Políticas de exacerbación del miedo y censura en la gestión del Covid

Ángeles Maestro / 9 septiembre 2021

A medida que pasa el tiempo, el necesario análisis retrospectivo de las políticas gubernamentales y de los grandes medios de comunicación va desvelando hechos que difícilmente se corresponden con objetivos de protección de la salud de las poblaciones frente a la nueva pandemia.
Los interrogantes son muchos y como veremos, salvo algunas excepciones, las líneas generales aplicadas por los gobiernos y las corporaciones mediáticas «occidentales» (léase la UE y Estados Unidos) no difieren en lo sustancial. Por ello, aunque me refiera preferentemente al Estado español, no cabe pensar que sean el fruto particular de gobernantes inexpertos, sin que ello exima al Ejecutivo PSOE – Podemos de responsabilidad por sus acciones, u omisiones, en el tratamiento de la crisis Covid.
La memoria es débil y quizás alguien no recuerde cómo desde el Gobierno central se escenificó y se ejecutó la militarización del miedo, con el imprescindible concurso de todos los grandes medios de comunicación. Obviamente, se trataba de crear una situación de pánico y de confusión que permitiera imponer medidas inadmisibles en circunstancias normales.

Tan impactante «recurso informativo» fue retirado cuando el General de Brigada de la Guardia Civil, Santiago Marín, cometió la imprudencia de declarar que se le había encargado «investigar y minimizar el clima social contrario a la gestión de la crisis por parte del Gobierno”. 
 
La indiscreción del General que, en su momento, desató ruidosas críticas, fue una muestra precoz del tratamiento informativo de la pandemia, como veremos más adelante. Dos meses más tarde, el citado General fue ascendido a Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil.
 
1. Un escenario de miedo, confusión e impotencia.
 
Se creó una sensación de catástrofe y de riesgo de muerte general para una enfermedad con una tasa global de letalidad de 0,8%. Junto a la persecución policial de quienes se atrevían a salir a la calle si no era para trabajar, contribuyeron decisivamente a la extensión del pánico las terribles imágenes de miles de personas mayores muertas en situación de total abandono en residencias de mayores o solas en sus  casas.  Si bien la causa inmediata de la muerte pudiera ser el Covid 19 no cabe duda de que a estas personas se les negó la asistencia sanitaria. Para decirlo con más claridad, por indicación de las consejerías de sanidad, se les impidió el acceso a los hospitales públicos  y se les abocó a una muerte segura en completa soledad. Mientras tanto, los hospitales privados exhibían una situación de insultante normalidad y en ellos  ingresaban personajes públicos y personas adineradas de todas las edades.
 
Las decenas de miles de muertes por denegación de asistencia sanitaria fueron el resultado de dos procesos, uno de ellos, estructural, y otro más inmediato.
Los hospitales públicos se encontraban en condiciones normales, anteriores a la pandemia, al borde del colapso debido a la insuficiencia progresiva de recursos de una sanidad pública que se viene desmantelando desde hace dos décadas por las consejerías de sanidad para favorecer el negocio privado.
Ante la insuficiencia desesperada de recursos sanitarios públicos y la evidencia de miles de muertes por falta de asistencia, ni el gobierno central, ni los autonómicos, intervinieron los hospitales privados, a pesar de que esta posibilidad estaba prevista en el artículo 13 del R. D. de Estado de Alarma.
 
El confinamiento, el bloqueo informativo y el impacto paralizante del miedo impidieron que estallase la reacción popular de indignación, que vivieron en solitario miles de familias de los barrios obreros. Si bien en las primeras semanas no se expresó en las calles la ira del pueblo contra los responsables de miles de muertes evitables, si hubieron, en pleno confinamiento, manifestaciones en los barrios burgueses sin que dieran lugar a represión policial alguna. Cuando en septiembre, ya finalizado el confinamiento,  la juventud de los barrios obreros salió masivamente a denunciar las carencias de la sanidad pública y la asfixiante presencia policial en sus calles, «menos policía, más sanidad», los brutales apaleamientos y las detenciones volvieron a recordar a qué intereses responden loa aparatos del Estado.
 
Hasta ahora, han sido archivadas por la Fiscalía todas las denuncias presentadas por familiares de las personas muertas, por «homicidio imprudente, omisión del deber de socorro y denegación de asistencia médica».

2. La autorización condicional de las vacunas para una situación de emergencia.
 
Con el escenario del miedo bien aderezado, se impone la vacuna como única solución. En agosto de 2020, antes de que se conociera resultado alguno de los ensayos clínicos en curso, Estados Unidos y la UE deciden comprar millones de dosis a las grandes multinacionales farmacéuticas. La UE, además, acuerda que sean los gobiernos los que hagan frente al pago de indemnizaciones por posibles reacciones adversas de las vacunas y se dispone a eximir a las farmacéuticas  de toda responsabilidad civil.
 
Se estaba abonando el terreno para proceder a la inoculación masiva de millones de personas sanas con unos fármacos cuya composición no se había utilizado nunca previamente como vacuna, para tratar una enfermedad de baja letalidad general, y con un periodo de ensayos clínicos de pocos meses.
 
Lo inaudito de este proceso se entiende mejor si se compara con otros similares: el periodo de investigación de vacunas como la de la difteria o la poliomielitis, con una letalidad alta (hasta del 50% en el caso de la difteria), nunca fue inferior a cuatro años.
La culminación del proceso para la autorización de emergencia (en Estados Unidos) y condicional (en la UE) requería dos elementos imprescindibles e interconectados: convencer a la opinión pública de que no existía tratamiento alternativo y la neutralización de la creciente información que contradecía el discurso oficial.

Misiles, urnas y coaliciones en la guerra de Gaza

Simon Sebag Montefiore, ensayista británico, en la obra Jerusalén: biografía de una ciudad (Mondadori, 2018) evoca el llamado «síndrome de Jerusalén»: una condición «psicológica» pero también «política», donde la confrontación entre «pasiones devoradoras y sentimientos invencibles, impermeables a la razón» hace que a menudo domine la «ley de las consecuencias no deseadas». Una condición que, quizá, se pueda extender a toda la historia de Oriente Medio. 
En mayo pasado, el detonante para la "guerra de los once días", el cuarto conflicto de baja intensidad en Gaza, fue una causa inmobiliaria: desalojo de algunas decenas de familias palestinas, en el barrio árabe de la ciudad, Sheikh Jarrah, reivindicado por una asociación de colonos judíos según un contrato de venta firmado con las autoridades otomanas en 1876, en la época de la primerísima inmigración judía a Palestina. El barrio debe su nombre al médico personal del Saladino, el jefe militar kurdo que, en 1187, reconquistó la ciudad tras luchar contra los cruzados. En la época del mandato británico allí residía el gran muftí de Jerusalén, Amin al-Husseini, y en 1944-45 se abrió la primera sede de la Hermandad Musulmana, de la que Hamás es una filial. 
Según la tradición judía, en una cueva en las afueras del barrio estaría la tumba de Simon Hatzadik (Simón el Justo), importante figura religiosa del siglo III a.c. Para Montefiorem, sería una leyenda, al tratarse de una tumba romana de cinco siglos después. Historia, mitos, creencias y pasiones se han ido sedimentando a lo largo de casi tres mil años. Esto como demostración de la tosquedad del acercamiento de Donald Trump, con el alardeado «acuerdo del siglo» de 2017. 

Los misiles electorales de Hamás

Alrededor de la cuestión de Sheikh Jarrah se han entrelazado las manifestaciones de la derecha religiosa judía, para celebrar la conquista de Jerusalén Este en 1967, las previsibles contramanifestaciones palestinas, culminadas en el bloqueo del acceso a la explanada de las Mezquitas, y luego su desalojo por parte de la policía israelí, con centenares de heridos y detenidos. Mahmoud Abbas, presidente de la Sulta, la Autoridad Nacional Palestina que administra Cisjordania, ha aprovechado la ocasión para suspender la jornada electoral de las legislativas y presidenciales, la primera desde 2006, en la que había aceptado participar también Hamás, el movimiento islamista que controla Gaza. 
Entre los motivos de Abbas está el haber excluido del voto a los ciudadanos palestinos de Jerusalén. Sin embargo, según la opinión de los observadores, el problema sería la creciente disidencia interna en Fatah, el partido de Abbas, unido al temor de que, al igual que en 2005-2006, de las urnas salga vencedor Hamas, tanto en Gaza como en Cisjordania. En aquel momento, Hamas, el Movimiento de la resistencia islámica (el acrónimo en árabe significa «fervor», «entrega»), obtuvo el 56% de los votos contra el 44% de Fatah. Este año se habían presentado una treintenade listas electorales, con Fatah mismadividida en tres.
Excluida de las urnas, Hamas actúa en las plazas y, tal y como escribe el Hindustan Times de Delhi ha elegido «llevar a cabo su campaña electoral en Cisjordania» a golpe de misiles Qassam: unos 4.000. Simbólicamente, ha abierto el enfrentamiento con los primeros disparos hacia Jerusalén y después contra los mayores centros urbanos israelíes, incluida Tel Aviv, desencadenando la represalia militar. En la jerga de las IDF, las fuerzas armadas del Estado judío, la «guerra a distancia» contra Hamás, efectuada con drones, ataques aéreos y artillería, se la conoce como «crasquilar el césped». En pocas palabras, significa degradar las capacidades militares de Hamas y minar, en cierta medida, aquellas económicas. Gran parte de los misiles de Hamas, que pasó de usarse para el terrorismo suicida en la segunda lntifada de 2000-2005 a la guerrilla balística, ha sido interceptada por el sistema antimisiles lron Dome, se dice que hasta en un 90%. Todo el ejercicio ha costado más de 260 víctimas, en gran mayoría palestinos.
 

Un veneno nuevo

El Grupo de los Siete, cúspide de la OTAN, bilateral entre Estados Unidos y Europa: se reúnen las potencias del viejo orden internacional centrado en la Alianza Atlántica y en Japón; el gran problema es precisamente la crisis del orden, que ya había empezado a tambalearse con el nuevo siglo. Se trata de China: en cuarenta años ha crecido a un ritmo sin precedentes; en los últimos veinte años ha madurado, convirtiéndose en potencia del imperialismo; en los próximos diez o quince años se va a afirmar en los sectores de la alta tecnología, va a disputar las materias primas para su propia expansión, va a exportar sus capitales por la Ruta de la Seda, se va a dotar de misiles, submarinos, aviones y portaaviones proporcionalmente a su importancia mundial. 
Para las viejas potencias, el dilema es cómo negociar con Pekín o cómo abordarlo. Por el momento, Europa no cede a las presiones de las corrientes americanas que desearían una contención asertiva de China; en las tres cumbres del Viejo Mundo se considera a Pekín al mismo tiempo como partner, como competidor y como rival: de alguna manera, es la vieja Europa la que ha frenado a Estados Unidos. En verdad, nadie sabe decir realmente cómo acabarán los próximos quince años. En la historia, no ha habido nunca un desplazamiento de potencia tan colosal, y ninguna transición a un nuevo orden se ha llevado a cabo nunca de manera pacífica. Si se discute cómo coexistir con el nuevo gigante asiático, se multiplican a la vez los planes de rearme; Taiwán y el Mar Chino Meridional son los nuevos teatros en medio de las planificaciones militares. 
El socialimperialismo es una política imperialista disfrazada en la retórica social y colectiva. Hay un veneno nuevo difundido por la clase dominante, a saber, la idea de que China, gigante del capitalismo de Estado y autocracia tecnológica devoradora del medio ambiente, sea el adversario de un capitalismo democrático y ecológico de las viejas potencias liberales. Por su parte, el socialimperialismo en China celebra la irrupción en el desarrollo global como una revancha precisamente sobre las viejas potencias, contrapaso al siglo de la humillación sufrida durante la era colonial. 
Tan solo el principio internacionalista, la unidad de clase contra todas las potencias y todos los imperialismos, puede hacer frente a las nuevas ideologías dominantes. La defensa de clase ha de organizarse en todos los aspectos, tanto en las condiciones materiales como en los cerebros: al igual que hemos luchado en la pandemia secular, de la misma forma hay que contrastar los venenos nuevos de la movilización imperialista. 

En mayo de 1988, Arrigo Cervetto escribía que la política reformista «no determina sino que sufre el desarrollo de las fuerzas productivas»: «Pretende reformar, programar y planificar, poner las riendas y cabalgar la economía burguesa, convirtiéndose en su triste Rocinante». Notemos que la comparación no es ni tan siquiera con Don Quijote sino con su caballo. 
Bien visto, ese juicio, dirigido a las corrientes reformistas en el movimiento obrero, puede valer para toda la burguesía. La fantasía de poder «cabalgar la economía» ha sido arrollada por la pandemia. 

Costes humanos y sociales para nuestra clase 

También a las clases dominantes de los países más desarrollados les ha pillado desprevenidas el virus que, si bien inesperado en las formas, se esperaba de todos modos. Y esto no por incapacidad, sino por estar sujetos a la lógica de la ganancia. Esto no le ha salido gratis a nuestra clase. 
El balance más trágico es el de los muertos en el trabajo, a menudo debido a la falta de los dispositivos de protección más básicos: en el año de los confinamientos y de las fábricas cerradas, los fallecimientos crecieron en Italia un sexto con respecto al año precedente, afectando sobre todo a las categorías mucho más expuestas, que van desde la sanidad hasta la logística, pasando por el comercio. En Francia, un estudio del Dares, el departamento de investigación del Ministerio de Trabajo, considera que el 28% de los empleados contagiados ha contraído el virus en el lugar de trabajo (o in itinere), los dos tercios eran enfermeros y comadronas (Le Monde, 31 de mayo). 

El mismo estudio registra que incluso quienes han seguido trabajando han visto empeoradas sus condiciones: para un tercio ha habido una «imensificación» de las tareas, especialmente en la Sanidad, en la asistencia social, en la Educación y en el comercio al por menor; para otra décima parte se ha tratado de una auténtica sobrecarga de trabajo, con turnos más frecuentes y aislamiento. Todo ello ha arrojado un resultado sorprendente: más contagios entre quienes han realizado teletrabajo con respecto a quienes se han quedado en la oficina; la explicación de dichos contagios estriba en el hecho de que una mayor presencia en casa, sobre todo si es angosta y abarrotada, los ha favorecido. 

Puestos conservados y puestos perdidos 

Luego está el capítulo de la pérdida de trabajo. En los países desarrollados esto ha sido mitigado por las diferentes formas de subsidio del paro, para compensar (solo parcialmente) las reducciones de jornada, un instrumento usado en mayor medida con respecto a la anterior crisis financiera. Por ejemplo, en Alemania en la primavera de 2020 se vieron afectados 6 millones de trabajadores, frente a los 1,5 millones de la anterior crisis (IZA Research Report, 18 de mayo). El modelo europeo continental ha conquistado también al Reino Unido, donde en mayo de 2020 casi 9 millones de trabajadores tuvieron esquemas reducidos de trabajo (furlough scheme). 
Por tanto, en general, las tasas de desempleo (oficial) en Europa no han aumentado mucho (0,2 puntos porcentuales en la UE de 27, frente a 1,5 puntos en 2009-10), pero a esta cifra hay que añadir un paralelo, e incluso mayor, deslizamiento hacia la inactividad de quienes, tras haber perdido el trabajo, no han tenido ni siquiera la oportunidad de buscarlo (IZA, cit.); eso sin contar a los trabajadores ilegales.
Y el mundo no es tan solo Europa: según la OIT (Organización Internacional del Trabajo), son 114 millones los puestos de trabajo perdidos a nivel global. En realidad, serían 144, considerando los 30 millones de nuevos puestos que se habrían creado en 2020 si no hubiese estado la pandemia. Es el precio de energías desperdiciadas, además de vidas perdidas, impuesto por un sistema social que, pese a poseer los medios técnicos y científicos, resulta no estar preparado para hacer frente a las secuelas sociales de cualquier catástrofe. 

Regreso al futuro 

Sin embargo, cuán contradictoria es la sociedad capitalistica lo testifica el hecho que ahora, mientras que por lo menos en los países desarrollados se entrevé una posible salida de la pandemia, por otro lado asoman al mundo del trabajo los dilemas de la recuperación. Uno por encima de todos: la carencia de mano de obra. Detlef Scheele, jefe de la Agencia del trabajo alemana (BA), dice: «Con la superación de la pandemia volverán los problemas que el mercado del trabajo ya tenía antes del coronavirus» (Handelsblacc, 2 de junio). El periódico económico afirma que con dicha carencia ahora «se corre el riesgo de frenar el crecimiento». Un vuelco en pocos meses, aunque no sea una sorpresa. 
Los «problemas» tienen un nombre: envejecimiento de la sociedad, debido al descenso de la población, y dificultades a la hora de encontrar a jóvenes de nivel adecuado, entre otras cosas porque, tal y como denuncia la BA, en 2020 los empresarios redujeron las plazas de formación. Se trata, una vez más, de un caso de escasa previsión del capital y de su política.  
Sin embargo, no escasea tan solo la fuerza de trabajo cualificada. El Financia/ Times (29 de mayo) denuncia, en Alemania como en toda Europa, la falta de trabajadores en los sectores de la hostelería y turismo: bares, restaurantes y hoteles. Además, no olvidemos que estamos en la nueva temporada de las cosechas, que en toda Europa ya son posibles tan solo gracias al uso masivo de mano de obra extranjera. Con lo cual, aquí la paradoja se convierte en cinismo: trabajadores explotados cuando eran necesarios, dejados de lado durante la crisis, que para sobrevivir se vieron obligados a regresar a sus países de origen y que en la actualidad tienen dificultades para volver. O, si no, mantenidos en la "invisibilidad" y, por lo tanto, sin posibilidad de vacunarse. 
No solo en Estados Unidos el tema de la carencia de mano de obra ha entrado de lleno en el debate político. Bajo acusación se encuentra el nivel de los subsidios, con la tesis de que a un trabajador despedido le conviene quedarse en casa sin trabajar. De ahí la petición de la patronal de reducir las indemnizaciones. Aunque quizás el problema habría que mirarlo desde otro punto de vista completamente distinto: es que ciertos empleos están tan poco remunerados que incluso el subsidio acaba siendo superior. 

Carencia de mano de obra, necesidad de inmigrantes 

También en Italia vuelven a crecer los puestos vacantes, y no solo por la evolución de la coyuntura: es una tendencia que se va a manifestar cada vez más a lo largo del tiempo. El demógrafo Gianpiero Dalla Zuanna (Corriere de lla Sera, 5 de junio) considera que el balance entre salidas de jubilados y entradas de jóvenes determina un déficit de 270 mil trabajadores por cada año de la próxima década; teniendo en cuenta la mayor escolaridad de las nuevas generaciones, aumenta a 350mil el déficit de trabajadores no demasiado cualificados. Todo esto en la hipótesis de saldo 
migratorio nulo. Es decir, servirían 350 mil inmigrantes al año solo para cubrir 
este déficit de personal que, según aclara el demógrafo, es fundamental para la vida de la «clase media»: se trata de «los que limpian sus casas, se ocupan de los ancianos, trabaja en los mataderos, en los restaurantes, en los campos, en el inmenso sector de la logística … ». Y es verdad: «En el Recovery Plan nunca se habla de inmigración». 
En medio de estas contradicciones no faltan las "soluciones" de sentido común. Y he aquí que Confindustria aprovecha la ocasión para decir que bastaría con liberalizar los despidos para crear aquel «reajuste fisiológico» por el cual cada puesto de trabajo halla el suyo ocupado, y viceversa; como si se tratase de intercambiarse los cromos de los jugadores de fútbol para completar la colección. 

Concreción leninista 

Dario Di Vico (Corriere della Sera, 3 de junio) cita un dato al respecto que hace reflexionar: la reanudación de las contrataciones se ha traducido en 96 mil nuevos contratos temporales en un mes. Y se plantea una pregunta: «¿Estaremos yendo hacia una recuperación de la economía 
caracterizada por un claro predominio de los contratos temporales en lugar de los contratos indefinidos?». 
A la espera de la respuesta, será mejor reflexionar sobre el hecho que esta sociedad está muy avanzada pero, a la vez, no es adecuada para garantizar un desarrollo equilibrado del género humano. En este sentido, no hay que buscar la solución en la imposible "programación" de una realidad llena de contradicciones, sino en la concreción de la organización de clase, para intentar reducir el peso que inexorablemente se descarga sobre los hombros de los trabajadores, y en la lucha por el comunismo para salir definitivamente de esta prehistoria.

Gobierno mal llamado socialista

Estamos ante el mayor atraco llevado a cabo por un gobierno mal llamado socialista para nuestra clase, su ejecutor el señor Escrivá, no tiene ningún escrúpulo en llevar a nuestra clase a la desesperación y la indigencia. Este señor merecería lo mismo, por no decir otra cosa.  Os envío lo que pretende.

Nuevamente la reforma propuesta por Escrivá prevé ‘ahorros’ en el Sistema de Pensiones Públicas, pero no aumento de los ingresos. El ministro, siguiendo la senda marcada por todas las reformas auspiciadas por el pacto de Toledo intenta retrasar la edad de jubilación efectiva, que en el año 2020 fue ya de 64,5 años. La edad legal de jubilación en el año 2021 es de 66 años y la anticipada voluntaria de 64 años. El ministerio que dirige Escrivá pretende penalizar la jubilación anticipada para los grupos que la soliciten entre 21 y 24 meses de anticipación y entre 1 y 3 meses de anticipación (ver coeficientes reductores propuestos). Asimismo, apuesta, en un contexto insoportable de paro juvenil (41,7 % entre los 15 y 24 años), por alargar la jubilación voluntaria mediante incentivos por cada año de retraso. En ambos casos el objetivo es ahorrar para el sistema el pago de las pensiones durante un periodo de tiempo (el grueso del ahorro) y continuar durante el mismo periodo los ingresos las cotizaciones (cantidad mucho más modesta).

REMITIMOS COMUNICADO ELABORADO POR LA COMISIÓN LEGAL  ESTATAL DE COESPE SOBRE LOS PACTOS ENTRE EL GOBIERNO, EMPRESARIOS Y CÚPULAS SINDICALES.

  1. Anticipadas


              Retrasadas

  2. Con menos de 38 y seis meses cotizados. La mayoría.



  3. Fuente: Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones

    Para el primer caso (anticipadas), es evidente que la medida persigue retrasar al menos dos meses la solicitud de pensiones anticipadas para los que pensaban jubilarse con dos años

165 y 63 años si se han cotizado 37 años y tres meses.

2Fuente: OCDE

menos, puesto que quien ya tenía pensado retrasarlas a un periodo menor incluso podría ganar con el cambio (poco) al sufrir una menor reducción. Para ver la repercusión para quienes decidan retrasar de 24 a 22 meses su jubilación anticipada para no verse perjudicados hay que hacer algunos cálculos cuyo resumen es el siguiente:



Fuente: Cálculos propios a partir de coeficientes reductores y esperanza de vida para una pensión media pre- vista de 1.200€ sin coeficientes reductores

  1. 1) Pensión x meses de cobro – cotizaciones aportadas y meses no cobrados

  2. 2) Saldo a favor o en contra en el sistema si el/la trabajador/a alcanza la esperanza de vida media


Es decir, si un/a trabajador/a tenía pensado jubilarse anticipadamente con 24 meses de antelación y a partir de la reforma Escrivà lo hace con 22 meses, el Sistema se habrá ahorrado casi 10.000€ (14.700 – 3.888) como media por cada trabajador que lo haga. A cambio el trabajador habrá trabajado 2 meses más y recibirá 16 euros más de pensión al mes. La intención de la propuesta es evidente.


Pero, en España el porcentaje de pensiones contributivas anticipadas voluntarias es del 13,61%, esto es, de 835.216. De ellas, al menos el 33% son superiores a los 2.100€ mensuales, es decir provienen de cotizaciones altas y, presumiblemente con 24 meses de

3Ganar, muy poco, en la cantidad global que cobrará si vive hasta los 82,5 años de vida, pero a cambio de disfrutar menos tiempo de su jubilación.

4. Fuente: Cinco Días 26-11-2019.

5Datos Instituto Nacional de la S/S a 1 de marzo de 2021 y Documento comparecencia Escrivà. antelación. En este supuesto el ahorro en su conjunto del Sistema es de 637 millones de € en dos años y de 2.980 millones en 17,5 años (hasta alcanzar la esperanza de vida media)


Crónicas de la Ruta de la seda

"Casi alianza" china en el Golfo Pérsico

Según Anthony Cordesman del CSIS de Washington, a finales de marzo China ha realizado un importante golpe estratégico en el Golfo Pérsico. El acuerdo de veinticinco años firmado en Teherán, durante la gira por Oriente Medio del ministro de Asuntos Exteriores chino Wang Yi, inyectaría 400 mil millones de dólares de inversiones chinas en Irán, a cambio de suministros petrolíferos baratos, pero los detalles son secretos: «Aunque si el acuerdo no tuviera una repercusión militar inmediata señala Cordesman representa un cambio importante en las actitudes estratégicas y sienta las bases de esta cooperación en el futuro. Como mínimo, proporciona a China un nuevo gran impulso estratégico en la región del Golfo, es decir, un área que controla el 20% de la oferta petrolífera mundial, la más crítica para los importadores asiáticos. Ningún Estado del Golfo, o potencia externa, puede ahora ignorar el creciente papel chino en el Golfo o uurar a Olina SÜI considerar el riesgo que expanda sus vínculos militares con Irán». Ninguna potencia, en otros términos, podría ignorar el desafío del Dragón a la doctrina Carter. 

Viraje en la arteria petrolífera 

El exembajador chino en Irán, Hua Liming del Instituto Chongyang de Pekín, comenta en este sentido el «punto de inflexión en las relaciones de China con Irán y la región». Hua recuerda al South China Morning Post que Pekín siempre ha prestado gran atención a la sensibilidad estadounidense y ha evitado acercarse demasiado a Teherán, después de la instauración de las relaciones oficiales entre Washington y Pekín en 1979: «Desde la administración Carter, Estados Unidos ha recordado a menudo a China que las relaciones con Irán se consideraban un impedimento para las relaciones chino-americanas. Pero los cambios fundamentales en las relaciones entre China y Estados Unidos de los últimos meses, esa era terminó». La entrada de China en el Golfo, como importador neto de petróleo en realidad se remonta a los años Noventa, y es el reflejo en los flujos petrolíferos del despegue imperialista chino que cambiará las relaciones de fuerza radicalmente. 
Según los mapas históricos de British Petroleum, en 1952 más del 70% del petróleo del golfo Pérsico transportado por mar iba a Europa y el 10% a Asia. La Review de 1973, unos años antes de que se formulara la doctrina Carter, delineó otros destinos: el 57% del petróleo árabe iba a Europa Occidental, pero ya el 14% a Japón y el 16% al resto del hemisferio oriental. Por lo tanto, según nuestro análisis, tanto la arteria petrolífera como la garantía americana sobre ella eran pluridimensionales- En 2019 los destinos se invierten: el 11% en Europa y el 78% en Asia. El motor desigual del desarrollo pone a prueba todas las doctrinas. 
China recibe el 24% del petróleo del golfo, India y Japón el 14% cada uno. Tokio compra principalmente petróleo saudí y de los Emiratos, Nueva Delhi sobre todo saudí e iraquí. No obstante, las sanciones, los suministros chinos tendrían tres pilares: Arabia Saudí, Irak e Irán. 

¿Potencial doctrina Carter china?
 
El Financiad Times define el acuerdo chinoiraní una «asociación estratégica de veinticinco años» que «activará las alarmas en la Casa Blanca y el Pentágono». Pero el periódico de la City, ahora de propiedad nipona, va aún más lejos: dice que China había intentado «reducir su dependencia de las rutas estratégicas del golfo y Sudeste Asiático, que la US Navy podía bloquear a su antojo», pero en los últimos años con la Ruta de la Seda.la estrategia china cambiaría. «Con la inversión civil y militar en estructuras y puertos a través de Oriente Medio, Pekín no solo quiere reducir el control americano sobre los suministros energéticos chinos en caso de conflicto, sino que también parece que quiere tener la capacidad de cortar esos suministros a los aliados americanos en Asia, si alguna vez se llega a ese punto». 
Proyectado en el golfo por la búsqueda de garantías sobre su petróleo, el Dragón sería capaz de condicionar el equilibrio asiático, mediante el petróleo, aunque en ausencia de un conflicto. Observamos que el programa de expansión naval chino sitúa esa perspectiva en los próximos quince años, cuando China adquiriría, en el golfo y rutas, un impulso estratégico crucial frente a Asia; pero también sería capaz de ofrecerse como garante o coga­rante de esas mismas rutas. Ninguna potencia, incluida Estados Unidos, podría ignorar tal amenaza tanto como tal oferta, o sea una especie de doctrina Carter china, que refleja la americana. 
En el Global Times, el embajador iraní en China, Mohammad Keshavarz-Zadeh, no desmiente que el acuerdo chinoiraní implique en realidad una cooperación militar para proteger la «paz» regional y la «libertad de navegación y comercio en las aguas tradicionales». Pero las líneas de proyección militar tan explícitas hacia la arteria petrolífera, aunque presentes en China, no parecen ser en este momento el baricentro del debate chino. El mismo Financial Times recoge las reservas de los «altos rangos» chinos según los cuales «esta postura podría desencadenar el conflicto con EE.UU. antes que China pueda vencerlo». 

La abstención de las "alianzas"

Y an Xuetong, rector del Instituto de Relaciones Internacionales de la Tsinghua, reconstruye en Leadership and the rise of great powers (2019) cuatro componentes de la política exterior china. Habría una línea «inactiva», que tiende a evitar los dilemas de la potencia ascendente en la dilación, redimensiona las ambiciones para reducir las tensiones, y llega a negarse a sí misma. Habría sido la linea de Hu Jintao. 
Yan critica también la línea «conservadora» que sigue «la doctrina del determinismo económico», define la economía como fundamento de la potencia y el interés económico como interés nacional primario. «Considerando el dilema ascendente radicado en el confiicto económico con otros Estados, estos conservadores optan por reducir la presión internacional expandiendo las relaciones económicas», lo que puede «reducir temporalmente las tensiones». En cambio, el autor se inclina por la línea «proactiva» que quiere ampliar la fuerza internacional de China haciendo algunas «alianzas», pero no sería predominante entre las corrientes chinas. 
Aunque China es ahora «,ascendente», escribe Yan, «ninguno de sus políticos ha mostrado una voluntad de adoptar la estrategia de las alianzas». Esto se debería a la persistencia del «no alineamiento» chino, un producto del anterior orden bipolar que «demoniza» las alianzas pero que daña hoy «credi­bilidad estratégica» de China. Por el momento, Pekín se abstiene de alianzas que implicarían un «cierto riesgo de guerra» e intensificarían los conflictos «estructurales» con EE.UU. 
En cuanto a una línea «agresiva» de expansión militar, se limitaría a «algunos oficiales militares chinos que están sosteniendo la adopción de la estrategia de expansión militar para con­seguir el renacimiento nacional chino, invocando las guerras agresivas que las potencias occidentales históricamente han conducido como el único enfoque viable». 

La línea de las casi alianzas 

Liu Feng, vicepresidente del Departa­mento de Relaciones Internacionales de la Universidad Nankai de Tianjin, escribe en Política de las alianzas (Beijing, 2018) que «la discusión en China sobre la necesidad o no de formar alianzas es particularmente acalorada». Este autor es indicado por Yan Xuetong entre los académicos que sostienen la variante «proactiva» de las alianzas, pero la suya es más bien un amplio examen de las posiciones chinas. Resumiendo, entre las corrientes políticas que impugnan el «no alineamiento» y aquellas en posicio­nes más avanzadas, hay una una línea intermedia de «casi alianzas o alianzas mórbidas». Formalmente, la «política exterior pacífica» de China se distingue de la «política tradicional de las alianzas» de las viejas potencias, pero en China hay también quien observa que las «alianzas» construidas por Xi Jinping y Wang Yi en estos años « de hecho constituyen algunas alianzas». Conviene prestar atención a estos matices. 
Para Sun Degang, especialista de Oriente Medio en la Fudan de Shanghái, «el acuerdo chino-iraní es una elección estratégica, realizada con una perspectiva global». Sun sostiene que China de­bería formar« alianzas casi selectivas», para enfrentar la actual fase de cambio donde «las fronteras entre enemigos y amigos se esfuman cada vez más». El núcleo de dicha estrategia sería «man­tener la ambigüedad estratégica y una mayor flexibilidad diplomática». 

Abandono del bajo perfil en el Golfo 

Las referencias de Sun Degang en La diplomazia delle quasi alleanze (Bei­jing, 2012) son la «política de equilibrio del poder» de Gran Bretaña, el «complejo sistema de alianzas continentales» de Bismarck y la renuencia del ascendente Estados Unidos a alianzas que lo «habrían atrapado en las infinitas controversias del continente europeo». También este autor reordena las posiciones chinas en cuatro variantes: una asiática centrada en Japón, un «nuevo frente unido» con Brasil, Rusia e India, o la prioridad para las relaciones con EE.UU. Aquí nos interesa la corriente china que considera a los países árabes-islámicos, en conflicto de intereses y valores con Occidente, «los aliados naturales de China». 
Se trataría de ofrecer a las potencias regionales del Golfo unas «casi alianzas» del tipo «relación de cuarenta años entre China y Pakistán», o en todo caso relaciones adaptas a una fase más dinámica de "recombinación" de las relaciones de fuerza multipolares. China, escribe Sun en otra intervención posterior, considera al Golfo un «asset crucial para promover su status de potencia mundial» y desde 2013 ha establecido «partnership estratégicas generales» con Irán, Arabia Saudí y los Emiratos; «partnership estratégicas» con Irak, Kuwait, Omán y Qatar; y una «relación cooperativa estratégica» con Turquía. 
Pekín «ve negativamente las prácticas occidentales de la política de las alianzas, las esferas de infliuencia y las sanciones económicas» e intenta evitar «las competencias directas para el control del Golfo con las potencias establecidas como la UE, Rusia y EE.UU.». Sin embargo, el defensor de las "casi alianzas" admite, «China no cree que pueda mantener su bajo perfil en la región por mucho más tiempo». 
A veces un debate académico anti­cipa posibles líneas políticas, captadas en las relaciones de potencia. Pero un acuerdo de veinticinco años entre China e Irán ya es un hecho: el compromiso estratégico chino en un área en la que hasta ahora se había mostrado reacio a exponerse.

La contienda transatlántica sobre las patentes

A mediados de mayo, la pandemia de Covid 19 superó los 163 millones de casos en el mundo y 3,8 millones de muertos oficialmente registrados y, alternando fases de ralentización y aceleración, sigue su marcha. 
La evolución pandémica es diferenciada entre los Estados y los continentes. Se frena en Europa y en Norteamérica gracias a restricciones y vacunas, avanza en muchas partes de Asia y de América Latina. Desde el subcontinente indio llega una advertencia. A primeros de febrero, la India contaba con 11 mil nuevos casos al día. Desde finales de marzo, ha sido devastada por una oleada que ha multiplicado los nuevos contagiados a 400 mil y los nuevos muertos a 4 mil al día en la primera semana de mayo. Según The Economist el número real de los casos podría ser de diez a treinta veces más alto (24 de abril). 
Se saca a colación la desastrosa gestión de la epidemia por parte del gobierno de Narendra Modi y de los Estados indios ( «catástrofe nacional autoinfligida» la ha definido The Lancet), pero las raíces de la crisis son más profundas. India aspira al status de gran potencia económica, científica y militar, aunque su gasto sanitario público es el 1,2% del PIB, entre los más bajos de Asia e inferior a aquel de muchos países pobres. Tiene O, 7 camas de hospital y 0,9 médicos cada mil habitantes. El ya escaso sistema sanitario ha sido arrollado por la oleada de abril. 
La catástrofe india amenaza a los veci­nos en el Sudeste Asiático y alarma también la parte del mundo que confía en una cer­cana victoria sobre el virus pero que ahora teme volver a ser arrastrada por la tormenta.


La campaña de vacunación más grande de la historia está en marcha y avanza a una velocidad de 23 millones de dosis administradas al día: diez millones en China, dos en Estados Unidos, 3,5 en la UE, que debe recuperar un retraso de un mes y medio para con los EE.UU. A día 16 de mayo han sido inyectados 1,44 billones en 176 países (Bloomberg). Se ha alcanzado el 83% en los países de renta alta y medioalta, el 0,3% en los de renta baja (New York Times, Tracking coronavirus vaccinations). Los Estados Unidos, la Unión Europea y Gran Bretaña juntas cuentan con menos del 11 % de la población mundial, pero han distribuido el 36% de las dosis. 
Occidente ha priorizado a sus ciudadanos ha escrito Associated Press; en cambio, la «diplomacia de las vacunas» china es «un éxito» (2 de marzo). Cuatro vacunas chinas están en uso en un total de 77 países, sobre todo en Asia y América Latina, aunque también en Europa (Hungría, Turquía, Serbia, Ucrania)(NYT, cit.). Con "donaciones" y ventas, China continúa con su política de la "Ruta de la Seda sanitaria" con sus vacunas como arma de influencia económica y política.
La India había actuado contra la ofensiva china, aprovechando «su capacidad productiva para demostrar su potencia científica y reforzar los vínculos bilaterales»; C. Raja Mohan, director del Institute of South Asian Studies de la Universidad de Singapur, ha definido dicha actuación como «una demostración de soft power». La India habría tenido que suministrar millones de dosis de la vacuna de Oxford, AstraZeneca a seis países de sus alrededores en «uno de los esfuerzos de diplomacia vacuna más costosos del mundo» (Financial Times, 2 de febrero). Sin embargo, la "diplomacia de las vacunas" india en el Sudeste Asiático ha naufragado en la nueva explosión epidémica y las disponibilidades han sido reservadas al mercado interior. 
Rusia sigue con su política con el Sputnik V del Instituto Gamaleya, que usa la técnica del vector viral como Oxford As­traZeneca. El Sputnik V ha sido autorizado en 65 países, en Asia, América Latina y África. Actualmente, se utiliza en 38, entre los cuales está Hungría que, único en la Unión, ha adquirido 1,8 millones de dosis (ECDC). 

batallas estratégicas 

Para frenar la "influencia sanitaria" china en el Sudeste Asiático, el 12 de marzo Estados Unidos, Japón, la India y Australia en la cumbre del Quad habían lanzado la Quad vaccine partnership para suministrar a los países.de la región Indo Pacífica, antes de finales de 2022, mil millones de dosis de la vacuna de la multinacional americana Johnson & Johnson. La vacuna se producirá en la India, el proyecto estará financiado por Estados Unidos y Japón, y Australia dará asistencia en la logística y distribución (Hindustan Times, 13 de marzo). 
La explosión de los contagios en la India ha alimentado las presiones para responder a la desesperada necesidad mundial de vacunas. Ya el otoño pasado, al menos 100 países de la OMC, encabezados por la India y Sudáfrica, pidieron la suspensión de la tutela de la propiedad intelectual sobre las vacunas anti Covid, reglada por los acuerdos TRIPS (Trade related aspects of intellectual property rights). los Estados Unidos, la UE y Gran Bretaña rechazaron esta petición, pero a primeros de mayo la administración Biden anunció la disponibilidad americana a apoyar la "renuncia" temporal a las normas sobre las patentes de las vacunas anti Covid 19, como «medida extraordinaria» que las «circunstancias extraordinarias» requieren. La jugada americana es «probablemente el intento de contrarrestar al menos con palabras el éxito de la diplomacia sanitaria de Moscú y Pekín», ha escrito Beda Romano (JI Sole-24 Ore, 7 de mayo). Algunos países, entre los cuales están la India y Sudáfrica, se han presentado para ser productores de vacunas anti Covid, pero las negociaciones en la OMC tardarían meses en adquirir la competencia en las nuevas tecnologías, adecuar las plantas de producción y autorizarlas. 
Stéphane Bance!, administrador delegado de la estadounidense Moderna, que produce la segunda vacuna de mensajero-RNA hasta ahora en uso, afirma que «no existe en el mundo capacidad productiva con base mRNA no utilizada» (Financial Times, 7 de mayo). Para las empresas el verdadero "tapón" que limita la producción lo constituye la escasez de componentes y distintos materiales, desde las bolsas de plástico de los biorreactores hasta el vidrio y los tapones de las ampollas; y decenas de dichos componentes están, a su vez, protegidos por patentes. 
Las restricciones a la exportación de productos intermedios impuestas por los
Estados Unidos escribe Handelsblatt (10 de mayo) ralentizan la producción no solo en Alemania sino también en la India. Si se anularan, la producción mundial de vacunas podría llegar a 14 mil millones de dosis este año. Según el periódico económico alemán, la propuesta de Joe Biden es una jugada de política exterior con función antichina y antirrusa pero, en el fondo, demagógica. «El cese de las patentes no con llevaría ni siquiera una dosis más a corto y medio plazo», ha declarado la presidenta de la Comisión europea Úrsula von der Leyen en la reciente cumbre UE de Oporto. 
Frankfurter Allgemeine Zeitung ha señalado a las vacunas como nuevo terreno de «batalla geopolítica» en la lucha contra la pandemia entre Estados Unidos y la UE, «la única potencia democrática» que actualmente exporta y suministra vacunas a terceros países (10 de mayo). Para la canciller Ángela Merkel, la cesión de las patentes implicaría asimismo un traspaso de competencias a China para producirlos; «el factor limitativo en la producción de vacunas es la capacidad de producción y los altos estándares de calidad, no las patentes» (Süddeutsche Zeitung, 6 de mayo). 
El presidente francés Emmanuel Macron ha acusado a los «países anglosajones» de obstaculizar.el suministro mundial de vacunas salvavidas con las barreras a la exportación (Financial Times, 7 de mayo). En cambio, la Unión exporta el 50% de su producción y participa en los programas de ayuda a los países más pobres. 

Ética y negocios 

La iniciativa americana ha sido acogida favorablemente por la OMS, Rusia y China, y en varias partes se solicita la liberalización de las patentes de las vacunas anti Covid-19 por motivos éticos. La eticidad de la tutela de la propiedad intelectual de los medicamentos lleva cuestionándose desde los orígenes de la moderna industria farmacéutica, pero a menudo también viene utilizada para cubrir guerras comerciales y proteccionistas. 
El historiador Jonathan Liebenau observaba que las grandes empresas farmacéuticas no se comportan de manera diferente respecto a todas las demás, al recurrir sin escrúpulos a los medios típicos de las guerras comerciales, desde el dumping a la violación de las leyes sobre la propiedad intelectual. La diferencia estriba en los esfuerzos que estas empresas hacen por presentarse como si las movieran mayores motivaciones éticas, dedicándose a la alta ciencia y a la salud humana (J. Liebenau Medical science and medical induscry, Johns Hopkins University Press, 1987). 
Desde sus orígenes, las patentes han sido una de las armas usadas por las grandes sociedades para transformar la competencia en monopolio, escribía Lenin en 1916, y su violación es un medio para socavar las posiciones dominantes. Se sabía de antemano que las grandes empresas farmacéuticas se rebelarían la patente garantiza a las empresas propietarias una condición de monopolio durante 20 años, pero el enfrentamiento incluye las batallas entre las potencias sobre sectores considerados "estratégicos". 
En las vacunas contra el nuevo coronavirus se miden la capacidad científico tecnológica y la fuerza industrial de las potencias. En particular, es una carrera en las biotecnologías médicas, un campo en el que Estados Unidos ocupa una posición dominante y China aspira a convertirse en la próxima "súperpotencia biotecnológica", con grandes inversiones que involucran ampliamente el aparato militar-industrial. 
De las vacunas realizadas hasta ahora, tres usan una tecnología basada en el mRNA, representan una "revolucionaria" innovación y abren grandes horizontes y un gran mercado a la inmunoterapia de muchas enfermedades, entre las cuales el cáncer: dos son alemanas, de las sociedades BioNTech (en colaboración con Pfizer) y CureVac (esta última se aprobará próximamente en Europa), una es americana (Moderna).

Ugur Sahin, cofundador y administrador delegado de BioNTech, nos cuenta que tiene 14 antitumorales en vías de experimentación y aspira a que dicha empresa se convierta en «la potencia de la inmunoterapia del siglo XXI» (Financia/ Times, 11 de mayo). 
La réplica tajante por parte de Alemania y de la Unión a la propuesta americana denuncia explícitamente el temor de que la ventaja adquirida por la investigación biotecnológica alemana pueda verse rápidamente erosionada por el traslado de tecnología a la competencia. Dieciséis candidatas vacunas a base mRNA y diez a base DNA están actualmente en fase de estudio clínico en diferentes países (WHO, Landscape of novel coronavirus candidate vaccine development, 11 de mayo). China tiene en fase 3 una vacuna mRNA desarrollada por la Academia Militar de las Ciencias en colaboración con dos sociedades biotecnológicas capaces de hacer frente a la producción a gran escala, y otra más en fase l. La propia BioNTech que está asociada con Fosun Pharma para el mercado chino va a construir en China una planta productora. 
La exportación de capitales significa también exportación de know how, el conjunto de competencias tecnológicas. No hay dudas acerca de la ventaja alemana y americana en este filón biotecnológico. Pero tan solo es cuestión de tiempo.

Madrid entre ladrillos y maquinaria

En la Puerta del Sol de Madrid, la sede del gobierno regional, en mayo de 2011 las manifestaciones de los indignados anunciaban la llegada también en España del nuevo ciclo político: que se habría concretado en el momento de apogeo del procés independentista catalán y de los regionalismos en la emersión de Podemos, Ciudadanos y Vox, y en las sucesiones a] trono y en los principales partidos, que veían asomarse una nueva generación de líderes. 
Sin embargo, la crisis de la pandemia secular ha sacudido una vez más el panorama político, y la manera en que Europa saldrá de esta va a perfilar las nuevas perspectivas. Los desequilibrios globales, en la base del nuevo ciclo, no han desaparecido, pero, para las fuerzas políticas que lo han encarnado, se está abriendo un nuevo proceso de selección y transformación, un intervalo que podría marcar un hito. En este sentido, los recientes acontecimientos políticos en España ofrecen elementos de reflexión. 



Madrid hoy ... 

La popular Isabel Díaz Ayuso (Madrid, 1978) ha ganado su plebiscito personal contra la coalición del gobierno central de Pedro Sánchez (Madrid, 1972), dirigido por el PSOE y Unidas Podemos. Reaccionando a la fallida moción de censura contra el PP en manos de Ciudadanos y del PSOE en Murcia, ha convocado y ganado las elecciones en la región de Madrid. 
Apoyándose en la corriente aznarista, más atlantista, liberal en economía y conservadora desde el punto de vista de la política territorial, ha aprovechado la caída del partido liberal Ciudadanos, que no ha superado la barrera del 5% y ha perdido todos sus escaños. Asimismo, ha contenido el auge de Vox, que de todas formas estaba dispuesto a ofrecer sus propios escaños a la investidura de Ayuso, quien podría ostentar el título de reunificadora del centroderecha. 
Su victoria se ve reforzada por una fuerte disminución de la abstención, que le permite obtener más del doble de los votos que en el 2019, volviendo a llevar así al PP local a niveles próximos a los del 2011, año en que también ganó las elecciones generales. 
En la izquierda se registran desplazamientos igual de profundos. Pablo Iglesias (Madrid, 1978), líder de Unidas Podemos, la fusión entre Podemos e Izquierda Unida (IU), había dejado su cargo de segundo vicepresidente del gobierno central para presentarse como candidato; encajada la derrota de la izquierda, ha decidido abandonar la política; junto a Albert Rivera (Barcelona, 1979), quien dejó el mando de Ciudadanos tras el derrumbe en las elecciones generales, es el segundo líder de los nuevos partidos que abandona el escenario. 
El PSOE también se ha visto afectado. El profesor «soso» Ángel Gabilondo (San Sebastián, 1949) en 2019 había sido el más votado, aunque ya estaba planificando abandonar la política regional: ahora pierde casi un tercio de los votos, después de una campaña oscilante en cuanto a la relación con Iglesias. Lo supera por poco Más Madrid, partido local ecologista nacido precisamente de una escisión de Podemos: en aquel momento se oponía al deslizamiento hacia la izquierda y hoy, pensando en la expansión nacional, mira hacia el modelo de los Verdes alemanes. Su candidata, Mónica García (Madrid, 1974), médico y. paladín de la sanidad pública, no se ha dejado arrastrar en la cruzada de Iglesias entre «fascismo y democracia», sino que ha centrado su atención en la gestión de la pandemia por parte de la Comunidad. 
Madrid cuenta con los peores datos de mortalidad del país, sobre todo entre lós ancianos; sin embargo, esto no ha impedido el ascenso de Ayuso con su campaña contra el aumento de los impuestos y a favor de la «libertad», que ha interceptado la indignación del "partido del PIB" contra las restricciones y, según El País, también «un amplio sentimiento de cansancio pandémico, el deseo de actividad laboral e interacción social». 

... ¿mañana  España. 

Al día siguiente de la victoria, ha em­pezado el debate sobre las implicaciones a nivel nacional. El PP, reforzado, aspira ex­plícitamente a canibalizar lo que queda en el país de los restos de Ciudadanos, para luego centrarse en las generales de 2023. Sin embargo, existen reservas acerca del «trumpismo castizo» de Ayuso, como Jo definen sus adversarios, y su posibilidad de que sea exportado, es decir, si, según reflexiona el Financia/ Times, «la dere­cha martirizada y fragmentada de España y sus homólogas europeas podrían repetir en otra parte un conservadurismo apolo­gético que ha capitalizado el esfuerzo de las restricciones del Covid». 
Sin embargo, Jorge Tamames, antiguo redactor-jefe de Política Exterior, en una intervención para el parisino Le Grand Continent, observa que «trumpista es un adjetivo que se usa con demasiada ligere­za», mientras que la verdadera clave para comprender el poder del PP madrileño en los últimos 26 años hay que buscarla en su 
base social: «nuevas clases periurbanas, grandes y pequeños rentistas (en un país con el 77% de familias con vivienda en propiedad, 7 puntos por encima de la media europea), el sector hotelero, el pueblo conservador de la periferia madrileña y un tejido empresarial educativo, sanitario, de residencias para ancianos que se beneficia de las redes clientelares». Por otro lado, para Tamames, la propuesta del PP basada en «especulación inmobiliaria, el ladrillo y el turismo» es incapaz de «consolidar a España como potencia exportadora según el modelo de Alemania», o sea, precisamente lo que implicaría el nuevo Plan Marshall europeo.
El sistema politico español está buscando un equilibrio entre «maquinaria y ladrillos», donde por «ladrillos» hay que entender en un sentido amplio gastos e inversiones para reconstruir, y mantener juntas, las bases de masa de los grandes partidos, cuyas oscilaciones han dado vida al nuevo ciclo político. 

Límites territoriales 

Así pues, no parece casual que el plan de recuperación de Sánchez incluya, además de la política industrial en energías renovables y digitalización, también casi 6 mil millones dedicados al rendimiento energético de los inmuebles y a la construcción de nuevas viviendas. Por su parte, el PP, al día siguiente de la victoria, publicó un artículo significativo en El Mundo, firmado por su portavoz europea Dolors de Montserrat (Barcelona, 1973) y por el líder del PPE, el alemán Manfred Weber. En la premisa declaran que «en algunos ámbitos se tendrían que devolver competencias a los Estados miembros», aunque por otro lado «la acción común es crucial y la UE necesita mayores poderes ejecutivos». He aquí una posible interpretación del "trumpismo light": seguir empuñando la bandera del soberanismo para que no lo hagan los demás y, al mismo tiempo, apostar por una integración europea más sólida. 
Según observa Tamames, los mayores límites del PP serían territoriales. Dado que el trasvase de votos entre los bloques sigue siendo modesto, «gobernar España exige alcanzar acuerdos con los partidos regionalistas e independentistas, lo que facilita a la izquierda, menos centralista que la derecha». 
Sin embargo, en el propio PSOE hay quien ha leído el resultado de Madrid como un castigo a la política de Sánchez y a una coalición desequilibrada hacia la izquierda, que a menudo se ha apoyado en los independentistas catalanes y vascos. En las primarias socialistas en Andalucía, convocadas en la perspectiva de un anticipo electoral en una de las comunidades autónomas españolas más grandes, Susana Díaz (Sevilla, 1974), protegida del expresidente Felipe González, encarna una opción más centrista que vuelve a levantar la voz. 
Sánchez busca la recuperación económica y la perspectiva de una rápida vacunación, pero ante él tiene a un Madrid hostil y a una Cataluña donde, a pesar de que los socialistas hayan salido primeros en las elecciones de febrero, los independentistas en su conjunto siguen haciendo girar a Barcelona sobre sí misma. 

Espacio Úrsula 

El resto del país muestra realidades diferenciadas. Por ejemplo, el socialista valenciano Ximo Puig (Morella, 1959), presidente de la cuarta comunidad por número de habitantes, con un puerto estratégico del Mediterráneo, recuerda que «Sánchez es el mayor referente de la socialdemocracia europea». Desde Galicia, Alberto Núñez Feijóo (Ourense, 1961), único popular que gobierna su comunidad con mayoría absoluta, reclama para el PP un «cambio de ciclo [para volver a hacer] una política más occidental, más europea, más previsible». Ellos recuerdan que las versiones más conciliadoras del PSOE y del PP constituyen para muchas comunidades, el enlace con la Comisión UE de Úrsula van der Leyen y con los fondos del Next Generation EU. 
Ayuso ha hecho famoso su lema «Madrid es España», aunque si se mira bien, España no empieza en Madrid y no acaba en Barcelona. De hecho, su «terremoto político» madrileño tenía el epicentro en la periférica Murcia. Parafraseando al debate italiano, ¿es posible encontrar en España un espacio Ursula, que conecte a las principales formaciones españolas con la directriz europea? Ciertamente existe dicho espacio político, social, territorial y, en parte, generacional de entendimiento entre las grandes fuerzas políticas. La cuestión es quién y cómo lo va a gestionar. 


Lucha contra el coronavirus

Sitios productores de vacunas anti Covid-19 en la UE y en Gran Bretaña. En algunas fábricas (evidenciadas en rojo) se produce la sustancia biológica activa, en otras se efectúan las fases finales de finalización, envasado en ampollas y confeccionamiento. En parte, las fábricas pertenecen a las empresas propietarias de la vacuna, más de la mitad pertenecen a sociedades que trabajan por cuenta de terceros (CDMO, Contract Development and Manufacturing Organization). Cuatro vacunas están autorizadas en la UE (BioNTech/Pfizer, Oxford/ AstraZeneca, Moderna e J&J); las demás están siendo examinadas por los entes reguladores (Cure Yac y Novavax) o todavía están en las fases de experimentación clínica. 
Fuentes: EDJNet - European Data Journalism Network, 5 de marzo; Comisión europea; comunicaciones de empresas.

Los aparatos industriales frente a frente

Según la sociedad de análisis ingle­sa Airfinity, en 2021 en todo el mundo se producirán unos 9,5 mil millones de dosis de las vacunas contra el Covid-19, el doble de la producción anual de todos los tipos de vacunas en la época de prepandemia (5 mil millones, excluyendo las antipolio orales, las vacunas para los viajeros y para uso militar), frente a una necesidad, para inmunizar a dos tercios de la población mundial, de 11,5 mil millones de dosis (Airfinity, 8 de marzo). El desarrollo de las vacunas ha sido excepcionalmente rápido, aunque su fabricación a larga escala ha presentado dificultades y retrasos. Y a en 2020 se produjo tan solo el 4% de las dosis previstas ( op. cit.). 
La producción se concentra en un número limitado de países, en gran medida interdependientes por las cadenas de suministro que atraviesan las fronteras de los Estados y los continentes. Entre los países productores, el Banco Mundial identifica un «Covid-19 vaccine producers club» de 13 países que fabrican tanto el principio activo como sus componentes. Este restringido «Vaccine Club» se ha adjudicado también el 60% del total de los Advance Purchase Agreements (APA) las compras anticipadas de vacunas con las compañías farmacéuticas (World Bank, The Covid-19 vaccine production club, marzo de 2021). 
La preocupación del Banco Mundial es que «las formas agresivas de nacionalismo vacunal», limitando las exportaciones, rompan las cadenas de suministro globales. En cambio, la Organización mundial de la salud (OMS) teme que las vacunas en gran parte del mundo, como en África, no lleguen antes de 2023 o 2024. 

En junio del año pasado, la alianza global para las vacunas GA VI, junto a Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (CEPI) y a la OMS, promovió el programa COV AX que incluye 192 países con la finalidad de garantizar una justa distribución global de las vacunas, proporcionando inicialmente dos mil millones de dosis, por dos tercios gratuitamente, a 92 países de renta baja. Las donaciones escasean y, dos meses después del inicio de la campaña de vacunaciones, COV AX todavía no había podido entregar una dosis a los países más pobres (Financia[ Times, 13 de febrero). Inicialmente concebido como un único centro de selección para los pedidos de vacunas en el mundo, del cual todos los países, ricos y pobres, habrían obtenido sus dosis, observa el periódico de la City, el programa ha naufragado en la carrera a los acuerdos bilaterales entre las naciones más ricas y las sociedades propietarias, y el destino prioritario a las exigencias internas practicada por países como Estados Unidos, Gran Bretaña y, más recientemente, también 
por la India. 
La limitada producción unida al contencioso surgido sobre los suministros entre la Comisión Europea y las sociedades farmacéuticas en particular con la anglosueca AstraZeneca ha impulsado a varios líderes europeos 
(y a varias personalidades científicas y políticas) a plantear la cuestión de las patentes. El presidente del consejo europeo, Charles Michel, a principios de año planteó la posibilidad para la UE de adoptar "medidas urgentes" previstas en el artículo 122 del Tratado-para imponer a las empresas la concesión de la "licencia obligatoria"
(Político, 3 de febrero). De hecho, el pasado mes de diciembre algunos países, entre ellos India y África del Sur, solicitaron a las empresas que renunciaran a la exclusividad sobre la patente, pero dicha solicitud fue rechazada por Estados Unidos, Gran Bretaña y Unión Europea (New York Times, 25 de diciembre.
La tutela de la propiedad intelectual está reglamentada por los acuerdos TRIPS (Trade related aspects of intellectual property rights) de la World Trade Organization (WTO). La enmienda, adoptada en la Conferencia de Doha de 2001, y sucesivamente precisada, prevé el derecho de un Estado de fabricar ( o hacer producir a terceros) un fármaco en caso de emergencia sanitaria nacional sin la autorización de la empresa propietaria de la patente sobre el producto o sobre su proceso de fabricación. En 2017, los países que ratificaron la enmienda alcanzaron las dos terceras partes de los miembros del WTO, haciéndolo operativo. La compulsory licence podría facilitar la entrada de nuevas empresas en el mercado, pero de todos modos deja abierto el problema de la capacidad productiva de medicamentos de alta tecnología como las nuevas vacunas. 
Muchos desean una especie de "internacionalismo vacunal"; sin embargo, su realización presupone la superación de las barreras y de los conflictos, comerciales y no, entre los Estados y de la competencia entre los grupos económicos; conlleva la puesta en común de los recursos y capacidades productivas, la coordinación y el control de la producción global de las vacunas y de su distribución según las necesidades públicas mundiales. Como mínimo, significa quitarles la característica de mercancía, que es· la forma en que se presentan los productos del trabajo humano en el sistema social capitalista. 
Los críticos del "neoliberalismo" y de la globalización se detienen en el umbral de la crítica a las que son las bases mismas de la formación económico social capitalista, enojándose periódicamente con el enorme poderío de los bancos o la avaricia de las multinacionales etc., y cultivando la ilusión de que es posible eliminar solo algunas de las formas más odiosas, pero inevitables, del capitalismo en su madurez imperialista. Lo que Lenin llamaba una «piadosa ilusión». 

Potencias industriales frente a frente 

Airfinity calcula la producción de vacunas contra el Covid-19 a finales de marzo en 229 millones de dosis en China, 164 en Estados Unidos, 125 en India, 110 en la Unión Europea ( en sus tres cuartas partes entre Alema­nia, Bélgica y Holanda), 16 en Gran Bretaña. China ha destinado a la exportación el 48%, de las dosis, India el 44% y la UE el 42%. Estados Unidos y Gran Bretaña las han retenido todas para el mercado interior (Airfi­nity, 24 de marzo). 
El comisario para el Mercado interior, Thierry Breton, opina que la UE está «ganando la batalla industrial»: produciendo escribe más de 200 millones de dosis de vacunas, ha alcanzado la producción corriente en Estados Unidos y se prevé que la capacidad productiva anual de la Unión alcance los 3 mil millones de dosis antes de finales de año. Breton reivindica también el rol de la Unión como exportadora de primera categoría en todo el mundo. Al menos las dos terceras partes de los 30 millones de dosis administradas en Gran Bretaña se han producido en Europa, y Gran Bretaña depende de la UE para la segunda dosis (Comisión europea, Bea­ting COVID-19: Scaleup of vaccine production in Europe, 8 de abril). 
Breton habla de 53 sitios productores de vacunas contra el Covid-19 en Europa. El 26% de las fábricas están en Alemania. Con Holanda y Bélgica los tres países hospedan el 40% de los sitios, que en algunos casos producen más de un tipo de vacuna. De hecho, por lo menos unas treinta fábricas pertenecen a empresas que trabajan por cuenta de terceros (CDMO, Contract Development and Manufacturing Or­ganization ), de una decena de naciona­lidades, sobre todo alemanas, españolas y americanas. 
Asimismo, Breton escribe que la Unión es una potencia industrial que «es y quiere seguir siendo un jugador global», rechazando el «nacionalismo vacunal». De todos modos, desde el pasado mes de enero la Comisión europea condiciona las exportaciones de las vacunas a la autorización. La UE, según el comentario del británico Economist, se debate entre su reputación de «campeón de los mercados abiertos» y las necesidades internas de abastecimiento (27 de marzo). 
Sobre la salud se está librando una batalla entre las metrópolis. La capacidad productiva de las vacunas, así como la eficiencia organizadora en el desarrollo de las estrategias de vacunación, precondición de una más o menos rápida recuperación económica, es un factor para medir la fuerza total de los Estados en la competición global. 

Situación política en el estado español

Vectores ibéricos de la ruta verde del imperialismo europeo

La Nueva Ruta de la Seda es el gran plan de proyección imperialista de China al que Estados Unidos y la UE ambicionan responder con instrumentos propios, todavía objeto de discusión, asociados a los Recovery plan post pandemia. 
España sigue consumiendo enormes energías alrededor del ombligo de sus propias rencillas internas. El 4 de mayo, en las elecciones regionales en Madrid, la popular Isabel Díaz Ayuso, paladín del "partido del PIB" y de la oposición al gobierno central del socialista Pedro Sánchez, aspira a volver a confirmar su presidencia, pero también a acreditarse como la unificadora de la derecha. Esta batalla, que puede tener consecuencias importantes para la estructura política y territorial, se combate mientras comien­za una cuarta oleada de Covid-19, de la cual ya se han registrado oficialmente 77 mil víctimas, y con el triste récord de Madrid, metrópolis europea con el mayor aumento de mortalidad entre la población de más edad. 
A pesar de una situación interna muy complicada, la cuarta economía de la UE está implicada en la contienda imperialista entre las máximas potencias, y no solo de manera pasiva. 

Plan África 

A finales de marzo, Sánchez presen­tó el "Foco África 2023", un programa de iniciativas para la legislatura actual, enmarcado en el III Plan África lanzado en 2019. 
Sánchez subraya que su ambición es la de «convertir esta década en la década de España en África», concentrándose en inversiones económicas con participación pública y privada, dirigidas sobre todo a las «energías sostenibles», «infraestructuras» y «transformación digital». Raimundo Robredo, director general para África del gobierno y coredactor del documento, precisa que «España no transformará a África, pero puede contribuir a su transformación». El plan incluye también el «desarrollo de la capacidad militar en los países de la costa occidental de África y del Golfo de Guinea y el fortalecimiento de la participación española en las acciones de la UE en el Sahel». 
El documento explica que se trataría de «dirigir la acción de la Unión Europea» y no de Madrid unilateralmente, pero con «mecanismos de coordinación y de defensa de la estrategia y de los intereses españoles en la UE». 
También sobre el terreno económico está previsto el apoyo de «fuentes de financiaciones UE y multilaterales», como el nuevo "Instrumento de vecindad, cooperación al desarrollo y cooperación internacional" introducido en el balance plurianual de la UE (80 mil millones de euros en siete años, 29 de los cuales para el África subsahariana), pero sobre todo el Banco Europeo para las Inversiones (BEi).

Global green deal 

Werner Hoyer, director del BEi,. y Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión, una semana antes del anuncio de Sánchez han lanzado desde la tribuna de Project Syndicate la concreción del Global green deal (Pacto verde global) de la UE. Se tendría que sostener la "descarbonización" de la economía «más allá de las fronteras» de la UE: «desde programas de electrificación verde en África y proyectos de descarbonización industrial en Asia, al desarrollo de las baterías en América Latina», en el cual el BEi se compromete a invertir nada menos que un billón durante la próxima década. 
Y a en enero, preparando esta iniciativa, el catalán Josep Borrell, Alto Representante y Vicepresidente de la Comisión, junto a Hoyer había subrayado que el propósito era evitar que «la creciente demanda energética en África y en algunas zonas de Asia sea satisfecha por nuevas plantas a carbón o gas financiadas por China o por otros actores». A pesar del paripé verde, está clara la intención de competir en la partición de la tarta africana. 
Una Ruta Verde de la UE, por lo tanto, en la cual los grandes grupos españoles compiten entre sí y con los grupos europeos, para ser vectores de esta proyección en África y más allá, para confrontarse no sólo con la Nueva Ruta de la Seda de China. 
El diario de Barcelona La Vanguardia reflexiona sobre el hecho de que España «se va a encontrar con otros actores en el tablero de ajedrez áfrica no: además de Estados Unidos, el Reino Unido o Francia, y la gran irrupción del gigante chino, otros países como Rusia, Brasil, India y Turquía intentan abrirse un camino en África». 

El cofre minero del Congo desde el reparto europeo al ascenso chino

Con 2,3 millones de km cuadrados de superficie, equivalente al 54% de la superficie de la UE, y una población de unos 100 millones de habitantes, la República Democrática del Congo (RDC) es un gigante continental y demográfico africano. Por la abundancia y variedad de sus recursos mineros ha sido definido como un «escándalo geológico» y, por ello, ha jugado un papel estratégico en dos conflictos mundiales imperialistas. 
Joseph Désiré Sese Seko Mobutu (1930-1997) llegó al poder en 1965 con un golpe, al final de una feroz guerra civil y de una lucha de poder con rasgos casi shakesperianos. Durante treinta años de régimen de partido único, Zaire, desde 1997 República Democrática del Congo, ha desempeñado un papel de potencia regional en relación a los equilibrios y a las dinámicas de la Guerra Fría, tanto por la renta de materias primas como por una significativa industrialización, que se encuentra en segundo lugar solo con respecto Sudáfrica. Luego cayó hasta una situación de «corazón de las tinieblas», teatro de masacres étnicas y de intentos de reparto territorial, con el conflicto que duró desde 1998 hasta 2002, cuyos efectos siguen manifestándose hasta hoy, en sus provincias del Sudeste. Es la que va­rios comentaristas han definido la «gran guerra africana» o la «primera guerra mundial africana», puesto que ha implicado, a diferentes niveles, a nueve Estados causando de 2,5 a 4,5 millones de víctimas, en su gran mayoría por efecto de epidemias y carestías.

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