El debate sobre el ciclo está una vez más en la encrucijada entre la recuperación, la ralentización y la recesión. Es una situación que ya ha sido verificada en los últimos años, determinada por el contraste entre los factores que atestiguan una estabilización relativa y otros que presagian nuevos desequilibrios o rupturas.
Mario Draghi habla de ello como un estado de «acrecentada incertidumbre general». Es la incertidumbre de la nueva fase estratégica del imperialismo en la que, dadas las condiciones de reparto del capital social, los espacios para una división internacional del trabajo han sido relativamente restringidos, acentuando las tensiones y los desequilibrios, pero sin que esto produzca todavía choques y fricciones agudas entre las potencias al nivel de una ruptura del orden.









