenzado la «segunda guerra del Pacífico» contra China después de la del pasado siglo contra Japón? Lo afirma el Figaro, aunque después de que París fuera humillado por el acuerdo AUKUS entre Australia, Gran Bretaña y Estados Unidos, que anuló un pedido multimillonario para su industria bélica. Escriben los franceses que la guerra no se librará solo con enfrentamientos militares, sino también con amenazas, intimidación, lucha tecnológica, ciberataques. 
Un hecho es cierto, el barómetro marca tormenta; lo que se ha oído es la patada inicial de quince años convulsos, que marcarán el nuevo siglo. El imperialismo estadounidense encuentra por primera vez en el imperialismo chino un oponente a la par; AUKUS será el comienzo de una carrera de rearme sin precedentes; el imperialismo europeo no puede sino verse involucrado. 
La vieja Europa está intranquila: ha perdido al menos veinte años dando largas sobre la defensa europea; no tiene el control del Mediterráneo, que es su periferia, a la vez que en Asia ha madurado intereses enormes, justamente a partir del intercambio de mercancías y capitales con China. Hay un doble temor, tanto de verse arrastrada por un choque no deseado con Pekín, como a verse marginada por un acuerdo entre Estados Unidos y China, siempre posible. La discusión se ha vuelto acalorada. Se persiguen planes para una política exterior común y una fuerza de intervención europea; se gustaría poder tratar con Washington en pie de igualdad en la OTAN. Pero recuperar el tiempo perdido mientras el mar ya está tormentoso es un desafío enor­me. Un factor desconocido es Alemania, donde finaliza la era de Angela Merkel, marcada por una estabilidad que ahora muchos acusan de inacción. Esta es la contienda del imperialismo, que ha saltado a un nivel superior compuesto por misiles, submarinos y reactores nucleares. Los trabajadores no pueden ignorar la tormenta que se avecina, porque quieran o no, se verán arrastrados. Debemos mantener los ojos abiertos, y ese es el papel de la ciencia marxista. Necesitamos una conciencia y una estrategia internacionalista. La oposición revolucionaria al imperialismo europeo, como a todos los imperialismos, está a la orden del día. 

Volvamos a un tema ya mencionado en el número anterior de nuestro periódico: la escasez de mano de obra, efecto también del declive demográfico, «puede ser un factor de apoyo a un empuje salarial». Volvemos porque, mientras tanto, este tema ha sido retomado repetidamente en la prensa internacional. 

Demografía y contratación
 
El argumento es utilizado también para endulzar la píldora de una reestructuración destinada a trastornar la vida de muchos trabajadores: la idea es que un eventual despido no es tan grave, ya que quedan mu­chos puestos de trabajo por cubrir. ¿Habrá que repetir que el paso de una tarea a otra, de un trabajo a otro o de un lugar a otro no es tan obvio, seguramente no está exento de dificultades y para muchos puede ser incluso un drama? 
Sin embargo, es cierto que la escasez de mano de obra es un fenómeno real: amerita por lo tanto hacer algunas consideraciones, partiendo de una mirada al debate en curso. 
Le Monde dedicó al tema un dossier el 25 de agosto. Título: «En Europa, la gran escasez de mano de obra». Y explica: «Desde la hostelería hasta la construcción, las empresas del Viejo Continente están luchando por contratar. El fenómeno transfiere progresivamente el poder de negociación hacia los asalariados». 

Inmigrantes y estantes vacíos 

El Financia/ Times ha dado la alarma con cierta insistencia, también haciendo notar el hecho de que el Brexit ha agravado la situación inglesa. «Los supermercados están luchando por mantener abastecidos sus estantes», escribe el 27 de agosto: específicamente, no hay camioneros que transporten las mercancías. Pero, añade, las carencias también se encuentran en Francia, Alemania, Italia, Holanda y Escandinavia, y afectan a varios sectores: hostelería, distribución, construcción, sanidad. 
Entre las razones está la falta de inmigrantes, trabajadores que, despedidos durante la pandemia, son repatriados y ahora tienen dificultades para regresar a Inglaterra aunque no solo eso. Y aquí está la sentencia del Financia Times: «Con menos migrantes, llenar los vacíos significa dar salarios más altos». 
El mismo periódico vuelve el 31 de agosto a la carencia de conductores, de mostrando que en el mercado laboral no faltan solo graduados en CTIM ( ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), lo cual es cierto, pero no es lo único. No hay albañiles, obreros, técnicos, pero tampoco camareros y cocineros. Y conductores: al desarrollo del ecommerce, que exige que se lleve físicamente el paquete a su destino, se suma el envejecimiento de la población activa (en Gran Bretaña el conductor medio tiene 55 años), los ritmos elevados y los salarios insatisfactorios. 

¿Un nuevo ciclo? 

Es sobre esta base que comienza el debate sobre si se puede iniciar un ciclo que beneficie a los trabajadores en la negociación salarial. La alemana Zeit (8 de julio) plantea la cuestión precisamente en términos de ciclos. A principios de siglo, Alemania era considerada «el enfermo de Europa» y las relaciones eran desfavo­rables para los trabajadores: el gobierno Schroder afrontó esa curva desarrollando un gran sector de bajos salarios (aproximadamente una cuarta parte de todos los asalariados) y la misma IG Metall fue obligada en el 2004 a firmar el conocido como "acuerdo de Pforzheirn", que permitía a las empresas establecer excepciones de los convenios colectivos. 
Hoy, continúa el Zeic, en Alemania hay escasez de mano de obra en el 45% de las profesiones, pero el sector de salarios bajos todavía emplea al 20% de los empleados. En 2025 podrían faltar 2,9 millones de trabajadores cualificados: «Se anuncian buenos años para los trabajadores». 
Laurent Berger, líder de la CFDT, el primer sinidicato de Francia, subraya la complejidad del momento: todavía hay sectores en dificultad, pero también hay una cantidad de puestos de trabajo sin cubrir que se estima entre 250 y 400 mil. «Para solucionar el problema, es necesario abordar el tema de los salarios, las condiciones laborales, de trayectorias profesionales gratificantes».

Modelo americano 

En Estados Unidos ha abordado el tema Los Angeles Times (7 de septiembre), con el titular: «La escasez de mano de obra da más poder a los sindicatos». Cita a modo de ejemplo la planta de Volvo en Virginia, donde los trabajadores lograron un aumento del 12% (en seis años) y superaron el impopular sistema de escala salarial de dos niveles para los empleados nuevos y para los antiguos. «Es un caso de estudio sobre cómo los trabajadores sindicalizados pueden ganar innuencia mientras las empresas se esfuerzan por encontrar suficientes trabajadores». 
De manera más general, escribe el periódico californiano, «la pandemia ha producido una escasez de mano de obra que ha vuelto a algunas Union, durante mucho tiempo bajo asedio, más confiadas» con respecto a los años en los que «se redujeron en dimensión e influencia». Esto no vale sólo para el automóvil, sino también para los sectores de salarios bajos, restaurantes, bares y comercio minorista. 
El nexo con la crisis pandémica más que con el declive demográfico evidencia una particularidad del 'modelo estadounidense" con respecto al "renano": en Estados Unidos «los negocios se rcuperan más rápido de lo que la gente regresa al trabajo». En Europa, las formas de jornada reducida (como los ERTE) han permitido conservar la mano de obra, haciéndola así inmediatamente utilizable tras la recuperación. Esto al menos para los trabajadores fijos, mientras que para los contratos temporales, los trabajadores de servicios y, sobre todo, los inmigrantes han sido sencillamente expulsados. En Estados Unidos, el recurso a los despidos fue, en cambio, la regla frente a la crisis, y esto ahora impone volver al mercado para competir por una fuerza laboral menguante. 

Salarios e inflación 

En Italia JI Sole-24 Ore (10 de agosto) ve los dos cuernos de la cuestión: en los trabajos de baja cualificación, «donde no se encuentran trabajadores más menos especializados y donde es decisiva la inmigración», y en los de alta cualificación, «donde cuencan títulos y competencias aún demasiado raras en Italia». Y admite: «también hay una discrepancia salarial», un tema de larga data, pero que se debe abordar hoy «con un nuevo espíritu», es decir, con «nuevas formas de remuneración de la productividad». No podía faltar este mantra patronal.
Los datos del segundo trimestre registran en efecto un aumento de los salarios en la eurozona pero, señala Le Monde (11 de septiembre), a pesar de las tensiones en el mercado, el crecimiento medio es del 1, 73%, «muy por debajo de la inflación, que llega al 3%». También en Alemania fue del 1,9%. Solo en Reino Unido donde, como hemos visto, la escasez de mano de obra se hace sentir más, el crecimiento salarial supera a la inflación, sobre todo en los sectores en tensión. 
En Francia, de nuevo según el dia­rio parisino, la cuestión salarial «ha irrumpido en el debate político», hasta el punto de que algunos candidatos presidenciales hacen campaña prometiendo subir los salarios. 

¿Quién toma la ventaja? 

Para que una situación objetivamente más favorable no se convierta en la enésima decepción o, peor aún, en una estafa de la política burguesa, sólo queda volver a la experiencia ya secular de nuestra clase: es cierto que el mercado es la base de la negociación, pero no hay un automatismo estrecho, la relación de fuerza es siempre decisiva. Entonces: si hay una ventaja, se necesita que alguien la tome. 

A una dinámica como mínimo europea, debería corresponder a una reivindicación europea. En este frente, sabemos que la batalla aún es larga. Pero si las clases dominantes aceleran en el camino hacia un ejército europeo, los trabajadores deberían acelerar hacia la construcción de su propio "ejército". Un sindicato europeo sería lo mínimo. 

Un veneno nuevo

El Grupo de los Siete, cúspide de la OTAN, bilateral entre Estados Unidos y Europa: se reúnen las potencias del viejo orden internacional centrado en la Alianza Atlántica y en Japón; el gran problema es precisamente la crisis del orden, que ya había empezado a tambalearse con el nuevo siglo. Se trata de China: en cuarenta años ha crecido a un ritmo sin precedentes; en los últimos veinte años ha madurado, convirtiéndose en potencia del imperialismo; en los próximos diez o quince años se va a afirmar en los sectores de la alta tecnología, va a disputar las materias primas para su propia expansión, va a exportar sus capitales por la Ruta de la Seda, se va a dotar de misiles, submarinos, aviones y portaaviones proporcionalmente a su importancia mundial. 
Para las viejas potencias, el dilema es cómo negociar con Pekín o cómo abordarlo. Por el momento, Europa no cede a las presiones de las corrientes americanas que desearían una contención asertiva de China; en las tres cumbres del Viejo Mundo se considera a Pekín al mismo tiempo como partner, como competidor y como rival: de alguna manera, es la vieja Europa la que ha frenado a Estados Unidos. En verdad, nadie sabe decir realmente cómo acabarán los próximos quince años. En la historia, no ha habido nunca un desplazamiento de potencia tan colosal, y ninguna transición a un nuevo orden se ha llevado a cabo nunca de manera pacífica. Si se discute cómo coexistir con el nuevo gigante asiático, se multiplican a la vez los planes de rearme; Taiwán y el Mar Chino Meridional son los nuevos teatros en medio de las planificaciones militares. 
El socialimperialismo es una política imperialista disfrazada en la retórica social y colectiva. Hay un veneno nuevo difundido por la clase dominante, a saber, la idea de que China, gigante del capitalismo de Estado y autocracia tecnológica devoradora del medio ambiente, sea el adversario de un capitalismo democrático y ecológico de las viejas potencias liberales. Por su parte, el socialimperialismo en China celebra la irrupción en el desarrollo global como una revancha precisamente sobre las viejas potencias, contrapaso al siglo de la humillación sufrida durante la era colonial. 
Tan solo el principio internacionalista, la unidad de clase contra todas las potencias y todos los imperialismos, puede hacer frente a las nuevas ideologías dominantes. La defensa de clase ha de organizarse en todos los aspectos, tanto en las condiciones materiales como en los cerebros: al igual que hemos luchado en la pandemia secular, de la misma forma hay que contrastar los venenos nuevos de la movilización imperialista. 

En mayo de 1988, Arrigo Cervetto escribía que la política reformista «no determina sino que sufre el desarrollo de las fuerzas productivas»: «Pretende reformar, programar y planificar, poner las riendas y cabalgar la economía burguesa, convirtiéndose en su triste Rocinante». Notemos que la comparación no es ni tan siquiera con Don Quijote sino con su caballo. 
Bien visto, ese juicio, dirigido a las corrientes reformistas en el movimiento obrero, puede valer para toda la burguesía. La fantasía de poder «cabalgar la economía» ha sido arrollada por la pandemia. 

Costes humanos y sociales para nuestra clase 

También a las clases dominantes de los países más desarrollados les ha pillado desprevenidas el virus que, si bien inesperado en las formas, se esperaba de todos modos. Y esto no por incapacidad, sino por estar sujetos a la lógica de la ganancia. Esto no le ha salido gratis a nuestra clase. 
El balance más trágico es el de los muertos en el trabajo, a menudo debido a la falta de los dispositivos de protección más básicos: en el año de los confinamientos y de las fábricas cerradas, los fallecimientos crecieron en Italia un sexto con respecto al año precedente, afectando sobre todo a las categorías mucho más expuestas, que van desde la sanidad hasta la logística, pasando por el comercio. En Francia, un estudio del Dares, el departamento de investigación del Ministerio de Trabajo, considera que el 28% de los empleados contagiados ha contraído el virus en el lugar de trabajo (o in itinere), los dos tercios eran enfermeros y comadronas (Le Monde, 31 de mayo). 

El mismo estudio registra que incluso quienes han seguido trabajando han visto empeoradas sus condiciones: para un tercio ha habido una «imensificación» de las tareas, especialmente en la Sanidad, en la asistencia social, en la Educación y en el comercio al por menor; para otra décima parte se ha tratado de una auténtica sobrecarga de trabajo, con turnos más frecuentes y aislamiento. Todo ello ha arrojado un resultado sorprendente: más contagios entre quienes han realizado teletrabajo con respecto a quienes se han quedado en la oficina; la explicación de dichos contagios estriba en el hecho de que una mayor presencia en casa, sobre todo si es angosta y abarrotada, los ha favorecido. 

Puestos conservados y puestos perdidos 

Luego está el capítulo de la pérdida de trabajo. En los países desarrollados esto ha sido mitigado por las diferentes formas de subsidio del paro, para compensar (solo parcialmente) las reducciones de jornada, un instrumento usado en mayor medida con respecto a la anterior crisis financiera. Por ejemplo, en Alemania en la primavera de 2020 se vieron afectados 6 millones de trabajadores, frente a los 1,5 millones de la anterior crisis (IZA Research Report, 18 de mayo). El modelo europeo continental ha conquistado también al Reino Unido, donde en mayo de 2020 casi 9 millones de trabajadores tuvieron esquemas reducidos de trabajo (furlough scheme). 
Por tanto, en general, las tasas de desempleo (oficial) en Europa no han aumentado mucho (0,2 puntos porcentuales en la UE de 27, frente a 1,5 puntos en 2009-10), pero a esta cifra hay que añadir un paralelo, e incluso mayor, deslizamiento hacia la inactividad de quienes, tras haber perdido el trabajo, no han tenido ni siquiera la oportunidad de buscarlo (IZA, cit.); eso sin contar a los trabajadores ilegales.
Y el mundo no es tan solo Europa: según la OIT (Organización Internacional del Trabajo), son 114 millones los puestos de trabajo perdidos a nivel global. En realidad, serían 144, considerando los 30 millones de nuevos puestos que se habrían creado en 2020 si no hubiese estado la pandemia. Es el precio de energías desperdiciadas, además de vidas perdidas, impuesto por un sistema social que, pese a poseer los medios técnicos y científicos, resulta no estar preparado para hacer frente a las secuelas sociales de cualquier catástrofe. 

Regreso al futuro 

Sin embargo, cuán contradictoria es la sociedad capitalistica lo testifica el hecho que ahora, mientras que por lo menos en los países desarrollados se entrevé una posible salida de la pandemia, por otro lado asoman al mundo del trabajo los dilemas de la recuperación. Uno por encima de todos: la carencia de mano de obra. Detlef Scheele, jefe de la Agencia del trabajo alemana (BA), dice: «Con la superación de la pandemia volverán los problemas que el mercado del trabajo ya tenía antes del coronavirus» (Handelsblacc, 2 de junio). El periódico económico afirma que con dicha carencia ahora «se corre el riesgo de frenar el crecimiento». Un vuelco en pocos meses, aunque no sea una sorpresa. 
Los «problemas» tienen un nombre: envejecimiento de la sociedad, debido al descenso de la población, y dificultades a la hora de encontrar a jóvenes de nivel adecuado, entre otras cosas porque, tal y como denuncia la BA, en 2020 los empresarios redujeron las plazas de formación. Se trata, una vez más, de un caso de escasa previsión del capital y de su política.  
Sin embargo, no escasea tan solo la fuerza de trabajo cualificada. El Financia/ Times (29 de mayo) denuncia, en Alemania como en toda Europa, la falta de trabajadores en los sectores de la hostelería y turismo: bares, restaurantes y hoteles. Además, no olvidemos que estamos en la nueva temporada de las cosechas, que en toda Europa ya son posibles tan solo gracias al uso masivo de mano de obra extranjera. Con lo cual, aquí la paradoja se convierte en cinismo: trabajadores explotados cuando eran necesarios, dejados de lado durante la crisis, que para sobrevivir se vieron obligados a regresar a sus países de origen y que en la actualidad tienen dificultades para volver. O, si no, mantenidos en la "invisibilidad" y, por lo tanto, sin posibilidad de vacunarse. 
No solo en Estados Unidos el tema de la carencia de mano de obra ha entrado de lleno en el debate político. Bajo acusación se encuentra el nivel de los subsidios, con la tesis de que a un trabajador despedido le conviene quedarse en casa sin trabajar. De ahí la petición de la patronal de reducir las indemnizaciones. Aunque quizás el problema habría que mirarlo desde otro punto de vista completamente distinto: es que ciertos empleos están tan poco remunerados que incluso el subsidio acaba siendo superior. 

Carencia de mano de obra, necesidad de inmigrantes 

También en Italia vuelven a crecer los puestos vacantes, y no solo por la evolución de la coyuntura: es una tendencia que se va a manifestar cada vez más a lo largo del tiempo. El demógrafo Gianpiero Dalla Zuanna (Corriere de lla Sera, 5 de junio) considera que el balance entre salidas de jubilados y entradas de jóvenes determina un déficit de 270 mil trabajadores por cada año de la próxima década; teniendo en cuenta la mayor escolaridad de las nuevas generaciones, aumenta a 350mil el déficit de trabajadores no demasiado cualificados. Todo esto en la hipótesis de saldo 
migratorio nulo. Es decir, servirían 350 mil inmigrantes al año solo para cubrir 
este déficit de personal que, según aclara el demógrafo, es fundamental para la vida de la «clase media»: se trata de «los que limpian sus casas, se ocupan de los ancianos, trabaja en los mataderos, en los restaurantes, en los campos, en el inmenso sector de la logística … ». Y es verdad: «En el Recovery Plan nunca se habla de inmigración». 
En medio de estas contradicciones no faltan las "soluciones" de sentido común. Y he aquí que Confindustria aprovecha la ocasión para decir que bastaría con liberalizar los despidos para crear aquel «reajuste fisiológico» por el cual cada puesto de trabajo halla el suyo ocupado, y viceversa; como si se tratase de intercambiarse los cromos de los jugadores de fútbol para completar la colección. 

Concreción leninista 

Dario Di Vico (Corriere della Sera, 3 de junio) cita un dato al respecto que hace reflexionar: la reanudación de las contrataciones se ha traducido en 96 mil nuevos contratos temporales en un mes. Y se plantea una pregunta: «¿Estaremos yendo hacia una recuperación de la economía 
caracterizada por un claro predominio de los contratos temporales en lugar de los contratos indefinidos?». 
A la espera de la respuesta, será mejor reflexionar sobre el hecho que esta sociedad está muy avanzada pero, a la vez, no es adecuada para garantizar un desarrollo equilibrado del género humano. En este sentido, no hay que buscar la solución en la imposible "programación" de una realidad llena de contradicciones, sino en la concreción de la organización de clase, para intentar reducir el peso que inexorablemente se descarga sobre los hombros de los trabajadores, y en la lucha por el comunismo para salir definitivamente de esta prehistoria.

Crónicas de la Ruta de la seda

"Casi alianza" china en el Golfo Pérsico

Según Anthony Cordesman del CSIS de Washington, a finales de marzo China ha realizado un importante golpe estratégico en el Golfo Pérsico. El acuerdo de veinticinco años firmado en Teherán, durante la gira por Oriente Medio del ministro de Asuntos Exteriores chino Wang Yi, inyectaría 400 mil millones de dólares de inversiones chinas en Irán, a cambio de suministros petrolíferos baratos, pero los detalles son secretos: «Aunque si el acuerdo no tuviera una repercusión militar inmediata señala Cordesman representa un cambio importante en las actitudes estratégicas y sienta las bases de esta cooperación en el futuro. Como mínimo, proporciona a China un nuevo gran impulso estratégico en la región del Golfo, es decir, un área que controla el 20% de la oferta petrolífera mundial, la más crítica para los importadores asiáticos. Ningún Estado del Golfo, o potencia externa, puede ahora ignorar el creciente papel chino en el Golfo o uurar a Olina SÜI considerar el riesgo que expanda sus vínculos militares con Irán». Ninguna potencia, en otros términos, podría ignorar el desafío del Dragón a la doctrina Carter. 

Viraje en la arteria petrolífera 

El exembajador chino en Irán, Hua Liming del Instituto Chongyang de Pekín, comenta en este sentido el «punto de inflexión en las relaciones de China con Irán y la región». Hua recuerda al South China Morning Post que Pekín siempre ha prestado gran atención a la sensibilidad estadounidense y ha evitado acercarse demasiado a Teherán, después de la instauración de las relaciones oficiales entre Washington y Pekín en 1979: «Desde la administración Carter, Estados Unidos ha recordado a menudo a China que las relaciones con Irán se consideraban un impedimento para las relaciones chino-americanas. Pero los cambios fundamentales en las relaciones entre China y Estados Unidos de los últimos meses, esa era terminó». La entrada de China en el Golfo, como importador neto de petróleo en realidad se remonta a los años Noventa, y es el reflejo en los flujos petrolíferos del despegue imperialista chino que cambiará las relaciones de fuerza radicalmente. 
Según los mapas históricos de British Petroleum, en 1952 más del 70% del petróleo del golfo Pérsico transportado por mar iba a Europa y el 10% a Asia. La Review de 1973, unos años antes de que se formulara la doctrina Carter, delineó otros destinos: el 57% del petróleo árabe iba a Europa Occidental, pero ya el 14% a Japón y el 16% al resto del hemisferio oriental. Por lo tanto, según nuestro análisis, tanto la arteria petrolífera como la garantía americana sobre ella eran pluridimensionales- En 2019 los destinos se invierten: el 11% en Europa y el 78% en Asia. El motor desigual del desarrollo pone a prueba todas las doctrinas. 
China recibe el 24% del petróleo del golfo, India y Japón el 14% cada uno. Tokio compra principalmente petróleo saudí y de los Emiratos, Nueva Delhi sobre todo saudí e iraquí. No obstante, las sanciones, los suministros chinos tendrían tres pilares: Arabia Saudí, Irak e Irán. 

¿Potencial doctrina Carter china?
 
El Financiad Times define el acuerdo chinoiraní una «asociación estratégica de veinticinco años» que «activará las alarmas en la Casa Blanca y el Pentágono». Pero el periódico de la City, ahora de propiedad nipona, va aún más lejos: dice que China había intentado «reducir su dependencia de las rutas estratégicas del golfo y Sudeste Asiático, que la US Navy podía bloquear a su antojo», pero en los últimos años con la Ruta de la Seda.la estrategia china cambiaría. «Con la inversión civil y militar en estructuras y puertos a través de Oriente Medio, Pekín no solo quiere reducir el control americano sobre los suministros energéticos chinos en caso de conflicto, sino que también parece que quiere tener la capacidad de cortar esos suministros a los aliados americanos en Asia, si alguna vez se llega a ese punto». 
Proyectado en el golfo por la búsqueda de garantías sobre su petróleo, el Dragón sería capaz de condicionar el equilibrio asiático, mediante el petróleo, aunque en ausencia de un conflicto. Observamos que el programa de expansión naval chino sitúa esa perspectiva en los próximos quince años, cuando China adquiriría, en el golfo y rutas, un impulso estratégico crucial frente a Asia; pero también sería capaz de ofrecerse como garante o coga­rante de esas mismas rutas. Ninguna potencia, incluida Estados Unidos, podría ignorar tal amenaza tanto como tal oferta, o sea una especie de doctrina Carter china, que refleja la americana. 
En el Global Times, el embajador iraní en China, Mohammad Keshavarz-Zadeh, no desmiente que el acuerdo chinoiraní implique en realidad una cooperación militar para proteger la «paz» regional y la «libertad de navegación y comercio en las aguas tradicionales». Pero las líneas de proyección militar tan explícitas hacia la arteria petrolífera, aunque presentes en China, no parecen ser en este momento el baricentro del debate chino. El mismo Financial Times recoge las reservas de los «altos rangos» chinos según los cuales «esta postura podría desencadenar el conflicto con EE.UU. antes que China pueda vencerlo». 

La abstención de las "alianzas"

Y an Xuetong, rector del Instituto de Relaciones Internacionales de la Tsinghua, reconstruye en Leadership and the rise of great powers (2019) cuatro componentes de la política exterior china. Habría una línea «inactiva», que tiende a evitar los dilemas de la potencia ascendente en la dilación, redimensiona las ambiciones para reducir las tensiones, y llega a negarse a sí misma. Habría sido la linea de Hu Jintao. 
Yan critica también la línea «conservadora» que sigue «la doctrina del determinismo económico», define la economía como fundamento de la potencia y el interés económico como interés nacional primario. «Considerando el dilema ascendente radicado en el confiicto económico con otros Estados, estos conservadores optan por reducir la presión internacional expandiendo las relaciones económicas», lo que puede «reducir temporalmente las tensiones». En cambio, el autor se inclina por la línea «proactiva» que quiere ampliar la fuerza internacional de China haciendo algunas «alianzas», pero no sería predominante entre las corrientes chinas. 
Aunque China es ahora «,ascendente», escribe Yan, «ninguno de sus políticos ha mostrado una voluntad de adoptar la estrategia de las alianzas». Esto se debería a la persistencia del «no alineamiento» chino, un producto del anterior orden bipolar que «demoniza» las alianzas pero que daña hoy «credi­bilidad estratégica» de China. Por el momento, Pekín se abstiene de alianzas que implicarían un «cierto riesgo de guerra» e intensificarían los conflictos «estructurales» con EE.UU. 
En cuanto a una línea «agresiva» de expansión militar, se limitaría a «algunos oficiales militares chinos que están sosteniendo la adopción de la estrategia de expansión militar para con­seguir el renacimiento nacional chino, invocando las guerras agresivas que las potencias occidentales históricamente han conducido como el único enfoque viable». 

La línea de las casi alianzas 

Liu Feng, vicepresidente del Departa­mento de Relaciones Internacionales de la Universidad Nankai de Tianjin, escribe en Política de las alianzas (Beijing, 2018) que «la discusión en China sobre la necesidad o no de formar alianzas es particularmente acalorada». Este autor es indicado por Yan Xuetong entre los académicos que sostienen la variante «proactiva» de las alianzas, pero la suya es más bien un amplio examen de las posiciones chinas. Resumiendo, entre las corrientes políticas que impugnan el «no alineamiento» y aquellas en posicio­nes más avanzadas, hay una una línea intermedia de «casi alianzas o alianzas mórbidas». Formalmente, la «política exterior pacífica» de China se distingue de la «política tradicional de las alianzas» de las viejas potencias, pero en China hay también quien observa que las «alianzas» construidas por Xi Jinping y Wang Yi en estos años « de hecho constituyen algunas alianzas». Conviene prestar atención a estos matices. 
Para Sun Degang, especialista de Oriente Medio en la Fudan de Shanghái, «el acuerdo chino-iraní es una elección estratégica, realizada con una perspectiva global». Sun sostiene que China de­bería formar« alianzas casi selectivas», para enfrentar la actual fase de cambio donde «las fronteras entre enemigos y amigos se esfuman cada vez más». El núcleo de dicha estrategia sería «man­tener la ambigüedad estratégica y una mayor flexibilidad diplomática». 

Abandono del bajo perfil en el Golfo 

Las referencias de Sun Degang en La diplomazia delle quasi alleanze (Bei­jing, 2012) son la «política de equilibrio del poder» de Gran Bretaña, el «complejo sistema de alianzas continentales» de Bismarck y la renuencia del ascendente Estados Unidos a alianzas que lo «habrían atrapado en las infinitas controversias del continente europeo». También este autor reordena las posiciones chinas en cuatro variantes: una asiática centrada en Japón, un «nuevo frente unido» con Brasil, Rusia e India, o la prioridad para las relaciones con EE.UU. Aquí nos interesa la corriente china que considera a los países árabes-islámicos, en conflicto de intereses y valores con Occidente, «los aliados naturales de China». 
Se trataría de ofrecer a las potencias regionales del Golfo unas «casi alianzas» del tipo «relación de cuarenta años entre China y Pakistán», o en todo caso relaciones adaptas a una fase más dinámica de "recombinación" de las relaciones de fuerza multipolares. China, escribe Sun en otra intervención posterior, considera al Golfo un «asset crucial para promover su status de potencia mundial» y desde 2013 ha establecido «partnership estratégicas generales» con Irán, Arabia Saudí y los Emiratos; «partnership estratégicas» con Irak, Kuwait, Omán y Qatar; y una «relación cooperativa estratégica» con Turquía. 
Pekín «ve negativamente las prácticas occidentales de la política de las alianzas, las esferas de infliuencia y las sanciones económicas» e intenta evitar «las competencias directas para el control del Golfo con las potencias establecidas como la UE, Rusia y EE.UU.». Sin embargo, el defensor de las "casi alianzas" admite, «China no cree que pueda mantener su bajo perfil en la región por mucho más tiempo». 
A veces un debate académico anti­cipa posibles líneas políticas, captadas en las relaciones de potencia. Pero un acuerdo de veinticinco años entre China e Irán ya es un hecho: el compromiso estratégico chino en un área en la que hasta ahora se había mostrado reacio a exponerse.

Situación política en el estado español

Vectores ibéricos de la ruta verde del imperialismo europeo

La Nueva Ruta de la Seda es el gran plan de proyección imperialista de China al que Estados Unidos y la UE ambicionan responder con instrumentos propios, todavía objeto de discusión, asociados a los Recovery plan post pandemia. 
España sigue consumiendo enormes energías alrededor del ombligo de sus propias rencillas internas. El 4 de mayo, en las elecciones regionales en Madrid, la popular Isabel Díaz Ayuso, paladín del "partido del PIB" y de la oposición al gobierno central del socialista Pedro Sánchez, aspira a volver a confirmar su presidencia, pero también a acreditarse como la unificadora de la derecha. Esta batalla, que puede tener consecuencias importantes para la estructura política y territorial, se combate mientras comien­za una cuarta oleada de Covid-19, de la cual ya se han registrado oficialmente 77 mil víctimas, y con el triste récord de Madrid, metrópolis europea con el mayor aumento de mortalidad entre la población de más edad. 
A pesar de una situación interna muy complicada, la cuarta economía de la UE está implicada en la contienda imperialista entre las máximas potencias, y no solo de manera pasiva. 

Plan África 

A finales de marzo, Sánchez presen­tó el "Foco África 2023", un programa de iniciativas para la legislatura actual, enmarcado en el III Plan África lanzado en 2019. 
Sánchez subraya que su ambición es la de «convertir esta década en la década de España en África», concentrándose en inversiones económicas con participación pública y privada, dirigidas sobre todo a las «energías sostenibles», «infraestructuras» y «transformación digital». Raimundo Robredo, director general para África del gobierno y coredactor del documento, precisa que «España no transformará a África, pero puede contribuir a su transformación». El plan incluye también el «desarrollo de la capacidad militar en los países de la costa occidental de África y del Golfo de Guinea y el fortalecimiento de la participación española en las acciones de la UE en el Sahel». 
El documento explica que se trataría de «dirigir la acción de la Unión Europea» y no de Madrid unilateralmente, pero con «mecanismos de coordinación y de defensa de la estrategia y de los intereses españoles en la UE». 
También sobre el terreno económico está previsto el apoyo de «fuentes de financiaciones UE y multilaterales», como el nuevo "Instrumento de vecindad, cooperación al desarrollo y cooperación internacional" introducido en el balance plurianual de la UE (80 mil millones de euros en siete años, 29 de los cuales para el África subsahariana), pero sobre todo el Banco Europeo para las Inversiones (BEi).

Global green deal 

Werner Hoyer, director del BEi,. y Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión, una semana antes del anuncio de Sánchez han lanzado desde la tribuna de Project Syndicate la concreción del Global green deal (Pacto verde global) de la UE. Se tendría que sostener la "descarbonización" de la economía «más allá de las fronteras» de la UE: «desde programas de electrificación verde en África y proyectos de descarbonización industrial en Asia, al desarrollo de las baterías en América Latina», en el cual el BEi se compromete a invertir nada menos que un billón durante la próxima década. 
Y a en enero, preparando esta iniciativa, el catalán Josep Borrell, Alto Representante y Vicepresidente de la Comisión, junto a Hoyer había subrayado que el propósito era evitar que «la creciente demanda energética en África y en algunas zonas de Asia sea satisfecha por nuevas plantas a carbón o gas financiadas por China o por otros actores». A pesar del paripé verde, está clara la intención de competir en la partición de la tarta africana. 
Una Ruta Verde de la UE, por lo tanto, en la cual los grandes grupos españoles compiten entre sí y con los grupos europeos, para ser vectores de esta proyección en África y más allá, para confrontarse no sólo con la Nueva Ruta de la Seda de China. 
El diario de Barcelona La Vanguardia reflexiona sobre el hecho de que España «se va a encontrar con otros actores en el tablero de ajedrez áfrica no: además de Estados Unidos, el Reino Unido o Francia, y la gran irrupción del gigante chino, otros países como Rusia, Brasil, India y Turquía intentan abrirse un camino en África». 

¿Ciclo de Capitalismo de Rostro Humano?


Con el intento de adecuación y normalización de las economías de muchos países, en plena expansión del Covid-19, ha comenzado la tercera fase de esta pandemia secular, lo que se ha venido en llamar “el gran confinamiento”. La recuperación será agotadora e incierta. El cómo será ésta, pesa como una losa en las expectativas. La ralentización expresada durante la década anterior al virus es seguida de una  vandálica que abruma a la totalidad del globo. Posiblemente, la mayor recesión del imperialismo en tiempos de “paz”, ya que su intensidad y extensión no tienen parangón. La duración de esta recesión pone en peligro existencial al sistema. La solución médica a la pandemia secular puede ser una parte que frene el caos, pero las causas son, en gran parte, las consecuencias desiguales que se están produciendo. En primer lugar, se observa una confrontación entre las clases sociales y, en segundo lugar, se observa también una gran confrontación en las relaciones entre potencias.

El Banco Mundial define la nueva crisis como la más profunda en ocho décadas. Es la única crisis moderna originada por una pandemia. Es tres veces más profunda que la crisis financiera de 2007, con cerca de un 6% del PIB bruto mundial frente a un 1.8% en ese año. La contracción está altamente diferenciada entre los países ricos; América latina, que retrocede más de un 7%, y Asia Pacífico que mantiene un crecimiento del 1%; excepto China, que crece un 5%.

La incertidumbre se apodera de los principales núcleos de elaboración teórica. En estos núcleos se contemplan dos escenarios: Uno de base o predecible y, otro, en la peor situación potencial. La hipótesis de una tercera oleada y un nuevo cierre de emergencia este año, incrementa la incertidumbre y el desasosiego. El Banco Mundial, en este escenario potencial, ve una contracción global entre el 8% y el 10% en los países ricos y alrededor del 5% en algunos emergentes. En el escenario base, y según una estimación optimista, la recuperación podría ser del 4% en 2021, pero en una estimación más pesimista solo alcanzaría poco más del 1%. Evidentemente, esto prolongaría más años el retorno a los niveles precrisis.

China y el Vaticano en un orden que vacila

Hace dos años definimos el acuerdo entre Pekín y el Vaticano sobre el nombramiento de los obispos como un «punto de inflexión histórico» de alcance secular. El acuerdo, que se produjo en «un momento de áspero enfrentamiento sobre el ascenso de China a potencia global», marcó la «contienda multipolar». Hoy, la renovación de ese acuerdo todavía definido como «provisional»- se lleva a cabo superando fuertes resistencias, dentro y fuera de la Iglesia, mientras que el enfrentamiento en ascenso de China ha subido de nivel. 
La pandemia secular azota con su carga de vidas humanas, pero la «batalla por la recuperación» ya ha comenzado, con implicaciones decisivas en el enfrentamiento estratégico entre las potencias. Sea cual sea el resultado de las presidenciales estadounidenses, según la valoración de Le Monde, la tensión entre Washington y Pekín «no se aplacará por sí sola». Los europeos parecen dispuestos a dejar de lado «la ingenuidad» que han demostrado en los últimos años, para adoptar un lenguaje más decisivo. En cuanto a China, señala el diario francés, se está recuperando más rápido de la crisis. Esto le permite «anotar puntos» respecto al objetivo de convertirse en la mayor potencia económica, pero su «éxito relativo» promete reavivar una «guerra comercial» de dimensión, esta vez, «mundial».

Hostilidad americana 

En esa. situación, la oposición de la Administración estadounidense se ha manifestado pisoteando toda etiqueta diplomática. Si el Vaticano renovara el acuerdo provisional, escribió Mike Pompeo en First Things, una revista cristiana conservadora, «pondría en peligro su autoridad moral». La «intimidación», así la ha definido «Avvenire», ha llegado tarde. La campaña electoral para las elecciones presidenciales, período en el que se deja de lado todo código de conducta, no solo diplomático, puede decir mucho sobre las formas elegidas, pero no es el único aspecto a considerar. Los ámbitos bergoglianos han denunciado durante mucho tiempo el uso político de la religión, y el cristianismo se ha vuelto a proponer como «núcleo duro» de la civilización occidental en apoyo de «estrategias políticas de la Administración estadounidense» (Andrea Tornielli, Gianni Valente, Il giorno del giudizio, Piemme, 2018). 
Por añadidura, no faltan los imitadores italianos, más o menos torpes. Es poco plausible la hipótesis de el Secretario de Estado americano se pusiera el objetivo de hacer descarrilar el acuerdo, aunque, tal y como anota Massimo Franco, en septiembre de 2018, la conciencia vaticana de las «fuertes perplejidades» de la presidencia Trump empujó a Roma y a Pekín a dar una aceleración, por el miedo a que Washington «pudiese desbaratarlo» (L'enigma Bergoglio, Solferíno, 2020).Como mínimo, el episodio se engloba en la acción constante de la Administración americana dirigida a desligitimar el acuerdo. 

Batalla por las vacunas

Batalla por las vacunas
¡ Para cuando será segura !

Según The Lancet, el número de vacunas candidatas contra el Covid 19 ha ascendido a casi 200. La lista de la Organización Mundial de la Salud (OMS­WHO), actualizada al 13 de agosto, cuenta 167 en total, 29 de los cuales están en evaluación clínica y 138 preclínica. En el desarrollo de las vacunas en los trial clínicos participan, solos o en colaboración, empresas y centros de investigación de 15 países. China está implicada en 11 proyectos, al igual que Estados Unidos; Gran Bretaña participa en tres, Alemania en dos y Francia en uno (Draft landscape of Covid 19 candidace vaccines, 13 de agosto). A dicha lista se ha añadido recientemente la sociedad biotecnológica italiana Reithera, que ha recibido de la Agencia Italiana del Fármaco (AIF A) la autorización para iniciar los trial clínicos de fase 1 sobre 90 voluntarios, en el Istituto Lazzaro SpalJanzani y el Centro Ricerche Cliniche Verana. En abril, Reithera constituyó un consorcio con la alemana Leukocare y la belga Univercelles para acelerar el proceso productivo.
Para llegar al público, una vacuna debe seguir un recorrido largo y difícil. Se ha calculado que, entre 1998 y 2009, el tiempo empleado de media por una vacuna para pasar de la fase preclínica a la distribución ha sido de 10, 7 años (Plos One, Risk in vaccine research and development auantified, 2013). La vacuna candidata, una vez salida del laboratorio, debe someterse a una serie de controles de seguridad y eficacia, preclínicos sobre animales y clínicos sobre el hombre: de fase 1 sobre un pequeño número de voluntarios, de fase 2 sobre decenas o centenares de sujetos y de fase 3 sobre decenas de miles de personas, de diferente edad, etnia y condiciones clínicas. Así pues, los trial de fase 3 son fundamentales para comprobar sobre grandes números la capacidad efectiva de inducir una respuesta inmunitaria, su intensidad y duración en el tiempo, y la ausencia de efectos colaterales que, aunque no frecuentes, podrían causar reacciones adversas en decenas de miles de personas, siendo suministrados a centenares de millones de sujetos. De la lista de la OMS tan solo siete resultan estar en la fase 3. Si los resultados son positivos, los organismos reguladores (FDA en Estados Unidos, EMA en Europa) podrán autorizar la distribución al público, un procedimiento que normalmente necesita de algunos meses de comprobaciones rigurosas.
Los tiempos son difícilmente comprimibles salvo a costa de la seguridad. Se busca una aceleración. En la carrera a contrarreloj, científicos, empresas y Estados están envueltos en un partido global que ve en juego prestigio, cuotas de mercado y búsqueda de "primados" nacionales. 

Dólar y desorden global

A finales de julio, trazando un balance provisional de la pandemia en Estados Unidos, Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, señala: «Hemos pasado de los niveles más bajos de desempleo en cincuenta años a los niveles más altos de desempleo en noventa años, y esto en el espacio de dos meses». 
La observación remarca la magnitud, la rapidez y la violencia del inédito terremoto pandémico más que los porcentajes de producto perdido, que siguen siendo impresionantes. En el segundo trimestre del año, el PIB se contrajo con respecto al mismo trimestre del año pasado en un 9,5% en Estados Unidos, un 10 en Japón, un 15 en la Eurozona, un 21,7 en Gran Bretaña. Solo China volvió a crecer con un 3,2%. 

La recesión estadounidense

Powell desglosa el dato de la rece­sión, «probablemente la más grande ja­más registrada»: el gasto de las familias se ha recuperado cerca de la mitad de la caída inicial; el mercado laboral, que había perdido 22 millones de puestos de trabajo, recupera un tercio; en cambio, «los indicadores de inversión Ma de las empresas deben aún mostrar una recuperación». Los paquetes de estímulo iniciales de más de 3 billones han impulsado la recuperación. Pero, confiesa Powell, «no habíamos prestado tanto como pensábamos»: por una parte, los mercados crediticios, después de la parálisis inicial, han reanudado su función; por otra, muchas empresas no serían capaces de reembolsar los préstamos del gobierno y necesitan subvenciones. 
Expirados en julio los subsidios de desempleo, el Congreso no ha sido capaz de encontrar un compromiso para prolongarlos. Donald Trump sorteó el bloqueo decidiendo la distribución temporal de subsidios reducidos, a pesar de no tener los poderes. 16 millones de desempleados son rehenes del bipartidismo en la carrera presidencial. La bolsa no se ha estancado: el índice de los 500 mayores grupos se recuperó de la crisis de marzo y ha alcanzado nuevos récords. Wall Street está seguro de que la FED y el gobierno lo apoyan, y sus gigantes inflan sus precios comprando sus propias acciones. 
El dualismo entre la Bolsa y la econo­mía real es un proceso secular y una de las caras del desarrollo desigual. Powell ve en «la desigualdad un problema creciente en nuestra economía durante cuatro décadas». El reflector de la FEO cae sobre cuatro décadas liberales, mientras se inicia lo que el Economist llama una «nueva era» de intervencionismo estatal, activo en la asignación de capital, nutrido por asombrosas dosis de deuda y dinero, que pueden volverse «instrumentos srandard durante décadas» 
La apuesta es que la desinflación -y con ella los tipos de interés bajos persista durante años; hipótesis que presupone la restauración de mercados abiertos y el aumento de la productividad con altos niveles de desempleo. 

Virus globales

La nueva epidemia de virus que ha estallado en diciembre en Wuhan, en la provincia china de Hubei, en el momento en que escribimos está en plena marcha, y parece no haber alcanzado todavía su punto culminante. La progresión diaria está en ligera disminución desde hace unos días, pero es demasiado pronto para pensar que haya empezado la curva descendiente esperada en base a la evolución clásica de las epidemias.

Según las noticias oficiales, los enfermos, el 13 de febrero superaron los 60 mil el 99% .en China y el resto en 27 países, de los cuales más de seis mil curados y más de mil trecientos, lamentablemente, fallecidos. Los epidemiólogos, sin embargo, sospechan que el número de contagiados es un múltiplo de los registrados. La infección, que entre las complicaciones más graves y frecuentes presenta una grave forma de neumonía, tiene un comienzo engañoso, y podría presentar en muchos casos una evolución tan ligera que el paciente no recurre a atención médica.

La alarma es grande, al igual el eco mediático. La peste desconocida vuelve a encender antiguos miedos, prejuicios y xenofobias; ya estamos viendo cómo están siendo aprovechado para intereses políticos o económicos. Sin embargo, el temor a que la nueva epidemia se convierta en pandemia un contagio con amplísima difusión no es injustificado.

Las epidemias graves han tenido siempre un impacto social profundo y a veces devastador, trastocando la vida de millones de personas, limitando movimientos, modificando comportamientos, paralizando o ralentizando las actividades productivas. También este evento tendrá que ser seguido y estudiado, por las recaídas económicas, políticas e incluso por lo que a las relaciones entre los Estados se refiere. Sin embargo, primero es preciso elevar la mirada al resto del mundo.

El vaticano y la cuestión china

En el décimo aniversario de la fundación del Instituto Confucio de la Universidad Católica de Milán. se ha organizado el congreso "1919-2019. Esperanzas de paz entre Oriente y Occidente". Entre los presentes, junto al Secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, estaba también el obispo de Pekín, Li Shan. 
¿Por qué una comparación entre 1919 y 2019? Al igual que en aquel momento, observa el historiador Agostino Giovagnoli, se plantea la cuestión de «un nuevo orden internacional». Con respecto a Pekín, si cien años atrás se en frentaron sobre todo Estados Unidos y los países europeos, en una disputa totalmente occidental, hoy sería «imposible» excluir a China. Mutan las relaciones de fuerza entre las potencias, el baricentro mundial se desplaza a Oriente. La organización eclesiástica, que tiene en el Occidente declinante el corazón de su enraizamiento, es llamada a afrontar las implicacio­nes de este cambio de época. 

Desarrollo desigual en la OMC


La OMC se basa en la ''no discriminación", la imparcialidad de trato entre todos los Estados miembros. Este principio fundamental, consagrado en el artículo I del tratado original del GATT, es desmentido por una realidad de acuerdos preferenciales, uniones aduaneras, acuerdos de libre comercio bilaterales y regionales.
«Una de las ironías del establecimiento de esta organización según el historiador de la OMC Craig Van Grasstek-es que fue la culminación de medio siglo de progreso hacia un
réoimen de comercio multilateral pero en el preciso momento en que sus mienbros comenzaron a negociar seriamente acuerdos. discriminadores» (The history and future of the World Trade Organization, WTO Publcations, 2013). 

Por una lucha salarial a nivel europeo


La Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó a finales de noviembre su Informe mundial sobre los salarios, actualizado a los datos de 2017. El resumen es que en el año en cuestión el incremento salarial a nivel mundial ha sido el más bajo desde 2008, a pesar de la recuperación económica en marcha y de un índice de paro a nivel mínimo. 
Según un estudio UBS sobre 48 países entre países desarrollados y emergentes, el índice de desocupa­ción, de hecho, ha bajado del 8% de 2010 al 5,2% del septiembre de 2018, «el nivel más bajo desde el 5% de 1980» (Financia/ Times, 6 de diciembre). 
En la euro-zona está en el 8,1 %, el más bajo desde 2008, el año en que empezó la crisis. Y entonces ¿por qué, en estas condiciones en el mercado de la fuerza de trabajo, no ha empezado de nuevo el crecimiento salarial? Es el enigma que intentan descifrar desde hace tiempo centros de gobiernos y bancos centrales.

Es posible reconstruir el internacionalismo


PUEDE HACERSE

Los ritmos de crecimiento del ciclo mundial distan mucho de ser insignificantes, pero pese a ello existe una evidente inquietud; se terne una recaída de la economía mundial. En general, preocupa la enorme deuda, incrementada en un 60% con respecto a 2007. Esa inquietud. Además, está alimentada por las posturas proteccionistas y los aranceles de Donald Trurnp y las crisis entre las potencias emergentes, como en Argentina y en Turquía, cuya fragilidad se debe al fortalecimiento del dólar.
Dicho esto, la presión norteamericana sobre China es pesada; Pekín ha devuelto golpe por golpe, pero su potencia está siendo puesta a prueba. La directriz de la Ruta de la Seda empiza a provocar reacciones en Asia; algunos proyectos han sido anulados. Otros revisados, surgen problemas de endeudamiento de los países contratantes difíciles de afrontar. Por ahora la confrontación más grave entre Washington y Pekín se limita a las disputas comerciales, pero nadie ha renunciado a los desfiles armados (buques. aviones. misiles. submarinos) en todo tipo de ejercicios. La CNN ha anunciado un próximo gran ejercicio norteamericana en el Mar de China meridional y en el estrecho de Taiwán, en una escalation que aumenta la tensión en Asia.

Misiles y smartphone


Con los misiles se hace la guerra y se negocia, a menudo las dos cosas juntas. Observemos la península coreana: el Norte ha fabricado sus elementos disuasorios de misiles y armas atómicas, y por lo tanto ahora puede negociar con el Sur. Sin embargo, si alguna vez desembocase en una Corea unificada, nadie podría prever realmente las consecuencias, dado los frágiles equilibrios de la región, a los que miran China, Japón, Estados Unidos y Rusia. O Siria: con el pretexto humanitario, Washington, París y Londres han golpeado con sus misiles cr11ise. Querían enseñárselos a Moscú, alineada con Damasco, y también a Pekín, que ha respondido haciendo desfilar sus fuerzas navales en el Mar Chino Meridional. Por su parte, EE.UU. y Europa están en desacuer­do sobre Irán, que en Siria participa en el reparto y afirma tener su proprio elemento disuasorio, balístico cuando no nuclear. Como si fuera poco, en el juego mortal participan también Israel, Turquía y Arabia Saudí.
No es el único terreno de enfrentamiento en la contienda mundial. El propio conjunto de tecnologías que sirve para dirigir los cr11ise tiene que ver con las telecomunicaciones, con los satélites, con la automatización industrial y con los smartpfwne, los móviles que en el bolsillo son tarjetas de crédito, centro comercial y recolector de datos para el mercado publicitario. De aquí han nacido los nuevos gigantes del high tech, alta tecnología, que han empezado a combatirse sin cuartel. Aquí es también con los aranceles donde se hace la guerra y se negocia; Donald Trump agita amenazas proteccionistas contra Europa y China, pero posiblemente quiere chantajear a la UE para tenerla de su parte contra Pekín, o también arman un gran alboroto para entrar en el mercado chino.
Es solo un anticipo de los próximos años. Este carrusel letal puede quedarse sin control, y hacer caer al mundo en la crisis y en una guerra entre grandes potencias, o crisis y guerras menores pueden combinarse en cadena, en una barbarie que se convierta en costumbre cotidiana: un misil, un mensaje WltatsApp, uu reportaje taciturno en televisión sobre los niños asesinados con el gas.
Los trabajadores no tienen que entrar en el juego, no tienen que convertirse en instrumento de las opuestas facciones de la clase dominante y de sus guerras, tienen que buscar el camino para la autonomía de clase. Es la vía del internacionalismo y del comunismo: unidad de todos los proletarios, lucha contra todas las burguesías y todos los imperialismos.

Vendas nacionales en los ojos

Los que no ven «lo evidente a nivel nacional», y no miran al mundo, están condenados a acabar «en los márgenes». Lo ha dicho la canciller alemana Ángela Merkel: hay que aprender de los máximos representantes de la clase dominante, sopena de seguir siendo sus esclavos. El viejo orden mundial se está deshilachando. Nuevos colosos, como China e India, se afirman como potencias globales. Estados Unidos difunde incertidumbre, la nueva doctrina America First debilita las alianzas tradicionales, en Europa y en Japón. Gran Bretaña ha tomado el camino del Brexit en las peores condiciones, con Theresa May fustigada por la apuesta electoral perdida. Posiblemente, Londres busque un compromiso que salve la permanencia en la unión aduanera y en el mercado único, pero la debilidad del aislamiento aterra a la City y al Banco de Inglaterra, ante el espectro de retorno de los años Setenta. La UE ha elegido la contraofensiva. Los plenos poderes conquistados por Emmanuel Macron a paso de carga relanzan el eje franco-alemán, la defensa europea y la integración de la federación del euro. 

Entonces, ¿qué hay que aprender? Primero, hay que conocer los acontecimientos mundiales. Si se mueve el imperialismo europeo, y busca su autonomía estratégica, es porque el imperialismo chino ya está entre los jugadores mundiales, mientras que el imperialismo americano amenaza con arreglársela por su cuenta. Segundo, hay que conocer las clases mundiales. Si la clase dominante en Europa se organiza en los poderes europeos, es vital para los trabajadores pensar de modo europeo para pensar de manera mundial. Miremos la catástrofe de la gauche parlamentaria en Francia, aniquilada en los viejos feudos del PS o reducida a una patrulla que se hace eco desde la izquierda del soberanismo del Front National. Se sueña con un nuevo turno social, la par­tida de retorno a las plazas cuando Macron imponga con sus ordenanzas las liberalizaciones y la reforma del trabajo. La oposición a la reestructuración europea es sagrada, pero el desquite de la plaza es un viejo mito del maximalismo y un sucedáneo del parlamentarismo, si no comprende los verdaderos términos de la confrontación. Una lucha de defensa es posible, aunque al precio de tejer con paciencia una orientación y recomposición de las fuerzas. Y tendrá sentido solo comprendiendo que el campo de batalla es el de Europa. Precisamente, sin «vendas nacionales en los ojos». 

El Norte en el año "electoral" de la restructuración china


El marxismo siempre ha estado muy atento a lo que se movía en China. Actualmente el Dragón, despertado por el capitalismo, es la potencia continental que sacude las estructuras globales y arroja a centenares de millones de asalariados sobre el proscenio de la historia. Precisamente por esta razón, requiere todavía más atención. Fácilmente, en Italia y en España recibe poca.

Este año se prepara el XIX Congreso del PCC, el Partido Estado de la burguesía china. La fütura dirección del pluralismo mandarín dará indicaciones sobre la füerza de la línea reformista, el ritmo de la reestructuración en China y, por lo tanto, de su ascenso imperialista.


Los tiempos del mandato reformista
Obviamente, las otras capitales del imperialismo observan cuidadosamente. Para Robert Zoellick, vicesecretario de Estado de George W. Bush, el próximo Comité Permanente del Politburó señalará las intenciones chinas, «también sobre la transición económica». El Financia/ Times se pregun­ta: ¿Xi Jinping pretende desafiar la tradición y preparar las bases políticas para un tercer mandato en 2022? Jonathan Brookfield, del Fairbank Center for Chinese Studies de Har­vard, recuerda que en Pekín no parece tiempo de tradiciones. El Comité Permanente ya ha sufrido la reducción de nueve a siete miembros y la purga de un exmiembro, el «Tigre» Zhou Yongkang. Xi podría violar los límites de edad prolongando el mandato del jefe de la Comisión disciplinaria central Wang Qishan. Wang es el brazo am1ado contra 'la corrupción y continúa como permanente desde el sexto Plenum de octubre. Según Global Times, para doblegar la «resistencia pasiva» de los gobiernos locales.