Erosión del orden monetario

Con la crisis asiática de 1997-98 desde los países emergentes surge la necesidad de reforzar sus defensas contra las tempestades monetarias. Desde entonces las reservas de divisas internacionales se han multiplicado por doce. Protagonista de este movimiento ha sido el dólar, principal medio de pagos internacionales, exclusiva unidad de cuenta de las principales materias primas y de la energía, moneda preferida para créditos e inversiones. También cuando las crisis incubadas en Wall Street y las aveturas militares sin victorias de Washington han costado caro a adversarios y aliados, la fuerza de estos vínculos incorporados en el dólar se ha mostrado insoslayable. 
Esta fuerza había sido ya experimentada al inicio de los años setenta, cuando el mundo sufre la decisión unilateral estadounidense de abandonar la convertibilidad en oro del billete verde. La adopción de las tasas de cambio fluctuantes y su intrínseca volatilidad marcó el comienzo del proceso de tres décadas de construcción del euro. Las múltiples batallas políticas, militares y financieras del imperialismo y el ascenso de nuevas potencias (incluida la Europa del euro) han acwado como· factores de erosión de la cuota del dólar en las reservas, que pasa entre 1999 y hoy del 71 al 58%, aunque nunca han puesto en duda su rol dominante. La segunda divisa de reserva en el mundo, el euro, con una puma máxima del 27% alcanzada luego de la caída de Lehman, se sitúa en el 20%. 

Las vías de la desdolarización 

La incautación de 300 mil millones de dólares de las reservas rusas por la invasión de Ucrania ha puesto interrogantes sobre la seguridad de las reservas monetarias. En el curso del 2022 las reservas globales se han reducido por billones. Ha sido un paso inédito por dimensión en la llamada  de la economía, es decir, la transformación en armas de los medios de la economía las monedas, las tecnologías, la energía, las tasas, la política industrial  blandida principalmente, pero no sólo, contra el imperialismo ascendente, China. Se reaviva así el debate sobre la desdolarización, fórmula de significado variable: reducción del uso del dólar, desafío a su dominio, proceso de un multipolarismo monetario. 
Según el Economisc de finales de abril, los motivos que alientan la búsqueda de una alternativa a la moneda estadounidense el aumento del precio del oro, la caída del dólar en las reservas, la reacción a las sanciones de la potencia hegemónica, la potencial crisis fiscal por el pulso sobre el techo de la deuda entre la Casa Blanca y el Congreso republicano no son capaces de eclipsar la «omnipresente atracción gravicacional» del dólar que, sin embargo, puede ser «eludida»: hoy China paga en yuanes el 16% de las exportaciones rusas, regula en yuanes gran parte de su comercio, puede disponer de una moneda digital para sus transacciones, sin pasar por el dólar. En otras palabras, el mensaje de la City es imposible la sustitución de la hegemonía del dólar, improbable un sistema monetario multipolar, inevitable una mayor erosión del dólar. E1 ritmo de la erosión podría señalar una mutación multipolar del sistema, hipótesis que, según Romano Prodi, hoy «está más lejos que nunca», o bien evidenciar la fragmen­tación y los empujes del decoupling entre potencia hegemónica y potencia retadora, o anunciar la ruptura del orden.

La guerra de Ucrania despierta al nacionalismo polaco

Polonia se encuentra en el centro del esfuerzo para brindar ayudas logísticas y militares a Ucrania y reivindica que es el mejor socio de los Estados Unidos en la Unión Europea. Varsovia apoya a voz en grito la adhesión de Ucrania a la UE y a la OTAN, criticando con tonos virulentos la reticencia de Alemania a suministrar armas. No lo hace can solo como reflejo de los traumas del pasado o como argumento para la campaña electoral, con vistas a las elecciones de este moño, sino también para intentar emanciparse de la posición periférica que Polonia ocupa en Europa. 
De hecho, en el Vincula algunos detectan la oportunidad histórica de construir una Europa ampliada, donde el país podría concentrar a su alrededor un contrapeso al eje franco-alemán. Para hacer esto, Varsovia tiene interés en reforzar el compromiso de Estados Unidos en Europa, ya que es el resorte que desea usar para disponer, en el continente, de un peso político superior a su peso real. Así facilita también la intru­sión americana, permitiendo a Washington condicionar a Europa, especialmente en sus relaciones con Rusia. 

Rearme polaco 

«Polonia quiere convertirse en el fundamento de lo seguridad europeo», declaró el primer ministro Mateusz Morawiecki en Washington el 11 de abril. Varsovia «este año aumento los gastos para lo defensa, incluso hasta el 4% del PIB», y «quiere construir el ejército más fuerte de Europa». En este sentido, el gobierno desea elevar a 300 mil el número de soldados y ha encargado una enorme cantidad de equipamientos militares americanos y surcoreanos. En el interior y entre sus aliados, este frenesí de adquisiciones ha planteado cuestiones sobre su lógica militar y sobre cómo el gobierno va a financiarlos. 
Marek Swierczynski, del centro de análisis Policyka lnsight, opina que Polonia  «Sigue proyectándose como uno superpotencia regional, un poco según el modelo turco». Para Le Monde (27 de marzo), la admiración hacia la Turquía de Recep Tayyip Erdogan es una «extravagancia» de Jaroslaw Kaczynski, presidente del partido Derecho y Justicia (PiS). 
En la revista italiana de geopolítica Li­mes, Wojciech Lorenz del instituto Polaco de Asuntos internacionales (PISM) escribe que «el cálculo de Polonia se baso en un supuesto concreto»: reconociendo que Pekín es el «principal rival» de Washington, Varsovia debe «reforzar su potencial bélico lo más rápidamente posible», porque si Estados Unidos «Se viese implicado directamente en Asia oriental no sería capaz de ofrecer el liderazgo necesario o sus aliados europeos». Rusia podría aprovecharse de ello para «volver o intentar un ataque» (Limes, febrero de 2023). Cabe preguntarse si este «cálculo» de Varsovia puede empujar a Polonia a converger con el eje franco alemán, en el esfuerzo común de evitar un conflicto entre Estados Unidos y China. 

Polonia en la directriz Este-Oeste 

Asimismo, las ambiciones de Polonia están acompañadas por un intento de reestructuración económica, con el fin de reducir su dependencia tanto de Rusia como  cte Alemania. Resulta útil retroceder en el tiempo para comprender la cuestión. 
En la obra colectiva La Polonia, publicada en 2007 bajo la dirección de Francois Bafoil, el francés Centre d'études ec de re­cherches internacionales (CER1) apoyaba un modelo de desarrollo a lo largo del eje Este ­Oeste. Para garantizar su crecimiento económico y evitar ser el «cul-de-sac» oriental de la UE, Polonia habría tenido que insertarse «en un eje económico desmovilizado que enlazase a Europa Occidenwl con Extremo Oriente, pasando par la masa continental de Eurrasia y, par lo tanto, por Rusia». 
Los autores veían una prueba de escasa visión en el hecho de que en 2003, durante la guerra de Estados Unidos en lrak, el viceprimer ministro y ministro de Transporte polaco Marek Poi había cerrado «con discreción» un acuerdo que hacía de Slawków el cemro occidental del ferrocarril de vía ancha que a través de los países de la antigua URSS iba a Asia oriental. La integración de Polonia en este eje de comunicación Este-Oeste, junto a Rusia, habría «dificulcado» cualquier «enemiscad polaco rusa» en el futuro. 
En este sentido, otra señal fue en 2012 la adhesión de Polonia al proyecto de cooperación entre China y los países de la Europa centro-oriental, el "16+ 1" ( convertido luego en ·· 17+ 1" y ahora reducido a "14+ 1" iras la retirada de los tres países bálticos). 
En aquel momento, los investigadores del CERI habían definido una «batalla de retaguardia» como el apoyo de Polonia a la estrategia de Estados Unidos de crear con el GUAM organización de desarrollo regional que reúne a Georgia, Ucrania, Azerbaiyán y Moldavia un pasillo del gas para enlazar a Asia central con Ucrania, sorteando a Rusia a través del Mar Negro. El gasoducto Nord Stream, conectando a Rusia y Alemania a través del Mar Báltico y sorteando a Polonia, habría sido la «respuesta» rusa a dicha iniciativa. 
Sin embargo, importantes corrientes en Polonia y en Estados Unidos no opinaban igual y seguían imaginando infraestructuras a lo largo de un eje Norte-Sur. 

Juegos de influencias en la guerra de los generales sudaneses.

El «Sudán moderno es un producto artificial», escribe Robert O. Collins, historiador estadounidense, especialista de historiografía africana y sudanesa: el tercer Estado africano por extensión, con 1,8 millones de quilómetros cuadrados, es fruto de las politicas coloniales turco­-egipcias y anglo-egipcias a lo largo de dos siglos.
Collins continúa explicando que, esquemáticamente, en el plano etno-lingüístico el colonialismo británico dividía a la población, hoy de 45 millones, entre «árabes» y «no árabes». Los primeros predominaban en el Norte y a lo largo del valle del Nilo; los segundos, en el Sur y en el Oeste. La región occidental de Darfur (Casa de los Fur) era un sultanado con mayoría no árabe, anexionado al «con junto anglo-egipcio» de Sudán solo en 1916, es decir, 40 años antes de la independencia formal del país. Hasta 2011, Sudán incluía también al actual Sudán del Sur, la región del sudd (pantano en árabe), de mayoría no árabe, ampliamente animista, cristianizada con el apoyo de Londres a finales del siglo XJX. 

El mosaico suaanes 

En realidad, Sudán, debido a su enorme extensión geográfica, es un mosaico de más de 400 grupos emolingüísticos. Una de sus principales dinámicas históricas es la relación conflictiva entre los awlad al bahr, los "pueblos del río" (el valle del Nilo), y los awlad al gharib, los ''pueblos del Oeste". Los primeros, en su mayoría árabes, en esencia han monopolizado los instrumentos del poder político, económico y militar desde el periodo egipcio otomano, definido localmente corno la «Turkiya». Los segundos expresan tanto confederaciones tribales beduinas de origen árabe como poblaciones africanas islámicas, ambas marcadas por un rencor tradicional hacia los primeros, en virtud de su exclusión económica y política y por resistirse a los intentos de centralización, también de naturaleza re­ligiosa. 
Lo mismo pasaba con las poblaciones del Sur, hostiles a los procesos de arabización e islamización del Estado llevados a cabo desde inicios de los años Setenta del siglo pasado. Collins escribe que dichas poblaciones definían a las del Norte como mudukuru, literalmente «aquellos que se levantan al amanecer para tomar a esclavos». Si la práctica del «saqueo», las expediciones para capturar a esclavos, posee una historia milenaria, durante la Turkiya era una de las principales actividades económicas, amplificada asimismo por el tráfico de marfil en la segunda mitad del siglo XIX.
La tensión entre centro y periferias atraviesa además la dimensión religiosa. En un país que es islámico en un 97%, las cofradías sufíes (el Islam popular, típicamente rural) han resistido mucho tiempo tanto a las fórmulas de un Islam ortodoxo de matriz egipcia, reforzada con la ayuda británica, como a las del Islam político expresadas por la Hermandad Musulmana, tradicionalmente urbana. Dichas cofradías sufíes, que a su vez compiten entre sí, han expresado los principales partidos políticos sudaneses, como la Umma. Del sufismo, en una va­riante activista, surgió entre 1885 y L898 la Mahdiya: un «Estado democrático» que se oponía al control anglo egipcio de Sudán. Algunos historiadores han visto en él a un embrión de movimiento anticolonial aunque su aglutinante religioso reflejaba la hostilidad a la tasación y a los intentos de eliminar la práctica esclavista por parte de la «segunda Turkiya» (Tur­kiya al chaniya), el bloque anglo-egipcio de Sudán, extendido a partir de 1882 y formalizado en 1899 (A hiscory of modern Sudan, Cambridge, 2008). 

Cruce de influencias

Al confederar tribus y clanes árabes sudaneses, la Mahdiya logró dotarse de una fuerza militar propia, los ansar (partisanos de la fe) y expulsar las fuerzas egipcias del país, dando lugar a una serie de conflictos sea con el Imperio etíope sea con las diversas potencias coloniales europeas. El Estado implosionó en 1899 tamo por la acción militar británica como por las propias contradicciones internas. 
El dominio de Sudán por parte de Londres se volvió más estrecho con el fin de garantizar el control sobre el curso del Nilo, vital para aquel sobre Egipto y sobre el canal de Suez. Durante el siguiente medio siglo, Inglaterra adoptó una política diversificada en Sudán: mucho más centralizada en el Centro Norte y de «dominio indirecto» en el resto del país, administrado mediante los notables locales. El mayor grado de centralización relativa en el Norte siguió el modelo egipcio tanto en la burocracia como en las fuerzas armadas, cuyos mandos tradi­cionalmente se han formado en el Cairo
La relación entre Egipto y Sudán ha sido tan simbiótica como antagónica. Sudán, país que hace de cremallera entre la península árabe, Sahel y el Cuerno de África, es vital para Egipto para garantizar el flujo de las aguas del Nilo, pero representa también su directriz africana, o sea continental, y hacia la península arábiga. A su vez, desde 1967, el tablero de ajedrez sudanés se ha utilizado en La po­lítica africana de Israel, en combinación con Etiopía. En los años Ochenta, la Libia de Gadafi tenía la ambición de dar vida a un «imperio africano», abriendo una controversia en el Chad con ambiciones sobre el Darfur. Desde 1973, las petro-monarquías del Golfo han visto en Sudán un terreno de reciclaje de la renta petrolera, una cuenca de fuerza de trabajo y materias primas y un vector de proyección político-religiosa hacia África. Un juego de influencias que los regímenes de Jartum han explotado desde siempre. 

Fortaleza anatólica para Erdogan

Los hechos son Testarudos, decía Lenin, y loss turcos lo han demostrado». Lo escribe el periódico traansalpino L 'Opinion,comentando en caliente el resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Turquía. Un resultado que desmiente, en el momento en que escribimos, tanto los sondeos como las expectativas de los medios) de diversas capitales europeas sobre el posible "fin del reinado'' del sulfuroso "sultán" turco Recep Tayyip Erdogan. 
Como ha ocurrido a menudo en la última década, las previsiones para una alternancia política en Ankara han subvalorado hasta qué punto los veinte años en el poder de Erdogan responden. como escribe el politólogo turco Ahmet lnsel, a «una aspiración social fuertemente enraitada en lo sociedad turrca». Unil vez más, es el bastión anatómico del AKP el que proyecta a Erdogan hacia un tercer mandato presidencial. 


Contienda en la cuenca nacional-islámica 

Aunque en declive relativo, con una pérdida de aproximadamente dos millones de votos desde el 2018, el AKP se confirma como primera fuerza política en el parlamento con el 35% de los sufragios. En alianza con el MHP y dos formaciones islamistas, Yeniden Refah y Huda Par (partido islámico conservador kurdo), confirma su mayoría, con 323 escaños de 600. La coalición de seis partidos que apoya la candidata presidencial de Kemal Kilic;daroglu, secretario del CHP, el partido de Atatürk , se queda en 277. En términos absolutos, la coalición de centroderecha Alidnza por el Pueblo obtiene 26.9 millones de votos, contra los 24,5 millones de la oposición. 
En las presidenciales Erdogan llega al 49,5% contra el 44,9% de Kilii daroglu. En términos absolutos, recoge 27, millones de votos, con un aumento de más de 700 mil respecto a cuando venció en la primera vuelta en 2018. Los 24.6 millones de votos a Kili daroglu representan un salto de más de 7 millones del candidato del 2018. Pero entonces el CHP, el IYI (El Buen Partido) y el filokurdo HDP, con candidatos separados, obtuvieron aproximadamente 22 millones de votos. Por lo canto, el avance ronda los 2,5 millones en esta vuelta, que ve. un aumento del electorado en torno a los 4,8 millones. 
Una parte de este nuevo voto puede ha-ber sido capitalizado por el tercer candidato, Sinan Ogan, independiente, con el 5,2% y 2,8 millones de votos. Ogan, exdiputado del partido nacionalista M HP. aliado de Erdogan, a juicio del analista Bayram Balci «ho hecho una brecha drenando un voto de procesa, de marca nacionalista, panturánico y xenófobo, con la exigencia de expulsión de aproximadamente 3,6 millones prófugos sirios presentes en Turquía, dando espacio a las tesis sobre la «suscicución étnica» en perjuicio de los turcos. Si se encuentra en la posición de «hacedor de reyes», como escribe Le Monde, y pretende «monecizar el propio capital electoral en la segunda vuelca», un acuerdo aparece más fácil con la formación nacional-conservadora que con la de Kilicdaroglu, dada la posición netamente amikurda de Ogan. Para Balci, Ogan, que «empezó desde la nada y sin un parecido detrás», por un lado, ha impedido probablemente a Erdogan vencer en la primera vuelta; por el otro, difícilmente podrá orientar más del «2-3% de sus votantes dado que los partidos nacionalistas «estén presentes en los dos bloques» (el IYI surgió como una escisión del MI IP en las elecciones pasadas).
Para Dormhée Schmid, especialista del IFRl para Turquía, la lección de esta vuelta es el «buen funcionamiento» de la alianza nacional-islámica, con la transferencia de votos eIme el AKP y el MHP pero también hacia el IYI y Ogan, que pelean por la misma cuenca electoral, mayoritaria en Turquía. Un fuerte nacionalismo, añade Schmid, se denota también en la "diáspora curca" en Europa, que vota masivamente por el AKP. Para Bild. de 1,5 millones de votantes turcos en Alemania, fuerte mentes movilizados a través de la red de mezquitas controladas por el gobierno de Ankara, el voto pro-Erdogan ha sido de media del 65%, en particular en las regiones industriales del Ruhr. 

Comienza el invierno chino

El 17 de enero de 2023, el "Press release" de la Oficina Nacional de Estadísticas de China (NBS) escribió que «la población total ha disminuido». En treinta líneas dan a conocer los datos esenciales, sin comentarios: el 31 de diciembre de 2022 la población llegó a 1.411,75 millones, con una disminución de 0,85 respecto a doce meses antes resultado de 9,56 millones de nacimientos  mientas y 10,41 muertes durante el año 2022. Es implícito que el saldo migratorio ha sido igual a cero. 
La noticia dio la vuelta al mundo y le siguieron los comentarios en los periódicos, revistas, chink tank. En el cuadro hemos recogido los más significativos. 
Kang Yi, director del NBS  intervino al día siguiente en China Daily. La prensa china en idioma inglés también publicó muchos otros comentarios, con matices y estimaciones diteremes, tanto de las academias como de los chink tank del Dragón, expresión de un verdadero pluralismo detrás de la fachada monolítica. 
Según Kang, las causas de la disminución son la reducción de los nacimientos, el retraso de los matrimonios, la postergación de los primeros nacimientos y la disminución de las mujeres en edad fértil: es el resultado natural del desarrollo económico, que muchos otros países están teniendo: la disminución continuará, y no hay que enfatizarlo demasiado. «La clave de la cuestión demográfica es hacer coincidir la dimensión y la estructura de la población con el sistema industrial; nosotros tenemos una situación de disponibilidad de fuerza de crabajo positiva». Observamos que este primer comentario oficial se centra en el sistema industrial chino: es decir, se necesita hacer saber que la "fábrica del mundo" no sufrirá problemas por falta de fuerza de trabajo como consecuencia del comienzo de la disminución demográfica. 
Así que la inexorable, ley de la población de la madurez imperialisca, hoy está afectando incluso a la· que hace una docena de años, superando a Japón, se había convertido en la segunda potencia económica mundial, y desde tiempos inmemorables fue la primera demográfica. La noticia se esperaba en unos años según las fuentes oficiales chinas'. pero muchos estimaban que en realidad el acontecimiento se habría producido alrededor de 2022-23. El '·sorpasso demográfico" por parte de la India es inminente, de hecho, quizas ya ha ocurrido. El debate es encencido. Comienza un periodo de oscilación de la población china en torno a la estabilidad, con fuerzas potentes que la empujarán decididamente, tarde o temprano, hacia la disminución. El gigante asiático recorre así los caminos trazados por Japón, Corea del Sur y muchos países europeos. No es una novedad, sino una regularidad: ahora ha llegado el momento de China. Son las dimensiones continentales del Dragón las que lo convierten en un histórico demográfico inédito en el periodo de cambios históricos y, en consecuencia, también una cuestión política de relieve mundial.

En la prensa china 

La Xinhua News Agency rernge las opiniones de varios expertos, entre ellas la siguiente: «Para un país que cuenta con 1,4 mil millones de personas, un crecimiento negativo debe analizarse con objetividad, es necesario adaptarse y actuar de manera eficaz». 
el Global Times, Yuan Xin (Universidad de Nanhai): la cifra no es inesperada y cumple con la ley de desarrollo de la población, que todavía fluctúa alrededor de 1,4 mil millones será más o menos igual en 2035 y 1,3 mil millones en 2050. Cai Fang, exdirector  de la CASS (Academia de Ciencias Socia les de China): el máximo ha llegado antes de lo esperado, por lo que la población puede diminuir de!desde 2023 en adelante. 
En China Daily, Zhang Xuying, del China Population and Developme Research Center: Japón y 19 países europeos también están disminuyendo y, a pesar de los intentos de restaurar la lecundidad
a 2, 1 hijos /mujer, la disminución continuará; pero hay una población consísteme, y la ventaja demográfica es importante. Lu Jiehua (demógrato, Universidad de Pekín): existe una alarma sobre el desarrollo socioeconómico del país, la tuerza de trabajo se ha reducido en un 10% en diez años, es mucho más difícil invertir  la tendencia, la disminución se volverá la norma, habrá que cambiar el modelo de sociedad. Li Jia, del Aging Research Center de Pekín: no hay que ser demasiado pesimistas, no está dicho que la reducción dure, podría haber una recuperación de los nacimiencos. Otros comentarios destacan que la disminución de la fecundidad es una preocupación seria y que es necesario restaurar una cultura favorable a la natalidad. Significativo sobre el ''clima demográfico" que se respira en China es lo que cominúa diciendo Yuan Xin: Muchos jóvenes no tienen ganas de casarse y optan por estar solos y no cener hijos. Sus perspectivas:, sobre el matrimonio y tener hijos han cambiado mucho respeto a las generaciones anteriores». 
Souch China Morning Pose (Hong Kong), editorial: «La crisis de la población es probablemente la mayor crisis que afronta China en este momento. Nadie puede decir que uno disminución de población signifique el fin del milagro chino. Pero  requiere el desarrollo de políticas económicas»; observa que las políticas natalistas nacionales (posibilidad de dos o tres hijos) y locales ('"bonos'' y facilidades en algunas grandes ciudades) no han funcionado, y que la India superará a China este mismo año. 

Los Leopard y la rana

Parece que una rana está intentando escapar del agua hirviendo, aunque metida en un cazo calentado poco a poco su instinto de autodefensa la lleva a quedarse en el fondo, terminando cocida. Precisamente la rana hervida. Sería la táctica de quienes en la OTAN quieren elevar poco a poco el nivel del aprovisionamiento bélico a Kiev, calculando que Moscú tiene pocas posibilidades de reaccionar. La disputa sobre los Leopard 2 está anclada aquí. Ha crecido la presión sobre Alemania para que enviase esos tanques a Ucrania; Berlín se ha resistido, poniéndole a Washington la condición de que los EE.UU. hicieran lo mismo con sus tanques Abrams, y lo ha conseguido. No es sólo la renuencia por el peso de la historia, cuando durante la Segunda Guerra Mundial los pánzer alemanes surcaron aquellas llanuras contra la URSS, en la Operación Barbarroja. ¿Quién dice que Moscú no pase a considerar a Alemania y los otros que colaborarán (se anuncian Francia, Polonia, Gran Bretaña, los países bálticos, Finlandia, España, Holanda) como co-beligerantes con Kiev? Berlín quiere la garantía de que la seguridad de Europa sea indivisible con la implicación de los Estados Unidos. Hace cuarenta años la batalla de los euromisiles fue parecida; no obstante, hoy hay una guerra abierta, Moscú piensa que están cuestionados sus intereses vitales y es arduo pensar que se pueda obligar a negociar. Si se comprende el juego del imperialismo americano contra el imperialismo ruso, donde muchos habrían querido empujar solamente a Europa en primera línea, impacta el coro del intervencionismo entre los partidos y en las televisiones del Viejo Continente. Ahora mismo los Leopard 2 son un tema de los talk show, casi como si no hubiera una danza cada vez más cercana al borde del abismo, desafiando como un bluff la propia amenaza nuclear rusa. En el abanico de fuerzas del imperialismo europeo en déficit de centralización, no sólo pesa la intrusión americana o la arraigada aversión a Rusia de la Europa del Este; el hecho es que muchos olfatean la oportunidad para el rearme, comenzando por las propias Berlín y París. 

Al mismo tiempo, mientras se preparan nuevas ofensivas en primavera, el conflicto se ha congelado en una parálisis con condiciones horribles: las ciudades bombardeadas por misiles y atenazadas por el frío y los cortes de electricidad; los reclutas rusos mandados a la masacre para completar la conquista del Donbás.  

Más que nunca, una estrategia comunista e internacionalista es la única vía: oposición revolucionaria a todos los imperialismos y a todos los nacionalismos; unidad del proletariado ucraniano y ruso, y de todos los países. 


Círculos Internacionalistas de Zaragoza
No habrá paz verdadera sin revolución 

"Paz inmediata" fue la consigna de la Revolución en Rusia, hace 105 años, en noviembre de 1917. Con el asalto al Palacio de Invierno, los bolcheviques fueron tos únicos que acabaron realmente con la masacre de la Primera Guerra Mundial, incluso si sólo fue en el frente oriental. En el frente occidental, la huelga militar que acompañó la derrota de Caporetto o los motines en las trincheras del Somme fue aplastada por los petotones de fusilamiento. Faltó un partido revolucionario que pudiera dar una organización y una estrategia al rechazo espontáneo y desesperado a la guerra que venía de aquellos obreros y campesinos con uniforme. Venció la ferocidad ciega de los juicios sumarios y el exterminio. Sólo los bolcheviques en Rusia, sólo Lenin, lograron la audaz tarea de transformar la guerra en revolución: la paz era conquistada con las armas, volviéndolas contra la burguesía y las dinastías que habían provocado la guerra.

 Esta lección histórica en gran medida se ha perdido: hoy, cuando la guerra vuelve a estallar en Europa, ésta debe redescubrirse, estudiarse, restaurarse en la batalla internacionalista. Con la guerra se experimenta con las ideologías para los nuevos tiempos de hierro de la contienda. El intervencionismo europeísta, que en nombre del nacionalismo ucraniano apoya al imperialismo europeo y se suma al estadounidense. El intervencionismo filoruso, rememorando viejas obediencias al imperialismo moscovita. Un extraño pacifismo armado que se convierte en europeísmo imperialista, partidario del ejército europeo y del rearme del Viejo Continente: ha encontrado incluso como compañero de camino en el Vaticano al presidente francés Emmanuel Macron, que tiene el dedo en el botón de la bomba atómica. De todas las ideologías, la más falsa es la que pretende presentar a la Unión Europea como fuerza de paz, porque surgió de las cenizas de dos guerras mundiales. Mientras los capitales y tos imperialismos choquen, nos enseña Lenin, la paz será sólo el interludio entre una guerra y otra. Hoy, de hecho, en la guerra Europa hace un doble juego. Por un lado, se rearma y participa en la guerra por procuración de la Alianza Atlántica, contemplando el reparto de Ucrania con la adhesión de Kiev a la U.E. Por el otro, tantea el terreno del diálogo con Moscú para una tregua, para ganar un margen de autonomía de los Estados Unidos. 

No hay otro camino: fa unidad revolucionaria del proletariado ucraniano, ruso, europeo, estadounidense, chino, de todo el mundo. 

Ninguna paz verdadera es posible bajo el dominio del capital

Círculos Internacionalistas de Zaragoza


Rompecabezas de la globalización

Los falsos comienzos de la cooperación internacional

La guerra en Ucrania continua sem­brando muerte, destrucción y atrocidades, mientras la guerra económica conducida con sanciones y represalias extiende el ra­dio de acción a través de los millones de refugiados, los cortes de las cadenas de suministro y el encarecimiento de la ener­gía, con la inflación que desde la energía se reverbera a larga escala a toda mercancía y servicio de primera necesidad. Se añade la amenaza de una crisis alimenticia que P,rivaría el mediterráneo, Oriente Medio y Africa de al menos 20 millones de tone­ladas de grano ucraniano bloqueado en el Mar Negro, aumentando el número de los condenados de la tierra, los 700 millones de personas que según el Banco Mundial viven en extrema pobreza y que siempre están hambrientos. 23 países, entre los cuales están la India, Egipto e Indonesia, se protegen prohibiendo la exportación de cereales. Un estudio del Bruegel estima que bloqueos y prohibiciones mantienen aprisionados un sexto de las calorías movilizadas por el comercio mundial. 
No está claro en qué medida todo esto está comprendido en los cálculos de los meteorólogos del ciclo. Todos los baróme­tros de la economía marcan, en la primera mitad de junio, recortes sustanciales en el crecimiento y alta inflación. Los efectos de la guerra se suman a los efectos de la pandemia, agudizados por los largos lockdown chinos. Respecto a la extraordinaria recupe­ración de 2021, tras el año del Covid-19, el Banco Mundial y la OCDE disminuyen la previsión de crecimiento global, que perma­nece cercana al 3% en 2022 y en 2023, y re­ducen en un tercio la tasa de crecimiento de inflación prevista en los países avanzados, del 4,4 al 8,8%. En los EE.UU. la esperanza de «aterrizaje suave» pierde terreno. Los temores de una recesión crecen junto a la voluntad de la FED de erradicar la inflación.

Hipótesis de recesión 

Lawrence Summers considera muy probable una recesión estadounidense: «Dada la inflación del 8% y el desempleo que permanece bajo el 4%, los datos his­tóricos sugieren una altísima probabilidad de recesión en los próximos 12-24 meses». El exsecretario del Tesoro piensa que los ejemplos de «sofc landing>> (en 1965, 1984 y 1994), indicados para apuntalar el opti­mismo de la FED, no son válidos: en esas crisis no habían importantes shocks de oferta como las generadas por la pandemia y por la guerra; el mercado laboral no es­taba "restringido" como hoy; los tipos de interés eran superiores a las tasas de inflación, porque la FED se había movilizado anticipadamente. 
Jasan Furman, exjefe de los consejeros económicos de Barack Obama, considera que la posibilidad de evitar una recesión depende de la resistencia del consumo pri­vado que, a su vez, se apoya sobre los aho­rros acumulados en la pandemia. ¿Podrán estos ahorros compensar el encarecimiento de los precios, el dinero y las hipotecas?¿ Y harán retroceder las mayores tasas la infla­ción? Furman parece escéptico. 
The Economist considera probable una recesión estadounidense para 2024: será relativamente suave, pero acentuará alguna fragilidad. Los países emergentes y los PVD, debilitados por la inflación y por la crisis alimenticia, sufrirán también la caí­da de las exportaciones por una recesión de los EE.UU., mientras que la fuerza del dólar agravará el servicio de la deuda; Wall Street, que ya ha perdido el 15% de su capitalización, podrá actuar de manera im­predecible al encarecimiento de los capita­les tras diez años de crédito casi gratuito, a menudo en los sectores vinculados a los bancos-sombra, cuyas actividades superan hoy las del sistema bancario regulado; finalmente, una recesión que se superpusiera a la campaña electoral de 2024 alimentaría una venenosa batalla política que requeriría que la FED se involucrase. 
Los principales economistas de Deutsche Bank (David Folkerts-Landau, Peter Hooper, Jim Reid) consideran que una combinación de factores estructurales, del mercado laboral,. psicológicos, errores de la FED- mantendrá alta la inflación y conducirá la economía de los EE.UU. a una «significaLiva recesión a finales de 2023, con una tasa de desempleo que crecerá algunos puntos porcentuales». 

Michael Spence, premio Nobel de Economía, y Jane Fraser, jefe de Citigroup, piensan que una recesión es más probable en Europa que en los EE.UU. Kenneth Rogoff, execonomista jefe del FM1, alarga el campo: actualmente «las probabilidades de recesión en Europa, en los Estados Unidos y en China son significacivas y en aumento y un colapso en una región aumentará las probabilidades de colapso en las oLras». 

La lucha contra el coronavirus

Los falsos comienzos de la cooperación internacional

La primera Conferencia Sanitaria In­ternacional se realizó en París en 1851, impulsando una larga serie de intentos de cooperación en la lucha contra las epidemias. En Europa, el cólera había sustituido a la peste y la viruela como enfermedad más temida. A lo largo del siglo XIX se sucedieron seis pan­demias que golpearon a Asia, Europa y Norte América. Guerras coloniales y movimientos de tropas, aumento de los comercios y transportes marítimos y terrestres más rápidos llevaron el conta­gio fuera de las fronteras de la India. En Occidente halló condiciones favorables. 
Tal y como escribe el historiador de la medicina Frank Snowden, la revolución industrial creó el ambiente ideal para su difusión: «urbanización caótica», «barrios degradados y abarrota­dos con agua suministrada de manera insuficiente y discontinua, malas construcciones, alimentación inadecuada,suciedad omnipresente y ausencia de alcantarillas» (Scoria delle epidemie, LEC Edizioni, 2020). Son las condiciones en las cuales las masas proletarias estaban obligadas a vivir, descritas magistralmente por Friedrich Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra. 

Enfermedades sociales 

Sin embargo, la mejora de las con­diciones de vida de la población no fue el tema central de la Conferencia ni de las siguientes. Cuando estalló la primera pandemia en los años Treinta del siglo XIX, los Estados reaccionaron con la imposición de medidas coercitivas, tales como los cordones sanitarios y las cuarentenas, con el intento de impedir la importación de la enfermedad. Después, hubo una variedad de reglas sanitarias y de normas las restrictivas, sobre todo para los viajeros. Fue la preocupación de reducir al mínimo los daños causados al comercio internacional lo que impulsó la búsqueda de acuerdos para reglar y umformar las medidas de cuarentena principalmente marítima. Con este proposito se convoco la primera Conferencia, que duró seis meses y en la que part1c1paron 12 paises europeos más Turquía: Italia, todavía dividida, participo con cuatro Estados.

Los delegados eran dos por cada Estado, un médico y un diplomático quienes «ignoraban completamente la etiología [las causas] y las modalidades de transmisión de las enfermedades de las que hablaban», escribe Norman Howard-Jones en Les bases scientifiques des Conferences sanitaires internacionales 1851-1938 (Organisation mondiale de la Santé, Geneve, 1975). 
De las tres enfermedades que se estaban examinando peste, fiebre amarilla y cólera era solo esta última la que representaba una amenaza real. El bacilo del cólera aún no había sido descubierto; su causa y las modalidades de su transmisión seguían siendo desconoci­das y eran objeto de discusiones encar­nizadas. En muchos países dominaban las teorías "anticontagionistas", como la "teoría miasmática'', que contempla­ban exhalaciones venenosas del suelo hediondo como causa de la enfermedad. Negar la transmisibilidad del cólera de hombre a hombre apoyaba la oposi­ción a las medidas de cuarentena, con la potencia marítima británica entre los más inamovibles adversarios de los "se­cuestros" de las embarcaciones, como defensa de la libre navegación contra prácticas consideradas inútiles y sobre todo «desastrosas para el comercio». 
En general, en los países de Europa septentrional eran más fuertes las teorías anticontagionistas, mientras que los países del área mediterránea, más "que­mados" por la peste, eran propensos a admitir el contagio y a imponer las cua­rentenas marítimas (William McNeill, La pesce en la historia, Einaudi, 1981). 

En la primera Conferencia, el de­legado austriaco, un médico, afirmó que. mientras la peste azotaba a todos indistintamente, el cólera se cobraba víctimas sobre todo entre los inmoderados, especialmente los bebedores, los libertinos, los viejos decrépitos, los de­bilitados por largas enfermedades» (los sujetos "frágiles" diríamos hoy en día). El morbo podía ser un esúmulo para cambiar los malos hábitos (N. Howard­Jones, op. cit.). 
Con su cinismo, estos representantes del establishment achacaban esta situación involuntariamente a las inhumanas condiciones de vida de las capas más pobres de la población. A diferencia de otras enfermedades, como la peste mis­ma que se difundía por todos los estra­tos sociales, el cólera de hecho era «un típico ejemplo de "enfermedad social", con la tendencia a afectar a los pobres en ambientes caracterizados por construcciones de mala calidad, suministro discontinuo de agua, superpoblación, suciedad, malnutrición y descuido» (F. Snowden, op. cit.). 

El rearme europeo incentivado por la guerra de ucrania

Las divisiones dentro de Europa, acentuadas durante el cuarto mes de la guerra en Ucrania, recuerdan las que se habían manifestado en 2003 entre los países de la Europa oriental, báltica y nórdica, favorable a la guerra en lrak y una Europa agrupada alrededor del eje franco-alemán que se oponía a dicho conflicto bélico. Esta división acabó por congelar los planes de defensa europeos en las dos décadas siguientes. 
Le Monde habla de una «inconfesa­ble euforia» de una parte de la Administración estadounidense que sueña con un «debilitamiento duradero de Rusia» (10 de mayo); al mismo tiempo, en la prensa flota en el aire la sospecha de que esta euforia esté motivada también por el sueño de dividir a Europa y de que se vuelva a producir el escenario de 2003. El eje franco alemán querría evitarlo y, al parecer, intenta utilizar la dinámica impulsada por el regreso de la guerra en Europa para dar pasos adelante en el rearme europeo y en la centraliza­ción institucional. Sin embargo, dada la amplitud de este rearme, con respecto a 2003 la iniciativa renana esta vez podría encontrar mayores dificultades para pre­sentarse como una oposición pacífica. 

Divisiones europeas

En una entrevista en el New York Ti­mes del 18 de mayo, Kaja Kallas, presi­denta de Estonia, declaró que «la paz no puede ser el objetivo final» de la guerra en Ucrania, refiriéndose al sufrimiento padecido por su país tras el final de la Segunda Guerra Mundial. «No veo otra solución sino una viccoria militar que podría poner fin a todo esto de una vez por codas»; de lo contrario «habrá una pausa de uno o dos años, luego codo se­guirá como anees». Por su parte, en la Bild del 9 de junio, el presidente polaco Andrzej Duda acusaba a Emmanuel Macron y a Olaf Scholz de condescendencia con Vladimir Putin, al seguir en contacto con el presidente ruso. Duda invitaba a no tener miedo del «chantaje» nuclear ruso: «El potencial nuclear de la OTAN y del mundo destrozaría a Rusia. Es un peligro para el mundo, aunque también Putin y Rusia lo saben». La historia centenaria de los respectivos paises (Estonia y Polonia), que fueron objeto de reparto entre las potencias, junto con su experiencia personal y familiar de lucha con­tra Rusia,. se ve reflejada en las declaraciones de los dos líderes. 
En cambio, el 4 de junio, en una en­trevista para la prensa regional francesa, Macron declaró: «No hay que humillar a Rusia, para que el día en que se acaben los combates se pueda construir una vía de escape mediante los canales diplo­máticos». Por su lado, Scholz es mucho más esquivo, y describe así en el Bun­destag el objetivo de la guerra en Ucra­nia: «Rusia no puede ganar, Ucrania debe seguir existiendo» (19 de mayo). El cancillerse defiende de las criticas segun las cuales estaria retrasando las entregas de armas a Ucrania, diciendo que Alemania hace tantos esfuerzos como sus aliados y que se debe evitar que la OTAN se vuelva cobeligerante. Pero sus argumentos no convencen del todo a los detractores. 

El debate alemán 

Die Zeit le reprocha al canciller una falta de claridad que alimenta la sospe­cha de que Alemania no esté ayudando bastante a Ucrania, en el intento de em­pujar a Kiev a que acepte concesiones a cambio de ·un rápido alto el fuego. «No tiene que decir necesariamente que Ucrania debe ganar, aunque debería decir claramente lo que quiere» (2 de junio). Der Spiegel lamenta: «La ruptu­ra en la política exterior -anunciada por Scholz el 27 de febrero durante su famo­so discurso sobre el Zeitenwende (cam­bio de época)-no ha tenido consecuen­cias hasta ahora». El periódico semanal reconoce que, «cuando Alemania, el gi­gante en medio de Europa, se mueve, las ventanas de codo el continente se echan a temblar» y que durante mucho tiempo esto no ha hecho presagiar «nada bue­no». Sin embargo, esta vez «el coloso debe moverse» (11 de junio). Contra­riamente a lo que escribe Der Spiegel, el Zeitenwende anunciado por Scholz ya ha tenido una gran consecuencia: el Bundestag y el Bundesrat han aprobado por amplia mayoría el fondo especial de 100 mil millones de euros para las fuerzas armadas alemanas. Pero también sobre este punto se escuchan críticas: Frankfurter Allgemeine Zeitung denun­cia la ausencia de un «concepto gene­ral» en base al cual gastar este dinero. El periódico conservador concluye que el fondo de 100 mil millones «no puede sino ser un comienzo» (7 de junio). 
En realidad, la creación del fondo especial para las fuerzas armadas demuestra que Alemania sí se está moviendo. Sin embargo, es normal preguntarse si la ambigüedad de Scholz no es una elec­ción adrede para poder moverse sin que «las ventanas se echen a temblar». 
Una voz imponante que apoya al canciller socialdemócrata es la de Ange­la Merkel. Seis meses después del final de sus dieciséis años de "reinado" como canciller alemana, ha vuelto a la escena pública. En una intervención en el teatro Berliner Ensemble, transmitida en directo por televisión, ha expresado su confianza en el gobierno actual. Merkel ha aprovechado para defender su política hacia Rusia. «Europa y Rusia son vecinas,no podemos ignorarnos completamente. Tampoco va a ser posible en el futuro». De esta forma, legitima el hecho de no haber interrumpido nunca los contactos con Moscú. Justifica su rechazo de la adhesión de Ucrania a la OTAN en 2008 afirmando que Putin lo habría considerado «una declaración de guerra». En cuanto a su implicación en las negociaciones para los acuerdos de Minsk, considera que estos han tenido el mérito de haber dado a Ucrania siete años de relativa calma durante los cuales el país ha podido reforzarse. 
La ex canciller cristiano demócrata ha rechazado las acusaciones de ingenuidad para con Rusia, subrayando que tras la anexión de Crimea en 2014 apoyó las sanciones contra Moscú y aumentó asimismo el presupuesto militar de Ale­mania de 32 a 50 mil millones de euros, un nivel similar al francés y al británico. Merkel ha añadido que habría deseado ul­teriores refuerzos, incluida la ac;!quisición de drones armados, pero que estos habían sido bloqueados por el panner de su coali­ción de gobierno, el SPD. Para Le Monde esta sería una manera de decir que «el se­ñor Scholz, prometiendo a finales de fe­brero que Alemania alcanzará el umbral del 2%, prácticamente está haciendo tan solo lo que ella misma hubiera querido» (11 de junio). Merkel concluye afinnando que, ahora, contra Rusia se tendrá que usar la disuasión militar: «Es el único len­guaje que Putin entiende».