Eurosolubles

Antes de que llegaran las bolsitas y cápsulas monodosis, había un polvo liofilizado soluble al instante, que por sí solo no es comparable a un auténtico café espresso. Ahora bien, hace tiempo que seguimos las peripecias de los soberanistas y populistas con la idea de que su futuro político dependiera de mostrarse eurosolubles. Haciendo referencia a los rasgos securitarios, xenófobos y hostiles hacia los inmigrantes, que se han convertido en moneda corriente en el debate europeo, hemos escrito que la "Europa que protege" podía haber utilizado el gruñido antiinmigrantes de los soberanistas, sujetándolos con la correa del consenso estratégico europeísta. 
Dicho y hecho. Tanto en Italia, como en Francia y en otros países europeos, ese fenómeno está en pleno desarrollo. En Italia el partido Cinque Stelle ya había emprendido su camino de conversión hace un año y medio, encargados nada menos que de la guía de la diplomacia italiana. La Lega incluso se volvió europeísta en una noche. En Francia una operación similar se apodera del Rassemblement National de Marine Le Peo: cambia la relación con Europa, ya no se habla de Frexit, y el euro se ha convertido en una moneda que protege. Por supuesto, es una señal de los tiempos: el soberanismo navega en malas condiciones, la pandemia secular no es cosa de aventureros y aficionados, y Donald Trump, el soberanista al mando en la Casa Blanca, se ha marchado de forma trágica y grotesca. Pero, sobre todo, es la señal del dinero de Europa con su plan de relanzamiento, al que nadie quiere renunciar. 
Draghi, Macron, Merkel, junto con los demás líderes del Viejo Continente, serán los intérpretes de más alto nivel de las directrices estratégicas de la UE, con la tarea de dirigir una reestructuración europea que marcará la próxima década. Será una batalla larga y un desafío temible para una oposición de clase. El enemigo está en nuestra casa: disfrazado de Europa que protege, el imperialismo europeo prepara nuevos conflictos en la contienda mundial y nuevas guerras. Con mayor razón no hay motivo para tragarse la bazofia de su transformación integral e instantánea. Hay otra política, la política comunista, hecha de seriedad, de conocimiento y de pasión por la lucha. Oposición proletaria al imperialismo europeo. 


La puesta en marcha del gobierno de Draghi ha reanimado a cúpulas sindicales, ansiosas de ser «implicadas» por el «gobierno de todos», especialmente en la era del Recovery fund. Es «concertación» la palabra a la que se hace referencia con más frecuencia en los comentarios sindicales. Lo es de modo explícito por parte de la CISL de Annarnaria Furlan, que pide «un gran acuerdo concertado» (II Messaggero, 8 de febrero). Pierpaolo Bornbardieri, secretario de la UIL, añade que «la concertación debe convertirse en un método para ayudar al país a recomen­zar», y también Maurizio Landini, de la CGIL, ve la «novedad» en el hecho de que «los interlocutores sociales se han involucrado en la fase de institución del nuevo gobierno» ("Conquiste del lavoro", 11 de febrero).

Dos etapas de la política imperialista europea 

En ese sentido, se desperdician las referencias al gobierno Ciarnpi de 1993, olvidando que esta «concertación» sirvió para contener el coste de la mano de obra. En cambio, viene negada cualquier similitud con el gobierno Monti, nacido en 2011 después de que Mario Draghi, corno presidente entrante del BCE, envió junto con el saliente JeanClaude Trichet la "carta secreta" al gobierno Berlusconi, solicitando intervenciones sobre las pensiones, el empleo público y reformas en la contratación y el mercado laboral: en definitiva, la «cura alemana» pagada por los trabajadores. 
No hay duda de que hoy nos encontrarnos en un segundo tiempo de la política imperialista europea, el del relanzarniento postpandernia. Pero es superficial pensar que la función de Draghi es simplemente gastar cientos de miles de millones. No se debe pasar por alto que este río de dinero fluye por el cauce de la reestructuración europea, y se da con la condición de reformas estructurales, incluida la transición energética, con miras a elevar la productividad del sistema en general y de las empresas en particular. 
También en el sindicato, todo esto impone un salto: si la reestructuración es europea, si el gobierno de Draghi es "europeo", es en ese nivel donde se debe jugar la partida. «Levantar la mirada», corno invoca Landini, requiere estudio, visión y organización de un verdadero sindicato europeo. 

Desempleo y falta de contratación 

En el frente laboral, la primera fecha límite del nuevo gobierno es el 31 de marzo con el fin de la congelación de los despidos y los ERTE por la Covid. La demanda sindical es de prórroga hasta el final de la emergencia. Desde la patronal, en cambio, ya llegó la petición de su presidente Carla Bonorni de levantar el bloqueo a los des­pidos y prolongar el CIG-Covid solo a empresas en grave dificultad, eliminando las limitaciones para las demás ("La Starnpa", 4 de febrero).
En caso de eliminar el bloqueo, sin embargo, muchos esperan cientos de miles de nuevos desempleados, los que se sumarían a los 444.000 puestos de trabajo perdidos en 2020, según cálculos del ISTAT. Hay también otro dato a tener en cuenta. El boletín trimestral de Unioncamere y ANP AL prevé una reducción de las contrataciones en casi un cuarto con respecto a hace un año, con un pico del 4 7% en los sectores de alojamiento y restauración: a los despidos hay que añadir, por tanto, la falta de contratación. Con una paradoja, pero no nueva: un tercio de las contrataciones previstas en el período son difíciles de realizar por falta de mano de obra, sobre todo en lo que respecta a técnicos y titulados, pero también de trabajadores del sector metalcánico ( fundidores, soldadores, fabricantes de herramientas, etc.). Pero la idea de que un camarero despedido pueda de repente convertirse en soldador deja a algunos perplejos. 

El convenio de los metalúrgicos 

Mientras tanto, en febrero se llegó a un acuerdo para la renovación del convenio de los metalúrgicos. La cifra del aumento salarial obtenido (112 euros mensuales en el 5° nivel) se encuentra a medio camino entre la demanda sindical (alrededor de 150 euros) y la oferta patronal de 65 euros. Pero en la cuenta hay que considerar que tal aumento, dividido en cuatro tranche, entrará en vigor en junio de 2024, cuatro años y medio después de la expiración del convenio anterior ( diciembre de 2019). Ciertamente se trata de un aumento salarial superior al arrancado en el acuerdo de 2016 cuando, también debido a una precipitada elección sindical, se limitó solo a la recuperación de la inflación. Pero sobre las ganancias reales hay una cláusula: salvo acuerdos específicos, el aumento absorbe los "super mínimos", una partida de los salarios a nivel empresarial o individual particularmente extendida en los estratos administrativos y técnicos, que pueden así encontrarse con un aumento inferior o incluso nulo. 
Dicho esto, es extraño escuchar de los líderes sindicales himnos al «resultado extraordinario»: así se han expresado Francesca Re David de FIOM-CGIL como Roberto Benaglia de FIM-CISL. Quizás es una reacción al sorteado peligro de una no renovación. Sin embargo, no parece el caso ni de exaltarse ni de condenarse: se trata más bien de tomar nota de un acuerdo determinado por la situación no ciertamente favorable para nuestra clase, una base sobre la que asentarse para dar pasos futuros hacia adelante.

Estratos salariales profundos en la Europa opulenta 

En el abanico de estratificaciones de clase no podemos olvidar los estratos profundos, los que más han pagado y están pagando por la crisis inducida por la pandemia. Incluso en la patria de la economía social de mercado, Alemania, terminan siendo abandonados. La denuncia proviene del semanario Die Zeit del 28 de enero. Muchos han perdido sus minijobs. No solo eso: si bien es cierto que la inflación se ha estancado en el 0,5%, los precios de los productos de primera necesidad han subido un 2,4% en 2020, afectando justamente a las rentas más bajas. Es más: el cierre de las escuelas y jardines de infancia ha provocado la falta de alimentación gratuita para los niños. Moraleja: «los pobres se han vuelto aún más pobres». «Muchos han sido ayudados (Kurzarbeiter, empresas, autónomos, estudiantes, familias), pero no los más pobres». 
Un estudio del Instituto de Ciencias Económicas y Sociales WSI, cercano a los sindicatos, calculó que en Alemania, frente a una pérdida media del 32% en los salarios provocada por la crisis, los tienen unos ingresos inferiores a 1.500 euros mensuales han perdido un 40%: «quien tenía menos ha perdido relativamente más» (Han delsblatt, 20 de noviembre de 2020). 
El fenómeno de los working poor, es decir, los asalariados con ingresos inferiores al 60% de la media, está en el centro de un análisis del sindicato europeo CES, basado en datos de Eu­rostat: en la UE casi uno de cada diez trabajadores (9,4%) entra en esta categoría y su número ha crecido en un 12% en el año de la pandemia. Se trata a menudo de jóvenes con trabajos temporales o de media jornada e inmigrantes. 

El círculo obrero en las estratificaciones salariales 

Otro estudio de la Comisión Euro­pea, de abril de 2020, estima que los inmigrantes son precisamente el 13% de los llamados trabajadores «esenciales»; y en algunos sectores son literalmente «esenciales para cubrir roles vitales». Son más de un tercio en limpieza, más de un cuarto en construcción, un quinto en cuidado de personas y en la industria alimentaria, un sexto entre conductores. El documento europeo señala que «entre los inmigrantes, los trabajadores poco cualificados están sobrerre presentados en una serie de ocupaciones clave, vitales en la lucha contra la Covid-19, mientras que su valor es a menudo pasado por alto». 
Es a todo este amplio espectro de estratificaciones salariales, desde el metalúrgico al joven dependiente de los servicios hasta el inmigrante, hacia donde se dirige la actividad de los círculos obreros, para defender las condiciones de trabajo y de vida y para unir a la clase en la estrategia de la lucha por el comunismo. 

La crisis americana y la democraciaimperialista

La presidencia de Donald Trump se ha cerrado de forma trágica y grotesca: cinco muertos en un asalto destartalado al Capitolio, sede del parlamento. En la tierra del presidencialismo, de los checks and balances, del bipartidismo y de la separación y el equilibrio de poderes, se ha verificado una secuencia de acontecimientos excepcionales. El jefe del Ejecutivo ha animado a la multitud con­tra el Legislativo, convocado en Cámaras reunidas para ratificar las elecciones de su sucesor. 

La presidenta de la Cámara de los Diputados ha consultado a los jefes militares, buscando garantías respecto al hecho que el papel del presidente como comandante en jefe no hiciera impredecible el uso de las fuerzas armadas en el interior y en el exterior, incluida lá de­cisión suprema sobre la disuasión nuclear. Antes del estallido de la crisis, diez antiguos Secretarios de Defensa, de ambos posiciona­mientos, habían sentido la necesi­dad de pronunciarse públicamente con el fin de que las fuerzas armadas se mantuviesen al margen del conflicto sobre la sucesión. 

La Cámara de los Diputados ha iniciado un nuevo procedimiento de impeachment contra el presi­dente, acusado de dencitar a la insurrección». 

Las principales plataformas digitales, propiedad de grupos privados que controlan una parte decisiva del espacio público de las comunicaciones en red, han deste­rrado al presidente y silenciado sus mensajes'. 

Hace tiempo que reflexionamos sobre la democracia imperialista en el nuevo ciclo político, marcado por el declive atlántico y por la fase descendente de la social de mocratización. En todo Occidente, tras la crisis de 2008 se ha registrado una dificultad de los grupos y de las fracciones fundamentales del capital para mantener con eficacia una base de masa entre la pequeña burguesía, los estratos intermedios y también los estratos asalariados. Esto frente a oscilaciones e insurrecciones electorales promovidas por psicologías sociales atemorizadas por los efectos de la globalización, durante las colisiones históricas determinadas por la irrupción de Asia, y de China y de los flujos migratorios. 

Esto se ha combinado con la disfuncionalidad de la democracia televisiva y de los "social media", que ha vuelto a proponer sobre el terreno específico los límites de la crisis del parlamentarismo. Redes y televisiones enfatizan las oscilaciones emotivas de masa además de mediarlas; así como enfatizaban el optimismo durante los años ascendentes del ciclo liberal, ahora exageran incertezas y resentimien­tos en la fase descendente. La denominada desintermediación, es decir, la posibilidad para los jefes políticos de dirigirse directamente hacia el escenario de los electores, alentar a las aventuras demagógicas y elimina las intermediaciones y la centralización de una línea general de la clase dominante en la competición plural de los poderes políticos. 

Durante mucho tiempo Améri­ca ha sido el símbolo y el modelo político para las democracias oc­cidentales; sus ejes de actuación presidencialismo, bipartidismo, federalismo han inspirado tratados de derecho comparado y bibliotecas enteras de politología. Hoy se enmarca en las televisiones de todo el mundo la imagen de la multitud que se mueve entre las salas del Capitolio, como si fuera Bucarest con la caída de Ceaucescu. Represalias a las revoluciones de color atizadas por todo el mundo, hoy la representación de unos miles de manifestantes que se con­vierten en el pueblo que asalta el palacio del poder, gracias al am­plificador de las televisiones y los social media, se ha puesto en esce­na en Washington por la dirección de un presidente con un pasado de presentador televisivo.

Una política diferente

Donald Trump se ha despedido como tal, con un trágico carnaval. Una multitud de improbables disfraces se ha reflejado en las fake news de las redes fomentadas por la presidencia, ha realizado el asalto al parlamento y ha estado rondando entre las salas y pasillos con el objetivo de atemorizar a los diputados y los senadores. Además todo grabándose con los teléfonos: un momento de celebridad sobre Facebook o sobre Youtube y un trofeo para exhibir de vuelta a casa en la América profunda, en el bar entre alborotos y bebidas. Su sucesor Joe Biden buscará el reequilibrio en una colaboración bipartidista, pero no puede escapar al rasgo característico qué la política espectáculo ha asumido hoy. El juramento ha sido la entronización de un rey republicano, según las redes del show business hollywoodiano: cantantes pop, actores, cineastas, rockstar y la nueva pareja reinante cogida de la mano para admirar los fuegos artificiales por la noche. 

Mientras tanto, a este lado del Atlántico, un espectáculo deprimente análogo sale al aire con la crisis italiana, que ha combinado los viejos cá­nones del cretinismo parlamentario con la nueva gramática de las bromas y de la red, con los presentadores de los talk show hipnotizados por la lista de los renegados y los nuevos desconocidos, campeones del transformismo convertidos en celebridades televisivas. 

Por lo tanto, una pregunta: ¿esta es la política? ¿De verdad hay que moverse entre la masa histérica de los social media, la narración cosida sobre los líderes políticos como personajes de una serie de televisión, el cretinismo de la corte después de la movida del circo periodístico? Hay otra política para elegir, que no sea su escenario de papel couché: con los pies bien plantados en la realidad de las clases, con la mirada dirigida al mundo y a los hechos internacionales que cuentan. Quien quiera entender y luchar debe elegir la política comunista. 

El año se ha abierto con la vía libre de los respectivos consejos de administra­ción a la fusión entre las dos casas auto­movilísticas PSA y FCA: nace Stellantis, un nombre que no esconde las ambicio­nes (en latín, iluminado por las estrellas). 

Se desperdician en el «ámbito sindi­callos llamamientos a las «oportunida­des» que ofrece la operación: en reali­dad, lo que decide sobre el éxito o no, será como siempre el caótico mercado capitalista, y los que sufren las conse­cuencias serán los trabajadores. 

Stellantis: ¿Qué oportunidad? 

No obstante, una oportunidad desde el punto de vista de clase puede ser la unión bajo una única empresa de 400 mil trabajadores provenientes de grupos automovilísticos de los mayores países europeos la italiana FIAT, la francesa PSA, la alemana Opel, la inglesa Vauxball hasta cruzar el océano y llegar a la americana Chrysler. Una oportunidad para acelerar el paso hacia la construcción de un sindicato como mínimo europeo.

No es el primer caso de empre­sa transnacional y, por tanto, no es la primera vez que se presenta una opor­tunidad similar. En Europa existen un millar de comités de empresa europeos (CEE) para 15 millones de trabajadores aunque la constitución de un efectivo (y eficaz) sindicato continental todavía es un objetivo que realizar. Se mueve en este sentido, por ejemplo, el Coordinamiento de los consejos de fábrica de la siderurgia, pero consciente de que se trata de un recorrido de larga dura­ción. La realidad es que hemos tenido que asistir más a menudo a la contrapo­sición entre centros de producción del mismo grupo que no a la unión en la lucha reivindicativa común. 

Clase internacional límites nacionales 

También frente a Stellantis vemos las dos caras del problema. En Francia entre los delegados sindicales hay quien ha planteado justamente la necesidad de utilizar «esta extraordinaria fuerza compuesta de 400 mil trabajadores para defender unidos nuestros intereses». Sería necesaria, se ha dicho, una especie de Internacional de los sindicalistas de Stellantis, contra «la lógica empresarial que pone en competición a empleados y fábricas» (Jean Pierre Mercier, CGT la Republica, 6 enero). Es cuanto también pensamos nosotros cuando luchamos por un sindicato por lo menos europeo. Conscientes de las dificultades, que el mismo delegado lamenta haber encontrado a la hora de tratar con los alemanes de la filial Opel: «Culturas sindicales demasiado distintas». 

¿Ciclo de Capitalismo de Rostro Humano?


Con el intento de adecuación y normalización de las economías de muchos países, en plena expansión del Covid-19, ha comenzado la tercera fase de esta pandemia secular, lo que se ha venido en llamar “el gran confinamiento”. La recuperación será agotadora e incierta. El cómo será ésta, pesa como una losa en las expectativas. La ralentización expresada durante la década anterior al virus es seguida de una  vandálica que abruma a la totalidad del globo. Posiblemente, la mayor recesión del imperialismo en tiempos de “paz”, ya que su intensidad y extensión no tienen parangón. La duración de esta recesión pone en peligro existencial al sistema. La solución médica a la pandemia secular puede ser una parte que frene el caos, pero las causas son, en gran parte, las consecuencias desiguales que se están produciendo. En primer lugar, se observa una confrontación entre las clases sociales y, en segundo lugar, se observa también una gran confrontación en las relaciones entre potencias.

El Banco Mundial define la nueva crisis como la más profunda en ocho décadas. Es la única crisis moderna originada por una pandemia. Es tres veces más profunda que la crisis financiera de 2007, con cerca de un 6% del PIB bruto mundial frente a un 1.8% en ese año. La contracción está altamente diferenciada entre los países ricos; América latina, que retrocede más de un 7%, y Asia Pacífico que mantiene un crecimiento del 1%; excepto China, que crece un 5%.

La incertidumbre se apodera de los principales núcleos de elaboración teórica. En estos núcleos se contemplan dos escenarios: Uno de base o predecible y, otro, en la peor situación potencial. La hipótesis de una tercera oleada y un nuevo cierre de emergencia este año, incrementa la incertidumbre y el desasosiego. El Banco Mundial, en este escenario potencial, ve una contracción global entre el 8% y el 10% en los países ricos y alrededor del 5% en algunos emergentes. En el escenario base, y según una estimación optimista, la recuperación podría ser del 4% en 2021, pero en una estimación más pesimista solo alcanzaría poco más del 1%. Evidentemente, esto prolongaría más años el retorno a los niveles precrisis.

Crónica de la Ruta de la Seda

Punto neurálgico del mar de la China Meridional 

1)aguas internas 
2)aguas archipelágicas 
3)aguas territoriales, 12 millas náuticas 
4) límite de las 200 millas náuticas Fronteras marítimas acordadas 
A)Frontera entre China y Viemam en el golfo de Tonkín (2000) 
B)frontera de la plataforma continental Indonesia-Malasia (1969) 
 C) frontera de la plataforma continental Indonesia Viemam (2003) 
O) frontera Brunéi-Malasia de Órdenes del consejo (1959) 
E) bloqueos petrolíferos cedidos por Mala­sia a Brunéi (2010) 
F) frontera Tailandia-Viemam ZEE/plataforma continental (1977) 
G)frontera Malasia-Singapur de las aguas territoriales (1995) Fronteras declaradas H)reivindicación no definida de China y Taiwán (1946), las "nuevas líneas" 
I)fronteras del Grupo de las islas filipinas (Kalayaan) (1978) 
J)fronteras de la plataforma continental de Malasia (1979) K) fronteras de Brunéi ( 1988) 
L)solidtud conjunta Malasia-Viemam de plataforma continental ampliada (ECS) (2009) 
M)solicitud de Vietnam de plataforma continental ampliada (ECS) (2009) 
Áreas 
O)área definida de la plataforma continental Malasia Viemam (1992) P)área de desarrollo común Malasia Tailandia (2009) 
Fuente: elaboración propia a partir del US Department oí Defense Annual repon to Congress, 2012.


Crónica de la Ruta de la Seda

«En el terreno de la seguridad, los chinos consideran el mar de la China Meridional como un "mar ancestral" y destacan los principios y derechos de la soberanía territorial y otras cuestiones, mientras los americanos insisten en el hecho de que la mayor parte del mar de la China Meridional es "alta mar" y destacan la "libertad de navegación basada en el derecho internacional". Detrás de esta disputa sobre las reglas, existe una disputa geopolítica». Así escribe Wang J isi, exponente de la vieja escuela del «ascenso pacífico» chino, en el prefacio del libro de su exalumno Zhao Minghao, Moderación estratégica (Beijing, 2016). 

En realidad, la libertad de navegación y la soberanía de las aguas territoriales se perseguían desde hace siglos en los mares mundiales y asiáticos, antes de que el ascenso chino transformara la intrincada maraña de reivindicaciones en el mar de la China Meridional en un nuevo capítulo de reparto del imperialismo. 

En lo profundo de la clase

La pandemia secular es una tempestad que no se calma; vuelve a enfurecerse después de 40 millones de contagios y más de un millón de víctimas oficiales, quizás dos millones según las estimaciones sobre el aumento de las muertes. En el desafío entre las potencias, China se presenta como vencedora: habría controlado al virus, y la industria y los servicios vuelven a correr; en cambio los Estados Unidos y Europa sufren, atrapados por una nueva oleada de infecciones que lanza sombras sobre el ciclo de la economía. Las estructuras políticas y los sistemas sanitarios están en máxima tensión. En América las elecciones han juzgado la demagogia sin frenos de Donald Trum en base a las razones opuestas de la contención de la pandemia y de la irritación de los pequeños y grandes productores; en Europa los Ejecutivos avanzan a ciegas entre el recrudecimiento de los contagios, medidas cada vez más estrictas de confinamiento y las amenazas de jacquerie fiscal en los sectores del turismo y de la restauración. Casi por todas partes, en el Viejo Continentes, los gobiernos y las autoridades locales se lanzan acusaciones de poca preparación y se enredan en peleas; miserables piratas cultivan rumores negacionistas y los aventureros del parlamentarismo aprovechan la oportunidad para cortejar el descontento pequeñoburgués. Aunque se salvó la temporada turística al final del verano, el contagio se ha extendido a comienzos del otoño; el gobierno intenta cubrirse las espaldas con la ayuda a cientos de miles de restaurantes, bares, gimnasios, agencias de viajes, etc., etc.
Después está nuestra clase, dividida y fragmentada por la pandemia; con millones en primera línea o expuestos a la crisis en una posición de máxima
fragilidad. A la dura situación de quien trabaja, o al drama de quien ha perdido el trabajo, se suman nuevas y viejas dificultades: la burocracia es una montaña que hay que escalar para el inmigrante; para los pensionistas hasta las cuestiones cotidianas más simples son duras; con la enseñanza a distancia a través del ordenador, en las casas, los más necesitados terminan olvidados; el cierre de los colegios es una pesadilla para las madres trabajadoras. Nuestros círculos obreros conocen desde hace años, edificio por edificio, la realidad de nuestros barrios; es el momento de dirigirse en profundidad a nuestra clase. Es el momento de la solidaridad concreta, y de un periódico que sea una voz veraz en la niebla de la confusión y de la demagogia.

La temporada de negociación colec­tiva italiana está en un momento de defi­nición, con la ruptura de las negociacio­nes para la renovación del convenio de los trabajadores metalúrgicos. Se pone a prueba la línea de Confindustria de incrementos salariales limitados únicamente a la recuperación de la inflación, en este caso en tomo a los 40 euros en tres años, justificadamente rechazada por la movilización de los trabajadores. 
Ciertamente la situación general no es fácil: la pandemia ha dejado una estela de crisis económica, que la segunda ola puede agravar: ya la primera, con meses de lockdown, según ISTAT ha reducido el empleo en 360 mil unidades, incluso con el "bloqueo" de despidos. Una dificultad contingente que, como hemos subrayado varias veces, se suma a los efectos de las transiciones eléctricas y digitales a largo plazo. 

Obreros metalúrgicos: convenio y falta de mano de obra 

Sin embargo, hay otro dato sobre el que conviene reflexionar: nos lo indica Unioncamere en su boletín de septiembre. En ese mes, las empresas tuvieron dificultades para encontrar un tercio de la nueva mano de obra requerida, una cifra que se eleva al 37% para los jóvenes hasta los 29 años. Precisamente es particularmente grave la situación en el sector del metal: aquí la escasez llega al 48% y, para los jóvenes "trabajadores de las actividades metalúrgicas y electromecánicas", incluso al 58%. En resumen, una de cada dos contra­taciones en el sector corre el riesgo de quedarse sin cubrir. 
Sabemos que hay muchos factores que explican estos datos: desde los efectos cada vez más evidentes del invierno demográfico, que arrasa con las genernciones juveniles hasta la escasa propensión hacia estas orientaciones laborales en una sociedad de la tardía madurez imperialista. Todos estos elementos atestiguan, entre otras cosas, hasta qué punto es vital el flujo de in­migrantes, verdaderamente trabajado­res esenciales, y qué miopes, además de vergonzosas, son las campañas xenófobas. 
Sin embargo, queda el hecho de que los niveles salariales también cuentan, y los trabajadores metalúrgicos italianos tienen el poco envidiable liderazgo en los salarios más bajos con respecto a otros grandes países europeos. 

La "pequeña guerra" de los trabajadores de la salud 

En octubre se firmó el convenio de la sanidad privada: ¡había expirado hace 14 años! Se podría decir que se ha necesitado una pandemia secular para llevar un nuevo convenio a estos trabajadores: un aumento salarial medio de 154 euros y un pago excepcional de 1.000 euros (por los 14 años anteriores). Se inicia una equiparación salarial con la sanidad pública, que justamente ahora se enfrenta a la renovación de su convenio: es el momento de exigir con fuerza la reivindicación de un convenio único para todos los trabajadores de la salud. 
Estamos hablando de un sector de nuestra clase que ya ha pagado severa­mente con un tributo de vidas a la pandemia. Los datos deI INAIL relativos a los primeros 8 meses del año hacen reflexionar: en conjunto los accidentes cayeron un 22, 7%, a causa del lockdown, pero en la sanidad crecieron un 124%. 
Amnistía Internacional, en una de claración del 3 de septiembre, ha calculado 7.000 muertes en el mundo entre los trabajadores de la salud a causa del Covid-19. Podríamos decir el costo en vidas humanas de una pequeña guerra, la que este sector de nuestra clase ha, combatido y está combatiendo contra la imprevisibilidad del capital. Además, son datos que se reconocen como subestimados y, lamentablemente, destinados a aumentar con la actual tendencia de la pandemia. 

China y el Vaticano en un orden que vacila

Hace dos años definimos el acuerdo entre Pekín y el Vaticano sobre el nombramiento de los obispos como un «punto de inflexión histórico» de alcance secular. El acuerdo, que se produjo en «un momento de áspero enfrentamiento sobre el ascenso de China a potencia global», marcó la «contienda multipolar». Hoy, la renovación de ese acuerdo todavía definido como «provisional»- se lleva a cabo superando fuertes resistencias, dentro y fuera de la Iglesia, mientras que el enfrentamiento en ascenso de China ha subido de nivel. 
La pandemia secular azota con su carga de vidas humanas, pero la «batalla por la recuperación» ya ha comenzado, con implicaciones decisivas en el enfrentamiento estratégico entre las potencias. Sea cual sea el resultado de las presidenciales estadounidenses, según la valoración de Le Monde, la tensión entre Washington y Pekín «no se aplacará por sí sola». Los europeos parecen dispuestos a dejar de lado «la ingenuidad» que han demostrado en los últimos años, para adoptar un lenguaje más decisivo. En cuanto a China, señala el diario francés, se está recuperando más rápido de la crisis. Esto le permite «anotar puntos» respecto al objetivo de convertirse en la mayor potencia económica, pero su «éxito relativo» promete reavivar una «guerra comercial» de dimensión, esta vez, «mundial».

Hostilidad americana 

En esa. situación, la oposición de la Administración estadounidense se ha manifestado pisoteando toda etiqueta diplomática. Si el Vaticano renovara el acuerdo provisional, escribió Mike Pompeo en First Things, una revista cristiana conservadora, «pondría en peligro su autoridad moral». La «intimidación», así la ha definido «Avvenire», ha llegado tarde. La campaña electoral para las elecciones presidenciales, período en el que se deja de lado todo código de conducta, no solo diplomático, puede decir mucho sobre las formas elegidas, pero no es el único aspecto a considerar. Los ámbitos bergoglianos han denunciado durante mucho tiempo el uso político de la religión, y el cristianismo se ha vuelto a proponer como «núcleo duro» de la civilización occidental en apoyo de «estrategias políticas de la Administración estadounidense» (Andrea Tornielli, Gianni Valente, Il giorno del giudizio, Piemme, 2018). 
Por añadidura, no faltan los imitadores italianos, más o menos torpes. Es poco plausible la hipótesis de el Secretario de Estado americano se pusiera el objetivo de hacer descarrilar el acuerdo, aunque, tal y como anota Massimo Franco, en septiembre de 2018, la conciencia vaticana de las «fuertes perplejidades» de la presidencia Trump empujó a Roma y a Pekín a dar una aceleración, por el miedo a que Washington «pudiese desbaratarlo» (L'enigma Bergoglio, Solferíno, 2020).Como mínimo, el episodio se engloba en la acción constante de la Administración americana dirigida a desligitimar el acuerdo. 

Crónicas de la Ruta de la Seda

Wang y el cambio secular inédito

En la Larga marcha de la gran potencia (Pekín, 2019), el director ejecutivo del Instituto Chongyang, Wang Wen, reconstruye históricamente la formación del factor moral chino durante el proceso de modernización y ascenso del gigante asiático, y afirma que la crisis financiera de 2008, empujando a China al centro de la atención, reveló un «retraso chino en la elaboración de conceptos de gobernanza global». Durante siglos «los chinos han tenido un miedo inexplicable al océano» y la «civilización agrícola» les llevó a «quedarse atrás» en la gran política internacional. 
El autor divide «el proceso de modernización de China en cuatro épocas». La primera, la «era de la arrogancia», se abre en 1793 con la llegada a Pekín de la misión británica de George Macartney y se concluye con la primera guerra del opio en 1840: «en ese momento, comenzó la colisión oficial entre los imperios occidental y oriental». Un largo «periodo de aislamiento había hecho que el gobierno de Qing ignorara la revolución tecnológica y la civilización occidental», pero las guerras del opio se encargaron de demoler la arrogancia manchú. 

La formación histórica del factor moral burgués 

Siguieron los «años de frustración», entre 1840 y 1912. La élite china se hace ilusiones pensando que pueden gestionar la modernización, pero la guerra chino japonesa aniquila a toda la flota del Norte y marca el fracaso del «movimiento de auto fortalecimiento» chino. En 1842, Wei Yuan escribió en El reino del mar que China «debía aprender de los extranjeros para competir con ellos», iniciando el movimiento de «occidentalización». Pero en 1898, el «movimiento de las reformas» de Kang Y ouwei y Liang Qichao fracasa en solo cien días. Entre sus referencias estaban el Japón de la «Restauración Meiji» y la monarquía constitucional. En aquel momento nacieron la Sociedad para la Regeneración de China y la Alianza Revolucionaria China de Sun Yatsen y Song Jiaoren, que se insertan en la desintegración del imperio y las contradicciones del «fósil viviente» reducido al Estado «semicolonial». Durante este periodo, el «sentido de autosuficiencia de los chinos se derrumbó por completo». 
La revolución de 1911 abre «la era de la lucha»: aunque Sun Yatsen introduce «las características de un moderno Estado nación», en términos generales China pasa por un «periodo de desintegración», que roza la «extinción» durante la invasión japonesa. En 1912, el gobierno nacionalista «toma prestado mucho de Occidente, en algunos aspectos copiando completamente, mientras la Revolución Rusa de 1917 lleva el marxismo a China»

Una serie de colisiones externas

Durante el periodo de las guerras mundiales y las guerras civiles chinas, la Tercera Internacional corrompida por el estalinismo, "pierde" a China. El general Yuan Shikai, jefe del Ejército del Norte, intenta unificar China, pero muere en 1916. Se abre la fase de los Señores de la Guerra: Duan Qirui de Anhui, Wu Peifu de Zhili (Hebei), Zhang Zuolin de Fengtian (Liao­ning) y otros. En 1928, Chiang Kaishek reunifica China procediendo desde el sur, contra el ejército de Beiyang, los Señores
de la guerra y el PCCh, obligados en 1934 a la retirada de la "larga marcha". Wang señala que el PCCh también nació en 1921 «buscando una manera para salvar la nación». 
La burguesía china dirige sus guerras de unificación, pero en este punto China se ve embestida por el ciclo asiático de la Segunda Guerra Imperialista. Para Wang Wen, solo la «liberación nacional» de 1949 abre la «era del ascenso», inicialmente marcada por la guerra de Corea, la «lucha hegemónica» con Moscú y la «autodefensa» en la frontera con la India. «Desde la caída de los Qing, el sueño chino de la "dinastía celeste" despertó y se dirige a las potencias extranjeras que oprimen a la nación china, con la tarea histórica de poner fin a un siglo de humillaciones». Wang caracteriza el maoísmo con una eficaz síntesis: pasa por un «periodo de revolución unilateral», la autarquía, pero constituye un «sistema industrial relativamente completo y restablece el estatus de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU» en 1971. Con Deng Xiaoping se abre en cambio un nuevo «periodo de aprendizaje de Occidente».

Mito del New Deal y la pandemia secular

«Ya he citado anteriormente la actividad desacostumbrada que desplegaron las autoridades sanitarias cuando se produjo la epidemia de cólera en Manchester. En efecto, cuando la epidemia amenazó, un pavor general se apoderó de la burguesía de la ciudad; de pronto se acordó de las viviendas insalubres de los pobres y tembló ante la certidumbre de que cada uno de esos malos barrios iba a constituir un foco de epidemia, desde los cuales extendería sus estragos en todo sentido a las residencias de la clase poseedora». 
Esta es la descripción de Friedrich Engels, en La situación de la clase obrera en Inglaterra, escrito en 1845 con veinticuatro años. En ese texto memorable, al mismo tiempo de denuncia política y reconocimiento científico de las condiciones de clase, Engels describe la situación de la clase obrera en los ruinosos barrios de la revolución industrial inglesa, el primero de ellos la «Pequeña Irlanda» en Manchester, y en cuanto a las epidemias, señala tres aspectos. Primero, las epidemias, especialmente las enfermedades pulmonares, se ven favorecidas por las pésimas condiciones sanitarias de las metrópolis industriales y, en particular, de los barrios obreros. Hogares insalubres, barrios sucios sin letrinas y densidad de población intolerable: es inevitable que las epidemias provoquen masacres. Segundo, las oleadas de contagio están relacionadas con el ciclo económico; el tifus y el cólera asolaron con particu­lar virulencia en 1826, 1837 y 1842 junto al «aumento de los precios» y «crisis comerciales». 
Tercero, la burguesía reacciona y se preocupa por la clase obrera sólo cuando se extiende el miedo al contagio. Por eso, a toda crisis epidémica se responde con campañas de saneamiento de los barrios obreros, para luego abandonar los proyectos por el camino hasta que se repita una nueva explosión de las enfermedades. 

Engels no sería un científico revolucionario si no verificara y actualizara los resultados de su investigación a medida que avanza el desarrollo capitalista. En el prefacio de la edición alemana del texto, en 1892, hace un balance y un reexamen de esos primeros escritos con casi medio siglo de diferencia. 
La premisa es precisamente la extensión del desarrollo a escala global. En Inglaterra, la recuperación tras la crisis de 1847 «marcó el comienzo de una nueva era industrial»; «China se abría cada vez más al comercio», «Estados Unidos se desarrolló especialmente, a una velocidad inaudita»; los nuevos medios de comunicación, «ferrocarriles y barcos de vapor transoceánicos», convirtieron en realidad el «mercado mundial». 
Es lo que hoy se llama en mu­chos análisis primera globalización. La concentración vinculada a ese desarrollo global, señala Engels, transforma también algunas características del capital en la superficie: 
« Y a medida en que se producía este progreso, la gran indust­ria adquiría una apariencia más de acuerdo con los principios de la moralidad. La competencia en­tre industriales basada con pequeñas raterías en detrimento de los obreros ya no era rentable. Los negocios se habían desarro­llado de tal manera que ya no se necesitaban medios tan miserables para hacer dinero; el industrial millonario tenía asuntos más importantes que perder el tiempo en estafas tan insignificantes, válidas aún para la gente menuda sin dinero, que tenían que agarrar cada centavo para no sucumbir a la competencia». Lo mismo valía para la gran industria y la convivencia con los sindicatos; 
«cuanto mayor era una planta industrial y más obreros ocupaba, mayores eran los perjuicios y las dificultades comerciales con que tropezaba ante cualquier conflicto con los obreros». 

Lenin, en una carta a Gorki en enero de 1911, describe este cam­bio como la afirmación del «capitalismo democrático». Como sustituto del «capitalismo octubrista y de centuria negra», del nombre en Rusia de los liberales conservadores prozaristas y de los escuadrones armados patronales utilizados contra obreros y jornaleros. Pero la transformación, escribe Engels, es útil para la lucha del gran capital contra el pequeño capital:  «Todas estas concesiones a la justicia y la filantropía no eran en realidad más que un medio para acelerar la concentración de capital en manos de unos pocos y aplast­ar a los pequeños competidores, que no podrían subsistir sin esas ganancias adicionales». Los abusos y pequeñas extorsiones de los primeros pasos del capital no sólo habían perdido importancia, «sino que ahora incluso obstaculizaban los negocios a gran escala». 
Lo mismo vale para los hogares o las condiciones sanitarias, como vimos denunciado por el joven Engels en 1845: «La frecuente aparición de cólera, tifus, viruela y otras epidemias, ha inculcado en la mente del burgués inglés la urgente necesidad de sanear sus ciudades, si no quiere ser también víctima de estas enfermedades junto a su familia. En consecuencia, los defectos más escandalosos descritos en este libro ahora se eliminan, o al menos se hacen menos vistosas».

Sin embargo, esas condiciones reaparecieron precisamente en el mercado mundial, en las nue­vas áreas entonces en desarrollo: «Mientras Inglaterra ha salido de esa etapa juvenil de explotación capitalista que he descrito, otros países acaban de entrar. Francia, Alemania y sobre todo Estados Unidos son los terribles competidores que, como predije en 1844, rompen progresivamente el monopolio industrial de Inglaterra. Su industria es joven en comparación con la inglesa, pero crece mucho más rápido, y ha alcanzado hoy casi el mismo grado de desarrollo que la industria inglesa en 1844. La analogía es mucho más sorprendente por lo que respecta a Estados Unidos. Ciertamente, el entorno externo en el que vive la clase trabajadora estadounidense es muy diferente, pero operan las mismas leyes eco­nómicas, y los resultados, aunque no idénticos en todos los aspectos, no pueden sino ser del mismo tipo».

Cuando Lenin escribe a Gorki sobre el «capitalismo octubrista y de las centurias negras», retoma la noción de Engels aplicándola a la ruta continental hacia el área eslava: «En Europa occidental casi no hay capital octubrista; casi todo es capital democrático. El capital octubrista emigró de Inglaterra y Francia a Rusia, a Asia». 
Son necesarias algunas observaciones. Primero, la teoría en cuestión es la teoría 
del desarrollo desigual, tanto en el plano económico como el político. Arrigo Cervetto acuñó la fórmula de una «elección reformista del gran capital» para identificar la línea gran burguesa en Italia a fines de los años sesenta, pero no limitó esa observación solo al desarrollo imperialista italiano; Engels y Lenin nos confirman que se puede generalizar en una regularidad política real y propia del desarrollo desigual. A la hora de afrontar las convulsiones sociales de la disgregación campesina y la urbanización, que mueven a millones de personas trastornando sus hábitos, condiciones de vida y mentalidad, el trazo histórico del ascenso burgués muestra que la elección reformista es la más conveniente para los intereses generales de la clase dominante. Esto lo confirman las crisis de un de siglo que de alguna manera afectan a todas las potencias a fines del siglo XIX, mientras que durante el siglo XX la afirmación entre contradicciones, guerras y crisis del capitalismo democrático es el tanteo de una burguesía mundial que debe encontrar y experimentar con las formas de democracia imperialista, más acordes a sus necesidades. 
Segundo. el cambio social es biológico y no mecánico; toda tendencia procede por contratendencias y contra movimientos. No hace mucho, comentando la crisis migratoria que ha desencadenado la reacción xenófoba en Europa, retomamos las tesis de Cervetto de los años ochenta al inicio de esos flujos: con la inmigración Italia atrajo «a una nueva fuente de plusvalía de la cuenca mediterránea», una fuerza de trabajo «a bajo precio y sin ningún tipo de protección». A través de él, proporcionalmente, el imperialismo italiano y europeo hoy importa «una dosis de capitalismo de las centurias negras y una cuenca de plusvalía absoluta». 

La crisis de la pandemia secular ha descubierto en todas partes, no sólo en las áreas en desarrollo de Asia, África y América Latina, sino también en las antiguas potencias consolidadas, cuánto de la explotación salvaje octubrista de las centurias negras se había guardado el capital, reproduciendo también a nivel habitacional y sanitario las condiciones denunciadas por Engels hace más de siglo y medio. Tanto es así, como documenta Der Spiegel, donde los asalariados son apiñados en las megalópolis de Asia, han actuado como incubadoras del Covid-19 tanto como los dormitorios para los trabajadores de los mataderos de los gigantes alimentarios, en la muy civilizada Renania. 
Tercero, en la segunda posguerra y en las décadas del ciclo liberal de la denominada segunda globalización, la competencia "civilizada" entre grandes y pequeños capitales y entre viejas y nuevas potencias, lo que fundamenta la transición al capitalismo democrático en el análisis de Engels, se ha convertido en una de las armas de la contienda imperialista. La OCDE es, en cierto modo, el cártel de las potencias del capitalismo democrático, donde los capitalistas se enfrentan según estándares comu­nes de carácter social, ambiental e incluso político-institucional. No es casualidad que los nuevos capitalismos que irrumpieron gradualmente en el mercado mundial fueran acusados de dumping social y de dumping ambiental, así como de competencia desleal a través del intervencionismo estatal: el capitalismo democrático hace de sus reglas un arma de competencia contra los recién llegados. 
Cuarto, el New Deal, en los años treinta de la Gran Crisis estadounidense, es considerado por la ideología dominante la afirmación decisiva del capitalismo democrático; Franklin Delano Roosevelt recogió la herencia del progresismo estadounidense de principios del siglo XX y aplicó los métodos de planificación experimentados en la Primera Guerra Mundial en un ciclo colosal de inversiones estatales. 

Disputa de potencias en el "Mediterráneo ampliado"

Si la intervención militar turca parece haber congelado el conflicto libio, el activismo de Ankara aumenta las tensiones en el Mediterráneo, en particular con París, pero también con otras potencias regionales. Los reveses del mariscal Jalifa Haftar han llevado a Egipto a amenazar con una intervención militar directa: un «disparo de advertencia» no sólo retórico, destinado a frenar futuras pretensiones ofensivas de Trípoli y Ankara. 
El empeoramiento de la crisis libanesa ha permitido a Francia, después del desastre libio, relanzar una iniciativa diplomática en Levante. El anuncio dé normalización diplomática entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos le permite a Donald Trump marcar un punto diplomático significativo, con reflejos sobre los equilibrios regionales. La cuestión libia y la intensificación de la disputa entre las potencias se produce en un Mediterráneo ampliado, cruce de una pluralidad de intereses y tensiones entrelazados. 

Partida libio mediterránea 

En la disputa turco francesa la cuestión libia se solapa a la de los yacimientos de gas offshore en el Mediterráneo Oriental: Ankara se inserta en los acuerdos entre Grecia, Chipre, Egipto e Israel, con intereses de los Emiratos y franco italianos. 
París, poco antes de mediados de agosto, realizó ejercicios navales con la marina griega para enviar una «señal de amenaza» a Turquía, que emprende prospecciones de los fondos marinos en aguas reivindicadas por Grecia bajo protección militar. A diferencia de Libia, según los comentarios franceses, en esta ocasión sería mayor la «división de papeles» franco alemán frente a la asertividad turca. Para Bruno Tertrais, director de la Fondation pour la Recherche Stratégique, cercana a los ámbitos militares, «el objetivo es presionar a Ankara para que se retire de la plataforma continental griega y empujarla a volver al diálogo: tanto París como Berlín respaldan la voluntad de Bruselas de calmar el juego». Aunque muchos países europeos no desean poner a Turquía contra la pared, se está manifestando un «cambio perceptible» de actitud, menos condescendiente con Ankara. 
Según la valoración de Politico, sin embargo, en la contienda en torno al asunto Libia Mediterráneo Oriental, mientras Emmanuel Macron está desplegando «fuerzas navales extra», Angela Merkel parece más inclinada a desempeñar un «papel de intermediaria entre Ankara y Atenas». Es una posición recogida por los medios proguber namentales turcos: para ellos las dos «fuentes de tensión en el Mediterráneo son piezas unidas e inseparables de un mismo rompecabezas» donde Ankara se muestra receptiva a la solicitud de desempeñar un «papel constructivo» expresado en varias ocasiones por Berlín. En la cumbre franco alemana de Bréganron el 19 de agosto, Macron y Merkel definieron una posición de complementariedad en los informes de política exterior, incluida la relación con Turquía. 
Para Arnaud Peyronnet, analista del FMES, think tank cercano a la marina francesa, la «mano de póker» turca intenta enviar 
«una clara señal»: los intereses de Ankara en el área no pueden ser ignorados. Si la diplomada de Atenas se refuerza por el apoyo francés, recordando cómo la UE tiene los medios para «causar daños enormes» a la economía de Ankara, ésta, a través de la japonesa Nikkei, evoca una relación más estrecha con Pekín: el fondo soberano turco TWF, creado en 2016 con acúvos por valor de 230 mil millones de dólares y presidido por Recep Tayyip Erdogan, tendría como objetivo «profundizar la conexión  entre Turquía y la nueva Ruta de la Seda»
«Lanzar µores al Este y al Oeste» fue la fórmula utilizada por Erdogan aspara definir oncretola postura diplomática turca. Un paso concretoo fue la compra del sistema antimisiles ruso S-400, para marcar una medida de autonomía de la OTAN.