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Observatorio de España

España, Marruecos y shock energético

«La escalada de los precios del gas y de la electricidad está provocando que para algunas empresas resulte más rentable frenar la actividad y, por tanto, contener el impacto de las facturas energéticas, antes que satisfacer la demanda de los clientes». Esta es la alarma lanzada por El Economista, que se hace eco de las peticiones de la Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía: a falta de compensaciones y exenciones fiscales, el coste de la energía «va a llevar a un desastre, con quiebras y cierres en la industria», en particular en la siderurgia. 
El shock energético, con sus reflejos en la inflación, que profundizamos en otra parte de este periódico, proyecta una sombra sobre la recuperación de España. La buena campaña de vacunación, con una cobertura de casi el 80% de toda la población, uno de los niveles más altos en la UE junto con Portugal (86% ), propicia un fuerte crecimiento del PIB, un 5, 7% según el FMI, aunque medio punto menos respecto a las estimaciones de abril. 
Su consistencia contribuye a apoyar las perspectivas económicas de España, pero también a alimentar un encendido debate sobre la distribución territorial. tanto de estos recursos como de las partidas de gasto para los servicios.

"Tensiones" eléctricas 

En relación a esto, el socialista Pedro Sánchez, presidente del gobierno, había propuesto a la Comisión UE varias medidas a nivel comunitario, entre las cuales estaba la adquisición conjunta de gas, al igual que para las vacunas. La respuesta negativa por parte de Bruselas devuelve la pelota al campo español, donde el tema suscita tensiones entre gobierno, empresas, administraciones locales y no solo eso. 
De hecho, el Real Decreto Ley aprobado a mediados de octubre, que prevé el impuesto sobre los «beneficios extraordinarios» de las compañías eléctricas, ha suscitado descontentos incluso más allá de las fronteras nacionales. El periódico económico alemán Handelsblatl ha señalado las preocupaciones del grupo lberdrola, que considera en riesgo «la confianza de los inversores en el país, en un momento crítico en que España necesita miles de millones de inversiones privadas para llevar a cabo los proyectos que subyacen a los ambiciosos objetivos climáticos». 
Está demás decir que a estos «Projekte» están vinculados, tanto para Iberdrola como para el gobierno, los fondos europeos del Next Generation EU (NGEU). Efectivamente, el proyecto de la nueva Financiera 2022 prevé niveles de gasto récord, también en virtud de los 40 billones en inversiones, prestando atención sobre todo a transportes e infraestructuras, de los que casi 28 provendrían del fondo muy deseado por Angela Merkel.

"La otra España" 

Aquí está la novedad, tras años de «España ladrana» (Espanya ens roba) elevado por los catalanes, reside en el hecho de que las críticas más duras vienen de la Comunidad Autónoma de Madrid presidida por la popular Isabel Díaz Ayuso que recibiría la mitad de las inversiones destinadas a Barcelona. «Le roban a Madrid» para facilitar el complejo "diálogo" con Cataluña, dice Ayuso, quien no es la única en quejarse. 
Los presidentes de las Comunidades de la «España Vacía», entre los cuales se encuentran tanto socialistas como populares como el gallego Albeno Núñez Feijóo, piden una revisión de la financiación autonómica relativa a los servicios, que resultan más costosos donde la dispersión poblacional es más alta. 
Existe asimismo un grupo que el columnista de El País Teodoro León Gross ha bautizado como «la otra España», que en cambio pide un peso proporcional a la población en valores absolutos. Es el frente promovido por el valenciano Ximo Puig (PSOE) junto con el andaluz Juan Manuel Moreno (PP), representantes de territorios que tienen ricas zonas industriales, en particular en el arco mediterráneo. Una especie de versión ibérica de la Tercera Italia, ampliamente interesada en las inversiones ligadas al NGEU. Para León Cross, «la otra España tendría también el mérito de romper las trincheras de partido y la verticalidad impuestas» por las actuales direcciones del PP y del PSOE.
Así pues, hay que señalar que tanto el PP como el PSOE han elegido valorizar precisamente la otra España, en sentido amplio, respectivamente para la convención y el congreso nacional. 
La convención itinerante del PP ha empezado en Santiago de Compostela, en Galicia, donde el expresidente (2011- 2018) Mariano Rajoy le ha indicado a Pablo Casado un nuevo «camino» centrista para volver a la Moncloa; se ha conclui­do en Valencia, donde el actual líder por el contrario ha hecho mayor hincapié en la competición con Vox. 
Precisamente en Valencia, Sánchez reunió a todo el PSOE en su 40º Congreso, incluido al expresidente (1982-1996) Felipe González, en contraposición al cual había forjado su ascenso a secretario del partido. El abrazo entre los dos sella la reconstrucción iniciada con la profunda reorganización del gobierno en julio, que vuelve a dar más peso, sea en el ejecutivo sea en el PSOE, a las corrientes más tradicionalistas. 

Sudokus difíciles
 
Para cerrar el cuadro autonómico, Navarra y País Vasco (donde están asentadas tanto Iberdrola como una imponante cuota de la siderurgia española) disfrutan de un régimen fiscal foral, esto es, altamente descentralizado. La votación de los vascos en los presupuestos generales va a depender asimismo de las negociaciones sobre la cesión de ulteriores competencias. 
La conclusión del periódico de Barcelona La Vanguardia es muy simple: «Existen sudokus más fáciles de resol­ver». Sin embargo, los potenciales refle­jos del shock energético imponen considerar, tal y como ya observamos, también al «tablero magrebí,, en combinación con el europeo. 
El 31 de octubre vence el contrato del gasoducto Magreb-Europa, importante arteria energética que conecta a Argelia con la península Ibérica, pasando por Marruecos. Argel tranquiliza a los espa­ñoles con respecto a suministros y costes, aunque a la actual interrupción de las relaciones con Rabat se han añadido nuevas tensiones con París. 
En cambio, en Marruecos el parlamento ha votado la confianza al nuevo gobierno, regido por una coalición de tres partidos de los que dos, Rassemblement National des Indépendants (RNI) e Istiqlal (Independencia), son miembros no UE del Partido popular europeo, los únicos en toda África: ocupan ministerios clave, como Economía y Hacienda, Turismo, Pesca y agricultura y Transición energética. 
El gobierno, «compuesto por empresarios, economistas y tecnócratas», subraya Pascal Airault en L 'Opinion, a la hora de elaborar planes de desarrollo ambiciosos tendrá que lidiar con las debilidades del gasto social marroquí, dejadas al descubierto en la crisis pandémica: «Casi el 60% de la población activa no está cubierto por un régimen de jubilación y el 46% no tiene cobertura sanitaria». 
Tampoco hay que olvidar el conflicto latente con el Frente Polisario, que controla la franja Este y Sur del Sáhara occidental, dividida del resto de la región mediante un muro de 2.700 km. La soberanía de estos territorios sigue siendo hoy día el corazón de las rivalidades con Argelia, pero las perspectivas de desarrollo de Marruecos le hacen ganar cada vez más puntos a las posturas de Rabat. 

Rabat "puerta para África"
 
De hecho, un reciente speciareport del Financia Times pm1e de relieve su papel de «puerta para Africa» para Europa y no solo. Hemos visto cómo los Acuerdos de Abrahám entre Donald Trump y el rey Mohammed VI han abierto una brecha en las relaciones entre la UE y el reino alauí. Hakim El Karoui, del lnstitut Montaigne, evidencia también la importancia del «nuevo acercamiento económico con China con la que en los últimos tres años el intercambio ha aumentado un 50%». 
En este sentido, Financia Times celebra la apertura de las nuevas oficinas de la Bolsa de Casablanca en Londres y Dubái, así como la puesta en marcha del proyecto de un cable submarino que debería suministrar al Reino Unido el 8% de su consumo eléctrico anual, conectándose directamente a instalaciones de producción de energía renovable en el Sur de Marruecos. Rabat lleva tiempo apostan­do por este sector, entre otras cosas para disminuir su dependencia de Argelia. 

La puerta marroquí, mediante su sistema financiero, ofrece conexiones también con gran parte de los Estados africanos, tanto en el Norte como en el Sur, con Oriente Medio y con Turquía. A la relativa estabilidad política y a la geografía añade su régimen de bajos salarios, «casi un cuarto de aquellos españoles e infe­riores a aquellos de Europa del Este», y sus infraestructuras como el importante puerto Tánger-Med. La presencia de gru­pos como Renault, que precisamente en Tánger tiene la mayor parte de su producción en el continente, lo certificaría. 
Rabat, banlieue de Europa ascen­dente, y Argel, su contendiente, son ele­mentos de sudokus difíciles que merecen cada vez mayor atención, tanto por parte de España como de la Unión Europea. 

Crónicas de la Ruta de la seda

"Casi alianza" china en el Golfo Pérsico

Según Anthony Cordesman del CSIS de Washington, a finales de marzo China ha realizado un importante golpe estratégico en el Golfo Pérsico. El acuerdo de veinticinco años firmado en Teherán, durante la gira por Oriente Medio del ministro de Asuntos Exteriores chino Wang Yi, inyectaría 400 mil millones de dólares de inversiones chinas en Irán, a cambio de suministros petrolíferos baratos, pero los detalles son secretos: «Aunque si el acuerdo no tuviera una repercusión militar inmediata señala Cordesman representa un cambio importante en las actitudes estratégicas y sienta las bases de esta cooperación en el futuro. Como mínimo, proporciona a China un nuevo gran impulso estratégico en la región del Golfo, es decir, un área que controla el 20% de la oferta petrolífera mundial, la más crítica para los importadores asiáticos. Ningún Estado del Golfo, o potencia externa, puede ahora ignorar el creciente papel chino en el Golfo o uurar a Olina SÜI considerar el riesgo que expanda sus vínculos militares con Irán». Ninguna potencia, en otros términos, podría ignorar el desafío del Dragón a la doctrina Carter. 

Viraje en la arteria petrolífera 

El exembajador chino en Irán, Hua Liming del Instituto Chongyang de Pekín, comenta en este sentido el «punto de inflexión en las relaciones de China con Irán y la región». Hua recuerda al South China Morning Post que Pekín siempre ha prestado gran atención a la sensibilidad estadounidense y ha evitado acercarse demasiado a Teherán, después de la instauración de las relaciones oficiales entre Washington y Pekín en 1979: «Desde la administración Carter, Estados Unidos ha recordado a menudo a China que las relaciones con Irán se consideraban un impedimento para las relaciones chino-americanas. Pero los cambios fundamentales en las relaciones entre China y Estados Unidos de los últimos meses, esa era terminó». La entrada de China en el Golfo, como importador neto de petróleo en realidad se remonta a los años Noventa, y es el reflejo en los flujos petrolíferos del despegue imperialista chino que cambiará las relaciones de fuerza radicalmente. 
Según los mapas históricos de British Petroleum, en 1952 más del 70% del petróleo del golfo Pérsico transportado por mar iba a Europa y el 10% a Asia. La Review de 1973, unos años antes de que se formulara la doctrina Carter, delineó otros destinos: el 57% del petróleo árabe iba a Europa Occidental, pero ya el 14% a Japón y el 16% al resto del hemisferio oriental. Por lo tanto, según nuestro análisis, tanto la arteria petrolífera como la garantía americana sobre ella eran pluridimensionales- En 2019 los destinos se invierten: el 11% en Europa y el 78% en Asia. El motor desigual del desarrollo pone a prueba todas las doctrinas. 
China recibe el 24% del petróleo del golfo, India y Japón el 14% cada uno. Tokio compra principalmente petróleo saudí y de los Emiratos, Nueva Delhi sobre todo saudí e iraquí. No obstante, las sanciones, los suministros chinos tendrían tres pilares: Arabia Saudí, Irak e Irán. 

¿Potencial doctrina Carter china?
 
El Financiad Times define el acuerdo chinoiraní una «asociación estratégica de veinticinco años» que «activará las alarmas en la Casa Blanca y el Pentágono». Pero el periódico de la City, ahora de propiedad nipona, va aún más lejos: dice que China había intentado «reducir su dependencia de las rutas estratégicas del golfo y Sudeste Asiático, que la US Navy podía bloquear a su antojo», pero en los últimos años con la Ruta de la Seda.la estrategia china cambiaría. «Con la inversión civil y militar en estructuras y puertos a través de Oriente Medio, Pekín no solo quiere reducir el control americano sobre los suministros energéticos chinos en caso de conflicto, sino que también parece que quiere tener la capacidad de cortar esos suministros a los aliados americanos en Asia, si alguna vez se llega a ese punto». 
Proyectado en el golfo por la búsqueda de garantías sobre su petróleo, el Dragón sería capaz de condicionar el equilibrio asiático, mediante el petróleo, aunque en ausencia de un conflicto. Observamos que el programa de expansión naval chino sitúa esa perspectiva en los próximos quince años, cuando China adquiriría, en el golfo y rutas, un impulso estratégico crucial frente a Asia; pero también sería capaz de ofrecerse como garante o coga­rante de esas mismas rutas. Ninguna potencia, incluida Estados Unidos, podría ignorar tal amenaza tanto como tal oferta, o sea una especie de doctrina Carter china, que refleja la americana. 
En el Global Times, el embajador iraní en China, Mohammad Keshavarz-Zadeh, no desmiente que el acuerdo chinoiraní implique en realidad una cooperación militar para proteger la «paz» regional y la «libertad de navegación y comercio en las aguas tradicionales». Pero las líneas de proyección militar tan explícitas hacia la arteria petrolífera, aunque presentes en China, no parecen ser en este momento el baricentro del debate chino. El mismo Financial Times recoge las reservas de los «altos rangos» chinos según los cuales «esta postura podría desencadenar el conflicto con EE.UU. antes que China pueda vencerlo». 

La abstención de las "alianzas"

Y an Xuetong, rector del Instituto de Relaciones Internacionales de la Tsinghua, reconstruye en Leadership and the rise of great powers (2019) cuatro componentes de la política exterior china. Habría una línea «inactiva», que tiende a evitar los dilemas de la potencia ascendente en la dilación, redimensiona las ambiciones para reducir las tensiones, y llega a negarse a sí misma. Habría sido la linea de Hu Jintao. 
Yan critica también la línea «conservadora» que sigue «la doctrina del determinismo económico», define la economía como fundamento de la potencia y el interés económico como interés nacional primario. «Considerando el dilema ascendente radicado en el confiicto económico con otros Estados, estos conservadores optan por reducir la presión internacional expandiendo las relaciones económicas», lo que puede «reducir temporalmente las tensiones». En cambio, el autor se inclina por la línea «proactiva» que quiere ampliar la fuerza internacional de China haciendo algunas «alianzas», pero no sería predominante entre las corrientes chinas. 
Aunque China es ahora «,ascendente», escribe Yan, «ninguno de sus políticos ha mostrado una voluntad de adoptar la estrategia de las alianzas». Esto se debería a la persistencia del «no alineamiento» chino, un producto del anterior orden bipolar que «demoniza» las alianzas pero que daña hoy «credi­bilidad estratégica» de China. Por el momento, Pekín se abstiene de alianzas que implicarían un «cierto riesgo de guerra» e intensificarían los conflictos «estructurales» con EE.UU. 
En cuanto a una línea «agresiva» de expansión militar, se limitaría a «algunos oficiales militares chinos que están sosteniendo la adopción de la estrategia de expansión militar para con­seguir el renacimiento nacional chino, invocando las guerras agresivas que las potencias occidentales históricamente han conducido como el único enfoque viable». 

La línea de las casi alianzas 

Liu Feng, vicepresidente del Departa­mento de Relaciones Internacionales de la Universidad Nankai de Tianjin, escribe en Política de las alianzas (Beijing, 2018) que «la discusión en China sobre la necesidad o no de formar alianzas es particularmente acalorada». Este autor es indicado por Yan Xuetong entre los académicos que sostienen la variante «proactiva» de las alianzas, pero la suya es más bien un amplio examen de las posiciones chinas. Resumiendo, entre las corrientes políticas que impugnan el «no alineamiento» y aquellas en posicio­nes más avanzadas, hay una una línea intermedia de «casi alianzas o alianzas mórbidas». Formalmente, la «política exterior pacífica» de China se distingue de la «política tradicional de las alianzas» de las viejas potencias, pero en China hay también quien observa que las «alianzas» construidas por Xi Jinping y Wang Yi en estos años « de hecho constituyen algunas alianzas». Conviene prestar atención a estos matices. 
Para Sun Degang, especialista de Oriente Medio en la Fudan de Shanghái, «el acuerdo chino-iraní es una elección estratégica, realizada con una perspectiva global». Sun sostiene que China de­bería formar« alianzas casi selectivas», para enfrentar la actual fase de cambio donde «las fronteras entre enemigos y amigos se esfuman cada vez más». El núcleo de dicha estrategia sería «man­tener la ambigüedad estratégica y una mayor flexibilidad diplomática». 

Abandono del bajo perfil en el Golfo 

Las referencias de Sun Degang en La diplomazia delle quasi alleanze (Bei­jing, 2012) son la «política de equilibrio del poder» de Gran Bretaña, el «complejo sistema de alianzas continentales» de Bismarck y la renuencia del ascendente Estados Unidos a alianzas que lo «habrían atrapado en las infinitas controversias del continente europeo». También este autor reordena las posiciones chinas en cuatro variantes: una asiática centrada en Japón, un «nuevo frente unido» con Brasil, Rusia e India, o la prioridad para las relaciones con EE.UU. Aquí nos interesa la corriente china que considera a los países árabes-islámicos, en conflicto de intereses y valores con Occidente, «los aliados naturales de China». 
Se trataría de ofrecer a las potencias regionales del Golfo unas «casi alianzas» del tipo «relación de cuarenta años entre China y Pakistán», o en todo caso relaciones adaptas a una fase más dinámica de "recombinación" de las relaciones de fuerza multipolares. China, escribe Sun en otra intervención posterior, considera al Golfo un «asset crucial para promover su status de potencia mundial» y desde 2013 ha establecido «partnership estratégicas generales» con Irán, Arabia Saudí y los Emiratos; «partnership estratégicas» con Irak, Kuwait, Omán y Qatar; y una «relación cooperativa estratégica» con Turquía. 
Pekín «ve negativamente las prácticas occidentales de la política de las alianzas, las esferas de infliuencia y las sanciones económicas» e intenta evitar «las competencias directas para el control del Golfo con las potencias establecidas como la UE, Rusia y EE.UU.». Sin embargo, el defensor de las "casi alianzas" admite, «China no cree que pueda mantener su bajo perfil en la región por mucho más tiempo». 
A veces un debate académico anti­cipa posibles líneas políticas, captadas en las relaciones de potencia. Pero un acuerdo de veinticinco años entre China e Irán ya es un hecho: el compromiso estratégico chino en un área en la que hasta ahora se había mostrado reacio a exponerse.

Situación política en el estado español

Vectores ibéricos de la ruta verde del imperialismo europeo

La Nueva Ruta de la Seda es el gran plan de proyección imperialista de China al que Estados Unidos y la UE ambicionan responder con instrumentos propios, todavía objeto de discusión, asociados a los Recovery plan post pandemia. 
España sigue consumiendo enormes energías alrededor del ombligo de sus propias rencillas internas. El 4 de mayo, en las elecciones regionales en Madrid, la popular Isabel Díaz Ayuso, paladín del "partido del PIB" y de la oposición al gobierno central del socialista Pedro Sánchez, aspira a volver a confirmar su presidencia, pero también a acreditarse como la unificadora de la derecha. Esta batalla, que puede tener consecuencias importantes para la estructura política y territorial, se combate mientras comien­za una cuarta oleada de Covid-19, de la cual ya se han registrado oficialmente 77 mil víctimas, y con el triste récord de Madrid, metrópolis europea con el mayor aumento de mortalidad entre la población de más edad. 
A pesar de una situación interna muy complicada, la cuarta economía de la UE está implicada en la contienda imperialista entre las máximas potencias, y no solo de manera pasiva. 

Plan África 

A finales de marzo, Sánchez presen­tó el "Foco África 2023", un programa de iniciativas para la legislatura actual, enmarcado en el III Plan África lanzado en 2019. 
Sánchez subraya que su ambición es la de «convertir esta década en la década de España en África», concentrándose en inversiones económicas con participación pública y privada, dirigidas sobre todo a las «energías sostenibles», «infraestructuras» y «transformación digital». Raimundo Robredo, director general para África del gobierno y coredactor del documento, precisa que «España no transformará a África, pero puede contribuir a su transformación». El plan incluye también el «desarrollo de la capacidad militar en los países de la costa occidental de África y del Golfo de Guinea y el fortalecimiento de la participación española en las acciones de la UE en el Sahel». 
El documento explica que se trataría de «dirigir la acción de la Unión Europea» y no de Madrid unilateralmente, pero con «mecanismos de coordinación y de defensa de la estrategia y de los intereses españoles en la UE». 
También sobre el terreno económico está previsto el apoyo de «fuentes de financiaciones UE y multilaterales», como el nuevo "Instrumento de vecindad, cooperación al desarrollo y cooperación internacional" introducido en el balance plurianual de la UE (80 mil millones de euros en siete años, 29 de los cuales para el África subsahariana), pero sobre todo el Banco Europeo para las Inversiones (BEi).

Global green deal 

Werner Hoyer, director del BEi,. y Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión, una semana antes del anuncio de Sánchez han lanzado desde la tribuna de Project Syndicate la concreción del Global green deal (Pacto verde global) de la UE. Se tendría que sostener la "descarbonización" de la economía «más allá de las fronteras» de la UE: «desde programas de electrificación verde en África y proyectos de descarbonización industrial en Asia, al desarrollo de las baterías en América Latina», en el cual el BEi se compromete a invertir nada menos que un billón durante la próxima década. 
Y a en enero, preparando esta iniciativa, el catalán Josep Borrell, Alto Representante y Vicepresidente de la Comisión, junto a Hoyer había subrayado que el propósito era evitar que «la creciente demanda energética en África y en algunas zonas de Asia sea satisfecha por nuevas plantas a carbón o gas financiadas por China o por otros actores». A pesar del paripé verde, está clara la intención de competir en la partición de la tarta africana. 
Una Ruta Verde de la UE, por lo tanto, en la cual los grandes grupos españoles compiten entre sí y con los grupos europeos, para ser vectores de esta proyección en África y más allá, para confrontarse no sólo con la Nueva Ruta de la Seda de China. 
El diario de Barcelona La Vanguardia reflexiona sobre el hecho de que España «se va a encontrar con otros actores en el tablero de ajedrez áfrica no: además de Estados Unidos, el Reino Unido o Francia, y la gran irrupción del gigante chino, otros países como Rusia, Brasil, India y Turquía intentan abrirse un camino en África». 

Observatorio de España

Next Genetatión EU Y urnas ibéricas

En julio reflexionábamos sobre los efectos políticos de la respuesta europea a la pandemia secular de Covid-19, in primis el plan de transferencias y préstamos de 750 mil millones de euros denominado Next Generation (Ng-Eu), de los que 140 mil millones están des­tinados para España. Observamos «señales de recolocación política» en las elecciones regionales en Galicia y en el País Vasco. 
Entonces valorarnos que, a pesar de la dureza y la complejidad de la crisis, para Madrid era posible la «prospectiva» de un segundo tiempo del nuevo ciclo político, cuyos puntos de fuga habrían sido el plan de recuperación y las reformas estructurales vinculadas al Ng-Eu y, como en el caso italiano, incluso la plena adhesión política a la agenda de la UE. 
En este sentido, las elecciones para la presidencia de la República de Portugal del 24 de enero, y las regionales de Cataluña del 14 de febrero, incorporan dos test para medir los reflejos políticos de la primera fase de la crisis pandémica en el Sur de Europa, y de su gestión por parte de los gobiernos.

Presidenciales en Portugal

Portugal, con 10,3 millones de habitantes y un PIB comparable al de una gran región española como Madrid o Cataluña, ha asumido a partir del 1 de enero la presidencia rotativa del Consejo UE. En Lisboa, el presidente de la República es un cargo que goza de amplias prerrogativas, incluida la de decretar el "estado de emergencia", como en el caso de la crisis pandémica; su elección es por voto directo con posibilidad de segunda vuelta. 
El presidente de centroderecha Marcelo Rebelo de Sousa, del partido Social Demócrata (PSD), ha sido confirmado en la primera vuelta con el 60% de los votos, cien mil más que en 2016. Esto se atribuye, más que a la personalidad y al carisma del presidente, al que todos simplemente llaman "Marcelo", también a su acuerdo con el jefe del gobierno António Costa, del Partido Socialista (PS), y a la buena relación de éste con el PSD, que también es el principal partido de oposición en el parlamento. La colaboración del denominado Bloca Central, en el desafío generado por el coronavirus, es destacada en comparación con los meses de trágicas puestas en escena en Madrid. 
En la campaña electoral el PS incluso ha apoyado la candidatura de Rebelo de Sousa, hasta el punto que la antigua eurodiputada Ana Comes ha recurrido al apoyo de dos partidos de la izquierda ecologista, permaneciendo como segunda con apenas el 13% de los votos válidos. 
La elección de costa confirma el cambio de signo de su gobierno; en 2019, dando un giro centrista, ha abandonado los viejos socios externos, el Bloca de Esquerda (equivalente de Podemos) y el PC portugués, es decir, la coalición de la Geringonca, cuya traducción se aproximaría a "artilugio", con el que había estado pedaleando durante toda la legislatura anterior. 

¡Llega Chega! 

Sin embargo, también en virtud de sus dimensiones reducidas, Portugal ha gozado de mayor estabilidad política respecto a España, al no registrar empujes centrífugos comparables a los encarnados por el independentismo catalán o por el leghismo del Norte de Italia. Pero los estratos que se consideran 
"perdedores de la globalización", golpeados por una segunda crisis en diez años, también han vuelto a expresar su jacquerie en las urnas, con el nuevo protagonismo del partido de extrema derecha Chega!. Al obtener el tercer puesto con medio millón de votos, el 12% de los expresados, pone fin a la «excepción portuguesa». 
Chega significa "basta" y también "llega", como el término genovés cega con el que comparte el origen del latín plicare, en referencia al gesto de plegar las velas cuando termina el trabajo de los marineros. El partido homónimo nace como movimiento dentro del PSD, con una génesis muy similar a la de Vox en España, a la que se unen los tonos marcadamente racistas y xenófobos, pero no solo eso. 
Su líder André Ventura (Algueirao, región de Lisboa, 1983) ha considerado como «histórico» el resultado porque «reconfigura la derecha en Portugal». En la Voz de Galicia el escritor Miguel-Anxo Murado recuerda que Lisboa, antes de la aparición de Chega!, «ni siquiera tenía una derecha debido a la cultura política heredada de la revolución de los claveles de 1974». En aquel momento la transición a la democracia, desencadenada por la crisis de las guerras de descolonización de Angola y Mozambique, y por la urgente necesidad de adaptarse al vínculo europeo, asoció el término «derecha» a la anterior dictadura (1926-1974) comenzada con António de Oliveira Salazar (Vimieiro, 1889 - Lisboa, 1970). De hecho «el Partido Social Democrata que ha ganado las presidenciales en realidad es de centroderecha, mientras que el Centro Democrático Social que apoyaba igualmente la candidatura de Rebelo de Sousa es, a pesar del nombre, un partido conservador de derechas». 
Es muy pronto para valorar cómo incidirá el nuevo actor en la política lusa, pero Ventura ya en 2019, entró en parlamento como único representante del partido que se define «antisistema», detrás de las cámaras aseguró a El País que no habrá un «Portugalexit» y de estar más bien «a favor de una Europa fuerte y un ejercito común europeo muy fuerte». Una posición probablemente reforzada por la prospectiva de Lisboa de recibir 26 millones del Ng-Eu, más del 12% de su PIB, y en proporciones similares a los fondos asignados a Madrid. 

El ombligo catalán 

Por el contrario, no solo el prolonga­do «clima de notable estabilidad por­tugués», como lo define El País, hace resaltar los desequilibrios españoles, sino que también la recomposición de la crisis romana vuelve a encender la atención europea sobre Madrid, mientras que el calendario electoral la lleva de nuevo a observar a su ombligo catalán, en el que desde hace diez años acumula los peores escombros políticos de sus crisis. 
Esta vez el Partido Socialista de Catalunya, la federación local del PSOE, ha quedado el primero, presentando como candidato al ministro de Sanidad, el católico Salvador llla. El «ministro tranquilo» ha ganado esencialmente el plebiscito sobre la gestión de la crisis sanitaria: el suyo es el único gran partido que gana votos respecto a 2017. 
Por otra parte, Los Comunes (EPC­PEC), la marca local de Podemos, aunque mantiene sus 8 escaños, pierde el 40% de los votos. 
De la misma forma la línea del PP de Pablo Casado mantener alta la tensión con el gobierno para competir con la extrema derecha de Vox es castigada y, también debido a los escándalos de corrupción acumulados, tampoco consigue aprovechar el espectacular colapso de Ciudadanos (Cs). Vox pone fin a la «excepción catalana», convirtiendo se en líder local de la derecha española; sin embargo, ésta en su conjunto se ve fuertemente reducida. 
Finalmente, los independentistas, a pesar de las escisiones y divisiones internas, celebran la "victoria" de su bloque: en su conjunto pierden un tercio de votos, pero ganan 4 escaños. Superan el umbral del 50% de los sufragios, pero, tal y como sostiene el director adjunto de La Vanguardia Enrie Juliana, solo sumando el «independentismo light» de los restos del PDECat. Su peso sobre el electorado sin embargo desciende del 37 al 27%: entre separatistas y unionistas, gran parte ha preferido la abstención, que se ha redoblado (48%). Queda por desenredar el nudo de la composición del nuevo Govern y del efecto que tendrá sobre Madrid. Esquerra Republicana (ERC), que ha ganado la batalla interna en el bloque independentista, a comienzos de campaña se ha desvinculado de la geometría variable de Pedro Sánchez, votando sobre la governance de los fondos Ng-Eu, junto a JxCat (derecha catalana), PP y Cs. Una ley que ha pasado con el Sí de los vascos de Bildu y la benévola abstención de Vox. 
Aunque el 9 de febrero en el Europarlamento, lejos del teatro de la campaña electoral, se realineaban casi todos sobre el Sí, a excepción de Vox y Bildu que se abstenían. Fuera de la tragicomedia nacional en España, los actores políticos ibéricos en presencia de los fondos Ng-Eu se ven empujados al realismo. 

Eurosolubles

Antes de que llegaran las bolsitas y cápsulas monodosis, había un polvo liofilizado soluble al instante, que por sí solo no es comparable a un auténtico café espresso. Ahora bien, hace tiempo que seguimos las peripecias de los soberanistas y populistas con la idea de que su futuro político dependiera de mostrarse eurosolubles. Haciendo referencia a los rasgos securitarios, xenófobos y hostiles hacia los inmigrantes, que se han convertido en moneda corriente en el debate europeo, hemos escrito que la "Europa que protege" podía haber utilizado el gruñido antiinmigrantes de los soberanistas, sujetándolos con la correa del consenso estratégico europeísta. 
Dicho y hecho. Tanto en Italia, como en Francia y en otros países europeos, ese fenómeno está en pleno desarrollo. En Italia el partido Cinque Stelle ya había emprendido su camino de conversión hace un año y medio, encargados nada menos que de la guía de la diplomacia italiana. La Lega incluso se volvió europeísta en una noche. En Francia una operación similar se apodera del Rassemblement National de Marine Le Peo: cambia la relación con Europa, ya no se habla de Frexit, y el euro se ha convertido en una moneda que protege. Por supuesto, es una señal de los tiempos: el soberanismo navega en malas condiciones, la pandemia secular no es cosa de aventureros y aficionados, y Donald Trump, el soberanista al mando en la Casa Blanca, se ha marchado de forma trágica y grotesca. Pero, sobre todo, es la señal del dinero de Europa con su plan de relanzamiento, al que nadie quiere renunciar. 
Draghi, Macron, Merkel, junto con los demás líderes del Viejo Continente, serán los intérpretes de más alto nivel de las directrices estratégicas de la UE, con la tarea de dirigir una reestructuración europea que marcará la próxima década. Será una batalla larga y un desafío temible para una oposición de clase. El enemigo está en nuestra casa: disfrazado de Europa que protege, el imperialismo europeo prepara nuevos conflictos en la contienda mundial y nuevas guerras. Con mayor razón no hay motivo para tragarse la bazofia de su transformación integral e instantánea. Hay otra política, la política comunista, hecha de seriedad, de conocimiento y de pasión por la lucha. Oposición proletaria al imperialismo europeo. 


La puesta en marcha del gobierno de Draghi ha reanimado a cúpulas sindicales, ansiosas de ser «implicadas» por el «gobierno de todos», especialmente en la era del Recovery fund. Es «concertación» la palabra a la que se hace referencia con más frecuencia en los comentarios sindicales. Lo es de modo explícito por parte de la CISL de Annarnaria Furlan, que pide «un gran acuerdo concertado» (II Messaggero, 8 de febrero). Pierpaolo Bornbardieri, secretario de la UIL, añade que «la concertación debe convertirse en un método para ayudar al país a recomen­zar», y también Maurizio Landini, de la CGIL, ve la «novedad» en el hecho de que «los interlocutores sociales se han involucrado en la fase de institución del nuevo gobierno» ("Conquiste del lavoro", 11 de febrero).

Dos etapas de la política imperialista europea 

En ese sentido, se desperdician las referencias al gobierno Ciarnpi de 1993, olvidando que esta «concertación» sirvió para contener el coste de la mano de obra. En cambio, viene negada cualquier similitud con el gobierno Monti, nacido en 2011 después de que Mario Draghi, corno presidente entrante del BCE, envió junto con el saliente JeanClaude Trichet la "carta secreta" al gobierno Berlusconi, solicitando intervenciones sobre las pensiones, el empleo público y reformas en la contratación y el mercado laboral: en definitiva, la «cura alemana» pagada por los trabajadores. 
No hay duda de que hoy nos encontrarnos en un segundo tiempo de la política imperialista europea, el del relanzarniento postpandernia. Pero es superficial pensar que la función de Draghi es simplemente gastar cientos de miles de millones. No se debe pasar por alto que este río de dinero fluye por el cauce de la reestructuración europea, y se da con la condición de reformas estructurales, incluida la transición energética, con miras a elevar la productividad del sistema en general y de las empresas en particular. 
También en el sindicato, todo esto impone un salto: si la reestructuración es europea, si el gobierno de Draghi es "europeo", es en ese nivel donde se debe jugar la partida. «Levantar la mirada», corno invoca Landini, requiere estudio, visión y organización de un verdadero sindicato europeo. 

Desempleo y falta de contratación 

En el frente laboral, la primera fecha límite del nuevo gobierno es el 31 de marzo con el fin de la congelación de los despidos y los ERTE por la Covid. La demanda sindical es de prórroga hasta el final de la emergencia. Desde la patronal, en cambio, ya llegó la petición de su presidente Carla Bonorni de levantar el bloqueo a los des­pidos y prolongar el CIG-Covid solo a empresas en grave dificultad, eliminando las limitaciones para las demás ("La Starnpa", 4 de febrero).
En caso de eliminar el bloqueo, sin embargo, muchos esperan cientos de miles de nuevos desempleados, los que se sumarían a los 444.000 puestos de trabajo perdidos en 2020, según cálculos del ISTAT. Hay también otro dato a tener en cuenta. El boletín trimestral de Unioncamere y ANP AL prevé una reducción de las contrataciones en casi un cuarto con respecto a hace un año, con un pico del 4 7% en los sectores de alojamiento y restauración: a los despidos hay que añadir, por tanto, la falta de contratación. Con una paradoja, pero no nueva: un tercio de las contrataciones previstas en el período son difíciles de realizar por falta de mano de obra, sobre todo en lo que respecta a técnicos y titulados, pero también de trabajadores del sector metalcánico ( fundidores, soldadores, fabricantes de herramientas, etc.). Pero la idea de que un camarero despedido pueda de repente convertirse en soldador deja a algunos perplejos. 

El convenio de los metalúrgicos 

Mientras tanto, en febrero se llegó a un acuerdo para la renovación del convenio de los metalúrgicos. La cifra del aumento salarial obtenido (112 euros mensuales en el 5° nivel) se encuentra a medio camino entre la demanda sindical (alrededor de 150 euros) y la oferta patronal de 65 euros. Pero en la cuenta hay que considerar que tal aumento, dividido en cuatro tranche, entrará en vigor en junio de 2024, cuatro años y medio después de la expiración del convenio anterior ( diciembre de 2019). Ciertamente se trata de un aumento salarial superior al arrancado en el acuerdo de 2016 cuando, también debido a una precipitada elección sindical, se limitó solo a la recuperación de la inflación. Pero sobre las ganancias reales hay una cláusula: salvo acuerdos específicos, el aumento absorbe los "super mínimos", una partida de los salarios a nivel empresarial o individual particularmente extendida en los estratos administrativos y técnicos, que pueden así encontrarse con un aumento inferior o incluso nulo. 
Dicho esto, es extraño escuchar de los líderes sindicales himnos al «resultado extraordinario»: así se han expresado Francesca Re David de FIOM-CGIL como Roberto Benaglia de FIM-CISL. Quizás es una reacción al sorteado peligro de una no renovación. Sin embargo, no parece el caso ni de exaltarse ni de condenarse: se trata más bien de tomar nota de un acuerdo determinado por la situación no ciertamente favorable para nuestra clase, una base sobre la que asentarse para dar pasos futuros hacia adelante.

Estratos salariales profundos en la Europa opulenta 

En el abanico de estratificaciones de clase no podemos olvidar los estratos profundos, los que más han pagado y están pagando por la crisis inducida por la pandemia. Incluso en la patria de la economía social de mercado, Alemania, terminan siendo abandonados. La denuncia proviene del semanario Die Zeit del 28 de enero. Muchos han perdido sus minijobs. No solo eso: si bien es cierto que la inflación se ha estancado en el 0,5%, los precios de los productos de primera necesidad han subido un 2,4% en 2020, afectando justamente a las rentas más bajas. Es más: el cierre de las escuelas y jardines de infancia ha provocado la falta de alimentación gratuita para los niños. Moraleja: «los pobres se han vuelto aún más pobres». «Muchos han sido ayudados (Kurzarbeiter, empresas, autónomos, estudiantes, familias), pero no los más pobres». 
Un estudio del Instituto de Ciencias Económicas y Sociales WSI, cercano a los sindicatos, calculó que en Alemania, frente a una pérdida media del 32% en los salarios provocada por la crisis, los tienen unos ingresos inferiores a 1.500 euros mensuales han perdido un 40%: «quien tenía menos ha perdido relativamente más» (Han delsblatt, 20 de noviembre de 2020). 
El fenómeno de los working poor, es decir, los asalariados con ingresos inferiores al 60% de la media, está en el centro de un análisis del sindicato europeo CES, basado en datos de Eu­rostat: en la UE casi uno de cada diez trabajadores (9,4%) entra en esta categoría y su número ha crecido en un 12% en el año de la pandemia. Se trata a menudo de jóvenes con trabajos temporales o de media jornada e inmigrantes. 

El círculo obrero en las estratificaciones salariales 

Otro estudio de la Comisión Euro­pea, de abril de 2020, estima que los inmigrantes son precisamente el 13% de los llamados trabajadores «esenciales»; y en algunos sectores son literalmente «esenciales para cubrir roles vitales». Son más de un tercio en limpieza, más de un cuarto en construcción, un quinto en cuidado de personas y en la industria alimentaria, un sexto entre conductores. El documento europeo señala que «entre los inmigrantes, los trabajadores poco cualificados están sobrerre presentados en una serie de ocupaciones clave, vitales en la lucha contra la Covid-19, mientras que su valor es a menudo pasado por alto». 
Es a todo este amplio espectro de estratificaciones salariales, desde el metalúrgico al joven dependiente de los servicios hasta el inmigrante, hacia donde se dirige la actividad de los círculos obreros, para defender las condiciones de trabajo y de vida y para unir a la clase en la estrategia de la lucha por el comunismo. 

El europeísmo pasivo en Madrid


Bruselas observa con tanto respeto como frustración la incapacidad de España para superar una crisis política que agita al país desde hace más de un lustro y ha golpeado la credibilidad de España en unas instituciones comunitarias que contaban con la cuarta economía de la zona euro». Lo escribía en septiembre Bernardo de Miguel, corresponsal de El País en Bruselas. 
La investidura de la Comisión Van der Leyen, en la cual el socialista Pedro 
Sánchez ha tomado parte, ha incluido el nombramiento del catalán Josep Borrell (Pobla de Segura, 1947) que ha asumido el cargo de Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, además de una de las vicepresidencias. Celebrando este hecho, la Vanguardia augura que el «deseo de relánzar la UE» llegue a coincidir «con el final dé la transitoriedad gubernamental en España, que no debería perder el tiempo para aprovechar su cuota de liderazgo».

Españoles en Bruselas

Además de Borrell, otras personali­dades del partido europeo español están presentes en las instituciones europeas: Luis de Guindos (Madrid, 1960), ex Ministro de Economía con Mariano Rajoy, en la actualidad vicepresidente del BCE; el asturiano José Manuel Campa Femández (Oviedo, 1964), ex Secretario de Estado de Economía con Zapatero, desde mayo presidente de la Autoridad Bancaria Europea; la vasca lratxe García Pérez (Baracaldo, 1974), jefa del grupo de los socialistas europeos en el Parlamento Europeo. 
Hay más. España recientemente ha puesto a disposición Madrid para la cumbre sobre el clima de la ONU, la COP25. Si bien ha sido un «fracaso» en sus conclusiones, muchos han destacado el éxito organizativo y mediático de la capital. Un escaparate del que se ha aprovechado también la presidenta de la Comisión Von der Leyen, para anunciar la ley de transición climática y el nuevo Green Deal. 
Todo esto no despeja por completo las dudas sobre el europeísmo pasivo de Madrid.
Cabe señalar que el interés español por el "Pacto Verde", el Green Deal, tiene mucho que ver con el Fondo de Transición Justa que en las palabras de Frans Timmermans, en una entrevista con El País, «debe ser una expresión de la solidaridad europea». Timmermans intenta asegurar a aquellas regiones más expuestas a la reestructuración verde: «¿Medidas drásticas, como prohibir el uso de coches diésel? Hay que ser realistas. Tendríamos una revuelta de los chalecos amarillos».   

Elecciones Generales 2019 España



SOMERO ANÁLISIS DEL 28 A

Todo se mueve, pero nada cambia. En estas elecciones estamos asistiendo al desarrollo de una política que tiene un nítido nexo con las directrices emanadas desde Bruselas. El pragmatismo invade todo y tiene un claro apoyo en las direcciones de organizaciones políticas y sindicales.

Después de estas elecciones, deberemos preguntarnos ¿Se aflojara la presión para la disciplina sobre el déficit y sobre la deuda, sobre la flexibilidad de los salarios y del mercado de trabajo, sobre la fiscalidad, sobre la normativa laboral, sobre la privatización de los servicios sociales, sobre las pensiones, sobre la concentración de los bancos, y sobre todo, las reformas que se tienen que implantar para la lucha por la competitividad?. No habrá concesiones: quizás, alguna migaja circunstancial. La reestructuración europea no se reduce en un tira y afloja sobre algunos decimales entre la comisión de Bruselas y los gobiernos nacionales de la UE. Es una decisión impuesta por la contienda mundial en el reparto global del mercado. Esto, puede durar varios años y será una gruesa cadena de tensiones, de crisis y conflictos jamás vistos ya que el cambio que pretenden es gigantesco.

Todo se mueve, pero nada cambia, en esta línea: continua un parlamento fraccionado y los acuerdos se harán complicados, mucho más todavía para que nos llegue algo sustancial a nuestra clase.

Amplia confirmación de los apoyos generalizados a Pedro Sánchez desde Bruselas, de esto se desprende que la UE y sus grandes grupos, no ven aquí y ahora una derecha reaccionaria. No es bueno para los negocios.

Posiblemente el PP está pagando la corrupción y no separarse políticamente de VOX, evidentemente también ha incidido la crispación y la falta de liderazgo dentro de esta organización.

Se observa una cierta alquimia para crear un gobierno con mayoría, un gobierno fuerte que no le tiemble la mano cuando aplique las reformas anunciadas, aquí un aviso a navegantes. Ojo con los terrenos políticos que se ocupan, ya que estos pueden propiciar una fagotización del que ocupa dichos terrenos. (Podemos)

Lo de VOX ni treinta segundos pierdo. Es un gran inconveniente para la gran burguesía (grandes grupos de la UE). Seguro, que ellos están pensando en buscar una solución.

Con o sin derrota del bipartidismo, lo inadecuado de la fragmentación del parlamento, que ya lo estaba, y lo que pueda surgir después de estas elecciones televisivas. No veo, ni preveo ningún cambio sustancial para los intereses de nuestra clase. Si observo tras la niebla de las ilusiones, una continuidad en las políticas de ajuste. Ante está situación:

    Una lucha de defensa es posible y necesaria.
    Articular una orientación unitaria de clase es imprescindible.
    Recomponer nuestras fuerzas es prioritario.

T. M.

Crónicas del nuevo ciclo político en Europa


En Francia, la relación con Estados Unidos y, en general, la proyección de potencia se basan en la tradición gaullista. El general Charles de Gaulle no pone en duda la alianza con Washington, pero reclama la autonomía de París, también sancionada sobre el plano de la disuasión nuclear. Respecto a Europa, a pesar del acento en las naciones, De Gaulle elige el anclaje renano con respecto al imperio colonial francés: a la independencia de Argelia en 1962 le sigue, al año siguiente, el Tratado del Eliseo. Francois Mitterrand confirma y refuerza la dirección estratégica europea,en particular con la alineación renana de 1983 y luego en la relación con Helmut Kohl, el canciller de la reunificación alemana. Hoy, Emmanuel Macron reclama una filiación de esa tradición, declinada en la forma de un gaullismo europeo y en el concepto de «soberanía europea». 
Gran Bretaña ha contado históricamente con una relación especia! con Washington, pero ahora ve minados los dos pilares principales de su política exterior: el nexo atlántico es un cierto frenteal unilateralismo estadounidense, y la relación con Europa es puesta en cuestión por el Brexit, una salida de la UE que se está revelando desgarradora y contraproducente. 
En las colisiones globales, la capacidad de Europa de desempeñar un papel en la contienda está vinculada a su grado de cohesión interna. El déficit de centralización europea, legado histórico de la afirmación secular de los Estados nacionales, es un obstáculo para la proyección de potencia y abre las puertas a las crisis e interferencias externas. La adaptación a la nueva escala de la contienda ha impuesto un proceso atormentado de ruptura y cesión de la soberanía, particularmente sufrida en Estados como Francia o Gran Bretaña porque reclaman tradiciones nacionales ininterrumpidas de la Edad Media y un pasado imperial, con los mitos de la grandeza universalista y de la libertad insular.


Pensar europeo


Francia presiona a favor de un ejército europeo; andando con pies de plomo también Alemania se mueve en la misma dirección. Berlín, además, querría un Consejo de Seguridad de la Unión, y la posibilidad de tomar las decisiones de política exterior por mayoría. Autonomía estratégica de la UE y sobenmía europea, las banderas ondeando desde París, sin embargo no significan una ruptura con América, sino un pilar europeo dentro de la OTAN. Solo de esta manera una po­lítica exterior y de defensa común puede ser aceptada por los demás Estados de la Unión, superando las sospechas de los polacos pero también los temores de los alemanes, que quieren reequilibrar pero no comprometer la relación atlántica. Sin embargo aún así Washington ha confirmado la histórica intolerancia por los organismos del Viejo Continente; Donald Trump ha añadido únicamente su estilo de demagogo televisivo y de social media, compuesto por desprecios e insultos para captar la atención. 
También para la federación del euro París tiene sus propuestas. Ha obtenido el consenso de Berlín para un presupuesto común, pero no está claro, dicen con malicia los ingleses, hasta qué punto el acuerdo sea una tapadera que oculta el estancamiento sobre capítulos de mayor peso, como el seguroo común sobre los depósitos bancarios. Por su parte, Londres no sabe cómo librarse del berenjenal del Brexit: de hecho, el compromiso con Bruselas mantendría la unión aduanera a tiempo indefinido; no sabemos si el gobierno de Theresa May soportará el revés. 
Durante la evolución convulsa del nuevo ciclo político en Europa existe un hecho cierto: el eje entre Francia y Alemania sigue siendo el dintel del imperialismo europeo, y las oscilaciones internas no parecen haber bloqueado la contrafensiva política renana. Por esto es todavía más arriesgado, en Roma, el chantaje del gobierno Lega Cinco estrellas, que cree poder sumarle a débito los empujes propietarios a la impunidad fiscal para el Norte y la asistencia estatalista para el Sur. Los trabajadores tienen que rechazar la demagogia de su política, un espectáculo permanente estudiado para impedir cualquier reflexión: con sus pequeños Trump de imitación, hoy nos endilgan sus fanfarronadas soberanistas. La clase dominante organiza sus poderes a escala europea. Para combatirla, pensar europeo es indispensable. 
Francia ha llegado al tercer tiempo de la reestructuración europea. El primero fue marcado en 2017 por la reforma del código del trabajo, con medidas dirigidas a ampliar la contratación empresarial, reducir para los empresarios los costes y los vínculos para los despidos, fusionar las diferentes estructuras repre­sentativas empresariales. 

La UE y el eje renano en la nueva fase estratégica

«Los tiempos en los que podíamos depender completamente de otros, hasta cierto punto han terminado. Es mi experiencia de estos últimos días. Nosotros, los europeos, debemos tomar el destino en nuestras manos». 
Hay frases destinadas a resumir el signo de un período, y tal vez será así para el discurso de Angela Merkel en Múnich el 28 de mayo, en la «carpa de la cerveza» de una iniciativa electoral de la CSU. Otras palabras han precisado su significado: esto debería ocurrir «en amistad» con los Estados Unidos y Gran Bretaña, y «como buenos vecinos» con los demás, incluida Rusia; la relación atlántica continúa siendo crucial. Pero aquel que se ponga «anteojeras nacionales», y no espere al mundo, está condenado a quedarse «al margen». 
Es la línea de la «reciprocidad transatlántica», en el pasado enunciada por Wolfgang Schauble, y es la prospectiva que ya hace veinte años veíamos como «transformación de las relaciones atlánticas». No una ruptura entre Europa y América sino una relación redefinida sobre bases paritarias, donde la UE vería tutelada desde la autonomía estratégica sus intereses específicos de potencia.