Mostrando entradas con la etiqueta Washington. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Washington. Mostrar todas las entradas
La guerra de Ucrania despierta al nacionalismo polaco

Polonia se encuentra en el centro del esfuerzo para brindar ayudas logísticas y militares a Ucrania y reivindica que es el mejor socio de los Estados Unidos en la Unión Europea. Varsovia apoya a voz en grito la adhesión de Ucrania a la UE y a la OTAN, criticando con tonos virulentos la reticencia de Alemania a suministrar armas. No lo hace can solo como reflejo de los traumas del pasado o como argumento para la campaña electoral, con vistas a las elecciones de este moño, sino también para intentar emanciparse de la posición periférica que Polonia ocupa en Europa. 
De hecho, en el Vincula algunos detectan la oportunidad histórica de construir una Europa ampliada, donde el país podría concentrar a su alrededor un contrapeso al eje franco-alemán. Para hacer esto, Varsovia tiene interés en reforzar el compromiso de Estados Unidos en Europa, ya que es el resorte que desea usar para disponer, en el continente, de un peso político superior a su peso real. Así facilita también la intru­sión americana, permitiendo a Washington condicionar a Europa, especialmente en sus relaciones con Rusia. 

Rearme polaco 

«Polonia quiere convertirse en el fundamento de lo seguridad europeo», declaró el primer ministro Mateusz Morawiecki en Washington el 11 de abril. Varsovia «este año aumento los gastos para lo defensa, incluso hasta el 4% del PIB», y «quiere construir el ejército más fuerte de Europa». En este sentido, el gobierno desea elevar a 300 mil el número de soldados y ha encargado una enorme cantidad de equipamientos militares americanos y surcoreanos. En el interior y entre sus aliados, este frenesí de adquisiciones ha planteado cuestiones sobre su lógica militar y sobre cómo el gobierno va a financiarlos. 
Marek Swierczynski, del centro de análisis Policyka lnsight, opina que Polonia  «Sigue proyectándose como uno superpotencia regional, un poco según el modelo turco». Para Le Monde (27 de marzo), la admiración hacia la Turquía de Recep Tayyip Erdogan es una «extravagancia» de Jaroslaw Kaczynski, presidente del partido Derecho y Justicia (PiS). 
En la revista italiana de geopolítica Li­mes, Wojciech Lorenz del instituto Polaco de Asuntos internacionales (PISM) escribe que «el cálculo de Polonia se baso en un supuesto concreto»: reconociendo que Pekín es el «principal rival» de Washington, Varsovia debe «reforzar su potencial bélico lo más rápidamente posible», porque si Estados Unidos «Se viese implicado directamente en Asia oriental no sería capaz de ofrecer el liderazgo necesario o sus aliados europeos». Rusia podría aprovecharse de ello para «volver o intentar un ataque» (Limes, febrero de 2023). Cabe preguntarse si este «cálculo» de Varsovia puede empujar a Polonia a converger con el eje franco alemán, en el esfuerzo común de evitar un conflicto entre Estados Unidos y China. 

Polonia en la directriz Este-Oeste 

Asimismo, las ambiciones de Polonia están acompañadas por un intento de reestructuración económica, con el fin de reducir su dependencia tanto de Rusia como  cte Alemania. Resulta útil retroceder en el tiempo para comprender la cuestión. 
En la obra colectiva La Polonia, publicada en 2007 bajo la dirección de Francois Bafoil, el francés Centre d'études ec de re­cherches internacionales (CER1) apoyaba un modelo de desarrollo a lo largo del eje Este ­Oeste. Para garantizar su crecimiento económico y evitar ser el «cul-de-sac» oriental de la UE, Polonia habría tenido que insertarse «en un eje económico desmovilizado que enlazase a Europa Occidenwl con Extremo Oriente, pasando par la masa continental de Eurrasia y, par lo tanto, por Rusia». 
Los autores veían una prueba de escasa visión en el hecho de que en 2003, durante la guerra de Estados Unidos en lrak, el viceprimer ministro y ministro de Transporte polaco Marek Poi había cerrado «con discreción» un acuerdo que hacía de Slawków el cemro occidental del ferrocarril de vía ancha que a través de los países de la antigua URSS iba a Asia oriental. La integración de Polonia en este eje de comunicación Este-Oeste, junto a Rusia, habría «dificulcado» cualquier «enemiscad polaco rusa» en el futuro. 
En este sentido, otra señal fue en 2012 la adhesión de Polonia al proyecto de cooperación entre China y los países de la Europa centro-oriental, el "16+ 1" ( convertido luego en ·· 17+ 1" y ahora reducido a "14+ 1" iras la retirada de los tres países bálticos). 
En aquel momento, los investigadores del CERI habían definido una «batalla de retaguardia» como el apoyo de Polonia a la estrategia de Estados Unidos de crear con el GUAM organización de desarrollo regional que reúne a Georgia, Ucrania, Azerbaiyán y Moldavia un pasillo del gas para enlazar a Asia central con Ucrania, sorteando a Rusia a través del Mar Negro. El gasoducto Nord Stream, conectando a Rusia y Alemania a través del Mar Báltico y sorteando a Polonia, habría sido la «respuesta» rusa a dicha iniciativa. 
Sin embargo, importantes corrientes en Polonia y en Estados Unidos no opinaban igual y seguían imaginando infraestructuras a lo largo de un eje Norte-Sur. 

Crisis Ucraniana

La brújula estratégica UE a la prueba en la crisis ucraniana

Los dos frentes que resumen la nueva fase estratégica, en Ucrania y en Taiwán, pesan en el debate europeo en torno a la brújula estratégica que será adoptada por la Unión. Le Monde escribe que las tensiones en Ucrania complican el debate: siguiendo el ejemplo de Polonia, varios países del Este europeo juzgan inoportuna una señal de «autonomía» y «soberanía» en las confrontaciones con el aliado estadounidense, en el momento en que la amenaza rusa presiona. Algunos retoques al primer borrador, dice "Politico.eu", tienen la marca de la garantía atlantista, pero está en duda si serán suficientes para Varsovia o las capitales bálticas. Siempre para Le Monde, además, los europeos recelan de la solicitud de Washington de un frente común hacia China, pero esto comporta un precio a pagar que aumenta la fricción en la relación transatlántica y pone en tensión un consenso siempre «frágil» en el interior de la Unión.

Raja Mohan, en Indian Express, reflexiona sobre los nexos entre el tablero europeo y el asiático. Por mucho que se tienda a ver a Europa y Asia como «teatros estratégicos separados», siempre ha existido entre las dos regiones una «dinámica de interacción geopolítica». En la era co­lonial, la competición entre las potencias europeas en Oriente influyó profundamente la «geopolítica asiática». Cuando en 1917 el resto de Europa no siguió la revolución bolchevique, Lenin volvió su atención al Este, y esto definió las bases para una contienda prolongada entre Rusia y Occidente que «tuvo un profundo impacto en la evolución política interna de las naciones asiáticas». Tras la ruptura de la breve alianza contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, la política de la «contención» hacia la URSS constriñó a Washington a enfriar sus simpatías por los movimientos independentistas en Asia, apoyando a las potencias colonialistas europeas y alineándose «con el emergente nacionalismo asiático». Se olvida que si la contraposición entre la URSS y Occidente fue en Europa «guerra fría», en Asia fue un conflicto abierto, donde las dos partes libraron «largas y sangrientas guerras por procuración»
 
Hoy que vuelve a primer plano la confrontación entre grandes potencias, Mohan ve una dinámica invertida con respecto al siglo XX. 
«En el pasado,Asia fue el teatro secundario de la rivalidad incraeuropea. Hoy es el ascenso de Asia, y de China en particular, lo que está moldeando la geopolítica europea».en el siglo XIX y para la mitad del XX, Chipa fue el objeto del reparto entre las grandes potencias europeas; hoy es Pekín quien lidera el cambio en el orden europeo y global. En los años de la guerra fria, China fue el «junior partner» de la URSS; hoy es Pekín quien hace de «senior partner» en la relación con Moscú: aunque la fuerza militar rusa mantenga su importancia, el PIB chino es casi «diez veces» el ruso. En los años Setenta, China fue una «carta» jugada por Estados Unidos contra la URSS; hoy Pekín está a la parcon Washington, y en todo caso los dos frentes que resumen la nueva fase estratégica, en Ucrania y en Taiwán, pesan en el debate europeo en torno a la brújula estratégica que será adoptada por la Unión. Le Monde escribe que las ten­siones en Ucrania complican el debate: siguiendo el ejemplo de Polonia, varios países del Este europeo juzgan inoportuna una señal de «autonomía» y «soberanía» en las confrontaciones con el aliado estadounidense, en el momento en que la amenaza rusa presiona. Algunos retoques al primer borrador, dice "Politico.eu", tie­nen la marca de la garantía atlantista, pero está en duda si serán suficientes para Varsovia o las capitales bálticas. Siempre para Le Monde, además, los europeos recelan de la solicitud de Washington de un frente común hacia China, pero esto comporta un precio a pagar que aumenta la fricción en la relación transatlántica y pone en tensión un consenso siempre «frágil» en el interior de la Unión. 

Carrera armamentístia

¿Ha comenzado la «segunda guerra del Pacífico» contra China después de la del pasado siglo contra Japón? Lo afirma el Figaro, aunque después de que París fuera humillado por el acuerdo AUKUS entre Australia, Gran Bretaña y Estados Unidos, que anuló un pedido multimillonario para su industria bélica. Escriben los franceses que la guerra no se librará solo con enfrentamientos militares, sino también con amenazas, intimidación, lucha tecnológica, ciberataques. 
Un hecho es cierto, el barómetro marca tormenta; lo que se ha oído es la patada inicial de quince años convulsos, que marcarán el nuevo siglo. El imperialismo estadounidense encuentra por primera vez en el imperialismo chino un oponente a la par; AUKUS será el comienzo de una carrera de rearme sin precedentes; el imperialismo europeo no puede sino verse involucrado. 
La vieja Europa está intranquila: ha perdido al menos veinte años dando largas sobre la defensa europea; no tiene el control del Mediterráneo, que es su periferia, a la vez que en Asia ha madurado intereses enormes, justamente a partir del intercambio de mercancías y capitales con China. Hay un doble temor, tanto de verse arrastrada por un choque no deseado con Pekín, como a verse marginada por un acuerdo entre Estados Unidos y China, siempre posible. La discusión se ha vuelto acalorada. Se persiguen planes para una política exterior común y una fuerza de intervención europea; se gustaría poder tratar con Washington en pie de igualdad en la OTAN. Pero recuperar el tiempo perdido mientras el mar ya está tormentoso es un desafío enor­me. Un factor desconocido es Alemania, donde finaliza la era de Angela Merkel, marcada por una estabilidad que ahora muchos acusan de inacción. Esta es la contienda del imperialismo, que ha saltado a un nivel superior compuesto por misiles, submarinos y reactores nucleares. Los trabajadores no pueden ignorar la tormenta que se avecina, porque quieran o no, se verán arrastrados. Debemos mantener los ojos abiertos, y ese es el papel de la ciencia marxista. Necesitamos una conciencia y una estrategia internacionalista. La oposición revolucionaria al imperialismo europeo, como a todos los imperialismos, está a la orden del día. 

Volvamos a un tema ya mencionado en el número anterior de nuestro periódico: la escasez de mano de obra, efecto también del declive demográfico, «puede ser un factor de apoyo a un empuje salarial». Volvemos porque, mientras tanto, este tema ha sido retomado repetidamente en la prensa internacional. 

Demografía y contratación
 
El argumento es utilizado también para endulzar la píldora de una reestructuración destinada a trastornar la vida de muchos trabajadores: la idea es que un eventual despido no es tan grave, ya que quedan mu­chos puestos de trabajo por cubrir. ¿Habrá que repetir que el paso de una tarea a otra, de un trabajo a otro o de un lugar a otro no es tan obvio, seguramente no está exento de dificultades y para muchos puede ser incluso un drama? 
Sin embargo, es cierto que la escasez de mano de obra es un fenómeno real: amerita por lo tanto hacer algunas consideraciones, partiendo de una mirada al debate en curso. 
Le Monde dedicó al tema un dossier el 25 de agosto. Título: «En Europa, la gran escasez de mano de obra». Y explica: «Desde la hostelería hasta la construcción, las empresas del Viejo Continente están luchando por contratar. El fenómeno transfiere progresivamente el poder de negociación hacia los asalariados». 

Inmigrantes y estantes vacíos 

El Financia/ Times ha dado la alarma con cierta insistencia, también haciendo notar el hecho de que el Brexit ha agravado la situación inglesa. «Los supermercados están luchando por mantener abastecidos sus estantes», escribe el 27 de agosto: específicamente, no hay camioneros que transporten las mercancías. Pero, añade, las carencias también se encuentran en Francia, Alemania, Italia, Holanda y Escandinavia, y afectan a varios sectores: hostelería, distribución, construcción, sanidad. 
Entre las razones está la falta de inmigrantes, trabajadores que, despedidos durante la pandemia, son repatriados y ahora tienen dificultades para regresar a Inglaterra aunque no solo eso. Y aquí está la sentencia del Financia Times: «Con menos migrantes, llenar los vacíos significa dar salarios más altos». 
El mismo periódico vuelve el 31 de agosto a la carencia de conductores, de mostrando que en el mercado laboral no faltan solo graduados en CTIM ( ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), lo cual es cierto, pero no es lo único. No hay albañiles, obreros, técnicos, pero tampoco camareros y cocineros. Y conductores: al desarrollo del ecommerce, que exige que se lleve físicamente el paquete a su destino, se suma el envejecimiento de la población activa (en Gran Bretaña el conductor medio tiene 55 años), los ritmos elevados y los salarios insatisfactorios. 

¿Un nuevo ciclo? 

Es sobre esta base que comienza el debate sobre si se puede iniciar un ciclo que beneficie a los trabajadores en la negociación salarial. La alemana Zeit (8 de julio) plantea la cuestión precisamente en términos de ciclos. A principios de siglo, Alemania era considerada «el enfermo de Europa» y las relaciones eran desfavo­rables para los trabajadores: el gobierno Schroder afrontó esa curva desarrollando un gran sector de bajos salarios (aproximadamente una cuarta parte de todos los asalariados) y la misma IG Metall fue obligada en el 2004 a firmar el conocido como "acuerdo de Pforzheirn", que permitía a las empresas establecer excepciones de los convenios colectivos. 
Hoy, continúa el Zeic, en Alemania hay escasez de mano de obra en el 45% de las profesiones, pero el sector de salarios bajos todavía emplea al 20% de los empleados. En 2025 podrían faltar 2,9 millones de trabajadores cualificados: «Se anuncian buenos años para los trabajadores». 
Laurent Berger, líder de la CFDT, el primer sinidicato de Francia, subraya la complejidad del momento: todavía hay sectores en dificultad, pero también hay una cantidad de puestos de trabajo sin cubrir que se estima entre 250 y 400 mil. «Para solucionar el problema, es necesario abordar el tema de los salarios, las condiciones laborales, de trayectorias profesionales gratificantes».

Modelo americano 

En Estados Unidos ha abordado el tema Los Angeles Times (7 de septiembre), con el titular: «La escasez de mano de obra da más poder a los sindicatos». Cita a modo de ejemplo la planta de Volvo en Virginia, donde los trabajadores lograron un aumento del 12% (en seis años) y superaron el impopular sistema de escala salarial de dos niveles para los empleados nuevos y para los antiguos. «Es un caso de estudio sobre cómo los trabajadores sindicalizados pueden ganar innuencia mientras las empresas se esfuerzan por encontrar suficientes trabajadores». 
De manera más general, escribe el periódico californiano, «la pandemia ha producido una escasez de mano de obra que ha vuelto a algunas Union, durante mucho tiempo bajo asedio, más confiadas» con respecto a los años en los que «se redujeron en dimensión e influencia». Esto no vale sólo para el automóvil, sino también para los sectores de salarios bajos, restaurantes, bares y comercio minorista. 
El nexo con la crisis pandémica más que con el declive demográfico evidencia una particularidad del 'modelo estadounidense" con respecto al "renano": en Estados Unidos «los negocios se rcuperan más rápido de lo que la gente regresa al trabajo». En Europa, las formas de jornada reducida (como los ERTE) han permitido conservar la mano de obra, haciéndola así inmediatamente utilizable tras la recuperación. Esto al menos para los trabajadores fijos, mientras que para los contratos temporales, los trabajadores de servicios y, sobre todo, los inmigrantes han sido sencillamente expulsados. En Estados Unidos, el recurso a los despidos fue, en cambio, la regla frente a la crisis, y esto ahora impone volver al mercado para competir por una fuerza laboral menguante. 

Salarios e inflación 

En Italia JI Sole-24 Ore (10 de agosto) ve los dos cuernos de la cuestión: en los trabajos de baja cualificación, «donde no se encuentran trabajadores más menos especializados y donde es decisiva la inmigración», y en los de alta cualificación, «donde cuencan títulos y competencias aún demasiado raras en Italia». Y admite: «también hay una discrepancia salarial», un tema de larga data, pero que se debe abordar hoy «con un nuevo espíritu», es decir, con «nuevas formas de remuneración de la productividad». No podía faltar este mantra patronal.
Los datos del segundo trimestre registran en efecto un aumento de los salarios en la eurozona pero, señala Le Monde (11 de septiembre), a pesar de las tensiones en el mercado, el crecimiento medio es del 1, 73%, «muy por debajo de la inflación, que llega al 3%». También en Alemania fue del 1,9%. Solo en Reino Unido donde, como hemos visto, la escasez de mano de obra se hace sentir más, el crecimiento salarial supera a la inflación, sobre todo en los sectores en tensión. 
En Francia, de nuevo según el dia­rio parisino, la cuestión salarial «ha irrumpido en el debate político», hasta el punto de que algunos candidatos presidenciales hacen campaña prometiendo subir los salarios. 

¿Quién toma la ventaja? 

Para que una situación objetivamente más favorable no se convierta en la enésima decepción o, peor aún, en una estafa de la política burguesa, sólo queda volver a la experiencia ya secular de nuestra clase: es cierto que el mercado es la base de la negociación, pero no hay un automatismo estrecho, la relación de fuerza es siempre decisiva. Entonces: si hay una ventaja, se necesita que alguien la tome. 

A una dinámica como mínimo europea, debería corresponder a una reivindicación europea. En este frente, sabemos que la batalla aún es larga. Pero si las clases dominantes aceleran en el camino hacia un ejército europeo, los trabajadores deberían acelerar hacia la construcción de su propio "ejército". Un sindicato europeo sería lo mínimo. 

Crónicas de la Ruta de la seda

"Casi alianza" china en el Golfo Pérsico

Según Anthony Cordesman del CSIS de Washington, a finales de marzo China ha realizado un importante golpe estratégico en el Golfo Pérsico. El acuerdo de veinticinco años firmado en Teherán, durante la gira por Oriente Medio del ministro de Asuntos Exteriores chino Wang Yi, inyectaría 400 mil millones de dólares de inversiones chinas en Irán, a cambio de suministros petrolíferos baratos, pero los detalles son secretos: «Aunque si el acuerdo no tuviera una repercusión militar inmediata señala Cordesman representa un cambio importante en las actitudes estratégicas y sienta las bases de esta cooperación en el futuro. Como mínimo, proporciona a China un nuevo gran impulso estratégico en la región del Golfo, es decir, un área que controla el 20% de la oferta petrolífera mundial, la más crítica para los importadores asiáticos. Ningún Estado del Golfo, o potencia externa, puede ahora ignorar el creciente papel chino en el Golfo o uurar a Olina SÜI considerar el riesgo que expanda sus vínculos militares con Irán». Ninguna potencia, en otros términos, podría ignorar el desafío del Dragón a la doctrina Carter. 

Viraje en la arteria petrolífera 

El exembajador chino en Irán, Hua Liming del Instituto Chongyang de Pekín, comenta en este sentido el «punto de inflexión en las relaciones de China con Irán y la región». Hua recuerda al South China Morning Post que Pekín siempre ha prestado gran atención a la sensibilidad estadounidense y ha evitado acercarse demasiado a Teherán, después de la instauración de las relaciones oficiales entre Washington y Pekín en 1979: «Desde la administración Carter, Estados Unidos ha recordado a menudo a China que las relaciones con Irán se consideraban un impedimento para las relaciones chino-americanas. Pero los cambios fundamentales en las relaciones entre China y Estados Unidos de los últimos meses, esa era terminó». La entrada de China en el Golfo, como importador neto de petróleo en realidad se remonta a los años Noventa, y es el reflejo en los flujos petrolíferos del despegue imperialista chino que cambiará las relaciones de fuerza radicalmente. 
Según los mapas históricos de British Petroleum, en 1952 más del 70% del petróleo del golfo Pérsico transportado por mar iba a Europa y el 10% a Asia. La Review de 1973, unos años antes de que se formulara la doctrina Carter, delineó otros destinos: el 57% del petróleo árabe iba a Europa Occidental, pero ya el 14% a Japón y el 16% al resto del hemisferio oriental. Por lo tanto, según nuestro análisis, tanto la arteria petrolífera como la garantía americana sobre ella eran pluridimensionales- En 2019 los destinos se invierten: el 11% en Europa y el 78% en Asia. El motor desigual del desarrollo pone a prueba todas las doctrinas. 
China recibe el 24% del petróleo del golfo, India y Japón el 14% cada uno. Tokio compra principalmente petróleo saudí y de los Emiratos, Nueva Delhi sobre todo saudí e iraquí. No obstante, las sanciones, los suministros chinos tendrían tres pilares: Arabia Saudí, Irak e Irán. 

¿Potencial doctrina Carter china?
 
El Financiad Times define el acuerdo chinoiraní una «asociación estratégica de veinticinco años» que «activará las alarmas en la Casa Blanca y el Pentágono». Pero el periódico de la City, ahora de propiedad nipona, va aún más lejos: dice que China había intentado «reducir su dependencia de las rutas estratégicas del golfo y Sudeste Asiático, que la US Navy podía bloquear a su antojo», pero en los últimos años con la Ruta de la Seda.la estrategia china cambiaría. «Con la inversión civil y militar en estructuras y puertos a través de Oriente Medio, Pekín no solo quiere reducir el control americano sobre los suministros energéticos chinos en caso de conflicto, sino que también parece que quiere tener la capacidad de cortar esos suministros a los aliados americanos en Asia, si alguna vez se llega a ese punto». 
Proyectado en el golfo por la búsqueda de garantías sobre su petróleo, el Dragón sería capaz de condicionar el equilibrio asiático, mediante el petróleo, aunque en ausencia de un conflicto. Observamos que el programa de expansión naval chino sitúa esa perspectiva en los próximos quince años, cuando China adquiriría, en el golfo y rutas, un impulso estratégico crucial frente a Asia; pero también sería capaz de ofrecerse como garante o coga­rante de esas mismas rutas. Ninguna potencia, incluida Estados Unidos, podría ignorar tal amenaza tanto como tal oferta, o sea una especie de doctrina Carter china, que refleja la americana. 
En el Global Times, el embajador iraní en China, Mohammad Keshavarz-Zadeh, no desmiente que el acuerdo chinoiraní implique en realidad una cooperación militar para proteger la «paz» regional y la «libertad de navegación y comercio en las aguas tradicionales». Pero las líneas de proyección militar tan explícitas hacia la arteria petrolífera, aunque presentes en China, no parecen ser en este momento el baricentro del debate chino. El mismo Financial Times recoge las reservas de los «altos rangos» chinos según los cuales «esta postura podría desencadenar el conflicto con EE.UU. antes que China pueda vencerlo». 

La abstención de las "alianzas"

Y an Xuetong, rector del Instituto de Relaciones Internacionales de la Tsinghua, reconstruye en Leadership and the rise of great powers (2019) cuatro componentes de la política exterior china. Habría una línea «inactiva», que tiende a evitar los dilemas de la potencia ascendente en la dilación, redimensiona las ambiciones para reducir las tensiones, y llega a negarse a sí misma. Habría sido la linea de Hu Jintao. 
Yan critica también la línea «conservadora» que sigue «la doctrina del determinismo económico», define la economía como fundamento de la potencia y el interés económico como interés nacional primario. «Considerando el dilema ascendente radicado en el confiicto económico con otros Estados, estos conservadores optan por reducir la presión internacional expandiendo las relaciones económicas», lo que puede «reducir temporalmente las tensiones». En cambio, el autor se inclina por la línea «proactiva» que quiere ampliar la fuerza internacional de China haciendo algunas «alianzas», pero no sería predominante entre las corrientes chinas. 
Aunque China es ahora «,ascendente», escribe Yan, «ninguno de sus políticos ha mostrado una voluntad de adoptar la estrategia de las alianzas». Esto se debería a la persistencia del «no alineamiento» chino, un producto del anterior orden bipolar que «demoniza» las alianzas pero que daña hoy «credi­bilidad estratégica» de China. Por el momento, Pekín se abstiene de alianzas que implicarían un «cierto riesgo de guerra» e intensificarían los conflictos «estructurales» con EE.UU. 
En cuanto a una línea «agresiva» de expansión militar, se limitaría a «algunos oficiales militares chinos que están sosteniendo la adopción de la estrategia de expansión militar para con­seguir el renacimiento nacional chino, invocando las guerras agresivas que las potencias occidentales históricamente han conducido como el único enfoque viable». 

La línea de las casi alianzas 

Liu Feng, vicepresidente del Departa­mento de Relaciones Internacionales de la Universidad Nankai de Tianjin, escribe en Política de las alianzas (Beijing, 2018) que «la discusión en China sobre la necesidad o no de formar alianzas es particularmente acalorada». Este autor es indicado por Yan Xuetong entre los académicos que sostienen la variante «proactiva» de las alianzas, pero la suya es más bien un amplio examen de las posiciones chinas. Resumiendo, entre las corrientes políticas que impugnan el «no alineamiento» y aquellas en posicio­nes más avanzadas, hay una una línea intermedia de «casi alianzas o alianzas mórbidas». Formalmente, la «política exterior pacífica» de China se distingue de la «política tradicional de las alianzas» de las viejas potencias, pero en China hay también quien observa que las «alianzas» construidas por Xi Jinping y Wang Yi en estos años « de hecho constituyen algunas alianzas». Conviene prestar atención a estos matices. 
Para Sun Degang, especialista de Oriente Medio en la Fudan de Shanghái, «el acuerdo chino-iraní es una elección estratégica, realizada con una perspectiva global». Sun sostiene que China de­bería formar« alianzas casi selectivas», para enfrentar la actual fase de cambio donde «las fronteras entre enemigos y amigos se esfuman cada vez más». El núcleo de dicha estrategia sería «man­tener la ambigüedad estratégica y una mayor flexibilidad diplomática». 

Abandono del bajo perfil en el Golfo 

Las referencias de Sun Degang en La diplomazia delle quasi alleanze (Bei­jing, 2012) son la «política de equilibrio del poder» de Gran Bretaña, el «complejo sistema de alianzas continentales» de Bismarck y la renuencia del ascendente Estados Unidos a alianzas que lo «habrían atrapado en las infinitas controversias del continente europeo». También este autor reordena las posiciones chinas en cuatro variantes: una asiática centrada en Japón, un «nuevo frente unido» con Brasil, Rusia e India, o la prioridad para las relaciones con EE.UU. Aquí nos interesa la corriente china que considera a los países árabes-islámicos, en conflicto de intereses y valores con Occidente, «los aliados naturales de China». 
Se trataría de ofrecer a las potencias regionales del Golfo unas «casi alianzas» del tipo «relación de cuarenta años entre China y Pakistán», o en todo caso relaciones adaptas a una fase más dinámica de "recombinación" de las relaciones de fuerza multipolares. China, escribe Sun en otra intervención posterior, considera al Golfo un «asset crucial para promover su status de potencia mundial» y desde 2013 ha establecido «partnership estratégicas generales» con Irán, Arabia Saudí y los Emiratos; «partnership estratégicas» con Irak, Kuwait, Omán y Qatar; y una «relación cooperativa estratégica» con Turquía. 
Pekín «ve negativamente las prácticas occidentales de la política de las alianzas, las esferas de infliuencia y las sanciones económicas» e intenta evitar «las competencias directas para el control del Golfo con las potencias establecidas como la UE, Rusia y EE.UU.». Sin embargo, el defensor de las "casi alianzas" admite, «China no cree que pueda mantener su bajo perfil en la región por mucho más tiempo». 
A veces un debate académico anti­cipa posibles líneas políticas, captadas en las relaciones de potencia. Pero un acuerdo de veinticinco años entre China e Irán ya es un hecho: el compromiso estratégico chino en un área en la que hasta ahora se había mostrado reacio a exponerse.

Pensar europeo


Francia presiona a favor de un ejército europeo; andando con pies de plomo también Alemania se mueve en la misma dirección. Berlín, además, querría un Consejo de Seguridad de la Unión, y la posibilidad de tomar las decisiones de política exterior por mayoría. Autonomía estratégica de la UE y sobenmía europea, las banderas ondeando desde París, sin embargo no significan una ruptura con América, sino un pilar europeo dentro de la OTAN. Solo de esta manera una po­lítica exterior y de defensa común puede ser aceptada por los demás Estados de la Unión, superando las sospechas de los polacos pero también los temores de los alemanes, que quieren reequilibrar pero no comprometer la relación atlántica. Sin embargo aún así Washington ha confirmado la histórica intolerancia por los organismos del Viejo Continente; Donald Trump ha añadido únicamente su estilo de demagogo televisivo y de social media, compuesto por desprecios e insultos para captar la atención. 
También para la federación del euro París tiene sus propuestas. Ha obtenido el consenso de Berlín para un presupuesto común, pero no está claro, dicen con malicia los ingleses, hasta qué punto el acuerdo sea una tapadera que oculta el estancamiento sobre capítulos de mayor peso, como el seguroo común sobre los depósitos bancarios. Por su parte, Londres no sabe cómo librarse del berenjenal del Brexit: de hecho, el compromiso con Bruselas mantendría la unión aduanera a tiempo indefinido; no sabemos si el gobierno de Theresa May soportará el revés. 
Durante la evolución convulsa del nuevo ciclo político en Europa existe un hecho cierto: el eje entre Francia y Alemania sigue siendo el dintel del imperialismo europeo, y las oscilaciones internas no parecen haber bloqueado la contrafensiva política renana. Por esto es todavía más arriesgado, en Roma, el chantaje del gobierno Lega Cinco estrellas, que cree poder sumarle a débito los empujes propietarios a la impunidad fiscal para el Norte y la asistencia estatalista para el Sur. Los trabajadores tienen que rechazar la demagogia de su política, un espectáculo permanente estudiado para impedir cualquier reflexión: con sus pequeños Trump de imitación, hoy nos endilgan sus fanfarronadas soberanistas. La clase dominante organiza sus poderes a escala europea. Para combatirla, pensar europeo es indispensable. 
Francia ha llegado al tercer tiempo de la reestructuración europea. El primero fue marcado en 2017 por la reforma del código del trabajo, con medidas dirigidas a ampliar la contratación empresarial, reducir para los empresarios los costes y los vínculos para los despidos, fusionar las diferentes estructuras repre­sentativas empresariales. 

Es posible reconstruir el internacionalismo


PUEDE HACERSE

Los ritmos de crecimiento del ciclo mundial distan mucho de ser insignificantes, pero pese a ello existe una evidente inquietud; se terne una recaída de la economía mundial. En general, preocupa la enorme deuda, incrementada en un 60% con respecto a 2007. Esa inquietud. Además, está alimentada por las posturas proteccionistas y los aranceles de Donald Trurnp y las crisis entre las potencias emergentes, como en Argentina y en Turquía, cuya fragilidad se debe al fortalecimiento del dólar.
Dicho esto, la presión norteamericana sobre China es pesada; Pekín ha devuelto golpe por golpe, pero su potencia está siendo puesta a prueba. La directriz de la Ruta de la Seda empiza a provocar reacciones en Asia; algunos proyectos han sido anulados. Otros revisados, surgen problemas de endeudamiento de los países contratantes difíciles de afrontar. Por ahora la confrontación más grave entre Washington y Pekín se limita a las disputas comerciales, pero nadie ha renunciado a los desfiles armados (buques. aviones. misiles. submarinos) en todo tipo de ejercicios. La CNN ha anunciado un próximo gran ejercicio norteamericana en el Mar de China meridional y en el estrecho de Taiwán, en una escalation que aumenta la tensión en Asia.