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Los Leopard y la rana

Parece que una rana está intentando escapar del agua hirviendo, aunque metida en un cazo calentado poco a poco su instinto de autodefensa la lleva a quedarse en el fondo, terminando cocida. Precisamente la rana hervida. Sería la táctica de quienes en la OTAN quieren elevar poco a poco el nivel del aprovisionamiento bélico a Kiev, calculando que Moscú tiene pocas posibilidades de reaccionar. La disputa sobre los Leopard 2 está anclada aquí. Ha crecido la presión sobre Alemania para que enviase esos tanques a Ucrania; Berlín se ha resistido, poniéndole a Washington la condición de que los EE.UU. hicieran lo mismo con sus tanques Abrams, y lo ha conseguido. No es sólo la renuencia por el peso de la historia, cuando durante la Segunda Guerra Mundial los pánzer alemanes surcaron aquellas llanuras contra la URSS, en la Operación Barbarroja. ¿Quién dice que Moscú no pase a considerar a Alemania y los otros que colaborarán (se anuncian Francia, Polonia, Gran Bretaña, los países bálticos, Finlandia, España, Holanda) como co-beligerantes con Kiev? Berlín quiere la garantía de que la seguridad de Europa sea indivisible con la implicación de los Estados Unidos. Hace cuarenta años la batalla de los euromisiles fue parecida; no obstante, hoy hay una guerra abierta, Moscú piensa que están cuestionados sus intereses vitales y es arduo pensar que se pueda obligar a negociar. Si se comprende el juego del imperialismo americano contra el imperialismo ruso, donde muchos habrían querido empujar solamente a Europa en primera línea, impacta el coro del intervencionismo entre los partidos y en las televisiones del Viejo Continente. Ahora mismo los Leopard 2 son un tema de los talk show, casi como si no hubiera una danza cada vez más cercana al borde del abismo, desafiando como un bluff la propia amenaza nuclear rusa. En el abanico de fuerzas del imperialismo europeo en déficit de centralización, no sólo pesa la intrusión americana o la arraigada aversión a Rusia de la Europa del Este; el hecho es que muchos olfatean la oportunidad para el rearme, comenzando por las propias Berlín y París. 

Al mismo tiempo, mientras se preparan nuevas ofensivas en primavera, el conflicto se ha congelado en una parálisis con condiciones horribles: las ciudades bombardeadas por misiles y atenazadas por el frío y los cortes de electricidad; los reclutas rusos mandados a la masacre para completar la conquista del Donbás.  

Más que nunca, una estrategia comunista e internacionalista es la única vía: oposición revolucionaria a todos los imperialismos y a todos los nacionalismos; unidad del proletariado ucraniano y ruso, y de todos los países. 


Círculos Internacionalistas de Zaragoza

El rearme europeo incentivado por la guerra de ucrania

Las divisiones dentro de Europa, acentuadas durante el cuarto mes de la guerra en Ucrania, recuerdan las que se habían manifestado en 2003 entre los países de la Europa oriental, báltica y nórdica, favorable a la guerra en lrak y una Europa agrupada alrededor del eje franco-alemán que se oponía a dicho conflicto bélico. Esta división acabó por congelar los planes de defensa europeos en las dos décadas siguientes. 
Le Monde habla de una «inconfesa­ble euforia» de una parte de la Administración estadounidense que sueña con un «debilitamiento duradero de Rusia» (10 de mayo); al mismo tiempo, en la prensa flota en el aire la sospecha de que esta euforia esté motivada también por el sueño de dividir a Europa y de que se vuelva a producir el escenario de 2003. El eje franco alemán querría evitarlo y, al parecer, intenta utilizar la dinámica impulsada por el regreso de la guerra en Europa para dar pasos adelante en el rearme europeo y en la centraliza­ción institucional. Sin embargo, dada la amplitud de este rearme, con respecto a 2003 la iniciativa renana esta vez podría encontrar mayores dificultades para pre­sentarse como una oposición pacífica. 

Divisiones europeas

En una entrevista en el New York Ti­mes del 18 de mayo, Kaja Kallas, presi­denta de Estonia, declaró que «la paz no puede ser el objetivo final» de la guerra en Ucrania, refiriéndose al sufrimiento padecido por su país tras el final de la Segunda Guerra Mundial. «No veo otra solución sino una viccoria militar que podría poner fin a todo esto de una vez por codas»; de lo contrario «habrá una pausa de uno o dos años, luego codo se­guirá como anees». Por su parte, en la Bild del 9 de junio, el presidente polaco Andrzej Duda acusaba a Emmanuel Macron y a Olaf Scholz de condescendencia con Vladimir Putin, al seguir en contacto con el presidente ruso. Duda invitaba a no tener miedo del «chantaje» nuclear ruso: «El potencial nuclear de la OTAN y del mundo destrozaría a Rusia. Es un peligro para el mundo, aunque también Putin y Rusia lo saben». La historia centenaria de los respectivos paises (Estonia y Polonia), que fueron objeto de reparto entre las potencias, junto con su experiencia personal y familiar de lucha con­tra Rusia,. se ve reflejada en las declaraciones de los dos líderes. 
En cambio, el 4 de junio, en una en­trevista para la prensa regional francesa, Macron declaró: «No hay que humillar a Rusia, para que el día en que se acaben los combates se pueda construir una vía de escape mediante los canales diplo­máticos». Por su lado, Scholz es mucho más esquivo, y describe así en el Bun­destag el objetivo de la guerra en Ucra­nia: «Rusia no puede ganar, Ucrania debe seguir existiendo» (19 de mayo). El cancillerse defiende de las criticas segun las cuales estaria retrasando las entregas de armas a Ucrania, diciendo que Alemania hace tantos esfuerzos como sus aliados y que se debe evitar que la OTAN se vuelva cobeligerante. Pero sus argumentos no convencen del todo a los detractores. 

El debate alemán 

Die Zeit le reprocha al canciller una falta de claridad que alimenta la sospe­cha de que Alemania no esté ayudando bastante a Ucrania, en el intento de em­pujar a Kiev a que acepte concesiones a cambio de ·un rápido alto el fuego. «No tiene que decir necesariamente que Ucrania debe ganar, aunque debería decir claramente lo que quiere» (2 de junio). Der Spiegel lamenta: «La ruptu­ra en la política exterior -anunciada por Scholz el 27 de febrero durante su famo­so discurso sobre el Zeitenwende (cam­bio de época)-no ha tenido consecuen­cias hasta ahora». El periódico semanal reconoce que, «cuando Alemania, el gi­gante en medio de Europa, se mueve, las ventanas de codo el continente se echan a temblar» y que durante mucho tiempo esto no ha hecho presagiar «nada bue­no». Sin embargo, esta vez «el coloso debe moverse» (11 de junio). Contra­riamente a lo que escribe Der Spiegel, el Zeitenwende anunciado por Scholz ya ha tenido una gran consecuencia: el Bundestag y el Bundesrat han aprobado por amplia mayoría el fondo especial de 100 mil millones de euros para las fuerzas armadas alemanas. Pero también sobre este punto se escuchan críticas: Frankfurter Allgemeine Zeitung denun­cia la ausencia de un «concepto gene­ral» en base al cual gastar este dinero. El periódico conservador concluye que el fondo de 100 mil millones «no puede sino ser un comienzo» (7 de junio). 
En realidad, la creación del fondo especial para las fuerzas armadas demuestra que Alemania sí se está moviendo. Sin embargo, es normal preguntarse si la ambigüedad de Scholz no es una elec­ción adrede para poder moverse sin que «las ventanas se echen a temblar». 
Una voz imponante que apoya al canciller socialdemócrata es la de Ange­la Merkel. Seis meses después del final de sus dieciséis años de "reinado" como canciller alemana, ha vuelto a la escena pública. En una intervención en el teatro Berliner Ensemble, transmitida en directo por televisión, ha expresado su confianza en el gobierno actual. Merkel ha aprovechado para defender su política hacia Rusia. «Europa y Rusia son vecinas,no podemos ignorarnos completamente. Tampoco va a ser posible en el futuro». De esta forma, legitima el hecho de no haber interrumpido nunca los contactos con Moscú. Justifica su rechazo de la adhesión de Ucrania a la OTAN en 2008 afirmando que Putin lo habría considerado «una declaración de guerra». En cuanto a su implicación en las negociaciones para los acuerdos de Minsk, considera que estos han tenido el mérito de haber dado a Ucrania siete años de relativa calma durante los cuales el país ha podido reforzarse. 
La ex canciller cristiano demócrata ha rechazado las acusaciones de ingenuidad para con Rusia, subrayando que tras la anexión de Crimea en 2014 apoyó las sanciones contra Moscú y aumentó asimismo el presupuesto militar de Ale­mania de 32 a 50 mil millones de euros, un nivel similar al francés y al británico. Merkel ha añadido que habría deseado ul­teriores refuerzos, incluida la ac;!quisición de drones armados, pero que estos habían sido bloqueados por el panner de su coali­ción de gobierno, el SPD. Para Le Monde esta sería una manera de decir que «el se­ñor Scholz, prometiendo a finales de fe­brero que Alemania alcanzará el umbral del 2%, prácticamente está haciendo tan solo lo que ella misma hubiera querido» (11 de junio). Merkel concluye afinnando que, ahora, contra Rusia se tendrá que usar la disuasión militar: «Es el único len­guaje que Putin entiende». 

Observatorio de París

Las raíces de clase de la cuestión migratoria

Publicamos este artículo que aparece en el periódico de los compañeros franceses de "L 'Internationaliste ".

Desmintiendo lugares comunes sobre la centralización a la francesa, por el momento el gobierno ha adoptado una gestión regionalizada del recrudecimiento de la epidemia. Frente al aumento de la epidemia, el 18 de marzo se han decidido los confinamientos para 16 departamentos, entre los cuales el de la región de Ile­de France. Permanece el toque de queda para todo el territorio nacional. 
Emmanuel Macron se había opuesto a las presiones del Consejo científico y de una parte de la administración, rechazando desde finales de enero la hipótesis de un confinamiento generalizado. Apunta a la aceleración de la campaña de vacunación, en lo que se parece a una competición en velocidad contra el virus, para no necesitar cerrar todo el país. 

Una nueva caída de la natalidad 

Las consecuencias de la pandemia sobre el frente demográfico se han revelado en la prensa. Según Le Fígaro, en enero de 2021 el instituto de estadística nacional (lnsee) constata una caída de la natalidad de un 13% respecto al mismo mes del año precedente. «Los demógrafos lo saben bien, todas las crisis están acompañadas por una reducción de la natalidad», comenta el periódico. 
Sin embargo, el artículo se tiñe de un cierto pesimismo porque «esta caída de los nacimientos se inscribe en una tendencia iniciada hace diez años». Se trataría de un «baby-krach» contingente que se superpone a otro «baby-krach» de naturaleza estructural. 

Normalización europea 

En otra página de este periódico hemos escrito: «Francia tiene desde hace un siglo una política natalista, que sólo ha ralentizado la caída de la natalidad, pero sin conseguir invertir la tendencia a largo plazo» ("Políticas de población comparadas"). Estamos asistiendo a una normalización de Francia respecto a las principales tendencias europeas hacia el invierno demográfico. 
Si en el pasado, en el debate político público, la denominada "excepción francesa" sobre el frente de la natalidad ha servido regularmente para motivar ciertas retóricas patrióticas contra la inmigración, ahora este argumento pierde cada vez más solidez.
El artículo citado por Le Figaro, un periódico conservador, recoge la valoración de Laurent Chalard, experto en poblaciones: Francia se acerca «a un crecimiento demográfico cercano a cero» y se vuelve «dependiente del saldo migra­torio».
Todavía es complicado valorar en qué medida esta realidad objetiva, en la opinión pública francesa, pueda favorecer la puesta en acto de una ambiciosa política de inmigración para el imperialismo europeo. En el periódico de julio agosto de
2020 hemos escrito: «Es difícil decir si la "Europa fortaleza" será capaz de hacerlo» ("Las migraciones ayudan a sostener a la población europea").

Un viejo país de inmigración 

Aunque es cierto que la cuestión migratoria es actualmente una dimensión estratégica de la reestructuración europea para todas las metrópolis del continente, el tema de la baja natalidad no es nuevo, en una Francia que ha vivido una larga fase de estancamiento demográfico desde el siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial. En aquellas décadas se puso en marcha, más precozmente que en otros países europeos, una política activa de importación de mano de obra extranjera. Desde la primera industrialización, los inmigrantes han sido una parte esencial de nuestra clase en los sectores económicos clave. Un fenómeno que se ha am­pliado con el tiempo. 
En su "Inmigrantes y descendientes de inmigrantes. Retrato social de la Francia de 2020", el Insee indica que al inicio del siglo XX en la Francia metropolitana había 1,1 millones de inmigrantes. Su número ha pasado a 2,3 millones en 1954 y a 3,9 en 1975. Entre el 1975 y el 1999 la población inmigrante en Francia ha crecido moderadamente: su peso sobre la población total ha permanecido estable entorno al 7,3%, para posteriormente retomar el aumento desde 1999, llegando a 9,9% calculado para 2019. 
El criterio adoptado para definir el status de inmigrante es el de una persona no francesa, nacida en el extranjero y residente en Francia. 

Orígenes geográficos 

El instituto de estadística subraya que el 46% de los inmigrantes presentes actualmente en Francia ha nacido en países del continente africano: tres millones de personas, de los cuales dos millones son originarios del Magreb. Entre el 2009 y el 2019 se ha asistido a un crecimiento anual del 2,7% del número de inmigrantes provenientes de África; este incremento ha sido mayor por la procedencia de los países de África subsahariana ( 4,5% ). Se ha dado en este caso un cambio de tendencia: en 1975 el 66% de los inmigrantes en Francia provenía de Europa, contra el 34% del 2019.  
Señalamos que, si las raíces coloniales pueden explicar algunos flujos de pobla­ción, el motor objetivo del fenómeno de la inmigración africana reside en el vasto proceso de disgregación de campo y de urbanización en curso en el continente. 
Dado que, parte de los países de África están habitados por poblaciones musulmanas, esto da un carácter estructural a la presencia y a la extensión de esta confesión en el metabolismo social de las poblaciones europeas. Esta tendencia es remolcada por el imperialismo europeo golpeado por la caída de los nacimientos, pero representa uno de los elementos sobre los cuales se cristalizan los miedos reaccionarios de algunas capas medias. 

Eurosolubles

Antes de que llegaran las bolsitas y cápsulas monodosis, había un polvo liofilizado soluble al instante, que por sí solo no es comparable a un auténtico café espresso. Ahora bien, hace tiempo que seguimos las peripecias de los soberanistas y populistas con la idea de que su futuro político dependiera de mostrarse eurosolubles. Haciendo referencia a los rasgos securitarios, xenófobos y hostiles hacia los inmigrantes, que se han convertido en moneda corriente en el debate europeo, hemos escrito que la "Europa que protege" podía haber utilizado el gruñido antiinmigrantes de los soberanistas, sujetándolos con la correa del consenso estratégico europeísta. 
Dicho y hecho. Tanto en Italia, como en Francia y en otros países europeos, ese fenómeno está en pleno desarrollo. En Italia el partido Cinque Stelle ya había emprendido su camino de conversión hace un año y medio, encargados nada menos que de la guía de la diplomacia italiana. La Lega incluso se volvió europeísta en una noche. En Francia una operación similar se apodera del Rassemblement National de Marine Le Peo: cambia la relación con Europa, ya no se habla de Frexit, y el euro se ha convertido en una moneda que protege. Por supuesto, es una señal de los tiempos: el soberanismo navega en malas condiciones, la pandemia secular no es cosa de aventureros y aficionados, y Donald Trump, el soberanista al mando en la Casa Blanca, se ha marchado de forma trágica y grotesca. Pero, sobre todo, es la señal del dinero de Europa con su plan de relanzamiento, al que nadie quiere renunciar. 
Draghi, Macron, Merkel, junto con los demás líderes del Viejo Continente, serán los intérpretes de más alto nivel de las directrices estratégicas de la UE, con la tarea de dirigir una reestructuración europea que marcará la próxima década. Será una batalla larga y un desafío temible para una oposición de clase. El enemigo está en nuestra casa: disfrazado de Europa que protege, el imperialismo europeo prepara nuevos conflictos en la contienda mundial y nuevas guerras. Con mayor razón no hay motivo para tragarse la bazofia de su transformación integral e instantánea. Hay otra política, la política comunista, hecha de seriedad, de conocimiento y de pasión por la lucha. Oposición proletaria al imperialismo europeo. 


La puesta en marcha del gobierno de Draghi ha reanimado a cúpulas sindicales, ansiosas de ser «implicadas» por el «gobierno de todos», especialmente en la era del Recovery fund. Es «concertación» la palabra a la que se hace referencia con más frecuencia en los comentarios sindicales. Lo es de modo explícito por parte de la CISL de Annarnaria Furlan, que pide «un gran acuerdo concertado» (II Messaggero, 8 de febrero). Pierpaolo Bornbardieri, secretario de la UIL, añade que «la concertación debe convertirse en un método para ayudar al país a recomen­zar», y también Maurizio Landini, de la CGIL, ve la «novedad» en el hecho de que «los interlocutores sociales se han involucrado en la fase de institución del nuevo gobierno» ("Conquiste del lavoro", 11 de febrero).

Dos etapas de la política imperialista europea 

En ese sentido, se desperdician las referencias al gobierno Ciarnpi de 1993, olvidando que esta «concertación» sirvió para contener el coste de la mano de obra. En cambio, viene negada cualquier similitud con el gobierno Monti, nacido en 2011 después de que Mario Draghi, corno presidente entrante del BCE, envió junto con el saliente JeanClaude Trichet la "carta secreta" al gobierno Berlusconi, solicitando intervenciones sobre las pensiones, el empleo público y reformas en la contratación y el mercado laboral: en definitiva, la «cura alemana» pagada por los trabajadores. 
No hay duda de que hoy nos encontrarnos en un segundo tiempo de la política imperialista europea, el del relanzarniento postpandernia. Pero es superficial pensar que la función de Draghi es simplemente gastar cientos de miles de millones. No se debe pasar por alto que este río de dinero fluye por el cauce de la reestructuración europea, y se da con la condición de reformas estructurales, incluida la transición energética, con miras a elevar la productividad del sistema en general y de las empresas en particular. 
También en el sindicato, todo esto impone un salto: si la reestructuración es europea, si el gobierno de Draghi es "europeo", es en ese nivel donde se debe jugar la partida. «Levantar la mirada», corno invoca Landini, requiere estudio, visión y organización de un verdadero sindicato europeo. 

Desempleo y falta de contratación 

En el frente laboral, la primera fecha límite del nuevo gobierno es el 31 de marzo con el fin de la congelación de los despidos y los ERTE por la Covid. La demanda sindical es de prórroga hasta el final de la emergencia. Desde la patronal, en cambio, ya llegó la petición de su presidente Carla Bonorni de levantar el bloqueo a los des­pidos y prolongar el CIG-Covid solo a empresas en grave dificultad, eliminando las limitaciones para las demás ("La Starnpa", 4 de febrero).
En caso de eliminar el bloqueo, sin embargo, muchos esperan cientos de miles de nuevos desempleados, los que se sumarían a los 444.000 puestos de trabajo perdidos en 2020, según cálculos del ISTAT. Hay también otro dato a tener en cuenta. El boletín trimestral de Unioncamere y ANP AL prevé una reducción de las contrataciones en casi un cuarto con respecto a hace un año, con un pico del 4 7% en los sectores de alojamiento y restauración: a los despidos hay que añadir, por tanto, la falta de contratación. Con una paradoja, pero no nueva: un tercio de las contrataciones previstas en el período son difíciles de realizar por falta de mano de obra, sobre todo en lo que respecta a técnicos y titulados, pero también de trabajadores del sector metalcánico ( fundidores, soldadores, fabricantes de herramientas, etc.). Pero la idea de que un camarero despedido pueda de repente convertirse en soldador deja a algunos perplejos. 

El convenio de los metalúrgicos 

Mientras tanto, en febrero se llegó a un acuerdo para la renovación del convenio de los metalúrgicos. La cifra del aumento salarial obtenido (112 euros mensuales en el 5° nivel) se encuentra a medio camino entre la demanda sindical (alrededor de 150 euros) y la oferta patronal de 65 euros. Pero en la cuenta hay que considerar que tal aumento, dividido en cuatro tranche, entrará en vigor en junio de 2024, cuatro años y medio después de la expiración del convenio anterior ( diciembre de 2019). Ciertamente se trata de un aumento salarial superior al arrancado en el acuerdo de 2016 cuando, también debido a una precipitada elección sindical, se limitó solo a la recuperación de la inflación. Pero sobre las ganancias reales hay una cláusula: salvo acuerdos específicos, el aumento absorbe los "super mínimos", una partida de los salarios a nivel empresarial o individual particularmente extendida en los estratos administrativos y técnicos, que pueden así encontrarse con un aumento inferior o incluso nulo. 
Dicho esto, es extraño escuchar de los líderes sindicales himnos al «resultado extraordinario»: así se han expresado Francesca Re David de FIOM-CGIL como Roberto Benaglia de FIM-CISL. Quizás es una reacción al sorteado peligro de una no renovación. Sin embargo, no parece el caso ni de exaltarse ni de condenarse: se trata más bien de tomar nota de un acuerdo determinado por la situación no ciertamente favorable para nuestra clase, una base sobre la que asentarse para dar pasos futuros hacia adelante.

Estratos salariales profundos en la Europa opulenta 

En el abanico de estratificaciones de clase no podemos olvidar los estratos profundos, los que más han pagado y están pagando por la crisis inducida por la pandemia. Incluso en la patria de la economía social de mercado, Alemania, terminan siendo abandonados. La denuncia proviene del semanario Die Zeit del 28 de enero. Muchos han perdido sus minijobs. No solo eso: si bien es cierto que la inflación se ha estancado en el 0,5%, los precios de los productos de primera necesidad han subido un 2,4% en 2020, afectando justamente a las rentas más bajas. Es más: el cierre de las escuelas y jardines de infancia ha provocado la falta de alimentación gratuita para los niños. Moraleja: «los pobres se han vuelto aún más pobres». «Muchos han sido ayudados (Kurzarbeiter, empresas, autónomos, estudiantes, familias), pero no los más pobres». 
Un estudio del Instituto de Ciencias Económicas y Sociales WSI, cercano a los sindicatos, calculó que en Alemania, frente a una pérdida media del 32% en los salarios provocada por la crisis, los tienen unos ingresos inferiores a 1.500 euros mensuales han perdido un 40%: «quien tenía menos ha perdido relativamente más» (Han delsblatt, 20 de noviembre de 2020). 
El fenómeno de los working poor, es decir, los asalariados con ingresos inferiores al 60% de la media, está en el centro de un análisis del sindicato europeo CES, basado en datos de Eu­rostat: en la UE casi uno de cada diez trabajadores (9,4%) entra en esta categoría y su número ha crecido en un 12% en el año de la pandemia. Se trata a menudo de jóvenes con trabajos temporales o de media jornada e inmigrantes. 

El círculo obrero en las estratificaciones salariales 

Otro estudio de la Comisión Euro­pea, de abril de 2020, estima que los inmigrantes son precisamente el 13% de los llamados trabajadores «esenciales»; y en algunos sectores son literalmente «esenciales para cubrir roles vitales». Son más de un tercio en limpieza, más de un cuarto en construcción, un quinto en cuidado de personas y en la industria alimentaria, un sexto entre conductores. El documento europeo señala que «entre los inmigrantes, los trabajadores poco cualificados están sobrerre presentados en una serie de ocupaciones clave, vitales en la lucha contra la Covid-19, mientras que su valor es a menudo pasado por alto». 
Es a todo este amplio espectro de estratificaciones salariales, desde el metalúrgico al joven dependiente de los servicios hasta el inmigrante, hacia donde se dirige la actividad de los círculos obreros, para defender las condiciones de trabajo y de vida y para unir a la clase en la estrategia de la lucha por el comunismo. 

El ridículo y la espada


Según un proverbio italiano mata más el ridículo que la espada. Pero por una vez no es sólo Italia la capital de los bufones. El hecho es que un poco en todas partes, en la política espectáculo, cada vez más a menudo el espectáculo es devorado por la política. Donald Trump es un egomaniaco temerario y magnate inmobiliario de Nueva York, que también se había puesto él mismo en pantalla en "The Apprentice", un reality show en el que despedía teatralmente a los aspirantes a colaborador. Ha continuado haciéndolo en la Casa Blanca, echando a ministros y hombres de su sta.ff-las cuidadoras-, cuya misión era salvar lo insalvable de la credibilidad norteamericana de los tweet grandilocuentes del presidente. Sólo un poco más sobrios, los encargados de comunicación de Emmanuel Macron, dicen en Francia que organizan sus apariciones como una serie de televisión: la gente permanece pegada a la pantalla esperando el próximo capítulo, para saber cómo va a terminar. Inalcanzables los austriacos, entre "Gran Hermano" y "Caiga quien caiga": en escena los jefazos del FPÓ, timados en una juerga de vacaciones y grabados en una negociación de farsa, con fondos rusos a cambio de favores. Los soberanistas pagados por soberanos extranjeros, casi un chiste, y en una velada alcohólica se ha desvanecido el modelo austriaco, el de la alianza entre los popular-conservadores y la derecha identitaria. Por no hablar del impresentable espectáculo en el que ha caído Londres, obligada a participar en la votación europea porque ha sido incapaz, tres años después del referéndum, de salir de la UE. Entran ganas de decir que el mundo es un pañuelo. Y ciertamente la comedia sin fin que continúa en Madrid está en buenas compañías. 
Pero, ¿qué hacer? Se decía que su política es una actuación pésima, de la que hay que huir. En toda Europa, la mayoría de los asalariados no ha votado. El abstencionismo de clase es un primer paso del que partir, para nuestra política comunista y revolucionaria. 

Por una lucha salarial a nivel europeo


La Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó a finales de noviembre su Informe mundial sobre los salarios, actualizado a los datos de 2017. El resumen es que en el año en cuestión el incremento salarial a nivel mundial ha sido el más bajo desde 2008, a pesar de la recuperación económica en marcha y de un índice de paro a nivel mínimo. 
Según un estudio UBS sobre 48 países entre países desarrollados y emergentes, el índice de desocupa­ción, de hecho, ha bajado del 8% de 2010 al 5,2% del septiembre de 2018, «el nivel más bajo desde el 5% de 1980» (Financia/ Times, 6 de diciembre). 
En la euro-zona está en el 8,1 %, el más bajo desde 2008, el año en que empezó la crisis. Y entonces ¿por qué, en estas condiciones en el mercado de la fuerza de trabajo, no ha empezado de nuevo el crecimiento salarial? Es el enigma que intentan descifrar desde hace tiempo centros de gobiernos y bancos centrales.

La plaza televisiva en la reestrcuturación europea


Durante las semanas posteriores a las conmemoraciones oficiales delcentenario del final de la Primera Guerra Mundial, el arco de Triunfo y los Campos Elíseos han regresado al centro de la atención de los medios de comunicación internacionales. En París. solo se han contado unos pocos miles de participantes, pero en toda Francia los "chalecos amarillos" en las manítestaciones de los últimos sábados fueron entre 150 y 300 mil. 
Se trata de un movimiento interclasista, nacido en Internet, apoyado por las redes de televisión de información continua. y que se ha logrado sin los «organismos intermedios» (sindicatos, partidos, etc.). Su acción simbólica fue el bloqueo de las rotondas. Un movimiento numéricamente débil. pero ampliamente apoyado por la opinión pública.

Crónicas del nuevo ciclo político en Europa


En Francia, la relación con Estados Unidos y, en general, la proyección de potencia se basan en la tradición gaullista. El general Charles de Gaulle no pone en duda la alianza con Washington, pero reclama la autonomía de París, también sancionada sobre el plano de la disuasión nuclear. Respecto a Europa, a pesar del acento en las naciones, De Gaulle elige el anclaje renano con respecto al imperio colonial francés: a la independencia de Argelia en 1962 le sigue, al año siguiente, el Tratado del Eliseo. Francois Mitterrand confirma y refuerza la dirección estratégica europea,en particular con la alineación renana de 1983 y luego en la relación con Helmut Kohl, el canciller de la reunificación alemana. Hoy, Emmanuel Macron reclama una filiación de esa tradición, declinada en la forma de un gaullismo europeo y en el concepto de «soberanía europea». 
Gran Bretaña ha contado históricamente con una relación especia! con Washington, pero ahora ve minados los dos pilares principales de su política exterior: el nexo atlántico es un cierto frenteal unilateralismo estadounidense, y la relación con Europa es puesta en cuestión por el Brexit, una salida de la UE que se está revelando desgarradora y contraproducente. 
En las colisiones globales, la capacidad de Europa de desempeñar un papel en la contienda está vinculada a su grado de cohesión interna. El déficit de centralización europea, legado histórico de la afirmación secular de los Estados nacionales, es un obstáculo para la proyección de potencia y abre las puertas a las crisis e interferencias externas. La adaptación a la nueva escala de la contienda ha impuesto un proceso atormentado de ruptura y cesión de la soberanía, particularmente sufrida en Estados como Francia o Gran Bretaña porque reclaman tradiciones nacionales ininterrumpidas de la Edad Media y un pasado imperial, con los mitos de la grandeza universalista y de la libertad insular.


Pensar europeo


Francia presiona a favor de un ejército europeo; andando con pies de plomo también Alemania se mueve en la misma dirección. Berlín, además, querría un Consejo de Seguridad de la Unión, y la posibilidad de tomar las decisiones de política exterior por mayoría. Autonomía estratégica de la UE y sobenmía europea, las banderas ondeando desde París, sin embargo no significan una ruptura con América, sino un pilar europeo dentro de la OTAN. Solo de esta manera una po­lítica exterior y de defensa común puede ser aceptada por los demás Estados de la Unión, superando las sospechas de los polacos pero también los temores de los alemanes, que quieren reequilibrar pero no comprometer la relación atlántica. Sin embargo aún así Washington ha confirmado la histórica intolerancia por los organismos del Viejo Continente; Donald Trump ha añadido únicamente su estilo de demagogo televisivo y de social media, compuesto por desprecios e insultos para captar la atención. 
También para la federación del euro París tiene sus propuestas. Ha obtenido el consenso de Berlín para un presupuesto común, pero no está claro, dicen con malicia los ingleses, hasta qué punto el acuerdo sea una tapadera que oculta el estancamiento sobre capítulos de mayor peso, como el seguroo común sobre los depósitos bancarios. Por su parte, Londres no sabe cómo librarse del berenjenal del Brexit: de hecho, el compromiso con Bruselas mantendría la unión aduanera a tiempo indefinido; no sabemos si el gobierno de Theresa May soportará el revés. 
Durante la evolución convulsa del nuevo ciclo político en Europa existe un hecho cierto: el eje entre Francia y Alemania sigue siendo el dintel del imperialismo europeo, y las oscilaciones internas no parecen haber bloqueado la contrafensiva política renana. Por esto es todavía más arriesgado, en Roma, el chantaje del gobierno Lega Cinco estrellas, que cree poder sumarle a débito los empujes propietarios a la impunidad fiscal para el Norte y la asistencia estatalista para el Sur. Los trabajadores tienen que rechazar la demagogia de su política, un espectáculo permanente estudiado para impedir cualquier reflexión: con sus pequeños Trump de imitación, hoy nos endilgan sus fanfarronadas soberanistas. La clase dominante organiza sus poderes a escala europea. Para combatirla, pensar europeo es indispensable. 
Francia ha llegado al tercer tiempo de la reestructuración europea. El primero fue marcado en 2017 por la reforma del código del trabajo, con medidas dirigidas a ampliar la contratación empresarial, reducir para los empresarios los costes y los vínculos para los despidos, fusionar las diferentes estructuras repre­sentativas empresariales. 

Obreros que no votan


Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, ha firmado los aranceles aduaneros sobre el acero rodeado por obreros siderúrgicos, con mono y casco. Tomamos nota de ello, para hoy y para mañana. Sin una conciencia comunista y sin una estrategia, nuestra clase siempre será utilizada e instrumentalizada por los intereses ajenos. La ideología dominante es la de la clase dominante, y esto vale para todas las ideologías, de todo tipo: reformistas y progresistas, por cierto, como en la tradición socialdemócrata del partido obrero burgués, pero también conservadoras, de seguridad, o xenofobias y "populistas", como está de moda ahora. 
En la actualidad, desde hace algún tiempo, en cada elección, por pereza mental o por cálculo, circula un cuentecito de conveniencia: la mayoría de los obreros, asusta­da, estaría ya de parte de los "populistas" y de sus representantes, que pueden ser desde Trump, a los soberanistas del Front National en Francia, a los nacionalistas del Brexit en Gran Bretaña, de la Lega o de los Cinco Estrellas en Italia. 
No nos hagamos ilusiones, contrastaremos también estas influencias, así como lo hicimos con el oportunismo. Sin embargo, no es verdad que tengan la mayoría. Por ejemplo, en Italia. Primero, entre todos los asalariados, el primer partido es la abstención. En segundo lugar, es precisamente entre los obreros que su cuento es falso. Basándonos en los datos, si se acude a los grandes barrios obreros de Génova, Milán o Turín, por cada uno que se ha hecho el selfie en el mercado con Malteo Salvini o dos con Luigi Di Maio, encontrará cuatro o cinco que no han votado. Por cierto, a los obreros y a los proletarios hay que contarlos todos: también los 350 mil inmi­grados que trabajan en la fábrica, los 200 mil en la construcción, los 500 mil en la logística, en los hoteles o en las cocinas de los restaurantes, los 800 mil - ¿o un millón'! ¿quién sabe?- entre asistentas y cuidadoras. Hombres y mujeres que en Italia viven y trabajan pero no tienen los mismos derechos que los italianos y, por lo tanto, no votan. Seamos claros, somos revolucionarios y estamos en contra de la política burguesa, su política, pero no así. Todos tienen que tener los mismos derechos, es un interés fundamental de clase, también el derecho al voto: luego explicaremos a todo el mundo que el parlamentarismo es un engaño, y nos batiremos por conquistarlos a nuestra política, la política comunista.