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La lucha contra el coronavirus

Euforia biotech

Las vacunas contra el nuevo coronavi­rus SARS-CoV-2 han marcado un resultado histórico, por la rapidez con la cual han sido desarrolladas y por las tecnologías empleadas, en particular la técnica innovadora que utiliza moléculas de ácido ribonucleico mensajero (mRNA). Las vacunas que han recibido una plena o limitada autorización son en total en el mundo 22, y 12 las más usadas (New York Times, Covid-19 Vaccine Tracker). En conjunto, añadiendo las vacunas en fase de evaluación clínica o preclinica, la Organización mundial de la salud enumera 320 (WHO, Covid-19 Landscape of novel coronavirus candidate voccine development worldwide, 12 de octubre). 
Mientras tanto, la producción total mundial tiene como objetivo superar en 2021 las 12 billones de dosis (Air­finity, 7 de septiembre) y 6,7 billones ya han sido suministradas en 184 países (Bloomberg, 18 de septiembre). La mayor parte está constituida por las dos vacunas (BioNTech/Pfizer y Moderna) basadas en la tecnología del mRNA. 
Si en el ámbito de la prevención la investigación científica ha logrado éxitos de excepcional alcance, los resultados en la terapia de la enfermedad todavía son decepcionantes. 
Como siempre ocurre en la historia de las epidemias, charlatanes y embaucadores proliferan. La pandemia secular no constituye una excepción, ha vuelto a lanzar las teorías más imaginativas y todo tipo de conspiraciones; han dado la cara, además de eminentes "pensadores", muchos políticos también de niveles muy elevados, apoyando remedios "milagrosos", arrastrando la complicada investigación científica por los patios de su política. Como muestra un botón: el asunto de los antimaláricos cloroquina e hidroxic/oroquina a los que, según el BMJ, se les ha dedicado un «número desproporcionado» de investigaciones, y que han sido exaltados por distintos aventureros políticos, entre ellos el presidente americano Donald Trump y el brasileño Jair Bolsonaro. 
En 1894, Friedrich Engels ponía en guardia a los jóvenes sectores del movimiento obrero acerca de todos los excéntricos que habrían intentado acercarse: entre otros, «adversarios de la vacunación», defensores de la medicina natural, predicadores de la abstinencia del alcohol, «autores de nuevas teorías sobre el origen del mundo», inventores fracasados. Y, por último, «locos honestos e impostores deshonestos». 

Científicos, charlatanes y contendientes 

Con la aparición de la enfermedad desconocida provocada por el nuevo corona virus, la medicina ha echado mano con ansiedad y de manera un poco revuelta del arsenal terapéutico ya existente y ha empezado a probar potenciales nuevos tratamientos para detener al virus o, al menos, atenuar sus manifestaciones más graves. 
Excepcional ha sido la dedicación de la comunidad científica, aunque con algunas repercusiones negativas. El Brítish Medica Journa ha informado de que tan solo entre enero y junio de 2020 se contabilizaron más de mil trial clínicos registrados dedicados a los tratamientos. Los autores de la investigación observan que una cantidad de estudios tangrande, paradójicamente, ha hecho que fuera más difícil para los médicos, para las propias agencias reguladoras y para los gobiernos la interpretación de los resultados y la identificación de los tratamientos más eficaces o más prometedores sobre los cuales concentrar la investigación y la elaboración de pautas fiables. Estudios heterogéneos, repetitivos, redundantes, contradictorios, construidos sin un proyecto bien estructurado han expuesto la investigación a defectos y fracasos. «Ha­cer ciencia mediante notas de prensa», publicando apresuradamente estudios incompletos, sin una revisión por parte de un grupo de control, «se ha convertido en algo habitual» y «ha alimentado confusión y sensacionalismo», causando ansiedad y desorientación en el público (BMJ, 16 de octubre de 2020). 
La fanfarria mediática ha puesto de su parte, anunciando "sensacionales" descubrimientos, dando por verdaderos unos resultados dudosos o erróneos y difundiendo ilusiones y desilusiones. Se ha fertilizado el terreno de las actitudes anticientíficas, como los prejuicios hacia las vacunas. 

A la caza de antivirales
 
Los estudios publicados para la curación del Covid aumentan a un ritmo que nunca antes se había visto. BMJ contó 2.800 en marzo de 2021, entre completados o en curso, pero «las pruebas para un tratamiento eficaz siguen siendo limitadas» (Drug treatments for Covid-19: living systematic review and network meta-analysis, 13 de abril). 
La lista de las medicinas a prueba, entre "viejas" revisitadas y nuevas, es larga. Tan solo para los antivirales, según un amplio estudio del que nos habla el instituto californiano Scripps Research, entre los miles de fármacos examinados, 90 habrian mostrado alguna capacidad de impedir la réplica viral, 13 con un «alto potencial» (Extensive study identifies over a dozen existing drugs as potential Covid-19 therapies, 3 de junio).

El New York Times enumera 25 tratamientos mayormente debatidos. Tan solo uno hasta ahora está autorizado por la FDA americana (y también por la EMA), otros cinco se «utilizan ampliamente» y con autorizaciones que limitan su uso, uno está considerado «prometedor». Los demás todavía son candidatos controvertidos y están en fase de evaluación. El periódico añade a esta lista otros tres clasificados como «pseudociencia» ( Coronavirus Drug and Treatment Trac­ker'' 13 de octubre). 
El tratamiento autorizado es el remdesivír de la empresa californiana Gilead Sciences, la cual hace ocho años sacó su fármaco contra la hepatitis C alcanzando facturados multimillonarios. El remdesivir es un antiviral que había demostrado resultados "poco brillantes" contra el Ébola y la hepatitis C, aunque muchos expertos sigµen mostrando escepticismo sobre su real eficacia en prevenir las consecuencias más graves del Covid-19. 
Entre los otros tratamientos "amplia­mente usados", está la vieja dexametasona, un corticosteroide en uso desde hace décadas, que ha demostrado su validez sobre todo en las formas graves de Covid-19, ahorrando vidas. Los otros son anticuerpos monoclonales, suministrados principalmente en cocktail, de las compañías americanas Eli Lilly y Regeneran y de las británicas AstraZeneca y GlaxoSmithK.line (GSK), esta última en partnership con la californiana Vir Biotechnology. Los anticuerpos monoclonales llevan utilizándose desde los años 70 y desde entonces la FDA ha autorizado su uso en 79 enfermedades, desde el cáncer al SIDA. Para el Covid-19 todavían están evaluándose: se muestran eficaces en reducir la mortalidad, pero hallan limitaciones en la necesidad de usarlos en las fases iniciales de la enfermedad y de suministrarlos por vía parenteral.  
A comienzos de octubre, Merck & Ca. solicitó en Estados Unidos la autorización para. comercializar el primer antiviral que puede administrarse por vía oral (molnupiravir), desarrollado en colaboración con la biotech Ridgeback Biotherapeutics. La eficacia tan elevada en reducir la hospitalización y la muerte por Covid-19, junto con la facilidad de suministración en comprimidos durante 5 días, ha despertado muchas expectativas. Por su parte, Merck planea la duplicación de la producción en 2022, llevándola a al menos 20 millones de ciclos, equivalentes a 800 millones de comprimidos, con la firma de acuerdos con otras casas farmacéuticas para la producción de versiones genéricas a precios rebajados (Financial Times, 13 de octubre).
Merck se recupera de la doble derrota en el ámbito de la investigación de la vacuna. Se trata de una de las cuatro grandes sociedades farmacéuticas que antes de la pandemia se repartían el 90% del mercado global de las vacunas. Sus dos candidatas, ambas de vector viral, de las cuales una en colaboración con el Institut Pasteur, fueron abandonadas a principios de año por la insuficiente respuesta inmunitaria.
El fracaso del segundo mayor productor de vacunas en el mundo ha sido saludado como una derrota no solo americana sino también francesa, porque la comparte con una antigua gloria de la investigación de más allá de los Alpes. «Una derrota biomédica en el país de Pasteur» que evidencia «la incapacidad de la investigación francesa», escribió Les Echos (29 de enero). Así pues, Merck se ha concentrado en las terapias, produciendo pocos meses después el primer antiviral que se puede suministrar por vía oral.

Reconstituyente para el biotech 

La pandemia ha impulsado una ace­leración en todo el sector de las biotecnologías en ámbito médico: vacunas, fármacos y biomédicos. El sector de las vacunas, de "marginal" con respecto a los fármacos, ha adquirido una importancia relevante. 
La afirmación de la tecnología que explota el mRNA abre el camino a nuevos desarrollos en medicina. El estudio de fármacos "personalizados" utilizando la técnica del mRNA contra algunos tipos de tumores llevaba algunos años
gestándose en pequeñas sociedades bio­tecnológicas, como la alemana BioNTech y la americana Moderna, pero sin lograr colocarlos en el mercado. Su éxito en las vacunas anti Covid-19 ha despertado expectativas sobre la utilización de esta tecnología para curar un amplio espectro de patologías, desde el cáncer hasta las enfermedades infectivas. Según sus defensores, «una más amplia adopción de la tecnología a base mRNA anuncia una revolución en la medicina moderna» (Financial Times, 14 de octubre). Las grandes sociedades farmacéuticas habrían abandonado el anterior escepticismo hacia estas investigaciones "de nicho" y apuestan ingentes inversiones sobre una amplia gama de nuevos fármacos "a medida".  
Tan solo el mercado de los antitumorales, que llevan años a la cabeza a la hora de atraer inversiones en investigación y desarrollo y en el crecimiento, ya tenía como objetivo superar los 311 billones de dólares en 2026, más del doble del valor de 2019. En total, los fármacos "biotecnológicos" representaban en 2012 en valor el 20% de las ventas totales de medicamentos, en 2020 el 30% y se prevé que van a constituir el 35% en los próximos cinco años (EvaluatePharma, World Preview 2020).
Décadas de investigaciones han recibido un nuevo impulso, tratamientos que se están aún gestando van a llegar pronto al mercado de la salud, los avances en el ámbito de la terapia génica, las nuevas tecnologías, despiertan grandes expectativas de curaciones eficaces contra las más variadas patologías, desde los tumores hasta las enfermedades infectivas, desde las enfermedades neurológicas hasta los desórdenes del sistema inmunitario. 
Buenas noticias para la medicina y óptimas para las perspectivas de los capitales. La euforia biotech atrae un vigoroso flujo de inversiones, públicas y privadas, en las grandes y pequeñas sociedades farmacéuticas, volviendo apetecibles al mismo tiempo una multitud de pequeñas empresas biotech que durante años se han dedicado a la investigación pero con pocos o ningún resultado económico.  
El índice NASDAQ Biotech ganó más del 30% en 2020, alcanzando su máximo histórico; sustanciosas financiaciones les han llegado a las startup privadas, que recaudaron casi 22 mil millones de dólares en 2020, 39% más que el año anterior (EvaluatePharma, World Preview Report 2021). Según Nature, las empresas biotecnológicas privadas han registrado un récord por número y por recaudación de fondos, induciendo a algunos analistas a temer una "burbuja"; y sigue la actividad de adquisiciones y fusiones, donde se destaca la adquisición de sociedades biotech por parte de grandes compañías farmacéuticas, cuyo objetivo es el de ampliar sus capacidades sobre todo en el campo de los antitumorales de nueva generación y de la terapia génica (Nature Biotechno­logy, 1 de abril). 
Para el sector industrial de las biotecnologías se vislumbra una intensa reestructuración y una acalorada batalla.

Políticas de exacerbación del miedo y censura en la gestión del Covid

Ángeles Maestro / 9 septiembre 2021

A medida que pasa el tiempo, el necesario análisis retrospectivo de las políticas gubernamentales y de los grandes medios de comunicación va desvelando hechos que difícilmente se corresponden con objetivos de protección de la salud de las poblaciones frente a la nueva pandemia.
Los interrogantes son muchos y como veremos, salvo algunas excepciones, las líneas generales aplicadas por los gobiernos y las corporaciones mediáticas «occidentales» (léase la UE y Estados Unidos) no difieren en lo sustancial. Por ello, aunque me refiera preferentemente al Estado español, no cabe pensar que sean el fruto particular de gobernantes inexpertos, sin que ello exima al Ejecutivo PSOE – Podemos de responsabilidad por sus acciones, u omisiones, en el tratamiento de la crisis Covid.
La memoria es débil y quizás alguien no recuerde cómo desde el Gobierno central se escenificó y se ejecutó la militarización del miedo, con el imprescindible concurso de todos los grandes medios de comunicación. Obviamente, se trataba de crear una situación de pánico y de confusión que permitiera imponer medidas inadmisibles en circunstancias normales.

Tan impactante «recurso informativo» fue retirado cuando el General de Brigada de la Guardia Civil, Santiago Marín, cometió la imprudencia de declarar que se le había encargado «investigar y minimizar el clima social contrario a la gestión de la crisis por parte del Gobierno”. 
 
La indiscreción del General que, en su momento, desató ruidosas críticas, fue una muestra precoz del tratamiento informativo de la pandemia, como veremos más adelante. Dos meses más tarde, el citado General fue ascendido a Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil.
 
1. Un escenario de miedo, confusión e impotencia.
 
Se creó una sensación de catástrofe y de riesgo de muerte general para una enfermedad con una tasa global de letalidad de 0,8%. Junto a la persecución policial de quienes se atrevían a salir a la calle si no era para trabajar, contribuyeron decisivamente a la extensión del pánico las terribles imágenes de miles de personas mayores muertas en situación de total abandono en residencias de mayores o solas en sus  casas.  Si bien la causa inmediata de la muerte pudiera ser el Covid 19 no cabe duda de que a estas personas se les negó la asistencia sanitaria. Para decirlo con más claridad, por indicación de las consejerías de sanidad, se les impidió el acceso a los hospitales públicos  y se les abocó a una muerte segura en completa soledad. Mientras tanto, los hospitales privados exhibían una situación de insultante normalidad y en ellos  ingresaban personajes públicos y personas adineradas de todas las edades.
 
Las decenas de miles de muertes por denegación de asistencia sanitaria fueron el resultado de dos procesos, uno de ellos, estructural, y otro más inmediato.
Los hospitales públicos se encontraban en condiciones normales, anteriores a la pandemia, al borde del colapso debido a la insuficiencia progresiva de recursos de una sanidad pública que se viene desmantelando desde hace dos décadas por las consejerías de sanidad para favorecer el negocio privado.
Ante la insuficiencia desesperada de recursos sanitarios públicos y la evidencia de miles de muertes por falta de asistencia, ni el gobierno central, ni los autonómicos, intervinieron los hospitales privados, a pesar de que esta posibilidad estaba prevista en el artículo 13 del R. D. de Estado de Alarma.
 
El confinamiento, el bloqueo informativo y el impacto paralizante del miedo impidieron que estallase la reacción popular de indignación, que vivieron en solitario miles de familias de los barrios obreros. Si bien en las primeras semanas no se expresó en las calles la ira del pueblo contra los responsables de miles de muertes evitables, si hubieron, en pleno confinamiento, manifestaciones en los barrios burgueses sin que dieran lugar a represión policial alguna. Cuando en septiembre, ya finalizado el confinamiento,  la juventud de los barrios obreros salió masivamente a denunciar las carencias de la sanidad pública y la asfixiante presencia policial en sus calles, «menos policía, más sanidad», los brutales apaleamientos y las detenciones volvieron a recordar a qué intereses responden loa aparatos del Estado.
 
Hasta ahora, han sido archivadas por la Fiscalía todas las denuncias presentadas por familiares de las personas muertas, por «homicidio imprudente, omisión del deber de socorro y denegación de asistencia médica».

2. La autorización condicional de las vacunas para una situación de emergencia.
 
Con el escenario del miedo bien aderezado, se impone la vacuna como única solución. En agosto de 2020, antes de que se conociera resultado alguno de los ensayos clínicos en curso, Estados Unidos y la UE deciden comprar millones de dosis a las grandes multinacionales farmacéuticas. La UE, además, acuerda que sean los gobiernos los que hagan frente al pago de indemnizaciones por posibles reacciones adversas de las vacunas y se dispone a eximir a las farmacéuticas  de toda responsabilidad civil.
 
Se estaba abonando el terreno para proceder a la inoculación masiva de millones de personas sanas con unos fármacos cuya composición no se había utilizado nunca previamente como vacuna, para tratar una enfermedad de baja letalidad general, y con un periodo de ensayos clínicos de pocos meses.
 
Lo inaudito de este proceso se entiende mejor si se compara con otros similares: el periodo de investigación de vacunas como la de la difteria o la poliomielitis, con una letalidad alta (hasta del 50% en el caso de la difteria), nunca fue inferior a cuatro años.
La culminación del proceso para la autorización de emergencia (en Estados Unidos) y condicional (en la UE) requería dos elementos imprescindibles e interconectados: convencer a la opinión pública de que no existía tratamiento alternativo y la neutralización de la creciente información que contradecía el discurso oficial.

Lucha contra el coronavirus

Sitios productores de vacunas anti Covid-19 en la UE y en Gran Bretaña. En algunas fábricas (evidenciadas en rojo) se produce la sustancia biológica activa, en otras se efectúan las fases finales de finalización, envasado en ampollas y confeccionamiento. En parte, las fábricas pertenecen a las empresas propietarias de la vacuna, más de la mitad pertenecen a sociedades que trabajan por cuenta de terceros (CDMO, Contract Development and Manufacturing Organization). Cuatro vacunas están autorizadas en la UE (BioNTech/Pfizer, Oxford/ AstraZeneca, Moderna e J&J); las demás están siendo examinadas por los entes reguladores (Cure Yac y Novavax) o todavía están en las fases de experimentación clínica. 
Fuentes: EDJNet - European Data Journalism Network, 5 de marzo; Comisión europea; comunicaciones de empresas.

Los aparatos industriales frente a frente

Según la sociedad de análisis ingle­sa Airfinity, en 2021 en todo el mundo se producirán unos 9,5 mil millones de dosis de las vacunas contra el Covid-19, el doble de la producción anual de todos los tipos de vacunas en la época de prepandemia (5 mil millones, excluyendo las antipolio orales, las vacunas para los viajeros y para uso militar), frente a una necesidad, para inmunizar a dos tercios de la población mundial, de 11,5 mil millones de dosis (Airfinity, 8 de marzo). El desarrollo de las vacunas ha sido excepcionalmente rápido, aunque su fabricación a larga escala ha presentado dificultades y retrasos. Y a en 2020 se produjo tan solo el 4% de las dosis previstas ( op. cit.). 
La producción se concentra en un número limitado de países, en gran medida interdependientes por las cadenas de suministro que atraviesan las fronteras de los Estados y los continentes. Entre los países productores, el Banco Mundial identifica un «Covid-19 vaccine producers club» de 13 países que fabrican tanto el principio activo como sus componentes. Este restringido «Vaccine Club» se ha adjudicado también el 60% del total de los Advance Purchase Agreements (APA) las compras anticipadas de vacunas con las compañías farmacéuticas (World Bank, The Covid-19 vaccine production club, marzo de 2021). 
La preocupación del Banco Mundial es que «las formas agresivas de nacionalismo vacunal», limitando las exportaciones, rompan las cadenas de suministro globales. En cambio, la Organización mundial de la salud (OMS) teme que las vacunas en gran parte del mundo, como en África, no lleguen antes de 2023 o 2024. 

En junio del año pasado, la alianza global para las vacunas GA VI, junto a Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (CEPI) y a la OMS, promovió el programa COV AX que incluye 192 países con la finalidad de garantizar una justa distribución global de las vacunas, proporcionando inicialmente dos mil millones de dosis, por dos tercios gratuitamente, a 92 países de renta baja. Las donaciones escasean y, dos meses después del inicio de la campaña de vacunaciones, COV AX todavía no había podido entregar una dosis a los países más pobres (Financia[ Times, 13 de febrero). Inicialmente concebido como un único centro de selección para los pedidos de vacunas en el mundo, del cual todos los países, ricos y pobres, habrían obtenido sus dosis, observa el periódico de la City, el programa ha naufragado en la carrera a los acuerdos bilaterales entre las naciones más ricas y las sociedades propietarias, y el destino prioritario a las exigencias internas practicada por países como Estados Unidos, Gran Bretaña y, más recientemente, también 
por la India. 
La limitada producción unida al contencioso surgido sobre los suministros entre la Comisión Europea y las sociedades farmacéuticas en particular con la anglosueca AstraZeneca ha impulsado a varios líderes europeos 
(y a varias personalidades científicas y políticas) a plantear la cuestión de las patentes. El presidente del consejo europeo, Charles Michel, a principios de año planteó la posibilidad para la UE de adoptar "medidas urgentes" previstas en el artículo 122 del Tratado-para imponer a las empresas la concesión de la "licencia obligatoria"
(Político, 3 de febrero). De hecho, el pasado mes de diciembre algunos países, entre ellos India y África del Sur, solicitaron a las empresas que renunciaran a la exclusividad sobre la patente, pero dicha solicitud fue rechazada por Estados Unidos, Gran Bretaña y Unión Europea (New York Times, 25 de diciembre.
La tutela de la propiedad intelectual está reglamentada por los acuerdos TRIPS (Trade related aspects of intellectual property rights) de la World Trade Organization (WTO). La enmienda, adoptada en la Conferencia de Doha de 2001, y sucesivamente precisada, prevé el derecho de un Estado de fabricar ( o hacer producir a terceros) un fármaco en caso de emergencia sanitaria nacional sin la autorización de la empresa propietaria de la patente sobre el producto o sobre su proceso de fabricación. En 2017, los países que ratificaron la enmienda alcanzaron las dos terceras partes de los miembros del WTO, haciéndolo operativo. La compulsory licence podría facilitar la entrada de nuevas empresas en el mercado, pero de todos modos deja abierto el problema de la capacidad productiva de medicamentos de alta tecnología como las nuevas vacunas. 
Muchos desean una especie de "internacionalismo vacunal"; sin embargo, su realización presupone la superación de las barreras y de los conflictos, comerciales y no, entre los Estados y de la competencia entre los grupos económicos; conlleva la puesta en común de los recursos y capacidades productivas, la coordinación y el control de la producción global de las vacunas y de su distribución según las necesidades públicas mundiales. Como mínimo, significa quitarles la característica de mercancía, que es· la forma en que se presentan los productos del trabajo humano en el sistema social capitalista. 
Los críticos del "neoliberalismo" y de la globalización se detienen en el umbral de la crítica a las que son las bases mismas de la formación económico social capitalista, enojándose periódicamente con el enorme poderío de los bancos o la avaricia de las multinacionales etc., y cultivando la ilusión de que es posible eliminar solo algunas de las formas más odiosas, pero inevitables, del capitalismo en su madurez imperialista. Lo que Lenin llamaba una «piadosa ilusión». 

Potencias industriales frente a frente 

Airfinity calcula la producción de vacunas contra el Covid-19 a finales de marzo en 229 millones de dosis en China, 164 en Estados Unidos, 125 en India, 110 en la Unión Europea ( en sus tres cuartas partes entre Alema­nia, Bélgica y Holanda), 16 en Gran Bretaña. China ha destinado a la exportación el 48%, de las dosis, India el 44% y la UE el 42%. Estados Unidos y Gran Bretaña las han retenido todas para el mercado interior (Airfi­nity, 24 de marzo). 
El comisario para el Mercado interior, Thierry Breton, opina que la UE está «ganando la batalla industrial»: produciendo escribe más de 200 millones de dosis de vacunas, ha alcanzado la producción corriente en Estados Unidos y se prevé que la capacidad productiva anual de la Unión alcance los 3 mil millones de dosis antes de finales de año. Breton reivindica también el rol de la Unión como exportadora de primera categoría en todo el mundo. Al menos las dos terceras partes de los 30 millones de dosis administradas en Gran Bretaña se han producido en Europa, y Gran Bretaña depende de la UE para la segunda dosis (Comisión europea, Bea­ting COVID-19: Scaleup of vaccine production in Europe, 8 de abril). 
Breton habla de 53 sitios productores de vacunas contra el Covid-19 en Europa. El 26% de las fábricas están en Alemania. Con Holanda y Bélgica los tres países hospedan el 40% de los sitios, que en algunos casos producen más de un tipo de vacuna. De hecho, por lo menos unas treinta fábricas pertenecen a empresas que trabajan por cuenta de terceros (CDMO, Contract Development and Manufacturing Or­ganization ), de una decena de naciona­lidades, sobre todo alemanas, españolas y americanas. 
Asimismo, Breton escribe que la Unión es una potencia industrial que «es y quiere seguir siendo un jugador global», rechazando el «nacionalismo vacunal». De todos modos, desde el pasado mes de enero la Comisión europea condiciona las exportaciones de las vacunas a la autorización. La UE, según el comentario del británico Economist, se debate entre su reputación de «campeón de los mercados abiertos» y las necesidades internas de abastecimiento (27 de marzo). 
Sobre la salud se está librando una batalla entre las metrópolis. La capacidad productiva de las vacunas, así como la eficiencia organizadora en el desarrollo de las estrategias de vacunación, precondición de una más o menos rápida recuperación económica, es un factor para medir la fuerza total de los Estados en la competición global. 

Situación política en el estado español

Vectores ibéricos de la ruta verde del imperialismo europeo

La Nueva Ruta de la Seda es el gran plan de proyección imperialista de China al que Estados Unidos y la UE ambicionan responder con instrumentos propios, todavía objeto de discusión, asociados a los Recovery plan post pandemia. 
España sigue consumiendo enormes energías alrededor del ombligo de sus propias rencillas internas. El 4 de mayo, en las elecciones regionales en Madrid, la popular Isabel Díaz Ayuso, paladín del "partido del PIB" y de la oposición al gobierno central del socialista Pedro Sánchez, aspira a volver a confirmar su presidencia, pero también a acreditarse como la unificadora de la derecha. Esta batalla, que puede tener consecuencias importantes para la estructura política y territorial, se combate mientras comien­za una cuarta oleada de Covid-19, de la cual ya se han registrado oficialmente 77 mil víctimas, y con el triste récord de Madrid, metrópolis europea con el mayor aumento de mortalidad entre la población de más edad. 
A pesar de una situación interna muy complicada, la cuarta economía de la UE está implicada en la contienda imperialista entre las máximas potencias, y no solo de manera pasiva. 

Plan África 

A finales de marzo, Sánchez presen­tó el "Foco África 2023", un programa de iniciativas para la legislatura actual, enmarcado en el III Plan África lanzado en 2019. 
Sánchez subraya que su ambición es la de «convertir esta década en la década de España en África», concentrándose en inversiones económicas con participación pública y privada, dirigidas sobre todo a las «energías sostenibles», «infraestructuras» y «transformación digital». Raimundo Robredo, director general para África del gobierno y coredactor del documento, precisa que «España no transformará a África, pero puede contribuir a su transformación». El plan incluye también el «desarrollo de la capacidad militar en los países de la costa occidental de África y del Golfo de Guinea y el fortalecimiento de la participación española en las acciones de la UE en el Sahel». 
El documento explica que se trataría de «dirigir la acción de la Unión Europea» y no de Madrid unilateralmente, pero con «mecanismos de coordinación y de defensa de la estrategia y de los intereses españoles en la UE». 
También sobre el terreno económico está previsto el apoyo de «fuentes de financiaciones UE y multilaterales», como el nuevo "Instrumento de vecindad, cooperación al desarrollo y cooperación internacional" introducido en el balance plurianual de la UE (80 mil millones de euros en siete años, 29 de los cuales para el África subsahariana), pero sobre todo el Banco Europeo para las Inversiones (BEi).

Global green deal 

Werner Hoyer, director del BEi,. y Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión, una semana antes del anuncio de Sánchez han lanzado desde la tribuna de Project Syndicate la concreción del Global green deal (Pacto verde global) de la UE. Se tendría que sostener la "descarbonización" de la economía «más allá de las fronteras» de la UE: «desde programas de electrificación verde en África y proyectos de descarbonización industrial en Asia, al desarrollo de las baterías en América Latina», en el cual el BEi se compromete a invertir nada menos que un billón durante la próxima década. 
Y a en enero, preparando esta iniciativa, el catalán Josep Borrell, Alto Representante y Vicepresidente de la Comisión, junto a Hoyer había subrayado que el propósito era evitar que «la creciente demanda energética en África y en algunas zonas de Asia sea satisfecha por nuevas plantas a carbón o gas financiadas por China o por otros actores». A pesar del paripé verde, está clara la intención de competir en la partición de la tarta africana. 
Una Ruta Verde de la UE, por lo tanto, en la cual los grandes grupos españoles compiten entre sí y con los grupos europeos, para ser vectores de esta proyección en África y más allá, para confrontarse no sólo con la Nueva Ruta de la Seda de China. 
El diario de Barcelona La Vanguardia reflexiona sobre el hecho de que España «se va a encontrar con otros actores en el tablero de ajedrez áfrica no: además de Estados Unidos, el Reino Unido o Francia, y la gran irrupción del gigante chino, otros países como Rusia, Brasil, India y Turquía intentan abrirse un camino en África». 

Observatorio de España

Next Genetatión EU Y urnas ibéricas

En julio reflexionábamos sobre los efectos políticos de la respuesta europea a la pandemia secular de Covid-19, in primis el plan de transferencias y préstamos de 750 mil millones de euros denominado Next Generation (Ng-Eu), de los que 140 mil millones están des­tinados para España. Observamos «señales de recolocación política» en las elecciones regionales en Galicia y en el País Vasco. 
Entonces valorarnos que, a pesar de la dureza y la complejidad de la crisis, para Madrid era posible la «prospectiva» de un segundo tiempo del nuevo ciclo político, cuyos puntos de fuga habrían sido el plan de recuperación y las reformas estructurales vinculadas al Ng-Eu y, como en el caso italiano, incluso la plena adhesión política a la agenda de la UE. 
En este sentido, las elecciones para la presidencia de la República de Portugal del 24 de enero, y las regionales de Cataluña del 14 de febrero, incorporan dos test para medir los reflejos políticos de la primera fase de la crisis pandémica en el Sur de Europa, y de su gestión por parte de los gobiernos.

Presidenciales en Portugal

Portugal, con 10,3 millones de habitantes y un PIB comparable al de una gran región española como Madrid o Cataluña, ha asumido a partir del 1 de enero la presidencia rotativa del Consejo UE. En Lisboa, el presidente de la República es un cargo que goza de amplias prerrogativas, incluida la de decretar el "estado de emergencia", como en el caso de la crisis pandémica; su elección es por voto directo con posibilidad de segunda vuelta. 
El presidente de centroderecha Marcelo Rebelo de Sousa, del partido Social Demócrata (PSD), ha sido confirmado en la primera vuelta con el 60% de los votos, cien mil más que en 2016. Esto se atribuye, más que a la personalidad y al carisma del presidente, al que todos simplemente llaman "Marcelo", también a su acuerdo con el jefe del gobierno António Costa, del Partido Socialista (PS), y a la buena relación de éste con el PSD, que también es el principal partido de oposición en el parlamento. La colaboración del denominado Bloca Central, en el desafío generado por el coronavirus, es destacada en comparación con los meses de trágicas puestas en escena en Madrid. 
En la campaña electoral el PS incluso ha apoyado la candidatura de Rebelo de Sousa, hasta el punto que la antigua eurodiputada Ana Comes ha recurrido al apoyo de dos partidos de la izquierda ecologista, permaneciendo como segunda con apenas el 13% de los votos válidos. 
La elección de costa confirma el cambio de signo de su gobierno; en 2019, dando un giro centrista, ha abandonado los viejos socios externos, el Bloca de Esquerda (equivalente de Podemos) y el PC portugués, es decir, la coalición de la Geringonca, cuya traducción se aproximaría a "artilugio", con el que había estado pedaleando durante toda la legislatura anterior. 

¡Llega Chega! 

Sin embargo, también en virtud de sus dimensiones reducidas, Portugal ha gozado de mayor estabilidad política respecto a España, al no registrar empujes centrífugos comparables a los encarnados por el independentismo catalán o por el leghismo del Norte de Italia. Pero los estratos que se consideran 
"perdedores de la globalización", golpeados por una segunda crisis en diez años, también han vuelto a expresar su jacquerie en las urnas, con el nuevo protagonismo del partido de extrema derecha Chega!. Al obtener el tercer puesto con medio millón de votos, el 12% de los expresados, pone fin a la «excepción portuguesa». 
Chega significa "basta" y también "llega", como el término genovés cega con el que comparte el origen del latín plicare, en referencia al gesto de plegar las velas cuando termina el trabajo de los marineros. El partido homónimo nace como movimiento dentro del PSD, con una génesis muy similar a la de Vox en España, a la que se unen los tonos marcadamente racistas y xenófobos, pero no solo eso. 
Su líder André Ventura (Algueirao, región de Lisboa, 1983) ha considerado como «histórico» el resultado porque «reconfigura la derecha en Portugal». En la Voz de Galicia el escritor Miguel-Anxo Murado recuerda que Lisboa, antes de la aparición de Chega!, «ni siquiera tenía una derecha debido a la cultura política heredada de la revolución de los claveles de 1974». En aquel momento la transición a la democracia, desencadenada por la crisis de las guerras de descolonización de Angola y Mozambique, y por la urgente necesidad de adaptarse al vínculo europeo, asoció el término «derecha» a la anterior dictadura (1926-1974) comenzada con António de Oliveira Salazar (Vimieiro, 1889 - Lisboa, 1970). De hecho «el Partido Social Democrata que ha ganado las presidenciales en realidad es de centroderecha, mientras que el Centro Democrático Social que apoyaba igualmente la candidatura de Rebelo de Sousa es, a pesar del nombre, un partido conservador de derechas». 
Es muy pronto para valorar cómo incidirá el nuevo actor en la política lusa, pero Ventura ya en 2019, entró en parlamento como único representante del partido que se define «antisistema», detrás de las cámaras aseguró a El País que no habrá un «Portugalexit» y de estar más bien «a favor de una Europa fuerte y un ejercito común europeo muy fuerte». Una posición probablemente reforzada por la prospectiva de Lisboa de recibir 26 millones del Ng-Eu, más del 12% de su PIB, y en proporciones similares a los fondos asignados a Madrid. 

El ombligo catalán 

Por el contrario, no solo el prolonga­do «clima de notable estabilidad por­tugués», como lo define El País, hace resaltar los desequilibrios españoles, sino que también la recomposición de la crisis romana vuelve a encender la atención europea sobre Madrid, mientras que el calendario electoral la lleva de nuevo a observar a su ombligo catalán, en el que desde hace diez años acumula los peores escombros políticos de sus crisis. 
Esta vez el Partido Socialista de Catalunya, la federación local del PSOE, ha quedado el primero, presentando como candidato al ministro de Sanidad, el católico Salvador llla. El «ministro tranquilo» ha ganado esencialmente el plebiscito sobre la gestión de la crisis sanitaria: el suyo es el único gran partido que gana votos respecto a 2017. 
Por otra parte, Los Comunes (EPC­PEC), la marca local de Podemos, aunque mantiene sus 8 escaños, pierde el 40% de los votos. 
De la misma forma la línea del PP de Pablo Casado mantener alta la tensión con el gobierno para competir con la extrema derecha de Vox es castigada y, también debido a los escándalos de corrupción acumulados, tampoco consigue aprovechar el espectacular colapso de Ciudadanos (Cs). Vox pone fin a la «excepción catalana», convirtiendo se en líder local de la derecha española; sin embargo, ésta en su conjunto se ve fuertemente reducida. 
Finalmente, los independentistas, a pesar de las escisiones y divisiones internas, celebran la "victoria" de su bloque: en su conjunto pierden un tercio de votos, pero ganan 4 escaños. Superan el umbral del 50% de los sufragios, pero, tal y como sostiene el director adjunto de La Vanguardia Enrie Juliana, solo sumando el «independentismo light» de los restos del PDECat. Su peso sobre el electorado sin embargo desciende del 37 al 27%: entre separatistas y unionistas, gran parte ha preferido la abstención, que se ha redoblado (48%). Queda por desenredar el nudo de la composición del nuevo Govern y del efecto que tendrá sobre Madrid. Esquerra Republicana (ERC), que ha ganado la batalla interna en el bloque independentista, a comienzos de campaña se ha desvinculado de la geometría variable de Pedro Sánchez, votando sobre la governance de los fondos Ng-Eu, junto a JxCat (derecha catalana), PP y Cs. Una ley que ha pasado con el Sí de los vascos de Bildu y la benévola abstención de Vox. 
Aunque el 9 de febrero en el Europarlamento, lejos del teatro de la campaña electoral, se realineaban casi todos sobre el Sí, a excepción de Vox y Bildu que se abstenían. Fuera de la tragicomedia nacional en España, los actores políticos ibéricos en presencia de los fondos Ng-Eu se ven empujados al realismo. 

Huida de Nueva York y conflictos sociales


La pandemia en Estados Unidos

«Los barrios más ricos se han vaciado en cuanto el coronavirus ha azotado Nueva York City», titula el New York Times del 15 de mayo.

Quién huye y quién no puede huir 

Para las clases acomodadas de Nue­va York, la distancia social es superior a un metro alcanza las decenas, las centenas y hasta los miles de quilómetros de las localidades de vacaciones a las que han huido para evitar la infección del Covid-19.
Desde el 1 de marzo al 1 de mayo casi el 5% de los residentes, correspondientes a 420 mil personas de 8,4 millones de habitantes, han dejado Nueva York. En los barrios más ricos de Upper East Side, West Village, SoHo y Brooklyn Heights, la población residencial ha descendido incluso un 40%. Los datos telefónicos indican una huida hacia las segundas residencias vacacionales, tanto en los condados cercanos como Nassau (Long Island), como en los más lejanos como Palm Beach en el Sur de Florida.
En el lado opuesto de la escala social, los habitantes de los barrios pobres de las metrópolis no han podido huir. Tomemos algunos condados de los más afectados. Según los datos de la Johns Hopkins University, los fallecimientos oficiales debidos a la pandemia en Nueva York han sido 5.190 en el condado de Kings (población: 50% blancos, 34% negros, 19% hispanos) y 3.568 en el Bronx (45% blancos, 44% negros); en Chicago, 3. 726 en el condado de Cook (69% blancos, 28% negros); en Detroit, 3.475 en el condado de Wayne (55% blancos, 39% negros).
Y a antes del coronavirus todos estos condados, que ilustran una situación común a las ciudades estadounidenses más grandes, tenían las rentas percápita entre las más bajas de Estados Unidos; la pandemia y la crisis económica han agravado una condición que lleva décadas siendo crítica. Por la degradación de las condiciones de vida de las inner city los distritos de renta baja al final del lockdown han estallado protestas sociales multirraciales, iniciadas en Minneapolis como reacción al asesinato del negro George Floyd por parte de· un policía blanco perteneciente a
una policía multirracial.
Los conflictos sociales son más complejos que la simplificación mediática que los describe como conflictos raciales en blanco y negro. Las contradicciones se ven en cualquier institución: el 20% de los componentes de la policía de Minneapolis pertenece a minorías étnicas y el jefe de la Policía es un afroamericano; fue nombrado tras la dimisión de su predecesor, después del homicidio de una mujer blanca por parte de un policía afroamericano (US News, 21 de julio de 2017).
La afroamericana Keeanga Y ama htta Taylor, académica de la Princeton University, escribe en el New York Times del 29 de mayo, refiriéndose a los desórdenes de Minneapolis: «Es fácil comprender la protesta multirracial de Minneapolis (si se observa de cerca, centenares de blancos participan en ella las injusticias cruzadas son evidentes para ellos)».
Le Monde del 1 de junio habla de la «realidad de una rebelión multirracial que junta a los jóvenes afroamericanos, a los inmigrates de origen somalí, a los latinos y por último a los habitantes que son en su mayoría blancos».
En las inner city de las grandes ciudades, los asalariados blancos, negros, hispanos, inmigrantes legales e ilegales trabajan sobre todo en los servicios con sueldos bajos (lavaplatos, personal de limpieza, camareros, cuidadoras, en las ventas, policías, repartidores, trabajadores parttime). El ejemplo es el Bronx, donde la renta deriva en mil millones de dólares de la manufactura frente a los 10 mil millones procedentes de los servicios, la renta percápita es de 20.000 dólares y el índice de pobreza es del 27%. En la escala social de las metrópolis, el top con rentas altas ha huido, o se ha encerrado en mansiones de lujo, mientras que el bottom con bajo salario ha sido obligado a encerrarse en casas decadentes y, además de haberse visto afectado más duramente por el Covid-19, ha perdido también el trabajo. El modelo de referencia es Nueva York, con su combinación simbiótica y contradictoria entre la miseria del Bronx y la riqueza de Manhattan, dos barrios unidos por 40 minutos de metro.
En general, en Estados Unidos, además de los habitantes de las inner city, tampoco han podido escapar al coronavirus los trabajadores esenciales, aquellos sin los cuales la sociedad colapsa. En particular, los 11 millones de asalariados de la agricultura, los 1,8 de los servicios de emergencias, los 4 de los transportes y de los servicios comerciales, los 16,6 de la sanidad, los 4,6 de los servicios mínimos del gobierno, los 3,2 de las telecomunicaciones, los 3,1 del sector financiero, los 1,3 del sector energético y los casi 2 millones de sectores críticos de la manufactura (Econornic Policy Institute, 19 de mayo).

El shock económico del coronavirus 

Si a los trabajadores esenciales les ha sido imposible lo de "quédate en casa", hay millones de asalariados que, por el contrario, se han quedado en casa en el sentido más amplio de la palabra, porque han perdido el puesto de trabajo. A los millones de desempleados oficiales hay que añadir los no oficiales, que forman parte de los inmigrantes ilegales o de los trabajadores temporales, que no tienen derecho al seguro contra el desempleo.
El Wall Street Journal del 21 de mayo titula: «Según la FED, el shock económico del virus azota más duramente a las familias de renta baja».
Para la FED, en marzo, el 40% de las familias con renta anual inferior a 40 mil dólares ha experimentado la pérdida de un puesto de trabajo en familia, contra el 19% de aquellos que tienen una renta entre 40 y 100 mil dólares y el 13% de quien gana más de 100 mil. La crisis afecta más a los que poseen una renta más baja a finales de marzo, las familias afectadas por debajo de los 40 mil dólares serían 10 millones, de las que el 60% blancas, el 20% hispanas, el 16% negras, el 4% asiáticas.

Desempleados sin sanidad

«Millones de americanos perderán el seguro sanitario mientras el paro sube»,
escribe el Financia[ Times del 12 de mayo. Considerando a todos los miembros de las familias, en 2017 poseían la cobertura del seguro privado de la empresa 181 millones de americanos, de los cuales 141 millones blancos, 21 negros, 12 asiáticos y 27 hispanos. La suma de 201 millones no se corresponde con los efectivamente asegurados puesto que en las estadísticas muchos se cuentan dos veces. Explicamos el porqué.
El US Bureau of Census precisa que el concepto de «raza» utilizado en sus estadísticas no tiene base biológica; «no es científico o antropológico» sino cultural, en cuanto se basa en la autoidentificación de cada individuo sobre un formulario confidencial. Y a que los hijos de padres de «rala» diferente no saben cómo autoidentificarse, el Bureau ha introducido la posibilidad de hacerlo también con dos o más definiciones. Por ejemplo, Barack Obama, de madre blanca americana y de padre negro africano no americano, ¿ qué es?, ¿un blanco o un negro? Obama ha elegido ser negro, pero en la compilación del formulario podía identificarse como blanco, incluso teniendo la piel negra, o como blanco y negro. En Estados Unidos, muchos se autoidentifican con dos o más «razas»: de ahí un lío estadístico, porque muchos se cuentan dos veces y, cuando se hace la suma, siempre sale superior a la población total.
Según el Econornic Policy lnstitute del 14 de mayo, el 45% de los 36 millones que a finales de abril perdieron el puesto de trabajo perderán el EPHI (Employer Provided Health Insurance: el seguro sanitario proporcionado por su empleador); con lo cual, a los no asegurados ya existentes se madirían otros 16 millones de personas. En 2017, los que estaban sin seguro eran 28,5 millones, de los cuales 21 millones eran blancos, 4,5 negros, 1,4 asiáticos y 9,5 hispanos (la suma es de 36,4 millones por la razón explicada antes).
Por. debajo de los 40 mil dólares de renta anual hay 15 millones de familias blancas, 5 millones hispanas y 4 millones negras; en el lado opuesto, por encima de los 100 mil dólares hay 26 millones de familias blancas, 3 millones hispanas y 2 millones negras. La linea divisoria de pertenencia a diferentes clases sociales atraviesa la de la autoidentificación étnica.
En el Medicaid, el programa sanitario federal para quien tiene una: renta baja, en 2017, de 62 millones de inscritos, 42,2 (68%) eran blancos, 12,5 (20%) negros, 3,5 (6%) asiáticos y 18 (29%) hispanos. Como decíamos más arriba, la suma es 123% y no 100%, por la doble identificación de muchos.
«La burguesía ha arrancado el velo de tierno sentimentalismo que envolvía las relaciones de familia y las ha reducido a una mera relación de dinero» (Marx-Engels, El Manifiesto ). Las clases se definen no en base a categorías antropológicas sino a la cruda relación de dinero entre el sueldo y el capital. La crisis ha afectado seriamente a los asalariados y sea cual sea su autoidentificación subjetiva en blancos, negros, asiáticos, o hispanos, existe un interés objetivo único de contraposición al capital.

"Geometrías variables" del gobierno de Sánchez


Observatorio de España

En el campo de fuerzas creado por la crisis del Covid-19,era inevitable que la turbulenta dialéctica entre el centro y la periferia, una constante en la historia española, produjera repercusiones en el gobierno de Pedro Sánchez, hasta el punto de poner a prueba los equilibrios difíciles de la coalición entre los socialistas (PSOE) y la izquierda maximalista de Unidas Podemos (UP). 
La Constitución posfranquista del 1978 dio vida, en un proceso no lineal y desigual en el espacio y en el tiempo, al Estado autonómico, una forma de federalismo imperfecto. Las regiones, elevándose al rango de comunidad autónoma adquirieron prerrogativas fiscales, legislativas y cada vez más competencias, entre ellas, la sanidad.
El "estado de alarma", en vigor desde mitad de marzo, amplificó la fuerza del Ejecutivo central, pero atrayendo hacia si toda la responsabilidad de la crisis sanitaria. Paralelamente, los polos de poder descentralizado, lejos de ser cómplices, se han convertido en el principal instrumento a disposición de las versiones locales del partido del PIB, que en España también empuja por una salida más rápida del lockdown, no obstante, ya se ha reanudado una parte de las actividades no esenciales.

Pequeño y gran PIB 

Financial Times, al destacar que el «draconiano» confinamiento español ha 
sido «uno de los más duros» recogió el grito de dolor de estos componentes, en particular los ligados al sector turístico que pesa por el 12% del PIB y por el 13% de la fuerza de trabajo a nivel nacional.
No es un elemento secundario: para la Comisión Europea, según informa El país, españa será uno de los países con la mayor caída del PIB (-9,4% en 2020) y entre los factores principales se indica «el peso de la industria turística», del que prevé una reducción a la mitad. Desde las páginas del diario liberal de Londres, la organización del sector de la restauración Hostelería de España, que representa más de 300 mil ejercicios por 1,7 millones de empleados y el 6,2% del PIB nacional, avisa que «la drástica restricción» del lockdown pueden «hacer caer al 30% de los bares y restaurantes, si no llegan las ayudas del Estado». 

Existe una base amplia de la protesta tras la cual, como fue el caso de las tractoradas de los agricultores, podemos ver también los intereses de algunos grandes grupos, como los gigantes del sector turístico Amadeus y Meliá, que figuran entre los primeros grupos españoles cotizantes en la Bolsa de Madrid, o grandes compañías aéreas, como la anglo-española IAG, los cuales utilizan las comunidades autónomas para negociar con el gobierno. 

Virus globales

La nueva epidemia de virus que ha estallado en diciembre en Wuhan, en la provincia china de Hubei, en el momento en que escribimos está en plena marcha, y parece no haber alcanzado todavía su punto culminante. La progresión diaria está en ligera disminución desde hace unos días, pero es demasiado pronto para pensar que haya empezado la curva descendiente esperada en base a la evolución clásica de las epidemias.

Según las noticias oficiales, los enfermos, el 13 de febrero superaron los 60 mil el 99% .en China y el resto en 27 países, de los cuales más de seis mil curados y más de mil trecientos, lamentablemente, fallecidos. Los epidemiólogos, sin embargo, sospechan que el número de contagiados es un múltiplo de los registrados. La infección, que entre las complicaciones más graves y frecuentes presenta una grave forma de neumonía, tiene un comienzo engañoso, y podría presentar en muchos casos una evolución tan ligera que el paciente no recurre a atención médica.

La alarma es grande, al igual el eco mediático. La peste desconocida vuelve a encender antiguos miedos, prejuicios y xenofobias; ya estamos viendo cómo están siendo aprovechado para intereses políticos o económicos. Sin embargo, el temor a que la nueva epidemia se convierta en pandemia un contagio con amplísima difusión no es injustificado.

Las epidemias graves han tenido siempre un impacto social profundo y a veces devastador, trastocando la vida de millones de personas, limitando movimientos, modificando comportamientos, paralizando o ralentizando las actividades productivas. También este evento tendrá que ser seguido y estudiado, por las recaídas económicas, políticas e incluso por lo que a las relaciones entre los Estados se refiere. Sin embargo, primero es preciso elevar la mirada al resto del mundo.