Crónicas de la Ruta de la Seda

Wang y el cambio secular inédito

En la Larga marcha de la gran potencia (Pekín, 2019), el director ejecutivo del Instituto Chongyang, Wang Wen, reconstruye históricamente la formación del factor moral chino durante el proceso de modernización y ascenso del gigante asiático, y afirma que la crisis financiera de 2008, empujando a China al centro de la atención, reveló un «retraso chino en la elaboración de conceptos de gobernanza global». Durante siglos «los chinos han tenido un miedo inexplicable al océano» y la «civilización agrícola» les llevó a «quedarse atrás» en la gran política internacional. 
El autor divide «el proceso de modernización de China en cuatro épocas». La primera, la «era de la arrogancia», se abre en 1793 con la llegada a Pekín de la misión británica de George Macartney y se concluye con la primera guerra del opio en 1840: «en ese momento, comenzó la colisión oficial entre los imperios occidental y oriental». Un largo «periodo de aislamiento había hecho que el gobierno de Qing ignorara la revolución tecnológica y la civilización occidental», pero las guerras del opio se encargaron de demoler la arrogancia manchú. 

La formación histórica del factor moral burgués 

Siguieron los «años de frustración», entre 1840 y 1912. La élite china se hace ilusiones pensando que pueden gestionar la modernización, pero la guerra chino japonesa aniquila a toda la flota del Norte y marca el fracaso del «movimiento de auto fortalecimiento» chino. En 1842, Wei Yuan escribió en El reino del mar que China «debía aprender de los extranjeros para competir con ellos», iniciando el movimiento de «occidentalización». Pero en 1898, el «movimiento de las reformas» de Kang Y ouwei y Liang Qichao fracasa en solo cien días. Entre sus referencias estaban el Japón de la «Restauración Meiji» y la monarquía constitucional. En aquel momento nacieron la Sociedad para la Regeneración de China y la Alianza Revolucionaria China de Sun Yatsen y Song Jiaoren, que se insertan en la desintegración del imperio y las contradicciones del «fósil viviente» reducido al Estado «semicolonial». Durante este periodo, el «sentido de autosuficiencia de los chinos se derrumbó por completo». 
La revolución de 1911 abre «la era de la lucha»: aunque Sun Yatsen introduce «las características de un moderno Estado nación», en términos generales China pasa por un «periodo de desintegración», que roza la «extinción» durante la invasión japonesa. En 1912, el gobierno nacionalista «toma prestado mucho de Occidente, en algunos aspectos copiando completamente, mientras la Revolución Rusa de 1917 lleva el marxismo a China»

Una serie de colisiones externas

Durante el periodo de las guerras mundiales y las guerras civiles chinas, la Tercera Internacional corrompida por el estalinismo, "pierde" a China. El general Yuan Shikai, jefe del Ejército del Norte, intenta unificar China, pero muere en 1916. Se abre la fase de los Señores de la Guerra: Duan Qirui de Anhui, Wu Peifu de Zhili (Hebei), Zhang Zuolin de Fengtian (Liao­ning) y otros. En 1928, Chiang Kaishek reunifica China procediendo desde el sur, contra el ejército de Beiyang, los Señores
de la guerra y el PCCh, obligados en 1934 a la retirada de la "larga marcha". Wang señala que el PCCh también nació en 1921 «buscando una manera para salvar la nación». 
La burguesía china dirige sus guerras de unificación, pero en este punto China se ve embestida por el ciclo asiático de la Segunda Guerra Imperialista. Para Wang Wen, solo la «liberación nacional» de 1949 abre la «era del ascenso», inicialmente marcada por la guerra de Corea, la «lucha hegemónica» con Moscú y la «autodefensa» en la frontera con la India. «Desde la caída de los Qing, el sueño chino de la "dinastía celeste" despertó y se dirige a las potencias extranjeras que oprimen a la nación china, con la tarea histórica de poner fin a un siglo de humillaciones». Wang caracteriza el maoísmo con una eficaz síntesis: pasa por un «periodo de revolución unilateral», la autarquía, pero constituye un «sistema industrial relativamente completo y restablece el estatus de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU» en 1971. Con Deng Xiaoping se abre en cambio un nuevo «periodo de aprendizaje de Occidente».

Mito del New Deal y la pandemia secular

«Ya he citado anteriormente la actividad desacostumbrada que desplegaron las autoridades sanitarias cuando se produjo la epidemia de cólera en Manchester. En efecto, cuando la epidemia amenazó, un pavor general se apoderó de la burguesía de la ciudad; de pronto se acordó de las viviendas insalubres de los pobres y tembló ante la certidumbre de que cada uno de esos malos barrios iba a constituir un foco de epidemia, desde los cuales extendería sus estragos en todo sentido a las residencias de la clase poseedora». 
Esta es la descripción de Friedrich Engels, en La situación de la clase obrera en Inglaterra, escrito en 1845 con veinticuatro años. En ese texto memorable, al mismo tiempo de denuncia política y reconocimiento científico de las condiciones de clase, Engels describe la situación de la clase obrera en los ruinosos barrios de la revolución industrial inglesa, el primero de ellos la «Pequeña Irlanda» en Manchester, y en cuanto a las epidemias, señala tres aspectos. Primero, las epidemias, especialmente las enfermedades pulmonares, se ven favorecidas por las pésimas condiciones sanitarias de las metrópolis industriales y, en particular, de los barrios obreros. Hogares insalubres, barrios sucios sin letrinas y densidad de población intolerable: es inevitable que las epidemias provoquen masacres. Segundo, las oleadas de contagio están relacionadas con el ciclo económico; el tifus y el cólera asolaron con particu­lar virulencia en 1826, 1837 y 1842 junto al «aumento de los precios» y «crisis comerciales». 
Tercero, la burguesía reacciona y se preocupa por la clase obrera sólo cuando se extiende el miedo al contagio. Por eso, a toda crisis epidémica se responde con campañas de saneamiento de los barrios obreros, para luego abandonar los proyectos por el camino hasta que se repita una nueva explosión de las enfermedades. 

Engels no sería un científico revolucionario si no verificara y actualizara los resultados de su investigación a medida que avanza el desarrollo capitalista. En el prefacio de la edición alemana del texto, en 1892, hace un balance y un reexamen de esos primeros escritos con casi medio siglo de diferencia. 
La premisa es precisamente la extensión del desarrollo a escala global. En Inglaterra, la recuperación tras la crisis de 1847 «marcó el comienzo de una nueva era industrial»; «China se abría cada vez más al comercio», «Estados Unidos se desarrolló especialmente, a una velocidad inaudita»; los nuevos medios de comunicación, «ferrocarriles y barcos de vapor transoceánicos», convirtieron en realidad el «mercado mundial». 
Es lo que hoy se llama en mu­chos análisis primera globalización. La concentración vinculada a ese desarrollo global, señala Engels, transforma también algunas características del capital en la superficie: 
« Y a medida en que se producía este progreso, la gran indust­ria adquiría una apariencia más de acuerdo con los principios de la moralidad. La competencia en­tre industriales basada con pequeñas raterías en detrimento de los obreros ya no era rentable. Los negocios se habían desarro­llado de tal manera que ya no se necesitaban medios tan miserables para hacer dinero; el industrial millonario tenía asuntos más importantes que perder el tiempo en estafas tan insignificantes, válidas aún para la gente menuda sin dinero, que tenían que agarrar cada centavo para no sucumbir a la competencia». Lo mismo valía para la gran industria y la convivencia con los sindicatos; 
«cuanto mayor era una planta industrial y más obreros ocupaba, mayores eran los perjuicios y las dificultades comerciales con que tropezaba ante cualquier conflicto con los obreros». 

Lenin, en una carta a Gorki en enero de 1911, describe este cam­bio como la afirmación del «capitalismo democrático». Como sustituto del «capitalismo octubrista y de centuria negra», del nombre en Rusia de los liberales conservadores prozaristas y de los escuadrones armados patronales utilizados contra obreros y jornaleros. Pero la transformación, escribe Engels, es útil para la lucha del gran capital contra el pequeño capital:  «Todas estas concesiones a la justicia y la filantropía no eran en realidad más que un medio para acelerar la concentración de capital en manos de unos pocos y aplast­ar a los pequeños competidores, que no podrían subsistir sin esas ganancias adicionales». Los abusos y pequeñas extorsiones de los primeros pasos del capital no sólo habían perdido importancia, «sino que ahora incluso obstaculizaban los negocios a gran escala». 
Lo mismo vale para los hogares o las condiciones sanitarias, como vimos denunciado por el joven Engels en 1845: «La frecuente aparición de cólera, tifus, viruela y otras epidemias, ha inculcado en la mente del burgués inglés la urgente necesidad de sanear sus ciudades, si no quiere ser también víctima de estas enfermedades junto a su familia. En consecuencia, los defectos más escandalosos descritos en este libro ahora se eliminan, o al menos se hacen menos vistosas».

Sin embargo, esas condiciones reaparecieron precisamente en el mercado mundial, en las nue­vas áreas entonces en desarrollo: «Mientras Inglaterra ha salido de esa etapa juvenil de explotación capitalista que he descrito, otros países acaban de entrar. Francia, Alemania y sobre todo Estados Unidos son los terribles competidores que, como predije en 1844, rompen progresivamente el monopolio industrial de Inglaterra. Su industria es joven en comparación con la inglesa, pero crece mucho más rápido, y ha alcanzado hoy casi el mismo grado de desarrollo que la industria inglesa en 1844. La analogía es mucho más sorprendente por lo que respecta a Estados Unidos. Ciertamente, el entorno externo en el que vive la clase trabajadora estadounidense es muy diferente, pero operan las mismas leyes eco­nómicas, y los resultados, aunque no idénticos en todos los aspectos, no pueden sino ser del mismo tipo».

Cuando Lenin escribe a Gorki sobre el «capitalismo octubrista y de las centurias negras», retoma la noción de Engels aplicándola a la ruta continental hacia el área eslava: «En Europa occidental casi no hay capital octubrista; casi todo es capital democrático. El capital octubrista emigró de Inglaterra y Francia a Rusia, a Asia». 
Son necesarias algunas observaciones. Primero, la teoría en cuestión es la teoría 
del desarrollo desigual, tanto en el plano económico como el político. Arrigo Cervetto acuñó la fórmula de una «elección reformista del gran capital» para identificar la línea gran burguesa en Italia a fines de los años sesenta, pero no limitó esa observación solo al desarrollo imperialista italiano; Engels y Lenin nos confirman que se puede generalizar en una regularidad política real y propia del desarrollo desigual. A la hora de afrontar las convulsiones sociales de la disgregación campesina y la urbanización, que mueven a millones de personas trastornando sus hábitos, condiciones de vida y mentalidad, el trazo histórico del ascenso burgués muestra que la elección reformista es la más conveniente para los intereses generales de la clase dominante. Esto lo confirman las crisis de un de siglo que de alguna manera afectan a todas las potencias a fines del siglo XIX, mientras que durante el siglo XX la afirmación entre contradicciones, guerras y crisis del capitalismo democrático es el tanteo de una burguesía mundial que debe encontrar y experimentar con las formas de democracia imperialista, más acordes a sus necesidades. 
Segundo. el cambio social es biológico y no mecánico; toda tendencia procede por contratendencias y contra movimientos. No hace mucho, comentando la crisis migratoria que ha desencadenado la reacción xenófoba en Europa, retomamos las tesis de Cervetto de los años ochenta al inicio de esos flujos: con la inmigración Italia atrajo «a una nueva fuente de plusvalía de la cuenca mediterránea», una fuerza de trabajo «a bajo precio y sin ningún tipo de protección». A través de él, proporcionalmente, el imperialismo italiano y europeo hoy importa «una dosis de capitalismo de las centurias negras y una cuenca de plusvalía absoluta». 

La crisis de la pandemia secular ha descubierto en todas partes, no sólo en las áreas en desarrollo de Asia, África y América Latina, sino también en las antiguas potencias consolidadas, cuánto de la explotación salvaje octubrista de las centurias negras se había guardado el capital, reproduciendo también a nivel habitacional y sanitario las condiciones denunciadas por Engels hace más de siglo y medio. Tanto es así, como documenta Der Spiegel, donde los asalariados son apiñados en las megalópolis de Asia, han actuado como incubadoras del Covid-19 tanto como los dormitorios para los trabajadores de los mataderos de los gigantes alimentarios, en la muy civilizada Renania. 
Tercero, en la segunda posguerra y en las décadas del ciclo liberal de la denominada segunda globalización, la competencia "civilizada" entre grandes y pequeños capitales y entre viejas y nuevas potencias, lo que fundamenta la transición al capitalismo democrático en el análisis de Engels, se ha convertido en una de las armas de la contienda imperialista. La OCDE es, en cierto modo, el cártel de las potencias del capitalismo democrático, donde los capitalistas se enfrentan según estándares comu­nes de carácter social, ambiental e incluso político-institucional. No es casualidad que los nuevos capitalismos que irrumpieron gradualmente en el mercado mundial fueran acusados de dumping social y de dumping ambiental, así como de competencia desleal a través del intervencionismo estatal: el capitalismo democrático hace de sus reglas un arma de competencia contra los recién llegados. 
Cuarto, el New Deal, en los años treinta de la Gran Crisis estadounidense, es considerado por la ideología dominante la afirmación decisiva del capitalismo democrático; Franklin Delano Roosevelt recogió la herencia del progresismo estadounidense de principios del siglo XX y aplicó los métodos de planificación experimentados en la Primera Guerra Mundial en un ciclo colosal de inversiones estatales. 

Disputa de potencias en el "Mediterráneo ampliado"

Si la intervención militar turca parece haber congelado el conflicto libio, el activismo de Ankara aumenta las tensiones en el Mediterráneo, en particular con París, pero también con otras potencias regionales. Los reveses del mariscal Jalifa Haftar han llevado a Egipto a amenazar con una intervención militar directa: un «disparo de advertencia» no sólo retórico, destinado a frenar futuras pretensiones ofensivas de Trípoli y Ankara. 
El empeoramiento de la crisis libanesa ha permitido a Francia, después del desastre libio, relanzar una iniciativa diplomática en Levante. El anuncio dé normalización diplomática entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos le permite a Donald Trump marcar un punto diplomático significativo, con reflejos sobre los equilibrios regionales. La cuestión libia y la intensificación de la disputa entre las potencias se produce en un Mediterráneo ampliado, cruce de una pluralidad de intereses y tensiones entrelazados. 

Partida libio mediterránea 

En la disputa turco francesa la cuestión libia se solapa a la de los yacimientos de gas offshore en el Mediterráneo Oriental: Ankara se inserta en los acuerdos entre Grecia, Chipre, Egipto e Israel, con intereses de los Emiratos y franco italianos. 
París, poco antes de mediados de agosto, realizó ejercicios navales con la marina griega para enviar una «señal de amenaza» a Turquía, que emprende prospecciones de los fondos marinos en aguas reivindicadas por Grecia bajo protección militar. A diferencia de Libia, según los comentarios franceses, en esta ocasión sería mayor la «división de papeles» franco alemán frente a la asertividad turca. Para Bruno Tertrais, director de la Fondation pour la Recherche Stratégique, cercana a los ámbitos militares, «el objetivo es presionar a Ankara para que se retire de la plataforma continental griega y empujarla a volver al diálogo: tanto París como Berlín respaldan la voluntad de Bruselas de calmar el juego». Aunque muchos países europeos no desean poner a Turquía contra la pared, se está manifestando un «cambio perceptible» de actitud, menos condescendiente con Ankara. 
Según la valoración de Politico, sin embargo, en la contienda en torno al asunto Libia Mediterráneo Oriental, mientras Emmanuel Macron está desplegando «fuerzas navales extra», Angela Merkel parece más inclinada a desempeñar un «papel de intermediaria entre Ankara y Atenas». Es una posición recogida por los medios proguber namentales turcos: para ellos las dos «fuentes de tensión en el Mediterráneo son piezas unidas e inseparables de un mismo rompecabezas» donde Ankara se muestra receptiva a la solicitud de desempeñar un «papel constructivo» expresado en varias ocasiones por Berlín. En la cumbre franco alemana de Bréganron el 19 de agosto, Macron y Merkel definieron una posición de complementariedad en los informes de política exterior, incluida la relación con Turquía. 
Para Arnaud Peyronnet, analista del FMES, think tank cercano a la marina francesa, la «mano de póker» turca intenta enviar 
«una clara señal»: los intereses de Ankara en el área no pueden ser ignorados. Si la diplomada de Atenas se refuerza por el apoyo francés, recordando cómo la UE tiene los medios para «causar daños enormes» a la economía de Ankara, ésta, a través de la japonesa Nikkei, evoca una relación más estrecha con Pekín: el fondo soberano turco TWF, creado en 2016 con acúvos por valor de 230 mil millones de dólares y presidido por Recep Tayyip Erdogan, tendría como objetivo «profundizar la conexión  entre Turquía y la nueva Ruta de la Seda»
«Lanzar µores al Este y al Oeste» fue la fórmula utilizada por Erdogan aspara definir oncretola postura diplomática turca. Un paso concretoo fue la compra del sistema antimisiles ruso S-400, para marcar una medida de autonomía de la OTAN. 

Batalla por las vacunas

Batalla por las vacunas
¡ Para cuando será segura !

Según The Lancet, el número de vacunas candidatas contra el Covid 19 ha ascendido a casi 200. La lista de la Organización Mundial de la Salud (OMS­WHO), actualizada al 13 de agosto, cuenta 167 en total, 29 de los cuales están en evaluación clínica y 138 preclínica. En el desarrollo de las vacunas en los trial clínicos participan, solos o en colaboración, empresas y centros de investigación de 15 países. China está implicada en 11 proyectos, al igual que Estados Unidos; Gran Bretaña participa en tres, Alemania en dos y Francia en uno (Draft landscape of Covid 19 candidace vaccines, 13 de agosto). A dicha lista se ha añadido recientemente la sociedad biotecnológica italiana Reithera, que ha recibido de la Agencia Italiana del Fármaco (AIF A) la autorización para iniciar los trial clínicos de fase 1 sobre 90 voluntarios, en el Istituto Lazzaro SpalJanzani y el Centro Ricerche Cliniche Verana. En abril, Reithera constituyó un consorcio con la alemana Leukocare y la belga Univercelles para acelerar el proceso productivo.
Para llegar al público, una vacuna debe seguir un recorrido largo y difícil. Se ha calculado que, entre 1998 y 2009, el tiempo empleado de media por una vacuna para pasar de la fase preclínica a la distribución ha sido de 10, 7 años (Plos One, Risk in vaccine research and development auantified, 2013). La vacuna candidata, una vez salida del laboratorio, debe someterse a una serie de controles de seguridad y eficacia, preclínicos sobre animales y clínicos sobre el hombre: de fase 1 sobre un pequeño número de voluntarios, de fase 2 sobre decenas o centenares de sujetos y de fase 3 sobre decenas de miles de personas, de diferente edad, etnia y condiciones clínicas. Así pues, los trial de fase 3 son fundamentales para comprobar sobre grandes números la capacidad efectiva de inducir una respuesta inmunitaria, su intensidad y duración en el tiempo, y la ausencia de efectos colaterales que, aunque no frecuentes, podrían causar reacciones adversas en decenas de miles de personas, siendo suministrados a centenares de millones de sujetos. De la lista de la OMS tan solo siete resultan estar en la fase 3. Si los resultados son positivos, los organismos reguladores (FDA en Estados Unidos, EMA en Europa) podrán autorizar la distribución al público, un procedimiento que normalmente necesita de algunos meses de comprobaciones rigurosas.
Los tiempos son difícilmente comprimibles salvo a costa de la seguridad. Se busca una aceleración. En la carrera a contrarreloj, científicos, empresas y Estados están envueltos en un partido global que ve en juego prestigio, cuotas de mercado y búsqueda de "primados" nacionales. 

Dólar y desorden global

A finales de julio, trazando un balance provisional de la pandemia en Estados Unidos, Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, señala: «Hemos pasado de los niveles más bajos de desempleo en cincuenta años a los niveles más altos de desempleo en noventa años, y esto en el espacio de dos meses». 
La observación remarca la magnitud, la rapidez y la violencia del inédito terremoto pandémico más que los porcentajes de producto perdido, que siguen siendo impresionantes. En el segundo trimestre del año, el PIB se contrajo con respecto al mismo trimestre del año pasado en un 9,5% en Estados Unidos, un 10 en Japón, un 15 en la Eurozona, un 21,7 en Gran Bretaña. Solo China volvió a crecer con un 3,2%. 

La recesión estadounidense

Powell desglosa el dato de la rece­sión, «probablemente la más grande ja­más registrada»: el gasto de las familias se ha recuperado cerca de la mitad de la caída inicial; el mercado laboral, que había perdido 22 millones de puestos de trabajo, recupera un tercio; en cambio, «los indicadores de inversión Ma de las empresas deben aún mostrar una recuperación». Los paquetes de estímulo iniciales de más de 3 billones han impulsado la recuperación. Pero, confiesa Powell, «no habíamos prestado tanto como pensábamos»: por una parte, los mercados crediticios, después de la parálisis inicial, han reanudado su función; por otra, muchas empresas no serían capaces de reembolsar los préstamos del gobierno y necesitan subvenciones. 
Expirados en julio los subsidios de desempleo, el Congreso no ha sido capaz de encontrar un compromiso para prolongarlos. Donald Trump sorteó el bloqueo decidiendo la distribución temporal de subsidios reducidos, a pesar de no tener los poderes. 16 millones de desempleados son rehenes del bipartidismo en la carrera presidencial. La bolsa no se ha estancado: el índice de los 500 mayores grupos se recuperó de la crisis de marzo y ha alcanzado nuevos récords. Wall Street está seguro de que la FED y el gobierno lo apoyan, y sus gigantes inflan sus precios comprando sus propias acciones. 
El dualismo entre la Bolsa y la econo­mía real es un proceso secular y una de las caras del desarrollo desigual. Powell ve en «la desigualdad un problema creciente en nuestra economía durante cuatro décadas». El reflector de la FEO cae sobre cuatro décadas liberales, mientras se inicia lo que el Economist llama una «nueva era» de intervencionismo estatal, activo en la asignación de capital, nutrido por asombrosas dosis de deuda y dinero, que pueden volverse «instrumentos srandard durante décadas» 
La apuesta es que la desinflación -y con ella los tipos de interés bajos persista durante años; hipótesis que presupone la restauración de mercados abiertos y el aumento de la productividad con altos niveles de desempleo. 

¡ Hay dinero para los de Siempre !

Comienza la era del free money, el dinero gratias, escribe The Economist. A largo plazo es dudoso: de una manera u otra las cuentas tendrán que ser pagadas, quizás con el gigantesco aumento de la inflación: The Economist es la biblia del capital internacional y es escandaloso la manera en que exhibe sin pudor el viraje del nuevo delo, abierto con la crisis de la pandemia secular. Al comienzo diferentes dirigentes europeos casi no lo creían y después, en cambio, ha caído una verdadera lluvia de dinero. Roma y Madrid no han tenido que quejarse mucho para llevarse unabuena parte de la financiación europea y París ha obtenido 40 mil millones de euros en subvenciones del Recovery Fund que se destinarán a financiar el plan de recuperación del gobiernofrancés de 100 mil millones de euros en dos años. 
Su política a penas era capaz de gestionar la administración ordinaria y de manera imprevista, y de qué manera, es transportada a otro universo, a capear una crisis secular y a gestionar fondos de una entidad colosal. Un nuevo Plan Marshall, se dice, otro New Deal. 
Por lo tanto hay dinero, porque es el río de dinero que la UE orienta para coordinar las medidas necesarias para la recuperación económica. No obstante, continúa la actitud de la burguesía que quiere hacer pagar la cuenta a los asalariados. Y no una vez sino dos veces: por la crisis, y por la incapacidad de los grandes centros del capital para contener la plétora pequeñoburguesa y un parasitismo voraz y desbordante. Más aún, la clase dominante parece haber aprendido de 2008, y quiere anular una nueva insurgencia del populismo propietario: de aquí surge un rasgo casi surrealista de la gestión de la crisis, que mientras cuenta los positivos de virus, rodea de atenciones y subvenciones a los hoteles, restaurantes, tiendas turísticas y bed and break ast. 
Más que nunca, entre los trabajadores divididos y fragmentados por la crisis, la brújula de la defensa de clase sigue siendo indispensable. Más que nunca, a su política hay que contraponer nuestra política comunista.
Las prospectivas de la ocupación, en el mundo y en Italia, aunque sujetas a muchas variables, no parecen muy ha lagüeñas. La OCDE estima para 2020 una desocupación de un 9,4% en el conjunto de los países avanzados, un 12,4 en Italia y un 12,3 en Francia. 
El dato cierto es que incluso en la denominada fase 3 permanecen las divisiones entre los trabajadores y, en ciertos aspectos, se acentúan. 

Las estratificaciones de clase son golpeadas de manera diferente 

Durante el lockdown hemos oído elo­giar a los trabajadores "esenciales", sin. los cuales todo se habría parado y que, por lo tanto, se han visto obligados a trabajar incluso sin las protecciones adecuadas. Ahora, escribe el Financial Times del 7 de ju­io, estos trabajadores que ya «están entre los menos pagados», es difícil que tengan un aumento: «el destino de los trabajadores con salarios bajos será la cuestión política y económica fundamental». 
A ellos se les ha unido quien ha retomado el trabajo después del parón forzado. Ahora, en Italia, más de 10 millones tienen frente así una cita con la negociación colectiva. Confindustria, en palabras de su presidente Carla Bonomi, avisa: los aumentos contractuales van unidos a la productividad y «deberían darse a nivel de empresa» (Corriere della Sera, 28 de julio). Clarísimo: las peticiones ya presentadas, por ejemplo de los metalúrgicos (incrementos salariales de un 8% ), no son de recibo. 
Además está quien ha perdido el trabajo o, también, quien no lo tenía, y durante estos meses ni siquiera ha podido buscarlo. Hay trabajadores con contratos parciales y el vasto grupo de trabajadores precarios, comenzando por el turismo y los servicios, pero también de la industria y la construcción. A menudo se trata de trabajadores inmigrantes, "en negro" y por lo tanto sin redes de protección.

Vacuna global, potencias y negocios

Ya desde los primeros días del estallido de la pandemia de SARS-CoV-2, ha comenzado una carrera frenética, definida como inédita en la historia, en busca de una vacuna. Quizás tendríamos que precisar en tiempos de paz.
En junio de 1941, seis meses antes del ataque japonés a Pearl Harbar, el presidente Franklin D. Roosevelt instituyó el OSRD (Oficina para la Investigación Científica y el Desarrollo), cuya dirección fue confiada al ingeniero e inventor Vannevar Bush. La finalidad era movilizar y centralizar todos los recursos científicos al servicio de la guerra inminente (James P. Baxter, La ciencia en lucha contra el tiempo, 1950). El "Proyecto Manhattan" para la construcción de la primera bomba atómica fue uno de sus éxitos. Dentro del OSRD fue constituido el CMR (Comité para las Investigaciones Médicas), que debía afrontar las enormes cuestiones sanitarias que la guerra traería consigo, tanto en el plano ofensivo (armas biológicas y químicas) como en el plano defensivo, entre otras la producción industrial de penicilina.
El CMR dirigió la actividad de las universidades y las empresas canalizando enormes capitales y garantizando futuras royalties a todos, aunque, una vez terminada la guerra, no faltaron los litigios sobre las patentes. Estipuló, escribe Baxter, 600 contratos con universidades, fundaciones y sociedades privadas, empleando en sus programas a 1.500 entre médicos, científicos y filósofos y 4.000 técnicos de laboratorio. Para la producción de la penicilina fueron seleccionadas 21 sociedades químico farmacéuticas y en pocos meses fueron construidas nuevas instalaciones. El premio por el descubrimiento del proceso productivo a gran escala del "arma secreta" le tocó a Pfizer que, irónicamente, fue fundada por dos inmigrantes alemanes.
La movilización para el descubrimiento de una vacuna-profilaxis eficaz contra el nuevo coronavirus recuerda a ese esfuerzo bélico, llevado a tiempos de paz y a nivel mundial, con los Estados y las empresas en reñida competición.

"Big Pharma" ineludibles

El sector de las vacunas es el más concentrado de la industria farmacéutica. En 2017, cuatro grandes sociedades Gla­xoSmithK.line, Merck & Co., Sanofi y Pfizer se repartían en partes más o menos iguales el 90% de los casi 28 mil millones de dólares de ventas totales en el mundo (EvaluatePharma, World Preview, 2018). Es un predominio inestable: las previsiones para 2024 contemplaban la conquista de un ulterior 10% del mercado por parte de otras seis más pequeñas y jóvenes sociedades biofarmacéuticas. Las inversiones que la pandemia ha movilizado pueden acelerar el crecimiento de nuevos competidores, sobre todo en Asia: China está trabajando en nueve posibles vacunas, con el empleo de mil científicos y la investigación militar (" profits and prideat stake, the race for a vaccine intensifies", the New York Times, 2 de mayo). La organización mundial de la salud ha hecho un listado enumera 136 vacunas y la candidatas en diferentes fases de estudio. Diez de estas ya están en las fases 1 o 2 de valoración clínica y seis las están llevando a cabo sociedades e instituciones científicas chinas: CanSino Biologics en colaboración con el Beijing Institute of Biotechnology; Sinopharm que participa en dos proyectos, uno con el mismo instituto y otro con el Wuhan Institute of Biological Products; la sociedad Sinovac; Fosun Pharma en colaboración con la americ9na Pfizer y la alemana BioNTech; el Institute of Medical Biology de la Chinese Academy of Medica} Sciences.
Además de Pfizer, otras tres empresas estadounidenses biotech están desarrollando otras tantas vacunas: Novavax, Inovio Pharmaceuticals y Moderna The­rapeutics, que coopera con el National Institute of Allergy and Infectious Di­seases (NIAID); finalmente, la anglosueca AstraZeneca, con la Universidad de Oxford, está experimentando en fase 2 y 3 una candidata considerada entre las más prometedoras, en la cual ya está trabajando también la IRBM de Pomezia.
Otras 126 vacunas están en evaluación preclínica en diferentes países del mundo: emplean a grandes grupos farmacéuticos, "pequeñas" e innovadoras empresas biotecnológicas, universidades e institutos de investigación, entidades científicas, fundaciones y organizaciones gubernamentales, que constituyen un denso entramado de acuerdos. Entre las Big Pharma más conocidas, GlaxoSmithK.line participa en la evaluación, aún en fase preclínica, de cuatro posibles vacunas en distintas colaboraciones: con la china Xiarnen Innovax Biotech y la Universidad del Xiamen; con la Clover Biopharmaceuticals de Sichuan; con Sanofi Pasteur; con la californiana Dy­navax. Sanofi participa también en otro proyecto junto a Translate Bio, de Mas­sachusetts, Merck & Co. en dos y Janssen (J&J) en uno (WHO, "Draft Landscape of Covid-19 candidate vaccines", 9 de junio).
La carrera planetaria hacia la vacuna no garantiza el éxito, pero lo hace probable. El problema son los tiempos, que en condiciones "normales" son de unos 2-3 años, para completar todos los trialclínicos que demuestran su seguridad y eficacia y para recibir el visto bueno de las autoridades reguladoras. Las empresas prometen tiempos más rápidos y las autoridades, procesos acelerados. Pero la puesta a punto de una vacuna corno, por otro lado, de un nuevo fármaco es solo la primera parte del proceso, que puede producirse en un laboratorio; después es necesario producirlo en millones y millones de dosis, almacenarlo y distribuirlo respetando los procedimientos. Y para eso son necesarias instalaciones de producción y grandes organizaciones.


Huida de Nueva York y conflictos sociales


La pandemia en Estados Unidos

«Los barrios más ricos se han vaciado en cuanto el coronavirus ha azotado Nueva York City», titula el New York Times del 15 de mayo.

Quién huye y quién no puede huir 

Para las clases acomodadas de Nue­va York, la distancia social es superior a un metro alcanza las decenas, las centenas y hasta los miles de quilómetros de las localidades de vacaciones a las que han huido para evitar la infección del Covid-19.
Desde el 1 de marzo al 1 de mayo casi el 5% de los residentes, correspondientes a 420 mil personas de 8,4 millones de habitantes, han dejado Nueva York. En los barrios más ricos de Upper East Side, West Village, SoHo y Brooklyn Heights, la población residencial ha descendido incluso un 40%. Los datos telefónicos indican una huida hacia las segundas residencias vacacionales, tanto en los condados cercanos como Nassau (Long Island), como en los más lejanos como Palm Beach en el Sur de Florida.
En el lado opuesto de la escala social, los habitantes de los barrios pobres de las metrópolis no han podido huir. Tomemos algunos condados de los más afectados. Según los datos de la Johns Hopkins University, los fallecimientos oficiales debidos a la pandemia en Nueva York han sido 5.190 en el condado de Kings (población: 50% blancos, 34% negros, 19% hispanos) y 3.568 en el Bronx (45% blancos, 44% negros); en Chicago, 3. 726 en el condado de Cook (69% blancos, 28% negros); en Detroit, 3.475 en el condado de Wayne (55% blancos, 39% negros).
Y a antes del coronavirus todos estos condados, que ilustran una situación común a las ciudades estadounidenses más grandes, tenían las rentas percápita entre las más bajas de Estados Unidos; la pandemia y la crisis económica han agravado una condición que lleva décadas siendo crítica. Por la degradación de las condiciones de vida de las inner city los distritos de renta baja al final del lockdown han estallado protestas sociales multirraciales, iniciadas en Minneapolis como reacción al asesinato del negro George Floyd por parte de· un policía blanco perteneciente a
una policía multirracial.
Los conflictos sociales son más complejos que la simplificación mediática que los describe como conflictos raciales en blanco y negro. Las contradicciones se ven en cualquier institución: el 20% de los componentes de la policía de Minneapolis pertenece a minorías étnicas y el jefe de la Policía es un afroamericano; fue nombrado tras la dimisión de su predecesor, después del homicidio de una mujer blanca por parte de un policía afroamericano (US News, 21 de julio de 2017).
La afroamericana Keeanga Y ama htta Taylor, académica de la Princeton University, escribe en el New York Times del 29 de mayo, refiriéndose a los desórdenes de Minneapolis: «Es fácil comprender la protesta multirracial de Minneapolis (si se observa de cerca, centenares de blancos participan en ella las injusticias cruzadas son evidentes para ellos)».
Le Monde del 1 de junio habla de la «realidad de una rebelión multirracial que junta a los jóvenes afroamericanos, a los inmigrates de origen somalí, a los latinos y por último a los habitantes que son en su mayoría blancos».
En las inner city de las grandes ciudades, los asalariados blancos, negros, hispanos, inmigrantes legales e ilegales trabajan sobre todo en los servicios con sueldos bajos (lavaplatos, personal de limpieza, camareros, cuidadoras, en las ventas, policías, repartidores, trabajadores parttime). El ejemplo es el Bronx, donde la renta deriva en mil millones de dólares de la manufactura frente a los 10 mil millones procedentes de los servicios, la renta percápita es de 20.000 dólares y el índice de pobreza es del 27%. En la escala social de las metrópolis, el top con rentas altas ha huido, o se ha encerrado en mansiones de lujo, mientras que el bottom con bajo salario ha sido obligado a encerrarse en casas decadentes y, además de haberse visto afectado más duramente por el Covid-19, ha perdido también el trabajo. El modelo de referencia es Nueva York, con su combinación simbiótica y contradictoria entre la miseria del Bronx y la riqueza de Manhattan, dos barrios unidos por 40 minutos de metro.
En general, en Estados Unidos, además de los habitantes de las inner city, tampoco han podido escapar al coronavirus los trabajadores esenciales, aquellos sin los cuales la sociedad colapsa. En particular, los 11 millones de asalariados de la agricultura, los 1,8 de los servicios de emergencias, los 4 de los transportes y de los servicios comerciales, los 16,6 de la sanidad, los 4,6 de los servicios mínimos del gobierno, los 3,2 de las telecomunicaciones, los 3,1 del sector financiero, los 1,3 del sector energético y los casi 2 millones de sectores críticos de la manufactura (Econornic Policy Institute, 19 de mayo).

El shock económico del coronavirus 

Si a los trabajadores esenciales les ha sido imposible lo de "quédate en casa", hay millones de asalariados que, por el contrario, se han quedado en casa en el sentido más amplio de la palabra, porque han perdido el puesto de trabajo. A los millones de desempleados oficiales hay que añadir los no oficiales, que forman parte de los inmigrantes ilegales o de los trabajadores temporales, que no tienen derecho al seguro contra el desempleo.
El Wall Street Journal del 21 de mayo titula: «Según la FED, el shock económico del virus azota más duramente a las familias de renta baja».
Para la FED, en marzo, el 40% de las familias con renta anual inferior a 40 mil dólares ha experimentado la pérdida de un puesto de trabajo en familia, contra el 19% de aquellos que tienen una renta entre 40 y 100 mil dólares y el 13% de quien gana más de 100 mil. La crisis afecta más a los que poseen una renta más baja a finales de marzo, las familias afectadas por debajo de los 40 mil dólares serían 10 millones, de las que el 60% blancas, el 20% hispanas, el 16% negras, el 4% asiáticas.

Desempleados sin sanidad

«Millones de americanos perderán el seguro sanitario mientras el paro sube»,
escribe el Financia[ Times del 12 de mayo. Considerando a todos los miembros de las familias, en 2017 poseían la cobertura del seguro privado de la empresa 181 millones de americanos, de los cuales 141 millones blancos, 21 negros, 12 asiáticos y 27 hispanos. La suma de 201 millones no se corresponde con los efectivamente asegurados puesto que en las estadísticas muchos se cuentan dos veces. Explicamos el porqué.
El US Bureau of Census precisa que el concepto de «raza» utilizado en sus estadísticas no tiene base biológica; «no es científico o antropológico» sino cultural, en cuanto se basa en la autoidentificación de cada individuo sobre un formulario confidencial. Y a que los hijos de padres de «rala» diferente no saben cómo autoidentificarse, el Bureau ha introducido la posibilidad de hacerlo también con dos o más definiciones. Por ejemplo, Barack Obama, de madre blanca americana y de padre negro africano no americano, ¿ qué es?, ¿un blanco o un negro? Obama ha elegido ser negro, pero en la compilación del formulario podía identificarse como blanco, incluso teniendo la piel negra, o como blanco y negro. En Estados Unidos, muchos se autoidentifican con dos o más «razas»: de ahí un lío estadístico, porque muchos se cuentan dos veces y, cuando se hace la suma, siempre sale superior a la población total.
Según el Econornic Policy lnstitute del 14 de mayo, el 45% de los 36 millones que a finales de abril perdieron el puesto de trabajo perderán el EPHI (Employer Provided Health Insurance: el seguro sanitario proporcionado por su empleador); con lo cual, a los no asegurados ya existentes se madirían otros 16 millones de personas. En 2017, los que estaban sin seguro eran 28,5 millones, de los cuales 21 millones eran blancos, 4,5 negros, 1,4 asiáticos y 9,5 hispanos (la suma es de 36,4 millones por la razón explicada antes).
Por. debajo de los 40 mil dólares de renta anual hay 15 millones de familias blancas, 5 millones hispanas y 4 millones negras; en el lado opuesto, por encima de los 100 mil dólares hay 26 millones de familias blancas, 3 millones hispanas y 2 millones negras. La linea divisoria de pertenencia a diferentes clases sociales atraviesa la de la autoidentificación étnica.
En el Medicaid, el programa sanitario federal para quien tiene una: renta baja, en 2017, de 62 millones de inscritos, 42,2 (68%) eran blancos, 12,5 (20%) negros, 3,5 (6%) asiáticos y 18 (29%) hispanos. Como decíamos más arriba, la suma es 123% y no 100%, por la doble identificación de muchos.
«La burguesía ha arrancado el velo de tierno sentimentalismo que envolvía las relaciones de familia y las ha reducido a una mera relación de dinero» (Marx-Engels, El Manifiesto ). Las clases se definen no en base a categorías antropológicas sino a la cruda relación de dinero entre el sueldo y el capital. La crisis ha afectado seriamente a los asalariados y sea cual sea su autoidentificación subjetiva en blancos, negros, asiáticos, o hispanos, existe un interés objetivo único de contraposición al capital.

Vuelta a Marx


"Marx no es superado en Detroit", en 1967, fue el título de Lotta Comunista para un acontecimiento memorable, la lucha del proletariado negro en la capital americana del automóvil. La cuestión racial llevaba implícita la contradicción de clase; el centro de la lucha permanecía en las fábricas de las metrópolis en las potencias industrializadas, y no en los campos que en los mitos entonces en boga del maoísmo y del tercermundismo deberían haber rodeado estas ciudades. 
Medio siglo después, han cambiado muchas cosas, pero no ese principio de clase. La China del populismo campesino de Mao Zedong se ha vuelto una potencia económica que juega a la par con América y Europa; sus colosos industriales desafían a los del Occidente que antaño la habían subyugado, pero también cientos de millones de proletarios chinos se han sumado a nuestra clase mundial. La hora de una moderna lucha de clase hace tiempo que ha llegado también a las metrópolis de Asia: Marx no ha sido superado en Pekín, Shanghái, Wuhan, Cantón, así como en las otras inmensas con­centraciones urbanas de las nuevas potencias asiáticas. En los EE.UU., cincuenta años de desplazamientos sociales han hecho crecer a una burguesía negra y una clase media negra al lado del proletariado negro, pero esto no ha cambiado el hecho que la discriminación por el color de la piel continúe disfrazando la opresión de clase. En los barrios de las metrópolis americanas, la discriminación social es lo que tienen en común los nuevos flujos de inmigrantes nacidos en el extranjero con el proletariado afroamericano y las estratificaciones de asalariados blancos. Al final, incluso en Italia, España, Francia o Alemania durante décadas las metrópolis han cambiado su rostro: los trabajos más ingratos y los últimos peldaños de la escala salarial han sido confiados al proletariado inmigrante, y también la vieja Europa, que había conocido hasta los rostros del genocidio, ha redescubierto la vergüenza del racismo y de la xenofobia. 
Por tanto «Black Uves matter», cierto: las vidas de los negros cuentan, pero ¡atención a la denuncia hipócrita solo del racismo en casa de otros! Cuentan las vidas de las personas desesperadas que continúan ahogándose en el Mediterráneo, cuentan los obreros forzados a trabajar en condiciones inhuma­nas, cuentan los millones sin protección en la construcción, en las fábricas, en los almacenes y en los hoteles. La crisis de la pandemia secular solo ha revelado cuanto estaba bajo la mirada de todos, pero que nadie quería ver. J;:ntonces, enfrentarse a toda opresión y toda explotación significa volver a Marx. Significa redescubrir el principio de la unidad de clase, en la conciencia científica del comunismo . 


Se Vislumbra la Restructuración en el Estado Español


La actual pandemia de la globalización, tiene conexiones sanitarias, políticas y económicas, por lo tanto requieren de un profundo análisis dado su reflejo en el tejido social. En este sentido político, tratare de analizar la actual situación someramente. Sin aburrir y concretando todo lo posible, aunque esto no es sencillo. 
La coalición PSOE-Unidas Podemos que sostiene al gobierno de Pedro Sánchez, se enfrenta a la tarea de elaborar un plan de reformas que sea presentable a Bruselas, y que no haga saltar las alarmas en las ciudades del norte de Europa. Esto implica afrontar el equilibrio fiscal y la gran reestructuración que se prepara dentro de la UE, buscando en el interior una base de apoyo parlamentario, social y territorial amplio y estable, a la cual, contribuirían los fondos y los préstamos comunitarios que deberán negociarse con la UE. 

Además de lo anterior, la nueva relación con Ciudadanos permite a Pedro Sánchez una recomposición política a través de geometrías variables en el Congreso, equilibrando el papel de los independentistas (véase Bildu, ERC, BNG, CUP etc.} incluso a Podemos. Esto último no sin grandes tensiones. Esta es la política que esgrimen los que dicen que nos representan. No cabe duda, quieren un gobierno fuerte para aplicar su política de reformas. 

El escenario de la Moncloa, una semanas después de la firma del ¡:}acto con patronales y sindicatos mayoritarios, sobre los ERTES, ha propiciado un encuentro entre gobierno y Ciudadanos, presidido por Carmen Calvo (vicepresidenta primera del gobierno} y Edmundo Bal (portavoz en las cortes de ciudadanos, ex abogado del estado y participante en el proceso contra los independistas catalanes}. No sorprende, por lo tanto, el cambio de tono más conciliador de los varones del PP, desde Isabel Díaz Ayuso, más belicosa, hasta el moderado Núñez Feijóo ganador no solo de las elecciones, también reforzado dentro del PP. La prensa de derechas advierte a Casado de la foto de la Moncloa, haciendo ver que coja distancia de Vox. 

Ahora el gobierno de Sánchez debe de aparecer con mayor rigor interno, planes de reformas y una reestructuración en el marco de una transición ecológica y digital. No obstante, los jefes de la UE permaneciendo en un nivel de ambigüedad sobre el núcleo del rigor económico, proyectan lo difícil de la situación, seria pues aconsejable mantener la guardia alta. No parece que Sánchez este por esa guardia. 

En esta línea el alemán Manfred Weber, líder de los populares europeos, advierte que el plan de ayudas y prestamos de la UE que se está negociando, sirva para invertir en el futuro y no para alimentar el populismo de Podemos. 
Luis Garicano, eurodiputado de ciudadanos y vicepresidente del grupo parlamentario Renew (grupo que dirige Macrom) recuerda, Europa no es un cajero automático pero las ayudas son una oportunidad para afrontar las reformas que necesitamos. 

La CEOE, ha tomado la iniciativa organizando desde finales de junio la cumbre "empresas españolas liderando el futuro"; más de un centenar de ejecutivos de grandes grupos y representantes de organizaciones sectoriales, en varias jornadas por tema para debatir sobre la reconstrucción económica y elaborar propuestas para un modelo productivo mucho más competitivo