3. Observatorio de París
Publicamos este artículo que aparece en el periódico de los compañeros franceses de "L' Internationaliste ".
Mientras se cierra el "gran debate" abierto por Emmanuel Macron, los chalecos amarillos van a la prórroga. A medida que la ya escasa participación en las manifestaciones se debilita, salen más a la luz las expresiones más retrógradas del movimiento. Los intereses de los medios de comunicación se han desplazado hacia la campaña lanzada por la presidencia, y la jacquerie amarilla solo consigue atraer las cámaras de televisión con los excesos antisemitas o nacional-populistas.
Uno de los personajes más representativos del movimiento, Christophe Chalencon, potencial candidato en las europeas, se ha reunido con el vicepresidente del Consejo de Ministros italiano y dirigente del Movimiento 5 Estrellas Luigi di Maio en Montargis, no sin antes instar al antiguo Jefe de Estado Mayor Pierre de Villiers a "tomar el poder". La tradición francesa del igualitarismo siempre ha suscitado las esperanzas en un hombre de la Providencia, contrapuesto a los privilegiados. El general George Boulanger abrió el baile en los albores del siglo del imperialismo.

China es la cuestión del siglo y a uno se le quitan los ánimos viendo su política que reduce dicho país a un intercambio de represalias entre vicepresidentes o subsecretarios. En realidad, se ha abierto una contienda descarada, hecha de choques y de alianzas entre los gigantes del capital y entre sus Estados. Un frente es el económico. Por la Ruta de la Seda corren inversiones de miles de millones; centenares de acuerdos son la red objetiva de influencia; un partido chino aparece por doquier, en cada país que está atravesado por él, al lado de cada industria implicada o en cada puerto. En unos pocos años, la batalla del coche eléctrico, que ha partido de China pero ha sido relanzada en Alemania, verá una inversión de al menos 1 billón, para las nuevas columnas de suministro eléctrico, nuevos modelos, nuevas redes "inteligentes". Pero es suficiente una fracción de ese flujo de miles de millones también para nuevas lobby, nuevas corrientes en los partidos, nuevas ideologías. Entonces aparecen los chalecos verdes contra los chalecos amarillos, y vemos a China pillar a todos desprevenidos con los mitos del chanchullo ecológico. Antes era el blanco de todos, ahora está en la ofensiva: coche limpio y high tech del desarrollo sostenible. Hay también un frente más político, que tiene que ver con la contienda de potencia y con los dilemas de Europa. Desde hace unos años los soberanistas prosperan en las urnas aprovechando los miedos de la pequeña burguesía y los estratos intermedios; es el populismo propietario de poblaciones prósperas pero envejecidas. La crisis de 2008 hizo entrever el espectro del declive; la inmigración se ha vuelto el chivo expiatorio para identidades vacilantes. Para la clase dominante y su política, es un problema. A decir verdad, al gran capital no le importa un bledo de los temblores de pequeños y pequeñísimos capitales y de las psicologías sociales de la protección soberanista. En el mundo se enfrentan gigantes con dimensiones de continentes y sirven nuevos mitos para mover las masas, aunque, a fin de cuentas, hay que empezar por esos miedos.
He aquí que empiezan a burbujear las ideologías para operaciones políticas sin precedentes. La Europa que protege contra las intrusiones externas, la Europa soberana contra una China coloso autoritario: hace falta un gran miedo para poner en vereda y hasta reclutar a los traficantes de pequeños temores. Para nuestra clase, en cambio, hace falta la ciencia marxista y la organización para no caer en las nuevas trampas de la ideología imperialista.
Hemos escrito que el paso al coche eléctrico instaura un «cambio de paradigma»: por lo tanto, es inevitable que ataña de manera directa al mundo del trabajo asalariado. Será igualmente inevitable la apertura de una brecha a la influencia sobre los trabajadores y a los intentos de utilizarlos por parte de grandes grupos en sus luchas de competencia. Para rechazarlos, es preciso establecer algunos puntos firmes.
2. Observatorio de parís
Mutaciones del oportunismo en el nuevo ciclo político
Publicamos este artículo que aparece en el periódico de los compañeros franceses de
"L'Internationaliste".
Durante los últimos meses se han verificado al mismo tiempo dos movimientos convergentes y en conflicto: una relativa renacionalización de la Presidencia francesa y una europeización de las denominadas organizaciones soberanas. En una entrevista concedida a varios periódicos para lanzar su "gran debate", Emmanuel Macron declaró que le gustaría restaurar el brillo de las «fuerzas orgánicas» la familia, los municipios, las comunidades locales, el Estado, que constituyen «la identidad de nuestro pueblo». Pretende establecer en su campaña en la necesidad de «cambiar Europa» para preservar «el alma de los pueblos», en la que dice «creer profundamente».
El Rin en tiempos de Asia
La unidad imperialista de Europa empieza a perfilarse como una exigencia del capital ya a finales de siglo, entre el Ochocientos burgués y el siglo XIX imperialista. Escribe Franz Mehring que, cuando la filosofía alemana declaró finalizada la «misión histórica universal de lo prusiano», con ello expresaba «la satisfacción de la burguesía alemana por la eliminación de las barreras que en los pequeños Estados alemanes y en sus instituciones modificadas se habían opuesto a la extensión del capitalismo». Pero habían transcurrido pocas décadas desde la unidad de Alemania, nación atrasada en el contexto europeo, cuando ya, «en una evolución sin precedentes, poderosa y rápida, el pensamiento nacional se convirtió en una barrera sobre la cual golpeaba con impaciencia la fuerza de expansión del capital: en la época de los carteles y de los trust por un lado del movimiento internacional de los trabajadores por el otro, se desteñían los colores en los palos de las fronteras de cada uno de los países» (F. Mehring, la leyenda de lessing, 1893 ).
De las contradicciones de este proceso se desencadenó el choque de las naciones en las dos guerras mundiales. El capital agarró las carcasas del Estado-nación, en las que había afirmado a lo largo de los siglos sus poderes políticos y la centralización de la violencia. Incapaz de unificarse políticamente, Europa se auto-destruyó en la masacre entre 1914 y 1945, desde la Gran Guerra hasta la catástrofe nazi.
El Rin, línea de frontera entre las dos principales potencias continentales, está en el corazón de este movimiento contradictorio de unidad y escisión.

Hay muy mal humor en los ambientes del viejo orden liberal euroatlántico. Según un decano de la política exterior francesa, la historia titubea y no se sabe qué dirección tomará. Para el líder de la opinión liberal en el diario de la City de Londres, la primera globalización se estrelló a comienzos del siglo XX en la sucesión entre guerra, crisis económica y políticas proteccionistas. Hoy puede ocurrir lo mismo, pero con otra secuencia: antes, la crisis global de 2008 y luego el crescendo proteccionista y las tensiones de potencia entré los Estados Unidos y China. La guerra, se intuye, puede estar en el horizonte. Además, Europa se encuentra en el medio, entre América y China, entre Donald Trump en Washington que grita amenazas y Pekín que le tira de la chaqueta, y acusa a Angela Merkel por no ser capaz de decidirse. En realidad existe un juego ambivalente del Viejo Continente, donde la Unión de todos modos hace valer sus poderes, su divisa y sus capitales. Lo vemos en la contienda sobre los mercados, donde ya en muchos sectores de las altas tecnologías China es un nuevo competidor. Se exacerba la batalla para cortar el camino a sus nuevos campeones industriales acusados de recibir ayudas del Estado, o para obligar a Pekín a abrir un mercado interno enorme pero semiprotegido. En las telecomunicaciones, los Estados Unidos quieren la prohibición para Huawei; Europa arrastra los pies. En el sector de los coches, con inversiones colosales en el sector eléctrico, empieza una batalla como no ha producido nunca en cien años: esa también ha sido acelerada por sorpresa por China, pero mientras tanto se ha convertido también en una ofensiva alemana.
La historia está en una encrucijada también en la lucha política y en la lucha de las clases. Entre los Solones de su política, ¿quién habría podido decir que en América las presidenciales se decidirían acerca de un muro que se quería levantar en la frontera de México?¿ Que Londres se jugaría a los dados su nexo estratégico con Europa pero se quedaría durante años en el pantano? ¿Que en Italia la segregación de un millón de inmigrantes regulares se exhibiría como un trofeo electoral? ¿Que por doquier Twitter, Facebook, lnstagram, en combinación con los salones televisivos, se convertirían en plazas y en las tribunas de su política?
Quién sabe por cuánto tiempo seguirá existiendo la historia, entre el viejo orden que aún no ha muerto y el nuevo que nacerá solo entre crisis, tensiones y guerras mortíferas. Es el nuevo ciclo político; lo hemos visto venir, lo estudiamos y luchamos contra sus poderes, sus partidos y sus ideologías. Organización y ciencia marxista: es la fórmula para la autonomía de nuestra clase.
El debate sobre el ciclo está una vez más en la encrucijada entre la recuperación, la ralentización y la recesión. Es una situación que ya ha sido verificada en los últimos años, determinada por el contraste entre los factores que atestiguan una estabilización relativa y otros que presagian nuevos desequilibrios o rupturas.
Mario Draghi habla de ello como un estado de «acrecentada incertidumbre general». Es la incertidumbre de la nueva fase estratégica del imperialismo en la que, dadas las condiciones de reparto del capital social, los espacios para una división internacional del trabajo han sido relativamente restringidos, acentuando las tensiones y los desequilibrios, pero sin que esto produzca todavía choques y fricciones agudas entre las potencias al nivel de una ruptura del orden.
1. Observatorio de parís
Publicamos este artículo que aparece en el periódico de los compañeros franceses de "L'Internationaliste ".
«El 9 de septiembre de 1715. cuando el cadáver de luis XIV.fue llevado con gran pompa de Versalles a Saint-Den is, un hecho sorprendió a los presentes: por primera vez. la procesión.funeraria del soberano estaba conformada esencialmente solo por la casa real. El municipio parisino. las parroquias. los gremios profesionales. los parlamentos. cuyos representantes habían asistido al funeral de Luis XIII. esta vez estaban ausentes. El absolutismo había tenido demasiado éxito y había aislado a la corona de lo que posteriormente se llamarán los "cuerpos intermedios" y la sociedad civil. Sabiendo que no tenían ninguna influencia sohre la evolución de los asuntos públicos. se fueron distanciando. y salieron de la pasividad solo para defender sus privilegios. [...]
Aquí tenemos al Estado como el único responsable del interés público. ¿Será capaz de asumir tal carga? En su texto L' Ancien Régimen et la Révolution. Tocqueville piensa que no: llega una crisis y "el gobierno central teme su aislamiento y su debilidad; le gustaría revivir para la ocasión las influencias personales o asociaciones políticas que destruyó: los llama al rescate: pero nadie llega y cada vez se asombra al descubrir que las personas a las que había quitado la vida están muertas··. ¿Cómo no podemos pensar en Macron flente a los "chalecos amarillos"? Entre el palacio del Elíseo y las plazas no hay nada».
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó a finales de noviembre su Informe mundial sobre los salarios, actualizado a los datos de 2017. El resumen es que en el año en cuestión el incremento salarial a nivel mundial ha sido el más bajo desde 2008, a pesar de la recuperación económica en marcha y de un índice de paro a nivel mínimo.
Según un estudio UBS sobre 48 países entre países desarrollados y emergentes, el índice de desocupación, de hecho, ha bajado del 8% de 2010 al 5,2% del septiembre de 2018, «el nivel más bajo desde el 5% de 1980» (Financia/ Times, 6 de diciembre).
En la euro-zona está en el 8,1 %, el más bajo desde 2008, el año en que empezó la crisis. Y entonces ¿por qué, en estas condiciones en el mercado de la fuerza de trabajo, no ha empezado de nuevo el crecimiento salarial? Es el enigma que intentan descifrar desde hace tiempo centros de gobiernos y bancos centrales.
Durante las semanas posteriores a las conmemoraciones oficiales delcentenario del final de la Primera Guerra Mundial, el arco de Triunfo y los Campos Elíseos han regresado al centro de la atención de los medios de comunicación internacionales. En París. solo se han contado unos pocos miles de participantes, pero en toda Francia los "chalecos amarillos" en las manítestaciones de los últimos sábados fueron entre 150 y 300 mil.
Se trata de un movimiento interclasista, nacido en Internet, apoyado por las redes de televisión de información continua. y que se ha logrado sin los «organismos intermedios» (sindicatos, partidos, etc.). Su acción simbólica fue el bloqueo de las rotondas. Un movimiento numéricamente débil. pero ampliamente apoyado por la opinión pública.
En Francia, la relación con Estados Unidos y, en general, la proyección de potencia se basan en la tradición gaullista. El general Charles de Gaulle no pone en duda la alianza con Washington, pero reclama la autonomía de París, también sancionada sobre el plano de la disuasión nuclear. Respecto a Europa, a pesar del acento en las naciones, De Gaulle elige el anclaje renano con respecto al imperio colonial francés: a la independencia de Argelia en 1962 le sigue, al año siguiente, el Tratado del Eliseo. Francois Mitterrand confirma y refuerza la dirección estratégica europea,en particular con la alineación renana de 1983 y luego en la relación con Helmut Kohl, el canciller de la reunificación alemana. Hoy, Emmanuel Macron reclama una filiación de esa tradición, declinada en la forma de un gaullismo europeo y en el concepto de «soberanía europea».
Gran Bretaña ha contado históricamente con una relación especia! con Washington, pero ahora ve minados los dos pilares principales de su política exterior: el nexo atlántico es un cierto frenteal unilateralismo estadounidense, y la relación con Europa es puesta en cuestión por el Brexit, una salida de la UE que se está revelando desgarradora y contraproducente.
En las colisiones globales, la capacidad de Europa de desempeñar un papel en la contienda está vinculada a su grado de cohesión interna. El déficit de centralización europea, legado histórico de la afirmación secular de los Estados nacionales, es un obstáculo para la proyección de potencia y abre las puertas a las crisis e interferencias externas. La adaptación a la nueva escala de la contienda ha impuesto un proceso atormentado de ruptura y cesión de la soberanía, particularmente sufrida en Estados como Francia o Gran Bretaña porque reclaman tradiciones nacionales ininterrumpidas de la Edad Media y un pasado imperial, con los mitos de la grandeza universalista y de la libertad insular.